LA DESAPARECIDA DEL HIGHLANDER (ROMANCE HIGHLANDER nº 9) 29
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El miércoles era el día veintiséis.

Nueve días para la cláusula desde mañana.

Todos los testimonios en el cofre del despacho de Fergus.

El juicio convocado para el viernes, que era el plazo que Donal había calculado como el mínimo para cumplir el protocolo formal que requería la ley de clanes: notificación al acusado, tiempo de respuesta, presencia de los ancianos del clan como testigos del proceso.

Lo que quedaba entre el miércoles y el viernes era contener a Broc dentro del castillo sin que el contenimiento se convirtiera en la confrontación que todavía no podíamos permitirnos hasta que el proceso estuviera formalmente iniciado.

Esa era la parte difícil.

Craig vino al ala este antes del desayuno.

—Cormac intentó hablar con Fearghas esta mañana. —Tenía la cara del hombre que lleva sin dormir suficiente desde hace días y que ha decidido que dormir puede esperar. —Lo intercepté antes de que llegara a los establos.

—¿Qué hiciste con él?

—Lo mandé de vuelta al ala norte con instrucciones de no salir de esa ala hasta que el laird lo autorice.

Le dije que era una medida de seguridad general mientras duraba la presencia de los hombres Cairn.

—Una pausa. —Cormac sabe que es mentira.

Pero no puede objetar sin revelar que sabe por qué realmente es.

Era la misma lógica de siempre: cerrar sin declarar que se cierra. Funcionaba mientras Broc creyera que tenía tiempo suficiente para encontrar otra grieta. Lo que el miércoles necesitaba hacer era que Broc dejara de creer eso.

Fui al despacho de Fergus. Estaba con mi padre, los dos de pie, con la distribución de hombres que no necesitan mesa para pensar porque ya han pensado suficiente y están en la fase de decidir.

Les conté lo de Cormac y Fearghas.

—Fearghas —dijo mi padre. —¿Sigue en los establos?

—Sigue en los establos. Craig no lo ha movido todavía porque moverlo antes de tiempo cierra el canal de Broc hacia fuera y Broc lo detecta antes de que estemos listos para que lo detecte.

Mi padre miró a Fergus.

—¿Cuándo estamos listos?

—Esta tarde. —Fergus lo dijo con la precisión de quien ha calculado el momento.

—Cuando la notificación formal del juicio llegue a Broc con el sello y la fecha, ya no necesitamos que Cormac y Fearghas crean que tienen acceso.

La notificación es la declaración de que el proceso ha empezado y de que lo que hagan a partir de ahí forma parte del registro.

Era el momento en que contenerse sin revelar se convertía en revelar de forma controlada. La notificación formal era el instrumento de esa revelación.

—¿Y si Broc actúa antes de que llegue la notificación?

—Entonces actúa sin saber el alcance completo de lo que tenemos, que es peor para él que actuar sabiendo.

Mi padre procesó eso. Asintió una vez, que era su asentimiento de quien no está completamente conforme pero reconoce la lógica.

Donal preparó la notificación formal durante la mañana.

Era un documento con el lenguaje preciso que requería la ley de clanes: la convocatoria a Broc MacAran a presentarse ante el proceso formal iniciado por el laird del clan MacAran en calidad de parte acusada, con los cargos enumerados, con la fecha del viernes y la hora de las tres de la tarde, con el sello de Fergus y la firma de dos ancianos del clan como testigos de que el proceso cumplía el protocolo.

Craig llevó el documento al ala de Broc a las dos de la tarde.

Yo estaba en el corredor del ala este cuando Craig volvió. Esta vez la cara que traía era diferente a la de la mañana.

—Estaba en sus habitaciones —informó. —Lo leyó delante de mí. No dijo nada. Me devolvió el documento y cerró la puerta.

Broc había leído la notificación y había cerrado la puerta. Sin preguntas, sin objeciones, sin la reacción de alguien que recibe algo que no esperaba. Lo cual significaba que o lo había esperado o había calculado ya lo que haría cuando llegara.

—¿Cómo estaba?

Craig consideró la pregunta.

—Tranquilo. —Lo dijo con el tono de quien usa esa palabra con precisión y no como eufemismo. —No tranquilo de quien acepta. Tranquilo de quien ya ha decidido.

Un hombre que ya ha decidido y que recibe la notificación formal con tranquilidad está esperando el momento correcto para ejecutar lo que ha decidido. No la confrontación. El momento.

Informé a Fergus inmediatamente.

Fergus convocó a Craig y a mi padre al despacho. Los cuatro juntos durante veinte minutos con el mapa del castillo sobre la mesa que Donal había traído a petición de Craig.

—Las salidas —dijo Fergus.

Craig señaló cada una con la precisión de quien las tiene memorizadas: la puerta principal, las dos puertas de servicio, la salida de emergencia del ala de almacenes.

—La salida de emergencia no tiene guardia permanente —dijo mi padre. No era una pregunta. Era el dato que todos habían notado al mismo tiempo.

—Tiene guardia desde esta tarde. —Fergus lo dijo con la calma de quien ya lo ha ordenado antes de la reunión. —La puse hace una hora. Un hombre de Craig, no de la guardia habitual.

—¿Broc lo sabe?

—Lo sabrá cuando Cormac intente verificar las salidas y encuentre que esa también está cubierta.

El mapa sobre la mesa tenía todas las salidas marcadas. Todas cubiertas. Broc dentro del castillo con la notificación formal en la mano y el juicio convocado para el viernes y todas las salidas con guardia.

Un hombre atrapado que ya ha decidido y que descubre que las salidas están cerradas tiene una sola opción que no sea entregarse: crear el caos suficiente para que una salida se abra en el caos.

Lo dije en voz alta.

—Va a intentar algo antes del viernes.

Los tres hombres me miraron. Craig fue el primero en asentir, que era el asentimiento de quien llega a la misma conclusión desde el mismo conjunto de datos.

—¿Qué tiene disponible? —preguntó mi padre.

—Cormac. Fearghas posiblemente, aunque Craig ha limitado su acceso. El conocimiento del castillo que lleva veintiséis años acumulando. —Hice una pausa. —Y los almacenes.

Los almacenes. El ala de almacenes donde estaban los documentos del clan de los últimos diez años.

Donde estaba la salida de emergencia que ahora tenía guardia.

Donde un incendio provocado en el sector oeste daría tiempo suficiente para que el sector este, donde estaban los registros de visitas de Broc al sur, ardiera antes de que nadie pudiera llegar.

Fergus miró el mapa.

—Los documentos del ala este de los almacenes. ¿Podemos moverlos antes del viernes?

Craig calculó.

—Si los movemos esta tarde, Cormac lo verá y Broc lo sabrá antes de esta noche.

—¿Y si los movemos esta noche?

—Depende de a qué hora actúe Cormac.

Era la misma carrera de siempre, solo que ahora el espacio se había reducido a dos días y la carrera tenía nombre y fecha.

Mi padre miró a Fergus.

—¿Cuántos hombres puedes poner en el ala de almacenes esta noche sin que parezca que es el ala de almacenes lo que estás protegiendo?

Fergus pensó durante el tiempo que necesitaba para calcular eso.

—Tres. Distribuidos en los corredores adyacentes como parte de la redistribución de guardia habitual. No en el ala directamente.

—¿Es suficiente?

—Para detectar movimiento, sí. Para impedir un incendio que ya ha empezado, depende de cuánto tiempo tarde en detectarse.

Era la honestidad que caracterizaba a Fergus cuando la situación lo requería: no la respuesta que tranquilizaba sino la respuesta que era verdad.

Esa tarde Donna me dijo algo que añadía otra capa al mapa.

—Eoin dice que Fearghas no estuvo en los establos esta tarde. La primera vez desde que trabaja aquí que no aparece en su turno sin aviso.

Fearghas ausente de su turno. Cormac intentando hablar con él por la mañana. La notificación formal llegando a Broc al mediodía.

Broc había recibido la notificación y en pocas horas su red empezaba a moverse.

Le conté a Craig lo de Fearghas antes de la cena.

Craig fue a verificar. Volvió con la información de que Fearghas había salido del castillo por la puerta principal a media tarde con razón declarada de ir al pueblo, que nadie había detenido porque la verificación estricta era en las puertas de servicio.

Fearghas estaba fuera del castillo. No era lo que Cormac había intentado conseguir para sí mismo sino lo que había conseguido para Fearghas.

Lo que Fearghas haría fuera del castillo era información que no teníamos. Pero la forma en que había salido, en el momento en que había salido, decía que no iba al pueblo.

En algún lugar del camino del sur, Fearghas llevaba algo o buscaba algo o esperaba a alguien.

La cena fue la cena. Broc en su sitio. La sonrisa que le costaba más cada noche que pasaba.

El vino servido antes de que nadie lo pidiera, que era el gesto automático de alguien que lleva años haciéndolo y que lo hace incluso cuando tiene otras cosas en la cabeza porque los gestos automáticos son los últimos en desaparecer.

Esa noche, antes de acostarme, miré el patio desde mi ventana durante el tiempo que necesitaba para verificar que los tres hombres de Craig estaban donde Fergus había dicho que estarían.

Estaban.

El ala de almacenes al fondo del patio, con la puerta cerrada y la luz de las antorchas llegando hasta la mitad del muro exterior, con el sector oeste en sombra.

Broc tenía la notificación. Tenía a Cormac. Tenía el conocimiento del castillo. Y ahora Fearghas estaba fuera haciendo algo que no era ir al pueblo.

Dos días para el viernes.

Una noche que era más larga de lo que parecía.