La maldición del conde (Viajes en el tiempo 3) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Que sí, que el escape, con la lista de espera tan larga y lo caro que era, era cutre de narices, pero eso no le daba derecho a ser maleducada.

—Lo siento —se disculpó, agachando la cabeza—. No volveré a interrumpir. Me mantendré en silencio.

Para Phoebe, aquello era casi un reto. Guardar silencio nunca había sido precisamente lo suyo. En los juicios, más de una vez había conseguido sacar de quicio al juez de turno.

¿Qué hacía ella si siempre tenía algo que decir?

—¿Entonces nuestra labor es encontrar a la bruja? —preguntó Emily, que, contra toda lógica, parecía entusiasmada por el escape.

Lavinia negó con la cabeza con gesto teatralmente triste.

—Desgraciadamente, no. Después de descubrir que la bruja lo había maldecido, el conde ordenó que la ejecutaran.

—Pero estos últimos meses —continuó Quentin—, los trabajadores de esta casa, que no nos hemos convertido en teteras, armarios ni cucharas —añadió, guiñándole un ojo a Phoebe—, hemos escuchado y visto el espíritu de la bruja.

Se ha quedado atrapado entre estas paredes, en el mismo lugar donde falleció.

Ustedes, como investigadoras de lo paranormal, deberán encontrar su espíritu y convencerla de que les revele la forma de romper el maleficio.

Lavinia se acercó a una pequeña mesa y tomó un folio que había encima. Lo desplegó con cuidado y se lo mostró a las cuatro.

—Esta es ella —dijo—. O, al menos, la única imagen que se conserva.

Phoebe observó el dibujo a carboncillo de una mujer de mediana edad, con el rostro afilado, los ojos oscuros y el cabello negro cayéndole suelto sobre los hombros.

No era un retrato elegante ni especialmente preciso; más bien parecía una reconstrucción hecha a partir de las descripciones de quienes la habían conocido.

Pero había un detalle que llamó su atención. En la parte derecha de la mandíbula, casi oculto bajo un mechón de cabello, habían dibujado una pequeña marca de nacimiento con forma de estrella.

—Lo único que se sabe de ella es que se llama Molly —continuó Lavinia.

—El último lugar donde la vimos fue en la despensa. —Quentin señaló una puerta de madera al fondo del pasillo.

—Nosotros no nos atrevemos a entrar —añadió Lavinia con una teatralidad que hizo que Phoebe entornara los ojos—. Pero, como investigadoras de lo paranormal, confiamos en que tendrán el valor necesario para enfrentarse a lo que aguarda al otro lado.

Sophie, Rachel y Emily se acercaron y entraron una detrás de otra. Phoebe se quedó un segundo en el umbral, mirando hacia dentro.

No había ninguna despensa antigua de verdad.

Era una sala típica de escape room: estanterías de madera clara llenas de tarros de cristal vacíos, cajas apiladas, una mesa central con varios objetos sospechosamente colocados y un par de candelabros de plástico que intentaban parecer de hierro.

En una esquina había un baúl cerrado con candado, y olía a ambientador de vainilla barato.

Phoebe hizo una mueca, pero se dispuso a cruzar la puerta cuando Quentin se interpuso en su camino.

—Señorita, si es tan amable y me concede un momento.

Phoebe se detuvo, todavía con una mano en el marco.

—¿Qué?

No le dio tiempo a recibir una respuesta clara. Porque en ese preciso instante, oyó el ruido de la puerta cerrándose de golpe a su espalda. Lavinia la había cerrado.

Antes de que pudiera dar un solo paso, una pantalla que hasta ese momento no había visto se encendió en la pared. Miró los números rojos, acompañados de un pitido insistente.

60:00

El cronómetro había comenzado la cuenta atrás.

—El espíritu de Molly las ha encerrado —anunció Lavinia con voz grave—. Si no encuentran la salida antes de que el tiempo se agote, el espíritu las matará.

Phoebe escuchó las voces de Sophie, Rachel y Emily. Iba a decir algo cuando Quentin le hizo un gesto para que la acompañara.

—Usted vendrá conmigo —dijo en voz baja—. Hay algo que solo una de ustedes puede hacer.

Y, sin esperar respuesta, empezó a guiarla por un pasillo lateral.

—¿Y si no hago nada y ellas no logran salir de la primera prueba a tiempo, el escape se termina en una hora?

Quentin esbozó una sonrisa.

—¿Tan poco te gustan estas experiencias?

—Pensaba que jamás saldrías de tu personaje.

—No se lo cuentes a nadie —respondió con una sonrisa confidente—. Si lo haces, puede que me despidan.

—Si me devuelves el móvil y finges que estoy siguiendo el escape como una más, te guardo el secreto.

La sonrisa de Quentin se ensanchó mientras se detenía frente a una puerta.

—Debe entrar ahí dentro. Es otra despensa, pero está prohibida por el conde. Fue el lugar donde escondió el cadáver de la bruja antes de ordenar que la enterraran lejos de aquí. Estamos seguros de que encontrará pistas que la conduzcan al espíritu.

Phoebe hizo una mueca.

—No lo sé… Me está dando muy mal rollo.

Quentin metió la mano en el bolsillo del frac y sacó un anillo antiguo de plata con una piedra oscura. Se lo colocó en el dedo a Phoebe sin pedir permiso.

—Este anillo la protegerá. Mientras lo lleve puesto, estará a salvo.

El anillo le quedó bien, como si lo hubiesen tallado para ella. Phoebe miró su mano un segundo y se encogió de hombros.

—Vale —accedió, dejándose llevar. Definitivamente, Sophie le debía una muy grande—. ¿Entro ya?

—¿Ahora tienes prisa? —Quentin la miró con diversión—. Al final vas a disfrutar de la experiencia y nos va a poner cinco estrellas.