Capítulo 23 #2
—Porque mi abuelo perdió media colección de un museo entero por gente como Nikitin, gente que trata cualquier cosa de valor, incluida la vida humana, como mercancía intercambiable.
—La voz de Elena se endureció, con una convicción que no había planeado mostrar tan pronto pero que le salió, de todos modos, sin ningún esfuerzo de contención—.
Y porque llevo nueve meses estudiándolos a ambos lo suficiente como para saber que ustedes nunca han hecho a nadie el tipo de daño que él hace todos los días como parte rutinaria de su negocio.
No los persigo porque sean peligrosos, señor Wren.
Los perseguía porque son ilegales. Eso no es lo mismo. Y he decidido actuar en consecuencia.
Otro silencio, más corto esta vez.
—Necesito hablarlo con mi equipo.
—Tiene veinticuatro horas. Después de eso, tendré que decidir si sigo esta investigación sola, sin su ayuda, con muchas menos probabilidades de llegar a tiempo para su amiga.
• • •
Se reunieron, finalmente, treinta y seis horas después —Elena aceptó el retraso sin protestar, consciente de que exigir más rapidez de la que la situación permitía habría sido, en sí mismo, un motivo legítimo de desconfianza—, en un almacén abandonado a las afueras de Ginebra que Daniel había elegido precisamente por su absoluta falta de valor sentimental o estratégico para cualquiera de las dos partes, un terreno neutral en el sentido más literal posible.
Elena llegó sola, sin arma visible, con las manos donde Daniel y Ollie, apostados en puntos opuestos del almacén con una discreción que apenas disimulaba su función, pudieran verlas en todo momento.
Se encontró, cara a cara por primera vez, con las dos personas que llevaba nueve meses de su vida profesional reduciendo a alias, a fotografías de vitrinas vacías y a teorías construidas sobre patrones de comportamiento.
—Agente Vasko. —Daniel la estudió con la misma atención minuciosa que aplicaba a cualquier sistema de seguridad ajeno, buscando, sin ningún disimulo, cualquier indicio de engaño en su lenguaje corporal—.
Élise y yo hemos decidido confiar en usted.
No porque su oferta nos parezca completamente segura, sino porque no tenemos ya el lujo de rechazar ayuda real solo porque venga con riesgo adjunto.
—Entiendo la decisión, y no la voy a decepcionar si puedo evitarlo.
—Elena se permitió, por primera vez desde que había cruzado el umbral del almacén, algo parecido a un alivio genuino—.
Entonces empecemos por lo que sé yo, y sigamos por lo que saben ustedes, porque sospecho que entre las dos partes tenemos, juntos, mucho más de lo que cualquiera de los dos bandos tiene por separado.
Élise, apoyada contra una columna de hormigón con el cuidado todavía necesario para sus costillas en recuperación, la observó un momento antes de hablar, con la misma precisión que aplicaba a cualquier evaluación de riesgo.
—Una condición más, agente Vasko, antes de que sigamos. —Su voz sonó firme, sin ninguna concesión—. Lo que sea que descubramos juntos sobre Nikitin, lo usamos primero para encontrar a Noor con vida. Su ascenso, su caso, su carrera, todo eso puede esperar el tiempo que haga falta. Ella no puede.
—Estoy completamente de acuerdo. —Elena asintió, sin dudarlo—. De hecho, señorita Moreau, esa es la clase de prioridad que me ha convencido de que estaba haciendo lo correcto al venir hasta aquí.
Ollie y Callum se acercaron entonces desde sus respectivos puestos de vigilancia, y durante la hora siguiente, de pie alrededor de una mesa plegable que Ollie había montado esa misma tarde en medio del almacén vacío, las dos investigaciones paralelas que llevaban meses avanzando sin saberlo la una de la otra terminaron de encajar, pieza a pieza, con una eficiencia que ninguno de los presentes había anticipado.
—Kestrel Logistics Consulting. —Elena reconoció el nombre en cuanto Callum lo pronunció, con una expresión que dejaba claro que la coincidencia le resultaba tan reveladora como incómoda—.
Está en nuestra lista de vigilancia desde hace cuatro meses, catalogado como posible fachada de reclutamiento, pero nunca habíamos conseguido conectarlo formalmente con Nikitin más allá de la sospecha.
Si ustedes tienen una fotografía clara del hombre que salió de allí, y del pin que describe, eso podría ser la primera prueba física real que nos falta.
—La tengo. —Callum sacó el teléfono, mostrando las imágenes que llevaba días guardando con el cuidado obsesivo de quien sabe que puede ser su única contribución útil a la causa—. También tengo el trayecto completo hasta la estación de metro, y una descripción física detallada.
—Y nosotros tenemos esto. —Ollie desplegó, sobre la mesa, las fotografías impresas de la carpeta encontrada en Belleville meses atrás: el listado de sociedades, la nota firmada con la inicial «K.
», el nombre de Devereux & Cie subrayado en tres puntos distintos—.
Llevamos semanas construyendo el mismo mapa que usted, agente Vasko, solo que desde el lado de la calle en vez del lado de los registros mercantiles.
Elena estudió las fotografías durante un largo momento, comparándolas mentalmente con los seis meses de análisis financiero acumulados en sus propios archivos, y cuando levantó la vista, algo en su expresión profesional se había transformado en algo mucho más parecido a la excitación contenida de un investigador que ve, por fin, todas las piezas de un rompecabezas alinearse a la vez.
—La inicial «K.» es casi con toda seguridad Katya, la lugarteniente de Nikitin encargada de la ingeniería financiera de toda la operación.
—Trazó, con el dedo, una línea imaginaria entre los documentos de ambos bandos—.
Si conseguimos una prueba documental de que ella firma personalmente las órdenes de transferencia, eso la implica directamente, y a través de ella, implica a Nikitin sin ningún margen razonable de duda para un tribunal.
Ese es el nombre real que necesito entregarle a mi superior antes de que expire mi plazo.
—Entonces la ayudamos a conseguir esa prueba.
—Daniel cerró el círculo con la misma determinación fría que había guiado cada decisión suya desde la noche del ataque en la Provenza—.
Gibraltar, Panamá, Belice. Entramos en cada eslabón de esa cadena, documentamos todo lo que encontremos, y usted consigue su nombre real al mismo tiempo que nosotros conseguimos drenar el dinero que sostiene toda la operación. Dos objetivos, una sola campaña.
—Con una condición añadida por mi parte.
—Elena levantó una mano, deteniendo el entusiasmo operativo que empezaba a tomar forma alrededor de la mesa—.
Necesito estar informada de cada movimiento, con antelación suficiente para poder, discretamente, apartar cualquier recurso oficial que pudiera cruzarse en su camino sin que ustedes lo sepan.
No puedo protegerlos de lo que no veo venir.
—Trato hecho. —Élise le tendió la mano, con una firmeza que desmentía por completo el dolor todavía presente bajo el vendaje—. Bienvenida al equipo, agente Vasko. Aunque sospecho que ninguna de las dos va a poder contarle esto a sus respectivos jefes durante bastante tiempo.
—Sospecho que tiene usted toda la razón, señorita Moreau.
—Elena estrechó la mano ofrecida, con algo parecido, por primera vez en nueve meses de persecución, a una sonrisa genuina—.
Llámenme Elena. Si vamos a hacer esto juntos, deberíamos, como mínimo, dejar de tratarnos como lo que se supone que somos el uno para el otro.