Capítulo 13
Antes de la pureza
La mujer de la fotografía no era Lyra.
Serah llevaba treinta y siete minutos repitiéndose aquello.
No era Lyra.
Habían pasado casi tres siglos.
La imagen estaba degradada.
La reconstrucción había interpolado zonas completas del rostro.
Una hendidura junto a una ceja no era una genealogía.
Una sonrisa asimétrica no era una prueba.
Una mujer alta no era una línea de descendencia.
No era Lyra.
—Si sigues acercándola vas a terminar viendo los poros —dijo Maela.
Serah retiró los dedos de la pantalla.
La imagen ocupaba casi toda la pared.
Once personas frente a una instalación excavada durante la Generación del Hambre.
Año once del Silencio.
Las había visto antes.
Muchas veces.
Aquella mañana había empezado a preguntarse cuántas.
—No la estaba acercando.
—La has ampliado cuatro veces.
—Tres.
—Eso mejora mucho la situación.
Serah redujo la imagen.
La mujer volvió a convertirse en una figura pequeña en la segunda fila.
Cabello oscuro.
Hombros anchos.
Demasiado alta en comparación con las personas que tenía al lado.
Y aquella sonrisa.
—No es ella —dijo Serah.
Maela se apoyó contra la mesa.
—Ya.
—¿Qué significa eso?
—Que llevas media hora intentando convencer a una persona que no ha sugerido lo contrario.
—Se parecen.
—Sí.
—Mucho.
—Sí.
Serah esperó algo más.
Maela no se lo dio.
La sala de consulta temporal de Aonia estaba vacía salvo por ellas. Nira había conseguido aislar una terminal para que las credenciales de Hellas pudieran conectarse a sus archivos sin dejar copias locales automáticas.
Según Nira.
Serah había decidido creerle.
No tenía energía para otra auditoría moral esa semana.
—La imagen está demasiado reconstruida —dijo.
—Sí.
—La expresión podría ser una interpolación.
—Sí.
—La altura puede estar distorsionada por perspectiva.
—Sí.
Serah frunció el ceño.
—¿Vas a seguir respondiendo así?
—Mientras sigas discutiendo contigo misma en voz alta.
Serah cerró la fotografía.
Apareció la ficha.
REGISTRO FOTOGRÁFICO H-11-338
ESTACIÓN DE DISTRIBUCIÓN SUR
AÑO 11 DEL SILENCIO
Once nombres.
Serah los había leído antes.
Aquella vez los leyó despacio.
Uno por uno.
La mujer de la segunda fila figuraba como:
ADRIA VALE — MANTENIMIENTO BIOMÉDICO
Serah se quedó quieta.
Maela lo notó.
—¿Vale?
—Sí.
—Eso no estaba en la copia que viste antes.
—La ficha resumida omitía profesiones y nombres secundarios.
—¿Secundarios?
—Personas no vinculadas al evento principal.
Maela se acercó.
—¿Y cuál era el evento principal?
—La reapertura de la estación después de la crisis de distribución.
—¿Por qué estabas mirando esta fotografía?
Serah no respondió.
Maela giró la cabeza hacia ella.
—Serah.
—Por uno de los marcadores.
—¿Cuál?
—El que aparece en registros del año once.
Maela esperó.
Serah sabía exactamente qué pregunta venía.
—¿Cuándo encontraste esto?
—La referencia al año once ya la conocías.
—No te he preguntado eso.
Serah abrió otro archivo.
—Necesito comprobar el censo asociado.
Maela puso una mano sobre la terminal.
No bloqueó la pantalla.
Solo la dejó allí.
—¿Desde cuándo?
Serah miró la mano.
Después a Maela.
—Estamos perdiendo tiempo.
—Tenemos acceso hasta las 18:00.
—Precisamente.
—17:58, si sigues evitando responder.
Serah sintió irritación.
—No estoy evitando.
—Llevas haciéndolo desde Hellas.
Eso dolió porque era cierto.
Serah apartó la vista.
—Encontré la fotografía después de recibir los marcadores.
—Eso tampoco es una fecha.
—Hace varios días.
—¿Antes de venir a Aonia?
Silencio.
Maela retiró la mano de la terminal.
No dijo nada.
—Sí —dijo Serah.
Maela asintió una sola vez.
—Bien.
—Maela.
—Sigue buscando.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—Convertirte en una Custodia.
La expresión de Maela cambió.
Muy poco.
—Soy una Custodia.
—Sabes lo que quiero decir.
—Sí.
Maela dio un paso atrás.
—Y creo que últimamente tú también estás convirtiéndote mucho en historiadora.
Serah se quedó callada.
—Abre el censo —dijo Maela.
No discutieron más.
Serah introdujo la referencia del año once.
El sistema tardó.
Los archivos de aquella época estaban fragmentados entre repositorios posteriores, copias de emergencia y restauraciones que durante generaciones habían sido clasificadas con criterios distintos.
Aparecieron cuatro resultados.
CENSO FUNCIONAL H-11-SUR
INVENTARIO MÉDICO DE PLANTILLA
REGISTRO DE RACIONAMIENTO
ANEXO DE CONTINUIDAD — ACCESO RESTRINGIDO
El pulso de Serah se aceleró apenas.
Maela señaló el último.
—Ese.
—Está restringido.
—Ya lo veo.
—Nivel Custodial.
—También lo veo.
Serah se volvió hacia ella.
Maela la observó.
—¿Ahora sí necesitas una Custodia?
—Necesito acceso.
—Qué romántico.
Serah estuvo a punto de sonreír.
No lo hizo.
Maela acercó la muñeca al lector.
La terminal reconoció su credencial.
Una advertencia apareció.
MATERIAL PRECONCORDATO
RESTRICCIÓN HISTÓRICA DE CONTINUIDAD
ACCESO REGISTRADO
Maela leyó.
—Esto va a quedar en mi expediente.
—Sí.
—Bien.
Autorizó.
El archivo se abrió.
No era un censo.
Era una lista médica.
Serah tardó unos segundos en entenderlo.
Nombres.
Edad.
Función.
Historial de exposición.
Tratamientos.
Estado reproductivo.
Y una columna que aparecía abreviada como:
I.H.
—¿Qué es eso? —preguntó Maela.
Serah amplió la leyenda original.
El texto había sido restaurado de una copia casi ilegible.
INTERVENCIÓN HEREDITARIA
Ninguna habló.
Serah sintió que la sala se volvía más silenciosa.
—No —dijo Maela.
No como negación.
Como reflejo.
Serah buscó a Adria Vale.
La encontró.
VALE, ADRIA
Edad: 34.
Función: mantenimiento biomédico.
Estado reproductivo: fértil.
Dos descendientes registrados.
Intervención hereditaria:
SÍ.
Serah dejó de respirar.
Maela se acercó.
—Ábrelo.
Serah seleccionó el registro.
Otra advertencia.
Esta vez no necesitaba credencial adicional.
Apareció un historial médico breve.
La mayor parte eran códigos antiguos.
Serah conocía algunos.
Otros no.
Leyó.
Una vez.
Después otra.
—¿Qué? —preguntó Maela.
Serah señaló una línea.
—Modificación de reparación osteogénica.
—Tradúcelo.
—Aumento de respuesta de formación ósea.
—¿Hereditario?
Serah miró la cabecera.
—Sí.
Otra línea.
—Optimización de transporte de oxígeno.
—¿Hereditario?
—Sí.
Otra.
Serah sintió frío.
—Adaptación miotendinosa.
—¿Qué significa?
Serah pensó en Lyra.
Los hombros.
La altura.
Amara hablando de una distribución de carga extraña.
—Cambios en inserción muscular y resistencia de tejido conectivo.
Maela no respondió.
Serah siguió leyendo.
No eran muchas modificaciones.
Tampoco parecían radicales.
Eso casi las hacía peores.
No monstruos.
No experimentos.
Correcciones.
Soluciones.
Gente intentando sobrevivir.
—¿Cuándo se hizo? —preguntó Maela.
Serah buscó la fecha.
—Antes del Silencio.
—¿En Marte?
—No lo especifica.
—Entonces podría ser una fundadora llegada ya modificada.
Serah volvió a mirar la ficha.
—Sí.
Maela se sentó.
—Eso no puede estar bien.
—Está firmado por tres médicas.
—Los registros de esa época son incompletos.
—Sí.
—Hubo errores de migración.
—Sí.
—Y cambios de nomenclatura.
—Sí.
Serah oyó su propio tono.
El de Maela en el transporte.
Sí.
Maela también lo notó.
La miró.
—No hagas eso.
Serah casi sonrió.
—No lo hago a propósito.
—Peor.
Serah volvió a la lista.
—Necesitamos comprobar si es un caso aislado.
—Serah.
—Si solo era ella…
—Serah.
—¿Qué?
Maela señaló la columna.
Había ciento cuarenta y siete nombres visibles.
Serah miró hacia abajo.
I.H.: SÍ
I.H.: NO
I.H.: SÍ
I.H.: SÍ
I.H.: NO
Sintió el estómago cerrarse.
Activó un conteo.
PERSONAS REGISTRADAS: 147
INTERVENCIÓN HEREDITARIA DOCUMENTADA: 38
Serah dejó las manos sobre la mesa.
Treinta y ocho.
Maela no dijo nada.
Serah abrió otra estación.
Año doce.
Veintidós casos.
Otra.
Año nueve.
Cincuenta y uno.
Otra.
Año catorce.
Diecisiete.
No eran errores.
No podían serlo todos.
Maela se puso de pie.
—Busca apellidos fundacionales.
—¿Qué?
—Las líneas reconocidas por Continuidad.
Serah sabía exactamente cuáles.
Toda la gente en Hellas las conocía.
No por culto.
Eso decían.
Por trazabilidad.
Introdujo el primero.
Resultado.
INTERVENCIÓN HEREDITARIA: SÍ.
Segundo.
No.
Tercero.
Sí.
Cuarto.
Sí.
Serah dejó de buscar.
Maela estaba pálida.
—Sigue.
—No hace falta.
—Sigue.
Serah introdujo otros.
Cinco.
Seis.
Siete.
De doce líneas fundacionales reconocidas, cinco tenían al menos una intervención hereditaria documentada antes de la formación política de Hellas.
—Eso no demuestra que esas modificaciones persistieran —dijo Maela.
—No.
—Podrían haberse perdido.
—Sí.
—Podrían no formar parte de las ramas que sobrevivieron.
—Sí.
—Entonces no podemos decir…
Serah la miró.
Maela calló.
Las dos sabían qué estaba intentando proteger.
No una afirmación científica.
Una palabra.
Pureza.
Serah abrió el documento fundacional de Continuidad.
Lo conocía casi de memoria.
No porque fuera religiosa.
No porque creyera todo lo que decía.
Porque era historiadora.
Año treinta y cuatro del Silencio.
Veintitrés años después de la fotografía.
Leyó la frase que generaciones enteras de escolares de Hellas aprendían:
Preservar la continuidad humana frente a modificaciones deliberadas que conviertan a una generación en proyecto de la anterior.
Serah se quedó mirándola.
—Aquí —dijo.
Maela se acercó.
—¿Qué?
—No dice que no hubiera modificaciones antes.
—Ya lo sé.
—Dice que no deben continuar.
—Sí.
Serah abrió una versión posterior.
Año cincuenta y dos.
El lenguaje había cambiado.
Preservación de líneas humanas no intervenidas.
Otra.
Año ochenta y uno.
Continuidad de la herencia humana original.
Otra.
Año ciento cuatro.
Pureza genealógica.
Serah sintió algo parecido a vértigo.
No por haber descubierto una mentira.
Por ver cómo se había construido.
Una generación había dicho:
No volvamos a hacer esto.
Otra había recordado:
Nosotras no hacemos esto.
Después:
Nunca lo hicimos.
Y finalmente:
Nunca fuimos eso.
—Maela.
Maela no respondió.
Serah la miró.
Tenía los brazos cruzados.
No defensivamente.
Como si tuviera frío.
—La pureza no era el principio —dijo Serah.
—No uses esa palabra todavía.
—¿Cuál?
—Era.
Serah calló.
Maela se acercó a la pantalla.
—Tenemos un archivo de una estación.
—Cuatro.
—Cuatro estaciones.