La medida Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

La oferta era razonable.

La combinación era cada vez más habitual.

—¿Protegerme de quién? —preguntó.

Amara tardó apenas un instante.

—De personas que consideran que protegerte y controlarte son verbos distintos.

Vespera apareció en su cabeza.

No como símbolo.

Como su madre.

De pie en la reunión.

No.

Antes de que Lyra respondiera.

La noche anterior.

Lo hablaremos después.

Decidido.

Por ella.

Iria apareció después.

Pensé que dirías que no.

Lyra sintió el enfado subir otra vez.

Amara la observó demasiado atentamente.

—No hagas eso.

—¿Qué?

—Saber en quién estoy pensando.

—No lo sé.

—Mentira.

—Tengo una hipótesis.

—Guárdatela.

Amara asintió.

Lyra se levantó.

Necesitaba moverse.

Fue hasta el cristal.

Marte se extendía debajo.

Aonia parecía pequeña desde allí.

No débil.

Pequeña.

Había una diferencia.

O quizá no.

—Eso ha sido deliberado —dijo.

Amara permaneció sentada.

—¿Qué?

—La frase.

—Sí.

Lyra se volvió.

—Querías que pensara en Vespera.

Amara no negó.

—Sabía que podías hacerlo.

—Eso es peor.

—Probablemente.

—Estás intentando utilizar el conflicto con mi madre para venderme un contrato.

—Sí.

La honestidad la enfureció más.

—Vete a la mierda.

Amara asintió.

—Justo.

Se levantó.

Lyra la miró.

—¿Eso es todo?

—Me has dicho que me vaya a la mierda.

—No te he dicho que te vayas.

Amara sonrió.

—Esta conversación tiene reglas difíciles.

—Ahora sabes cómo me siento.

—Un poco.

Lyra apoyó la espalda contra el cristal.

—¿Por qué eres tan honesta cuando estás manipulándome?

Amara pensó la respuesta.

—Porque si no sabes que lo hago, no puedes defenderte.

Lyra sintió un escalofrío.

—Eso no lo hace mejor.

—No.

—Entonces ¿por qué?

—Porque voy a intentar convencerte de cosas.

Lyra no respondió.

—Soy directora de una Casa —continuó Amara—. Tengo intereses. Tengo responsabilidades. Quiero estudiar algo que no entiendo y tú eres la persona que lleva ese algo dentro.

Lyra tensó la mandíbula.

Amara levantó una mano.

—Y además eres una persona que me gusta.

—Sexualmente.

—También.

—Estéticamente.

—También.

—Científicamente.

—Sí.

Lyra negó con la cabeza.

—Eso está profundamente mal.

—No necesariamente.

—Acabas de meterme en tres categorías a la vez.

—No.

—Eres tú en las tres.

Lyra no supo por qué aquella respuesta le dolió menos.

Quizá porque no pretendía dividirla.

Eso también era peligroso.

—¿Y cuando entren en conflicto?

—Te lo diré.

—¿Eso es todo?

—Y tú decidirás si me crees.

Lyra soltó aire.

—Qué sistema tan eficiente.

—No lo es.

—Por fin algo en lo que coincidimos.

Amara metió una mano en el bolsillo.

Sacó una pequeña lámina transparente.

No se la ofreció todavía.

—Aquí está la propuesta.

—¿Un contrato?

—Un borrador.

—¿Cuántas páginas?

—Cuarenta y dos.

Lyra soltó una carcajada.

—Claro.

—Hay un resumen de tres.

—Eso es más humano.

—No exageremos.

Amara extendió la lámina.

Se detuvo antes de acercarla del todo.

—¿Quieres que te la deje?

Lyra miró el documento.

No lo tocó.

Después lo tomó.

—Sí.

Amara retiró la mano.

—No tienes que responderme.

—Lo sé.

—No hay plazo.

—Eso no me lo creo.

—Hay presiones externas.

—Eso sí.

—Pero Kestrel no retirará la oferta por no decidir rápido.

Lyra deslizó el pulgar por el borde de la lámina.

—¿Y si decido que nunca?

—Será nunca.

La respuesta fue sencilla.

Lyra quiso creerla.

No estaba segura de que pudiera.

—¿Algo más?

Amara la miró.

Había algo distinto ahora.

Menos directora.

—Sí.

Lyra esperó.

—No aceptes esto porque estés enfadada con Vespera.

El golpe fue tan exacto que Lyra sintió ganas de tirarle el documento.

—Acabas de utilizarla para convencerme.

—Sí.

—Y ahora me dices que no deje que influya.

—Sí.

—Eres insoportable.

—Me lo han dicho.

—¿Voss?

Amara sonrió.

Solo un poco.

—Entre otras.

Lyra guardó la lámina.

—No quiero saber.

—Probablemente sí.

—No hoy.

—Bien.

Amara empezó a caminar hacia la salida.

—Amara.

Se detuvo.

Lyra no sabía por qué la había llamado.

Había una pregunta.

No la que debía hacer.

La otra.

—Cuando me tocaste antes…

Amara esperó.

—Sí.

Lyra sintió calor otra vez.

—¿Era científico?

Amara la miró durante un largo segundo.

—También.

Lyra se quedó completamente quieta.

Amara no sonrió.

—Hasta luego, Lyra.

Se marchó.

Lyra permaneció junto al cristal.

Esperó hasta que desapareció por el corredor.

Después sacó la lámina otra vez.

KESTREL — ACUERDO DE PROTECCIÓN BIOLÓGICA Y CUSTODIA VOLUNTARIA

Debajo, en letras pequeñas:

SUJETA: LYRA VALE

No L-17.

Lyra pasó el dedo por su nombre.

Debería haber sido un detalle insignificante.

No lo era.

Abrió el resumen.

Leyó la primera línea.

La cerró.

Miró hacia el corredor por el que se había marchado Amara.

Después hacia Aonia.

Pensó en Iria.

En Vespera.

En todas las personas que la querían lo suficiente como para encontrar razones por las que intervenir.

La frase de Amara volvió.

Personas que consideran que protegerte y controlarte son verbos distintos.

Lyra apretó la lámina entre los dedos.

Lo peor no era que hubiera pensado inmediatamente en su madre.

Lo peor era que Amara había sabido que lo haría.

Y aun así Lyra seguía sosteniendo la oferta.

* * *