La medida Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

—No eran afirmaciones incompatibles.

Lyra se sentó.

Nira permaneció junto a la puerta.

—Bien —dijo Lyra—. Ahora sí.

Amara tomó la silla frente a ella.

No abrió ningún dispositivo.

No sacó instrumentos.

Eso le dio algo de crédito.

—¿Qué quieres saber?

Lyra la observó.

De cerca resultaba aún más evidente que el cuerpo de Amara estaba construido con intención. No perfecto. Aquella palabra le parecía cada vez más inútil. Intencional.

Lyra sabía qué pregunta quería hacer.

Le molestó que fuera exactamente la misma que había imaginado días antes hablando con Tessa.

¿Qué veis cuando me miráis?

No la formuló así.

—¿Qué viste cuando viste mi expediente?

Amara tardó un poco.

—Primero, un error.

—Encantador.

—Del sistema, no tuyo.

—Mejor.

—Después pensé que alguien había diseñado algo que Kestrel no conocía.

—¿Algo?

Amara aceptó el golpe.

—A alguien.

Lyra esperó.

—Después dejé de creerlo.

—¿Por qué?

—Porque no tienes una firma coherente de Diseño.

—¿Eso es bueno?

—No es ni bueno ni malo.

—Respuesta de científica.

—Me estás pidiendo ciencia.

—Te estoy pidiendo qué pensaste.

Amara sonrió.

—Eso es distinto.

—Sí.

Nira no dijo nada.

Amara apoyó las manos sobre las rodillas.

—Pensé que eras hermosa.

Lyra no esperaba que lo dijera tan directamente.

Sintió calor en el rostro y se enfadó un poco consigo misma.

Amara lo vio.

Por supuesto.

—Después —continuó— pensé que era una reacción poco útil.

—¿Y después?

—La ignoré.

Lyra soltó una risa.

—No pareces buena ignorando cosas.

—No lo soy.

—¿Entonces?

—Intenté separar lo que me atraía de lo que me interesaba científicamente.

—¿Pudiste?

—No del todo.

Algo se tensó agradablemente en el estómago de Lyra.

Nira cambió de postura junto a la puerta.

Lyra sabía que no estaba incómoda. Estaba registrando todo.

—Eso podría ser un problema —dijo Lyra.

—Sí.

La respuesta inmediata le gustó más de lo que debería.

—¿Y aun así quieres estudiarme?

—Sí.

—¿Por qué?

Amara inclinó ligeramente la cabeza.

—Porque eres interesante.

—Eso suena peor después de decir que soy hermosa.

—Podría mentirte.

—No.

—Entonces tendrás que tolerar cierta superposición.

Lyra la observó.

Amara no fingía no desear ni parecía considerar necesario esconder ninguna parte de su interés.

Ciencia.

Estética.

Atracción.

Ambición.

Todo podía existir a la vez.

Lyra aún no sabía si aquello le parecía más honesto o simplemente más sofisticado.

—No soy un proyecto de Kestrel.

—No.

—Ni voy a convertirme en uno.

—Eso dependería de ti.

Lyra entrecerró los ojos.

—Has respondido demasiado rápido.

—Porque sabía que vendría la pregunta.

—Eso no me tranquiliza.

—No era mi intención.

Lyra sonrió sin querer.

Amara también.

Nira carraspeó.

—Me alegra que ambas lo estéis pasando bien, pero hay una cuestión pendiente.

—Eres terrible acompañante.

—La peor.

Amara se volvió hacia ella.

—¿Qué has reconstruido de la filtración?

—Eso no forma parte de esta conversación.

—Podría ayudarnos a—

—No.

Amara se calló.

Lyra vio el momento exacto en que decidió aceptar el límite.

Interesante.

—Entonces otra cosa —dijo Amara—. El paquete que recibimos no contiene datos suficientes para explicar lo que vemos.

—¿Qué significa eso?

—Que alguien seleccionó.

Nira dejó de apoyarse en la pared.

—¿Seleccionó qué?

Amara la miró.

—Lo que enviaba.

—¿Estás segura?

—Bastante.

—¿Por qué?

—Porque faltan precisamente datos que un sistema médico habría transferido automáticamente junto con otros que sí tenemos. Historial completo de crecimiento, por ejemplo. Metadatos de determinados escáneres. Información básica que no tendría sentido borrar si el objetivo fuera una consulta clínica.

Nira se acercó.

—¿Y qué dejaron?

Amara enumeró con los dedos.

—Estructura. Reproducción. Marcadores históricos. Estabilidad endocrina. Datos suficientes para que alguien como yo piense que existe una tecnología que no conoce.

Lyra sintió que la conversación volvía a alejarse de ella.

—¿Alguien como tú?

Amara la miró.

—Una Casa.

Nira entendió antes.

—El paquete está hecho para provocar una reacción.

Amara asintió.

—Eso creo.

Lyra pensó en Serah sin saber todavía quién era.

En Voss.

En las personas que podían estar observando el mismo cuerpo y encontrando preguntas diferentes.

—Entonces quien lo envió sabía lo que estaba haciendo.

—Sí —dijo Amara.

—¿Sabía quién soy?

Ninguna respondió.

Lyra no necesitó que lo hicieran.

La puerta se abrió.

Vespera estaba al otro lado.

No entró.

—Tenemos otro mensaje.

Nira se volvió.

—¿Del Núcleo?

—No.

Vespera miró a Lyra.

—Hellas.

Amara dejó de sonreír.

Lyra sintió de nuevo aquella sensación de que el espacio alrededor de ella estaba cambiando sin que su cuerpo hubiera hecho nada.

—¿Qué quieren?

Vespera respondió:

—Hablar de ti.

Lyra la miró.

Después a Amara.

Después a Nira.

Dos sociedades.

La misma semana.

La misma persona.

Ella.

Y por primera vez desde que Nira había pronunciado la palabra extracción, Lyra comprendió que recuperar sus datos quizá ya no fuera suficiente.

Porque los datos no eran lo único que había salido de Aonia.

También había salido una interpretación.