30
El incendio empezó a las dos de la mañana del jueves.
Lo supe porque estaba despierta. Llevaba dos horas en la silla junto a la ventana con la vela apagada porque la luz de la vela impedía ver bien el patio y ver bien el patio era lo que necesitaba esta noche.
El frío de finales de octubre en la habitación sin fuego encendido era el tipo de frío que mantiene despierto mejor que cualquier decisión de mantenerse despierto.
La columna de humo fue visible antes de que las llamas lo fueran.
El sector oeste del ala de almacenes, exactamente donde lo había calculado.
El humo subía con la densidad específica de algo que lleva tiempo ardiendo antes de que nadie lo haya visto, lo cual decía que el fuego había empezado desde dentro y que había tardado en llegar al exterior lo suficiente para tener fuerza propia antes de ser visible.
Broc lo había preparado con tiempo. No era un fuego improvisado.
Me puse las botas antes de que el primer grito cruzara el patio. Tomé el chal. Salí de la habitación.
El corredor del ala este estaba vacío todavía.
El castillo tardaba unos segundos en procesar el ruido antes de que la gente empezara a moverse, que eran exactamente los segundos que yo necesitaba para llegar al ala de almacenes antes de que el patio se llenara de personas moviéndose en todas direcciones y el movimiento de una persona más en una dirección específica dejara de ser notable.
Crucé el patio con el paso de alguien que se dirige al punto de emergencia, que era el mismo paso de todos los que cruzaban en ese momento y que por eso no era el paso de nadie en particular.
Los tres hombres de Craig que habían estado en los corredores adyacentes estaban ya en el patio gritando instrucciones sobre el agua y las cadenas de cubos y el lugar donde podían romperlas para frenar la extensión del fuego.
La puerta del ala de almacenes estaba abierta.
El sector oeste ardía con la luz naranja y el calor de algo que lleva tiempo siendo alimentado.
El humo en el corredor central tenía el color gris oscuro del humo de madera vieja, que es diferente al humo de madera verde, más denso, más bajo, del tipo que se instala en los pulmones antes de que uno decida si quiere que se instale.
Tuve el tiempo que tardé en cruzar el corredor central para calcular lo que quedaba.
El sector este estaba al fondo. Cien metros de corredor con el humo acumulándose desde el techo hacia abajo.
El fuego en el sector oeste todavía no había cruzado el corredor central pero lo haría. El calor ya estaba aquí.
Entré.
No corrí porque correr gasta el aire que hay disponible y el aire disponible era el recurso más limitado que tenía en este momento.
Caminé rápido con el chal sobre la boca, que no es una protección real pero es mejor que nada y a veces mejor que nada es suficiente para llegar a donde hace falta llegar.
El sector este tenía estantes de madera con los documentos del clan de los últimos diez años ordenados por fecha.
Lo que yo buscaba estaba en los últimos tres años, que era el período en que Craig había documentado movimientos, en que la denuncia de los Beag había sido archivada y retirada, en que Broc había hecho visitas al sur que nadie había explicado pero que el registro de rutas y hospedajes del ala de administración había consignado porque los registros de rutas y hospedajes se consignaban de forma rutinaria para todos los miembros del clan que salían del territorio.
Ese registro no estaba en el cofre del despacho de Fergus. Estaba aquí.
Lo encontré en el tercer estante desde arriba, en el lado derecho del sector este, en el lugar donde los registros de los últimos cuatro años se guardaban por orden cronológico. Lo encontré porque sabía exactamente lo que buscaba y dónde podría estar, que es la diferencia entre buscar y encontrar.
Lo tomé. Lo coloqué bajo el brazo izquierdo con la presión suficiente para que no se cayera aunque necesitara el brazo para otra cosa.
El humo había bajado otros diez centímetros desde que había entrado.
El calor en el corredor central había subido en la misma proporción.
El fuego del sector oeste había cruzado parte del corredor y el borde del estante más cercano a la entrada del sector este tenía ya el color del calor extremo en madera seca.
Volví hacia la salida.
En el último tramo del corredor central, donde el fuego del sector oeste había llegado al suelo y el calor era suficiente para que el aire visible temblara, había una viga transversal que conectaba el techo con el soporte del estante izquierdo.
La viga llevaba suficiente tiempo con calor suficiente para haber perdido la consistencia que tiene la madera sólida cuando es madera sólida.
Cedió cuando pasé por debajo.
No toda. La parte superior. Lo suficiente para que el extremo inferior cayera hacia el suelo en el lado donde estaba mi mano derecha.
El impacto no fue directo. Fue el borde del extremo inferior rozando el dorso de la mano antes de que pudiera retirarla del todo. El calor de la madera hizo lo que hace el calor de la madera cuando contacta con la piel el tiempo suficiente para dejar algo.
Salí del ala de almacenes por la puerta que había dejado abierta.
El patio estaba lleno. Los hombres de Craig con los cubos de agua en la cadena que habían organizado desde el pozo.
Los hombres Cairn de mi padre en el otro extremo del patio con la segunda cadena que Tam había organizado por iniciativa propia.
Ealasaid gritando instrucciones sobre qué sacar y qué dejar.
Donal en los escalones de la entrada principal con los brazos cruzados y la cara de quien calcula daños.
Fergus me encontró en el patio exterior.
No sé cómo llegó tan rápido. Probablemente también estaba despierto. Probablemente también había visto el humo desde alguna ventana y había cruzado el patio mientras yo cruzaba el corredor del ala de almacenes.
Estaba a dos metros cuando lo vi. Lo primero que dijo no fue sobre el documento que llevaba bajo el brazo izquierdo.
—La mano.
—Primero guarde esto.
Le tendí el documento con la mano izquierda. Fergus lo tomó con una mano y con la otra tomó mi mano derecha sin pedir permiso para hacerlo, que era exactamente el tipo de cosa que hacía Fergus cuando había decidido que algo era lo primero independientemente de lo que yo dijera que era lo primero.
Miró la mano. El dorso tenía el color y la textura de lo que era: contacto con madera a temperatura alta durante el tiempo suficiente para dejar una quemadura que no era superficial pero tampoco era lo más profundo que podía ser.
Dijo algo en voz muy baja que no era para nadie más que para sí mismo o para mí, no lo distinguí bien, y luego le entregó el documento a Craig que había aparecido a su lado sin que yo lo viera llegar.
Craig miró el documento. Miró a Fergus.
—Broc ha salido por la puerta este. —Lo dijo con la voz del hombre que entrega un informe mientras procesa las consecuencias simultáneamente. —El hombre de la salida de emergencia oyó los gritos del incendio y se movió a verificar el fuego. Treinta segundos. Suficiente.
Treinta segundos de guardia movida por el instinto de un hombre que oye fuego y va hacia el fuego. Broc había calculado exactamente eso. El incendio no era solo una distracción para los documentos. Era la distracción para la guardia.
Fergus soltó mi mano con el cuidado de quien suelta algo que quiere seguir sosteniendo pero que sabe que no es el momento.
—El camino norte —dijo, mirando a Craig.
—Ya salí antes de venir aquí. Dos hombres en el camino norte y dos en el este.
—Craig tenía la cara del hombre que también ha calculado y que ha actuado sobre el cálculo antes de reportarlo.
—Si salió por la puerta este hace diez minutos, va por el camino del sur.
El norte lo cortamos hace media hora cuando vi que la situación se movía en esa dirección.
—¿El sur?
—El sur lleva al territorio del comerciante. Fearghas no volvió ayer. Alguien lo espera en algún punto del camino del sur.
Mi padre llegó al grupo desde el otro extremo del patio. Miró el documento en la mano de Craig. Miró mi mano derecha. Miró a Fergus.
—¿Cuánto lleva de ventaja?
—Diez minutos. Quizás quince.
Mi padre miró el camino por el que Broc había salido con la expresión del hombre que calcula si diez minutos son recuperables.
—Con los caballos correctos, sí. —Lo dijo antes de que nadie preguntara qué estaba calculando. —Eoin. ¿Cuáles son los más rápidos de los establos?
Craig fue hacia Eoin antes de que mi padre terminara la frase. Fergus fue hacia los establos detrás de Craig. Mi padre los siguió.
Me quedé en el patio exterior con la mano derecha cerrada porque cerrarla reducía el contacto del aire con la quemadura y el aire en este momento tenía humo y el humo en una quemadura no ayuda.
La cadena de cubos seguía funcionando. El sector oeste del ala de almacenes ardía con menos intensidad que diez minutos antes, lo cual decía que la cadena estaba funcionando pero no que el fuego estuviera controlado todavía.
El sector este, donde yo había estado, tenía humo saliendo por la puerta abierta pero no llamas visibles todavía.
El documento que Craig llevaba era el registro de visitas de Broc al sur de los últimos cuatro años.
Era la conexión entre los movimientos de Broc y las fechas de los incidentes con Ailsa Beag que Fionnuala había declarado.
Era la prueba que convertía el patrón de conducta en una línea de tiempo que podía presentarse en un juicio y que no podía cuestionarse porque era un registro administrativo de rutina que nadie había pensado falsificar porque nadie había anticipado que importaría.
Broc lo había anticipado. Por eso había prendido fuego al sector oeste del ala de almacenes y había esperado que el calor y el tiempo hicieran el resto.
No había contado con que alguien entrara a buscarlo mientras todavía se podía entrar.
Ailís, la curandera joven, apareció a mi lado sin que yo la oyera llegar.
—La mano. —Lo dijo con la voz de quien ya ha visto el daño y está calculando lo que necesita. —Venga.
—Después.
—Ahora. —Tenía la firmeza de quien lleva dos años siendo curandera de un castillo y ha aprendido que el después de las quemaduras produce consecuencias que el ahora evita. —Cinco minutos. Luego puede volver a lo que esté haciendo.
La miré. Tenía razón. Las quemaduras tienen una ventana y la ventana no espera.
Fui con ella.
Cinco minutos después tenía la mano derecha vendada con la eficiencia de alguien que hace bien su trabajo, el dolor en el lugar específico donde los dolores se instalan cuando uno decide que el dolor es información y no emergencia, y Fergus saliendo del castillo por la puerta principal a caballo con Craig y mi padre y seis hombres más.
Broc llevaba veinte minutos de ventaja.
El documento estaba con Craig.
La mano quemada era lo que era.
El fuego en el sector oeste del ala de almacenes seguía siendo combatido por las dos cadenas de cubos que Tam y Ealasaid dirigían simultáneamente desde los dos extremos del patio.
Y en algún punto del camino del sur, Broc cabalgaba hacia algo que había preparado antes de que el incendio empezara, con el tiempo que le daban veinte minutos y la red de un comerciante del sur que llevaba meses poniendo piezas en lugares donde nadie las había buscado todavía.
Ocho días para la cláusula desde mañana.
El juicio convocado para el viernes seguía convocado para el viernes.
Y Broc libre en el camino del sur era una variable que el viernes tendría que gestionar de una manera u otra.