Capítulo 14
La Comisión
La palabra que convirtió a Lyra Vale en una competencia del Núcleo fue poblacionales.
Voss la leyó seis veces antes de aceptarla.
El texto completo decía:
La Comisión de Continuidad Humana tendrá competencia sobre riesgos biológicos emergentes, modificaciones hereditarias no registradas y fenómenos con posibles consecuencias poblacionales.
No decía personas.
No decía cuerpos.
No decía Lyra.
No hacía falta.
—«Fenómenos» es demasiado amplio —dijo Eline.
Voss no apartó los ojos del documento.
—Esa es la intención.
La asesora jurídica dejó la tableta sobre la mesa.
—Entonces no me pidas que te diga que la redacción es estrecha.
—No te lo he pedido.
—Me has preguntado si es defendible.
—¿Lo es?
Eline hizo una pausa.
—Sí.
—Entonces.
—También permitiría que la Comisión reclamara competencia sobre una persona si sus características biológicas pudieran interpretarse como relevantes para la población.
Voss levantó la mirada.
Eline tenía unos cincuenta años y la irritante costumbre profesional de no suavizar una conclusión porque la persona que la escuchaba gobernara el Núcleo.
Voss la había elegido precisamente por eso.
Algunos días se arrepentía.
—¿Interpretarse por quién?
—Por la Comisión que estás creando.
—Con criterios definidos.
—Por la Comisión.
—Con revisión del Consejo.
—Después de asumir competencia.
Voss volvió al texto.
—¿Qué propones?
Eline abrió una versión alternativa.
La Comisión carecerá de competencia sobre personas salvo existencia de riesgo clínico inmediato y verificable.
Voss leyó.
—No.
—Eso resolvería la ambigüedad.
—También haría inútil la Comisión.
—Para Lyra.
Voss se quedó quieta.
Eline no retiró el nombre.
Eso le gustó menos de lo que debería.
—Para cualquier caso comparable.
—No tenemos ningún caso comparable.
—Precisamente por eso estamos creando una institución.
Eline apoyó las manos sobre la mesa.
—No. Estamos creando una institución porque ha aparecido Lyra Vale.
Silencio.
La sala de trabajo estaba en uno de los niveles administrativos inferiores del Núcleo. No había ventanas. Las paredes mostraban tres versiones simultáneas del proyecto de estatuto, todas llenas de correcciones.
Voss llevaba allí desde antes del inicio del ciclo.
Había dormido cuatro horas.
La línea de la frente probablemente había vuelto.
No pensó en Mara.
El hecho de tener que decidir no pensar en ella fue suficiente para que apareciera.
Estás convirtiendo una mujer en una cuestión de Estado.
Voss cerró la versión alternativa.
—La Comisión habría sido necesaria aunque Lyra no existiera.
Eline tardó demasiado en responder.
—Eso puede ser verdad.
—Lo es.
—Pero no la habrías creado hoy.
—¿Eso cambia la necesidad?
—No.
—Entonces.
—Cambia la honestidad con la que deberíamos redactarla.
Voss se levantó.
Llevaba veinte minutos sentada.
El cuerpo empezaba a protestar.
—No podemos tener una autoridad biológica distribuida entre diecinueve Casas, cuatro departamentos y acuerdos bilaterales escritos durante dos siglos.
—Estoy de acuerdo.
—No podemos depender de que Kestrel quiera compartir una tecnología para saber si afecta a toda la población.
—También.
—No podemos descubrir otra vez que miles de credenciales antiguas siguen activas porque nadie tiene competencia transversal para revisarlas.
—Eso es seguridad, no continuidad humana.
—Esta semana todo parece acabar siendo continuidad humana.
Eline la observó.
—Esa frase debería preocuparte.
Voss no respondió.
Amplió el estatuto.
—Quiero límites explícitos a procedimientos físicos.
—¿Consentimiento obligatorio?
—Sí.
Eline empezó a escribir.
—Excepto emergencia médica.
—Defínela.
—Riesgo inmediato para la vida.
—Individual.
—Sí.
—No poblacional.
Eline dejó de escribir.
—Eso es importante.
—Lo sé.
—Una supuesta amenaza poblacional no podría justificar intervención física sin consentimiento.
—Correcto.
—¿Toma de muestras?
—Intervención física.
—Escáneres.
—También.
—Acceso a expedientes existentes.
Voss tardó.
Eline esperó.
—Ahí no.
—Entonces la Comisión podría no tocar a Lyra, pero sí reclamar datos sobre ella.
—Con revisión.
—¿De quién?
Voss miró el documento.
Ese era el problema de construir instituciones.
Cada límite requería otra institución capaz de imponerlo.
Cada garantía necesitaba alguien que pudiera decir no.
Y esa persona necesitaba una regla para decidir cuándo hacerlo.
El poder no desaparecía al distribuirlo.
Solo se volvía más difícil de señalar.
—Consejo de Garantías —dijo.
—No existe.
—Existe la Cámara de Revisión Administrativa.
—Que revisa conflictos entre Casas.
—Amplía su mandato.
—Estamos creando una institución para vigilar la institución que estamos creando.
—Sí.
—Eficiente.
—No todo tiene que ser eficiente.
Eline sonrió.
Muy poco.
—¿Amara Kestrel ha dicho eso?
—¿Por qué?
—Porque no suena a ti.
—Es una observación irrelevante.
—Entonces probablemente sí.
Voss volvió a la pantalla.
—Añádelo.
Eline escribió.
El párrafo apareció.
Toda solicitud de acceso a información biológica individual identificable requerirá autorización independiente cuando no exista consentimiento expreso de la persona afectada.
Voss leyó.
—«Identificable».
—Sí.
—Los datos de Lyra pueden identificarla aunque no tengan nombre.
Eline dejó de escribir.
—Buena observación.
Sustituyó la frase.
…información biológica individual susceptible de identificación directa o inferencial…
—Mejor.
—¿Satisfecha?
—No.
—Eso también es mejor.
Voss ignoró el comentario.
Había doce páginas.
La Comisión empezaba a parecer real.
Eso era precisamente lo que quería.
Y lo que empezaba a preocuparla.
La reunión del Consejo empezó veintitrés minutos tarde. Tres representantes de Casas habían presentado objeciones de procedimiento en los últimos siete minutos y el sistema exigía resolverlas antes de abrir una sesión extraordinaria.
Voss esperaba en su sitio mientras las paredes mostraban el orden del día.
Vulnerabilidades de infraestructura heredada. Incidente L-17 / coordinación intersocial. Propuesta de creación: Comisión de Continuidad Humana.
Había intentado cambiar el segundo encabezado.
Seguridad se había negado.
El sistema ya había registrado el expediente con aquella designación.
Modificarlo requería alterar cientos de referencias.
La eficiencia otra vez.
Cuando la sesión empezó, veintidós personas estaban presentes de forma física o remota.
Voss conocía las posiciones de diecinueve.
Las otras tres eran el motivo por el que la reunión importaba.
La representante de Casa Orpheon habló primero.
—Esta Comisión es una nacionalización regulatoria.
—No.
—Tendrá competencia sobre investigación hereditaria.
—Sobre sus riesgos.
—Definidos por ella misma.
—Definidos por estatuto.
—Interpretado por ella misma.
Voss pensó en Eline.
No dejó que se notara.
—Con revisión independiente.
—Después de asumir jurisdicción.
Voss sintió una irritación leve.
—Habéis hablado con mi asesora jurídica.
—Tenemos asesores.
—Eso explica muchas cosas.
Una risa breve recorrió dos mesas.
La representante de Orpheon no sonrió.
—Las Casas no aceptarán una autoridad con capacidad para intervenir en programas de investigación propietarios basándose en una categoría tan vaga como «consecuencias poblacionales».
—Entonces propón una mejor.
—Eliminarla.
—Rechazado.
—No puedes rechazar una enmienda antes de votarla.
—Puedo rechazarla como posición del Ejecutivo.
—Eso no es lo mismo.
—No.
Voss dejó la palabra en la sala.
Alguien de infraestructura intervino.
—El problema es que sí existen riesgos que ninguna Casa puede valorar de forma aislada.
Orpheon giró hacia ella.
—Ya tenemos protocolos.
—Tenemos cuarenta y seis protocolos distintos.
—Porque hay cuarenta y seis tipos de riesgo.
—Porque nadie quería ceder competencia cuando se escribieron.
—Funcionan.
—Hasta que no.
La discusión empezó a desplazarse.
Voss la dejó.
Esa era una de las cosas que había aprendido de Mara.
No todas las discusiones debían dirigirse.
A veces era mejor dejar que las personas llegaran solas al problema que querías mostrarles.
Durante once minutos hablaron de terapias hereditarias.
De microorganismos médicos.
De modificaciones de fertilidad.
De patentes.
De líneas experimentales autorizadas en una Casa y prohibidas en otra.
De tres incidentes menores que habían requerido semanas para determinar qué organismo tenía derecho a investigar.
Después alguien pronunció el nombre.
—Todo esto sería más convincente si no estuviéramos creando la Comisión después de encontrar a Lyra Vale.
La sala calló.
Voss miró hacia la consejera de Salud.
—No la hemos «encontrado».
—Sabes lo que quiero decir.
—Sí. Por eso lo corrijo.
—Bien.
La mujer cruzó las manos.
—Entonces hablemos de ella.
—No estamos aquí para hablar de una persona concreta.
—Estamos exactamente aquí por una persona concreta.
Voss sintió el eco.
Eline.
Mara.
Demasiada gente diciendo la misma cosa empezaba a ser estadísticamente molesto.
—Estamos aquí porque el caso ha demostrado un vacío institucional.
—¿Y la Comisión tendría competencia sobre ella?
La pregunta llegó limpia.
Sin retórica.
Voss podría haber contestado con procedimiento.
Depende de la interpretación.
Depende de la evidencia.
Depende de qué resultados produjera un examen que Lyra todavía no había autorizado.
Podría haber dicho que no era el momento.
No lo hizo.
—Sí —dijo.
La sala cambió.
La representante de Orpheon se echó hacia atrás.
La consejera de Salud no.
—¿Aunque ella no sea ciudadana del Núcleo?
—La Comisión podría determinar que existe materia bajo su competencia.
—No he preguntado eso.
Voss esperó.
—¿Podría reclamar jurisdicción sobre Lyra Vale?
—Sobre determinados aspectos del caso.
—Eso es una forma de decir sí.
—Entonces sí.
Alguien exhaló.
—Voss…
—No tendría autoridad para examinarla contra su voluntad.
—Pero podría exigir información sobre ella.
—Bajo revisión independiente.
—A instituciones Diseñadas.
—Sí.
—¿A Aonia?
—No directamente.
—¿A Kestrel?
—Sí.
Ahora fue Orpheon quien sonrió.
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
—No empieces.
—No iba a decir nada.
La frase le recordó a Mara de una manera tan exacta que Voss sintió ganas de terminar la sesión.