Capítulo 12 #2
—Me preocupa cuando dejo de notarlo.
Lyra la miró.
No sabía qué hacer con respuestas así.
Eran demasiado buenas para alguien que representaba exactamente una de las cosas que debía desconfiar.
—¿Te gusto? —preguntó.
Amara no reaccionó durante un segundo.
Después:
—Sí.
El corazón le dio un golpe absurdo.
Había esperado evasión.
—Eso ha sido rápido.
—La pregunta era sencilla.
—No especialmente.
—Para mí sí.
Lyra cruzó los brazos.
—¿Por qué?
Amara la miró como si estuviera decidiendo cuánto decir.
—¿Quieres una respuesta diplomática?
—No.
—Científica.
—Tampoco.
—Personal.
—Esa.
Amara apoyó una mano sobre el banco.
—Porque eres hermosa.
Lyra sintió una oleada de calor.
—Eso sigue siendo bastante diplomático.
—No he terminado.
—Claro.
—Porque cuando estás incómoda haces bromas antes de decidir si quieres atacar.
Lyra levantó una ceja.
—Encantador.
—Porque no te impresiona mi cargo.
—No sé exactamente cuál es.
—Eso ayuda.
—Muchísimo.
—Porque ayer hiciste callar una sala entera sin saber todavía qué querías decir después.
Lyra dejó de bromear.
Amara continuó.
—Y porque me interesa tu cuerpo.
Ahí estaba.
Lyra sintió que algo volvía a colocarse en su sitio.
—Claro.
Amara no apartó la mirada.
—Te dije que no iba a fingir.
—¿Interesa cómo?
—De varias maneras.
—Eso no es una respuesta.
—Científicamente.
—Sí.
—Estéticamente.
Lyra tragó saliva.
—Sí.
Amara la miró directamente.
—Sexualmente.
Silencio.
Lyra soltó una risa involuntaria.
—¿Siempre hablas así?
—Cuando me preguntan así.
—Eso explica muchas cosas sobre el Núcleo.
—No tantas como imaginas.
Lyra miró al frente.
Amara no se acercó.
Eso era probablemente lo único que permitía que la conversación siguiera siendo soportable.
—¿Puedes separar esas cosas? —preguntó Lyra.
Amara tardó.
—No siempre.
La respuesta fue más inquietante que un sí.
—¿Y eso no te parece un problema?
—Puede serlo.
—Gran consuelo.
—Por eso intento saber cuál de ellas está tomando una decisión antes de tomarla.
Lyra volvió a mirarla.
—¿Funciona?
Amara sonrió.
—No siempre.
—Por fin una respuesta menos perfecta.
—Puedo empeorar si quieres.
—Ya veremos.
Amara esperó.
El silencio cambió otra vez.
Ya no era exactamente tenso.
Era algo peor.
Cómodo.
Lyra se acordó de Iria.
El pensamiento apareció sin aviso.
Iria sentada en el suelo.
Pensé que dirías que no.
La comodidad desapareció.
Amara lo vio.
—¿Quieres que me vaya?
—No.
La respuesta salió demasiado rápida.
Lyra respiró.
—No por eso.
—No iba a preguntar por qué.
—Bien.
Amara miró sus manos.
—Hay otra razón por la que vine.
—Ahí está.
—Sí.
—Sabía que no habías atravesado medio Aonia solo para explicarme mis clavículas.
—Podría haberlo hecho.
—No te creo.
—Haces bien.
Lyra se preparó.
—¿Qué quieres?
Amara no corrigió la formulación.
—Ofrecerte protección de Kestrel.
—¿Protección de qué?
—Jurídica. Médica. Técnica. De datos.
—Eso son cuatro tipos de protección.
—Tenemos recursos.
—También modestia.
—Menos.
Lyra no sonrió.
—¿Qué significa en realidad?
Amara entrelazó las manos.
—Que Kestrel puede reconocerte como sujeta protegida de investigación.
—Eso suena mucho a convertirme en investigación.
—Lo haría.
—Entonces no.
—No he terminado.
Lyra estuvo a punto de repetirle la frase.
Se contuvo.
—Sigue.
—Te daría capacidad contractual directa sobre cualquier dato biológico obtenido por una Casa asociada.
—¿Ahora no la tengo?
—En teoría sí.
—Qué tranquilizador.
—En la práctica, las leyes del Núcleo no fueron escritas pensando en alguien cuyo expediente puede considerarse de interés poblacional por varias instituciones a la vez.
—L-17.
Amara tensó la boca.
—Sí.
—Puedes decirlo.
—Prefiero Lyra.
Aquello tuvo más efecto del que debía.
—¿Y qué gana Kestrel?
—Acceso a estudiar determinados aspectos de tu fisiología.
—Ah.
—Voluntariamente.
—Siempre hay esa palabra.
—Tiene que haberla.
—¿Qué aspectos?
—Los que tú apruebes.
—¿Genoma?
—Si quisieras.
—¿Reproducción?
Amara no parpadeó.
—Solo si quisieras.
—¿Imágenes?
—Solo si quisieras.
—¿Mi cuerpo entero?
—Solo si quisieras.
Lyra sintió irritación.
—Puedes convertir cualquier cosa en aceptable añadiendo eso al final.
—No.
—Puedo convertirla en una pregunta.
Lyra calló.
Amara continuó.
—No tienes que aceptar.
—Eso dices ahora.
—También lo diré después.
—¿Y si digo que no a todo?
—Entonces Kestrel no obtiene nada.
—Y yo tampoco tengo protección.
Amara se quedó quieta.
—Tendrías parte.
—Parte.
—Sí.
Lyra soltó aire.
—Ahí está la transacción.
—Sí.
—Podías haber empezado por eso.
—Pensé que lo había hecho.
—No.
Lyra la observó.
—Me estás ofreciendo seguridad a cambio de acceso.
—Sí.
—A mi cuerpo.
—A información que tú decidas generar.
—Sobre mi cuerpo.
—Sí.
—Eso se parece bastante a comprar.
Amara no se defendió inmediatamente.
—Puede parecerse.
—¿Y no te molesta?
—Sí.
—Pero lo haces.
—Sí.
Lyra sintió que volvía el cansancio.
Toda la gente tenía una razón.
Toda la gente sabía dónde estaba el problema.
Y aun así continuaban avanzando hacia él porque detrás había algo que querían.
—¿Por qué debería aceptar?
—No creo que debas.
Lyra la miró.
—Eres una negociadora horrible.
—No estoy intentando convencerte de que debas hacerlo.
—Estás aquí ofreciéndomelo.
—Sí.
—Eso es intentar convencer.
—No necesariamente.
Lyra soltó una risa.
—Ahora sí estás haciendo semántica.
Amara sonrió.
—Un poco.
Después se puso seria.
—Creo que necesitas opciones.
—Tengo Aonia.
—Sí.
—Tengo familia.
—Sí.
—Tengo derecho a decir que no.
—Sí.
—Entonces.
Amara miró hacia las instalaciones exteriores.
—Aonia puede protegerte mientras el resto de Marte acepte que Aonia tiene derecho a hacerlo.
Lyra sintió un pequeño frío.
—¿Y Kestrel sí?
—Kestrel puede hacer que tocar tus datos tenga costes que otras instituciones entienden.
—Dinero.
—Dinero.
—Acceso.
—Sí.
—Tecnología.
—Sí.
—Política.
—Sí.
—Poder.
Amara asintió.
—Sobre todo.
Al menos no fingía.
—¿Y Voss?
—Voss respetaría un contrato Kestrel más de lo que respetaría una declaración de Aonia.
—Eso suena ofensivo.
—Lo es.
—¿Y las Puras?
—No sé.
—Gran protección.
—Te he dicho que no es perfecta.
Lyra se quedó callada.
La oferta era horrible.