Capítulo 2
Voss supo que la reunión había terminado doce minutos antes de que las representantes de las Casas lo aceptaran.
El problema era conseguir que ellas también lo comprendieran.
—No estamos discutiendo la seguridad del reactor —dijo.
La representante de Casa Selka dejó de hablar.
La de Ardent no.
—Estamos hablando precisamente de seguridad. Si el Directorio retira a las Casas el control de las derivaciones secundarias, en la próxima incidencia tendremos que esperar autorización administrativa para—
—Cuarenta y ocho segundos.
Ardent se detuvo.
—¿Perdón?
Voss tocó la superficie de la mesa. El informe que llevaba toda la reunión abierto apareció entre ellas.
—Cuarenta y ocho segundos es el tiempo medio de respuesta del sistema ejecutivo desde que se declara una desviación crítica hasta que se autoriza una transferencia automática. Siete segundos más que el protocolo de Ardent. Once menos que el de Selka.
La representante de Selka apoyó lentamente la espalda contra la silla.
Ardent sostuvo la mirada de Voss.
—Una media planetaria no describe una emergencia concreta.
—Correcto.
Voss amplió otra columna.
—Por eso he pedido también las seis últimas.
Las cifras aparecieron.
Nadie habló.
La sala de negociación ocupaba uno de los niveles superiores del complejo administrativo de Utopia.
Una pared completa era transparente, aunque no al exterior.
Al otro lado se extendía un jardín interno de líquenes altos, helechos modificados y árboles de crecimiento lento cuya existencia era utilizada por el gobierno como prueba permanente de que el Núcleo podía permitirse desperdiciar agua en algo que no servía para comer.
A Voss nunca le había gustado demasiado aquel jardín.
Lo conservaba porque a las delegaciones extranjeras sí.
—En cuatro de las seis incidencias —continuó—, las Casas utilizaron protocolos internos antes de comunicar la anomalía al sistema central.
—Porque era lo correcto.
—No he dicho que no lo fuera.
Eso produjo más incomodidad que una acusación.
La representante de Selka entrelazó las manos.
—Entonces no entiendo qué pretende demostrar.
—Que el problema no es quién reacciona más rápido. El problema es que tenemos una red de generación común y seis entidades privadas capaces de modificar su comportamiento sin que las demás sepan qué están haciendo.
—No son seis.
Voss miró a Ardent.
—¿Cuántos?
La mujer comprendió el error un instante después de haberlo cometido.
Voss esperó.
—Ocho —dijo finalmente.
—Gracias.
Un silencio pesado cayó sobre la mesa.
Una de las asesoras del gobierno bajó la vista para ocultar algo que podía ser una sonrisa.
Voss no la miró.
—Dos redes auxiliares no declaradas —dijo—. Una de Ardent. Otra todavía no identificada. Las Casas conservarán el mantenimiento técnico de sus sistemas. El Estado controlará las autorizaciones de derivación de emergencia y recibirá telemetría completa en tiempo real.
—Eso es una expropiación.
—No.
—Nos quita capacidad operativa.
—Os quita capacidad operativa invisible.
Ardent se inclinó hacia delante.
—No puede decidir algo así unilateralmente.
Voss la observó unos segundos.
Era una mujer de unos cincuenta años, físicamente más joven que esa edad gracias a tratamientos que Ardent comercializaba desde hacía décadas.
Cabello rojo oscuro, mandíbula perfectamente simétrica, piel sin una sola discontinuidad visible.
Durante toda la reunión había utilizado una ligera vibración en la voz que pretendía transmitir paciencia frente a una interlocutora menos experimentada.
Voss había tardado veinte minutos en decidir que era deliberada.
—Sí puedo —dijo.
No había satisfacción visible en su voz.
Por dentro, sí.
La capacidad de pronunciar una frase y saber que una infraestructura entera tendría que reorganizarse alrededor de ella seguía provocándole algo que todavía no estaba dispuesta a examinar demasiado.
Ardent cambió de estrategia.
—Su predecesora nunca habría—
—Mi predecesora ya no gobierna.
La frase salió más rápida de lo que Voss habría preferido.
Selka la observó.
Ardent también.
Aquello había sido un error.
Pequeño.
Pero real.
Voss dejó que el silencio absorbiera la reacción.
—Tendréis setenta y dos horas para declarar las redes auxiliares —continuó—. Después de eso, cualquier infraestructura no registrada será considerada una vulnerabilidad de seguridad y podrá ser intervenida.
—¿Y si nos negamos?
—No lo haréis.
Ardent sonrió por primera vez.
—Parece muy segura.
—No. Simplemente sé cuánto dinero perderíais.
La sonrisa desapareció.
Mucho mejor.
Voss cerró el informe.
—La reunión ha terminado.
Esta vez tardaron solo tres minutos en aceptarlo.
* * *
Cuando la última representante salió, Voss permaneció sentada.
No relajada.
Nunca se relajaba inmediatamente después de una negociación importante. Era uno de los hábitos que había aprendido de la mujer cuyo nombre acababan de utilizar contra ella.
No levantarse.
No beber.
No permitir que el cuerpo comunicara alivio hasta que la puerta estuviera cerrada y todos los sensores de presencia confirmaran que no quedaba nadie.
Solo entonces se recostó unos centímetros.
—Ha funcionado —dijo una de sus asesoras.
Voss la miró.
—¿Qué cosa?
—La amenaza.
—No era una amenaza.
La asesora pareció pensarlo.
—Eso es peor.
Voss casi sonrió.
—¿Qué más tengo?
—Un informe del corredor orbital. La reclamación de Kestrel sobre los nuevos contratos de tejido vascular. Hellas ha rechazado otra inspección conjunta. Y ha llegado algo a su canal ejecutivo.
—¿De quién?
—No sabemos.
Voss dejó de recostarse.
—Eso no es una respuesta aceptable.
—Por eso no lo hemos abierto.
La asesora acercó una pantalla portátil.
En la esquina superior aparecía una marca antigua de prioridad biológica.
No pertenecía al sistema contemporáneo.
Voss reconoció el formato.
Había estudiado suficientes documentos de los primeros siglos como para saber que aquella iconografía procedía de protocolos de continuidad utilizados mucho antes de la arquitectura administrativa actual.
—¿Autenticidad?
—El contenedor es válido.
—¿Origen?
—El último nodo verificable está dentro de la red histórica.
—Eso tampoco significa nada.
—Lo sé.
—¿Código malicioso?
—Nada detectado.
—¿Copia?
—Aislada.
Voss extendió la mano.
La asesora no soltó el dispositivo inmediatamente.
—Podemos enviarlo a seguridad.
—Podemos.
—Y no va a hacerlo.
—Ya está en seguridad.
—Voss.
Ahora sí sonrió ligeramente.
—Gracias.
La mujer le entregó el dispositivo.
—Si resulta ser una bomba informática, voy a recordar que lo advertí.
—Si resulta ser una bomba informática, probablemente no tendrás que recordarme nada.
—Reconfortante.
Voss esperó a quedarse sola.
Después abrió el archivo.
No apareció ningún mensaje.
Ninguna reivindicación.
Ninguna explicación.
Solo una clasificación:
EXPEDIENTE BIOLÓGICO
SUJETA L-17
Debajo:
ORIGEN: INDETERMINADO
FILIACIÓN POLÍTICA: NO CONFIRMADA
CONFIGURACIÓN REPRODUCTIVA: DUAL
Hasta ahí, nada extraordinario.
La dualidad era menos común en el Núcleo que en determinados territorios exteriores, pero no suponía ninguna anomalía científica. Kestrel y otras Casas mantenían programas capaces de estabilizarla desde hacía generaciones.
Voss continuó.
Edad estimada: veintidós años.
Altura: 1,89 m.
Densidad mineral ósea: muy por encima de los valores esperables para una mujer criada permanentemente bajo gravedad marciana.
Masa muscular postural: elevada.
Distribución cardiovascular: atípica.
Índice de reparación tisular: fuera de rango comparativo.
Voss frunció el ceño.
Abrió la página siguiente.
Había una reconstrucción anatómica.
No una fotografía convencional. Un modelo médico compuesto a partir de varios escáneres, suficiente para mostrar estructura, tejidos y distribución de masas sin conservar todos los detalles superficiales del rostro.
La primera reacción de Voss fue profesional.
La segunda no.
El cuerpo era extraordinario.
No por un solo rasgo. Eso habría sido sencillo.
Las Casas producían cuerpos extremos constantemente. Alturas mayores. Densidades superiores. Sistemas reproductivos adaptados. Morfologías que habrían resultado imposibles en las primeras generaciones marcianas.
Aquí el problema era la coherencia.
Una caja torácica amplia sostenía un desarrollo mamario que habría exigido intervención estructural en prácticamente cualquier programa Diseñado.
La musculatura dorsal estaba desarrollada exactamente donde debía estar, pero sin los patrones de crecimiento asistido que Voss esperaba encontrar.
Las caderas, las piernas, el sistema vascular, incluso la posición vertebral parecían haberse organizado alrededor del conjunto.
No daba la impresión de que alguien hubiera construido un cuerpo extremo.
Daba la impresión de que el cuerpo hubiera crecido sabiendo qué iba a necesitar.
Voss amplió el modelo.
El desarrollo mamario estaba muy por encima de la media del Núcleo.
En otro contexto, una Casa habría presentado un resultado así como demostración de ingeniería avanzada.
Allí no había ninguna firma obvia de estabilización Kestrel, ningún patrón de refuerzo Selka, ningún marcador industrial conocido.
Volvió a reducir la imagen.
Se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirando.
Apartó la vista.
El gesto la irritó.
No había motivo para hacerlo.
Era un expediente clínico.
La atracción no convertía la información en otra cosa.
Volvió a mirar.
Eso la irritó todavía más.
El archivo contenía imágenes médicas adicionales, algunas de la espalda, de la caja torácica y del sistema pélvico. Voss pasó por ellas con mayor rapidez de la necesaria, precisamente porque era consciente de haber tardado demasiado en la primera.
Abrió la genética.
El clasificador tardó menos de un segundo.
Después mostró:
ERROR DE CLASIFICACIÓN
Voss volvió a ejecutarlo.
Mismo resultado.
Abrió la explicación.
COINCIDENCIA POBLACIONAL INSUFICIENTE
MÚLTIPLES GRUPOS DE REFERENCIA
POSIBLE CONTAMINACIÓN DE MUESTRA
—No —murmuró.
La muestra no parecía contaminada.
Había demasiada coherencia entre regiones independientes.
Forzó un análisis por componentes.