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ÉL
(iv)
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El muchacho se desmanda.
Habló con ella. Le dio papel. El papel era mío: hasta la rabia de los demás la pongo yo, y ni las gracias.
Los instrumentos que preguntan quién compone dejan de ser instrumentos. Pronto habrá que bajar el telón también sobre él. Está previsto; con los hombres como él siempre lo está: nadie llora a un tramoyista, y un tramoyista culpable de todo es la mejor escenografía que existe.
Viena ya no escribirá. Las memorias mueren mejor que los hombres: sin cuerpo. Aunque el equipaje del viejo cantaba de vacío, y los viejos esconden como las urracas. Da igual. Sin el viejo, el papel es papel. Casi da igual.
El cabo que canta ha vuelto a la ciudad. La vi bajar del tren con un mantón que no era suyo. Baja de los trenes como bajaba de los escenarios: cobrando. Siempre ha hecho las salidas mejor que nadie; las entradas se las escribo yo.
Queda una entrega de música. La última la reparto en persona.
Con público.