La medida Capítulo 2 #3
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Capítulo 2 #3

Voss la miró.

Amara raramente pedía aquello.

—Tenemos programas duales con mejor rendimiento en parámetros concretos —dijo—. Más fertilidad, mayor control hormonal, menor conflicto gonadal. Pero lo conseguimos sacrificando otras cosas o compensándolas artificialmente. Aquí no veo el coste.

—Tiene que existir.

—Sí.

—¿Dónde?

—Eso quiero saber.

Voss se dio cuenta de que estaba otra vez mirando el modelo.

No solo los parámetros.

El cuerpo.

Le molestó menos esta vez.

Quizá porque Amara estaba haciendo exactamente lo mismo.

—¿Te resulta atractiva? —preguntó Amara sin apartar la vista.

Voss la miró.

—¿Eso importa?

—Has tardado demasiado en contestar.

—No he contestado.

—Exactamente.

—¿Y a ti?

Amara amplió la imagen de la espalda.

—Muchísimo.

—Qué inesperado.

—Yo no tengo tu enfermedad.

—¿Cuál?

—Creer que negar un deseo impide que exista.

Voss sintió algo parecido a irritación y algo que no lo era.

—Estamos hablando de una desconocida.

—Estamos hablando de una mujer adulta extraordinariamente atractiva cuyo expediente médico ha aparecido misteriosamente sobre tu mesa. Puedo sostener dos pensamientos al mismo tiempo.

—Impresionante.

—Kestrel lleva generaciones trabajando en ello.

Voss casi sonrió.

Casi.

Después señaló la genética.

—¿Puede ser un programa clandestino?

Amara dejó de jugar.

—Sí.

—¿Probabilidad?

—Baja.

—¿Por qué?

—Porque nadie que pueda hacer esto se molestaría en esconderlo durante veintidós años.

—Tal vez no quisiera venderlo.

—Entonces todavía menos probable.

—Esa respuesta explica bastante sobre tu Casa.

—Y tu pregunta explica bastante sobre el Estado.

Voss aceptó el golpe.

—¿Podría ser una línea Pura?

—No así.

—Libre.

—Más probable.

—¿Cuánto?

—No lo sé.

—No me gusta esa respuesta.

—A la realidad le preocupa sorprendentemente poco.

Amara volvió al primer modelo.

Esta vez recorrió con los dedos las capas de información sin abrirlas.

—Hay algo que no estás viendo.

—Ilumíname.

—Estás buscando quién la diseñó.

—Sí.

—Yo también.

—¿Y?

Amara se volvió hacia ella.

—Quizá esa sea la pregunta equivocada.

Voss guardó silencio.

—Mira el conjunto —continuó Amara—. No cada rasgo. El conjunto. Hay soluciones aquí que podríamos reproducir. Otras que entendemos. Algunas que ni siquiera parecen especialmente avanzadas. Lo imposible es que estén todas juntas sin destruirse entre sí.

—Entonces alguien las integró.

—Quizá.

—¿Qué alternativa propones?

Amara señaló la coincidencia histórica.

—Que nadie lo hiciera de una vez.

Voss comprendió.

—Recombinación.

—Generaciones.

—Mezcla entre líneas.

—Intervenciones antiguas, selección posterior, cruces poblacionales, casualidad. Quizá medicina más reciente que no estamos viendo.

—Cinco siglos.

—Cinco siglos pueden hacer mucho si empiezas con una población que ya había sido modificada hasta el límite de lo aceptable.

Voss miró el expediente de nuevo.

Hasta entonces había estado pensando en un laboratorio.

Una Casa.

Una instalación secreta.

Una autora.

Amara proponía algo mucho más incómodo.

Historia.

El cuerpo de L-17 podía no ser propiedad intelectual de nadie.

Podía ser el resultado de todas.

Eso tenía consecuencias que todavía no quería formular.

—Si esto es correcto —dijo Voss—, los marcadores de Hellas…

—Sí.

—Y los nuestros.

—Sí.

—¿Las Libres?

—No tenemos suficiente referencia genética de sus poblaciones periféricas.

—Porque se niegan a compartirla.

—Porque tienen la molesta costumbre de considerar que sus genomas les pertenecen.

Voss la miró.

Amara sostuvo la expresión neutra unos segundos y después sonrió.

—No pongas esa cara. Yo tampoco he dicho que estén equivocadas.

Voss volvió a la pantalla.

L-17.

Veintidós años.

En algún lugar de Marte existía una mujer que probablemente no sabía que dos de las personas más poderosas del Núcleo estaban discutiendo sobre lo que significaba su cuerpo.

Aquella idea produjo una incomodidad que Voss intentó clasificar.

No pudo.

Amara se inclinó sobre la mesa una última vez.

—Necesito el archivo completo.

—No.

—Entonces necesito acceso supervisado.

—No.

—Muestras.

—No tenemos muestras.

—Todavía.

La palabra quedó entre ambas.

Voss la sintió antes de interpretarla.

—No conviertas esto en una carrera.

Amara levantó lentamente la vista.

—Tú me has llamado.

—Para una evaluación.

—Y ahora sabes que es importante.

—Eso no te concede derechos sobre ella.

Amara sonrió de una manera mucho menos divertida.

—Interesante.

—¿Qué?

—Has tardado menos de una hora en pasar de «sujeta L-17» a «ella».

Voss no respondió.

Amara cerró varias capas hasta dejar visible únicamente la reconstrucción anatómica inicial.

La observó durante unos segundos más.

Cuando habló, ya no había ironía en su voz.

—Esto no lo hemos hecho nosotras.

Voss miró el cuerpo representado sobre la mesa.

La caja torácica.

La columna.

La mezcla imposible de marcas antiguas y modernas.

La coherencia de algo que no parecía pertenecer completamente a ninguna de las sociedades que llevaban siglos afirmando saber qué debía ser un cuerpo humano.

Amara levantó los ojos.

—Y quiero saber quién lo hizo.