La medida Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Por primera vez desde que había llegado, Lyra se lo agradeció.

—No sabemos por qué está aquí —dijo Vespera.

—Podemos preguntárselo.

—Eso estamos haciendo.

—No. Tú estás hablando por mí.

Vespera dio un paso.

No hacia ella exactamente.

Pero Lyra sintió el movimiento.

—Estoy intentando protegerte.

Lyra vio que Nira cerraba los ojos un instante.

—No empieces con eso.

—¿Con qué?

—Con que todo sea protección.

Amara miró entre ambas.

Algo en su expresión cambió.

Interés.

No científico.

Político.

Lyra lo vio y se enfadó también con ella.

—Y tú deja de mirar como si estuvieras aprendiendo algo útil.

Amara inclinó ligeramente la cabeza.

—Lo estoy.

—Pues disimula.

—Sería deshonesto.

—Puedes intentarlo.

Una sombra de sonrisa.

—Puedo.

La tensión bajó un grado.

Solo uno.

Nira habló por fin.

—Podemos establecer condiciones.

Todas la miraron.

—Conversación voluntaria —continuó—. Lyra decide quién está presente.

No se registran datos biométricos nuevos.

No se toman muestras. No se copia nada de dispositivos de Aonia.

Si se habla de contenido del expediente, Amara identifica exactamente qué información posee Kestrel y qué información posee el Núcleo.

Amara respondió enseguida.

—Acepto.

Vespera no.

Lyra la miró.

—Yo también.

—Lyra—

—Quiero saber qué tienen.

—Podemos exigirlo aquí.

—Y quiero saber qué piensa ella.

Amara no sonrió esta vez.

Vespera sí la miró.

—Claro que quiere hablar contigo. Eres exactamente lo que Kestrel querría convertir en una patente.

La expresión de Amara se endureció.

—Eso es una acusación bastante seria.

—¿Es falsa?

—Ahora mismo sí.

—«Ahora mismo».

—Si quieres discutir legislación de propiedad biológica, puedo hacerlo durante horas. Pero no atribuyas a mi Casa acciones que no ha realizado.

Vespera dio un paso hacia ella.

—Tienes información médica robada.

—Que recibió el gobierno del Núcleo, no Kestrel.

—Y tú la viste.

—Porque Voss me pidió evaluarla.

La palabra cayó.

Voss.

Lyra sintió un nuevo movimiento en la sala.

—¿Voss ha visto mis datos? —preguntó.

Amara se volvió hacia ella.

—Sí.

Vespera maldijo.

Lyra apenas la oyó.

—¿Todo?

—No sé qué significa «todo» en relación con el expediente original. Vi el paquete recibido por el Núcleo.

—¿Imágenes?

Amara no fingió no entender.

—Sí.

Lyra tragó saliva.

El calor de la sala pareció subir.

No le avergonzaba su cuerpo.

Aquello no tenía nada que ver.

Una desconocida había visto capas de ella que Lyra ni siquiera veía de forma cotidiana.

Y otra.

Voss.

La mujer que gobernaba más de un millón de personas.

—¿Datos reproductivos?

—Sí.

Iria dejó de respirar un instante.

Lyra lo oyó.

—¿Genoma?

—Parcial.

—¿Qué más?

Vespera intervino.

—Ya basta.

Lyra la miró.

—No.

—No tienes que hacer esto delante de todas.

—Tampoco tenía que hacerlo ninguna de ellas.

La frase hizo callar incluso a Amara.

Lyra volvió hacia ella.

—¿Qué viste?

Amara la observó durante unos segundos antes de responder.

Cuando lo hizo, su voz había cambiado.

Menos política.

—Una combinación fisiológica que nuestros clasificadores no entienden bien.

Adaptaciones estructurales muy eficientes para tu desarrollo corporal.

Densidad ósea inesperada para alguien criada en Marte.

Estabilidad endocrina excepcional. Marcadores que aparecen en poblaciones que, según nuestros modelos, deberían estar mucho más separadas.

—¿Y eso es raro?

—Sí.

—¿Peligroso?

—No tengo evidencia de que lo sea.

Iria giró hacia Amara.

—¿Ninguna?

Amara la miró por primera vez con verdadera atención.

La reconoció.

Lyra lo supo por la pausa.

—Iria Sorn.

Iria se tensó.

—Amara.

—Hace tiempo.

—No tanto.

Vespera volvió la mirada hacia Iria.

Lyra sintió el cambio como una corriente fría.

Amara también.

—¿Os conocéis? —preguntó Vespera.

Iria respondió.

—No personalmente.

Amara inclinó la cabeza.

—Conocía su trabajo.

—Eso no es conocerme.

—De acuerdo.

Vespera no parecía de acuerdo con nada.

Lyra intervino antes de que aquella conversación adquiriera otra forma.

—¿Mi cuerpo tiene algún problema que yo no sepa?

Amara volvió a ella.

—No puedo responder con certeza a partir de esos datos.

—Eso no es un no.

—No.

—¿Qué necesitarías?

—Hablar contigo. Ver tu historial completo si quisieras compartirlo. Examinar algunos parámetros. Quizá tomar muestras.

—No —dijo Vespera.

Lyra cerró los ojos.

Amara no pudo evitarlo esta vez.

Sonrió.

Pequeño.

Lyra la señaló.

—No ayudes.

—No estaba ayudando.

Nira soltó una risa seca.

Vespera la fulminó con la mirada.

Por un segundo, absurdamente, Lyra pensó en la cocina de aquella mañana.

Después volvió todo.

—Quiero hablar con ella —dijo.

Vespera se acercó.

—¿Por qué?

La pregunta era genuina.

Eso hizo que Lyra respondiera con menos dureza.

—Porque lleva catorce horas sabiendo cosas sobre mi cuerpo que yo no sé.

—Eso no significa que tenga derecho—

—No estoy hablando de su derecho.

Vespera se detuvo.

—Estoy hablando del mío.

Lyra no había preparado la frase.

Vespera la miró durante varios segundos.

Después a Nira.

Nira no la rescató.

—Vale —dijo finalmente.

Lyra soltó aire.

—Vale.

—Pero no sola.

La irritación regresó.

—Vespera.

—Has dicho que querías hablar. No has dicho que quisieras hacerlo sola.

Aquello era técnicamente cierto.

Lyra la odió un poco por descubrirlo.

Miró a Iria.

Iria sostuvo su mirada.

—¿Quieres que vaya?

Lyra pensó en ello.

Sí.

No.

Quizá.

Quería saber qué sabía Amara sin tener que medir cada reacción de Iria.

Quería también que Iria escuchara.

Y una parte más pequeña, menos agradable, quería ver cómo reaccionaba Iria ante Amara mirándola.

No le gustó descubrir esa última motivación.

—Nira —dijo.

Nira parpadeó.

—¿Yo?

—Tú.

Vespera abrió la boca.

Lyra la miró.

Vespera volvió a cerrarla.

—Bien —dijo Nira.

Amara se levantó.

—Cuando quieras.

Lyra también.

Mientras salían, Iria le tocó ligeramente la muñeca.

Lyra se detuvo.

—¿Estás bien?

Era una pregunta sencilla.

Demasiado sencilla.

—Sí.

Iria miró hacia Amara.

Después a ella.

Lyra reconoció algo.

No exactamente celos.

Miedo.

—¿Qué pasa?

Iria negó con la cabeza.

—Nada.

—Mientes fatal.

—Lo sé.

Lyra esperó.

Iria no añadió nada.

Al final Lyra le besó brevemente la frente.

—Después.

Iria asintió.

Lyra siguió a Amara y Nira por el corredor.

* * *

La habitación elegida era pequeña.

Demasiado pequeña para que cuatro personas fingieran que las distancias no importaban.

Vespera también había entrado.

Lyra la miró.

—He dicho Nira.

—Yo no he aceptado eso.

—No tienes que aceptar—

—Vespera.

La voz de Nira.

Nada más.

Vespera la miró.

Nira señaló la puerta con la barbilla.

Lyra esperó.

Aquello duró varios segundos.

Después Vespera se volvió hacia Amara.

—Si intentas sacar algo de esta sala que no haya autorizado Lyra—

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

Amara sostuvo la mirada.

—Entonces dímelo.

Vespera dio un paso más cerca.

Lyra pensó que su madre ocupaba físicamente una habitación de forma muy distinta a Amara.

Amara atraía la mirada.

Vespera desplazaba el espacio.

—Te saco de Aonia —dijo.

Amara no retrocedió.

—Eso sí ha sonado a una orden.

Silencio.

Nira cerró los ojos.

Lyra quiso reírse.

No lo hizo.

Vespera miró a Amara.

Después a Lyra.

Se marchó sin responder.

La puerta se cerró.

Amara dejó escapar aire.

—Es extraordinaria.

—Es mi madre.