CAPÍTULO 41
Valerie contempló su teléfono como si fuera una bomba a punto de estallar. Su pulso se aceleró mientras buscaba el contacto de Dee en su lista de favoritos, con la sonrisa de adolescente enamorada aún pegada al rostro.
Necesitaba contárselo todo a su mejor amiga, cada detalle jugoso, cada momento increíble de la noche anterior, pero ¿por dónde empezar?
Sus dedos tamborilearon sobre la mesita de noche.
¿Empezaría con el beso en la acera? ¿Con la discusión que habían tenido en el coche? ¿O tal vez con la forma en que la había mirado aquella mañana, como si fuera la primera vez que veía amanecer?
Al final, decidió que no había manera elegante de abordar el tema. Con Dee, la sinceridad directa, sin adornos, siempre era el mejor enfoque.
Respiró hondo y pulsó el botón de llamada. El teléfono apenas había dado un tono cuando escuchó la voz de Dee, como si hubiera estado esperando junto al móvil.
—¡Por fin! —exclamó—. ¡Estaba a punto de enviar un equipo de los GEO a tu piso! ¿Estás bien?
Valerie no pudo evitar sonreír ante el dramatismo de su amiga, dejándose caer de espaldas sobre la cama.
—Buenos días a ti también, Dee.
—Nada de «buenos días». Necesito respuestas, y las necesito ya. ¿Qué pasó después de que me dejarais en casa? Porque tu jefe tenía cara de pocos amigos.
—Tuvimos una bronca monumental en el coche.
—¿Qué? ¿Por qué? —Dee no entendía nada.
—Te explicaré eso en otro momento. Lo realmente importante es lo que pasó después… —Valerie dejó la frase suspendida en el aire.
Hubo un silencio de tres segundos.
—No —dijo Dee.
—Sí.
—No.
—Sí.
Hubo otro silencio de tres segundos, seguido por un grito tan agudo que Valerie temió por la integridad de sus tímpanos.
—¡NO-ME-LO-PUEDO-CREER! —Cada sílaba parecía una palabra independiente—. ¡Te has acostado con ASTON CAVENDISH! ¡OH. DIOS. MÍO! Necesito sentarme.
Valerie escuchó un ruido sordo al otro lado, como si Dee literalmente se hubiera desplomado sobre el sofá.
—Dee, ¿estás bien? —preguntó, reprimiendo una carcajada.
—No, no estoy bien. Estoy procesando la información más explosiva desde el Big Bang. Dame un minuto para recuperar la capacidad de formar frases coherentes, porque mi cerebro ha entrado en un cortocircuito.
Valerie esperó, mordisqueándose una uña, incapaz de contener la sonrisa que amenazaba con separarle la cara en dos.
—Vale —continuó Dee después de un momento—. Estoy algo más calmada. Ahora, quiero todos los detalles, desde el principio. ¿Qué pasó después de la discusión en el coche? Y no te atrevas a omitir nada o juro que iré a tu casa y te torturaré con esa música country que tanto odias.
Valerie se acomodó mejor en la cama, sintiendo un agradable cosquilleo al recordar los acontecimientos de la noche anterior.
—Para empezar, deberías haber visto la bronca que me echó. Nunca había visto a Aston así, Dee. Si hubiera podido, le hubiera arrancado la cabeza a ese tipo con sus propias manos.
—Bueno, cuando yo me bajé del coche tenía cara de pocos amigos y la tensión se podía cortar con un cuchillo. ¿Pero por qué se puso así? ¿No era una reacción un poco exagerada para alguien que supuestamente solo es tu jefe?
—Me dijo que había sido una inconsciente por no pedir un taxi para que nos recogiera en la puerta del bar después de lo que había pasado con aquel hombre dentro —dijo Valerie, enrollando un mechón de pelo en un dedo—, que si no conocía los peligros de Nueva York y mil cosas más…
—¿Y tú qué le dijiste? —apremió Dee.
—Que no era ninguna inconsciente, que sabía cuidar de mí misma y que no podía esconderme en una torre de marfil solo porque un tío decida acosarme una noche.
—¿Y él qué dijo? —Dee estaba ensimismada escuchando el relato de Valerie.
—Que una parte de él quería encerrarme en una torre de marfil, para protegerme de todo y de todos. Que cuando vio que ese tío me puso las manos encima, quiso arrancarle la cabeza.
—Wow —suspiró Dee—. Eso es... súper romántico, de una manera primitiva y perturbadora, pero romántico, al fin y al cabo.
Valerie rio.
—Espera, que se pone mejor —continuó—. Estábamos discutiendo en la acera, yo le dije que era insufrible, él, que yo era una imprudente. Y entonces él me miró con esos ojos imposiblemente azules y dijo, de repente, que no me mordiera el labio, que lo estaba volviendo loco, y se lanzó hacia mí…
—¡Y te besó! —la interrumpió Dee, que ya no aguantaba más.
—Sí, y te juro que las bocas no nos daban de sí —dijo Valerie.
El chillido que emitió Dee fue tan agudo que probablemente solo podían oírlo los perros del vecindario.
—Joder, Dee, un segundo estábamos gritándonos y al siguiente...
—¡Al siguiente estabais devorándoos mutuamente en plena calle! —completó Dee, prácticamente vibrando de emoción.
—Exactamente —confirmó Valerie, notando cómo el calor subía por su cuello al recordarlo—. Fue el beso más intenso de mi vida, Dee. Como en las películas, de esos que te hacen perder el equilibrio.
—¿Y después?
—Le pregunté si quería subir a mi apartamento.
—Y él dijo que sí, claro.
—Sí. Y después, bueno...
—¡Pasasteis directamente a la acción! —exclamó Dee.
—Básicamente.
—¡Dios mío, Valerie! Te has tirado al tío más sexy del hemisferio norte. Estoy tan orgullosa de ti.
Valerie soltó una carcajada. Dee y sus descripciones.
—Ahora, vamos a lo importante: quiero DETALLES de la noche —continuó Dee, enfatizando la palabra «detalles»—. Y no me vengas con eufemismos pudorosos. Somos adultas. Usa palabras de adultas.
Valerie sintió que sus mejillas se incendiaban.
—¿Qué quieres que te diga exactamente?
—¡Todo! ¿Fue bueno? ¿Cumplió las expectativas? Las dos sabemos que el tamaño importa, así que, ¿qué tal calza? ¡No me hagas suplicar!
—¡Dee! —exclamó Valerie, fingiendo escandalizarse, aunque una parte de ella estaba deseando compartir cada detalle—. Eres imposible.
—Soy tu mejor amiga, es mi derecho. Más bien, mi deber. Ahora, habla o empezaré a hacer suposiciones en voz alta, y sabes que mi imaginación no tiene límites.
—Vale, vale —cedió Valerie, acomodándose mejor en la cama—. Fue... increíble. Más que increíble, Dee. Fue alucinante. Como si toda mi vida hubiera estado comiendo hamburguesas del McDonald's y de repente alguien me sirviera un bistec.
—¡Eso sí que es una comparación gastronómica interesante! —rio Dee—. ¿Así que el señor Cavendish sabe lo que hace en el dormitorio?
—Oh, sabe EXACTAMENTE lo que hace —confirmó Valerie, sintiendo un escalofrío al recordar las manos expertas de Aston recorriendo su cuerpo—. Y es increíblemente generoso, ya sabes lo que quiero decir…
—¡Cuéntame más! —exigió Dee, completamente absorta—. ¿Fue dominante? ¿Tierno? ¿Rápido y furioso? ¡Necesito saberlo! Con fines puramente académicos, por supuesto, para futuras relaciones mías.
—Por supuesto —respondió Valerie con sarcasmo—. Fue... una mezcla perfecta. Intenso pero atento. Como si pudiera leer mi mente y saber exactamente lo que necesitaba en cada momento.
—Siempre he sospechado que los hombres serios y fríos son los más apasionados en la intimidad —reflexionó Dee—. Ya sabes, la teoría de que cuanto más rígidos parecen en público, más salvajes son en privado.
—En ese caso, tu teoría es correcta —confirmó Valerie, sintiendo que su cuerpo respondía solo con recordarlo—. Nunca había visto a Aston perder el control de esa manera. Fue... revelador.
—Y... —Dee bajó la voz a un susurro conspirador—… ¿está bien equipado? Porque con ese tamaño de manos y pies, las expectativas son altas.
—¡Dee! —chilló Valerie, pero no pudo contener la risa—. No puedo creer que estemos teniendo esta conversación.
—¡Oh, vamos! Somos mejores amigas. Este tipo de información es esencial. ¿Pasaría el control de calidad, por así decirlo?
Valerie se mordió el labio, considerando si realmente debería compartir ese nivel de intimidad. Pero la verdad era que se moría por contárselo a alguien, y ¿quién mejor que Dee?
—Digamos que... —hizo una pausa dramática—… está excepcionalmente bien dotado. Fue un momento de «madre mía».
—¡Lo sabía! —exclamó Dee, entre jadeos de risa—. ¡Sabía que tenía que estar bien equipado! Es esa confianza que desprende, ¿sabes? Ese aire de «soy el amo y sé exactamente lo que estoy haciendo». ¡Oh, Dios mío!, ¡estoy tan celosa ahora mismo!
—¡Cálmate! —rio Valerie, aunque secretamente estaba encantada con la reacción de su amiga—. Cualquiera pensaría que eres tú la que se ha acostado con él.
—Ojalá —suspiró Dee—. Pero en serio, estoy feliz por ti, Val. Muy feliz.
—Gracias, yo sé que lo dices de verdad —respondió Valerie—. Aunque ahora no sé qué va a pasar. Es decir, fue maravilloso, pero es mi jefe, Dee. Y eso lo complica todo.
—La vida es complicada, cariño —filosofó Dee—. Pero si ese hombre te mira como yo creo que te mira, encontraréis la manera. ¿Te ha dicho algo antes de irse? ¿Alguna pista sobre qué esperar?
—No, solo que nos veíamos el lunes —respondió Valerie, intentando no sonar como una colegiala ilusionada—. Pero es normal, contando con que somos jefe y empleada.
—Bueno, entonces queda esperar, a ver cómo se van desarrollando las cosas.
—Sí, hay que ver cómo evoluciona. Pero para mí fue... especial, Dee. No quiero sonar cursi, pero no se pareció a nada que haya experimentado antes. Ni siquiera con Marcus.
—No es cursi, es adorable —la tranquilizó Dee—. Y tienes mi bendición para que pase con él lo que tenga que pasar. Puedes casarte con él, si quieres. Aunque primero tendré que darle la charla intimidatoria de «si le haces daño a mi amiga, te cortaré las pelotas».
Valerie soltó una carcajada.
—¡Por favor, no lo asustes! Bastante complicado es ya todo.
—No prometo nada —respondió Dee con una falsa seriedad—. Es mi deber como mejor amiga. Está en el manual.
—¿Qué manual? —Valerie frunció el ceño.
—El «Manual de la Mejor Amiga», capítulo 5, sección 3: «Cuando tu amiga encuentra un hombre que parece ser el indicado, debes intimidarlo lo suficiente para asegurarte de que la trate como se merece.» Es ciencia.
—Oh, por favor... Dee, de verdad, no puedo contigo —rio Valerie, negando con la cabeza.
—Es parte de mi encanto —replicó ella—. Oye, ¿y no sabrás si tiene un hermano gemelo por casualidad? Porque si es así, lo quiero. Envuelto para regalo, por favor.
—Lo siento, creo que es un ejemplar único —respondió Valerie, aun riendo—. Aunque seguro que puedo encontrarte un ejecutivo guapo en la empresa. ¿Qué tal Henry, del departamento financiero? Tiene un cierto aire a Aston, si entrecierras los ojos y lo miras con poca luz —bromeó.
—¿El que tiene pinta de estar comiendo limones? No, gracias —dijo Dee—. Prefiero esperar a que la ciencia avance lo suficiente para clonar a Aston. Seré paciente.
Ambas estallaron en carcajadas.
—Oye, me acabo de acordar... ¿Y su novia? ¿No estaba saliendo con una tía? —dijo Dee.
—Sí, con Vanessa Rothwell.
—¿Y qué ha pasado con ella?
—Rompieron hace unos días —respondió Valerie.
—Aston Cavendish me gusta para ti, pero no quiero que te conviertas en su amante —dijo Dee con sinceridad.
—Yo tampoco, por eso se lo pregunté.
—Parece que los dos os habéis quedado libres para estar juntos.
—Solo nos hemos acostamos, Dee. Y si soy sincera, me preocupa que solo fuera producto del momento. Del calor de la situación. ¿Y si el lunes actúa como si no hubiera pasado nada? —planteó Valerie.
La voz de Dee adoptó un tono serio por primera vez en la conversación.
—Mira, no soy experta en hombres —comenzó—.
De hecho, mi historial amoroso sugiere que soy terrible eligiéndolos.
Pero una cosa te puedo decir: ese hombre no se comportaba como alguien que solo busca una aventura de una noche.
El cabreo que tenía en el coche cuando nos montamos no es de un hombre que solo busca una aventura de una noche.
—No sé… —Valerie dudó—. ¿Qué hago ahora? —preguntó, sintiéndose de repente insegura.
—¿Hacer? —repitió Dee—. No tienes que hacer nada, cariño. Deja que las cosas fluyan. Ve a cenar con él, si te invita. Acuéstate con él unas cuantas veces más. Disfruta del proceso. No todo necesita ser analizado y planificado, ¿sabes?
—Supongo que tienes razón —dijo Valerie, aunque la idea de simplemente «dejar que las cosas fluyan» iba contra su naturaleza planificadora—.
Es solo que... es Aston Cavendish, Dee. Mi jefe, el hombre que ha sido mi pesadilla profesional durante semanas.
Y ahora de repente es el hombre que me ha hecho ver las estrellas.
—Lo sé, cielo —respondió Dee con ternura—. Pero a veces las mejores cosas de la vida son las que no planeamos. Así que mi consejo como tu mejor amiga y autoproclamada gurú del amor es: relájate y disfruta. Y mantenme informada de todos los detalles, por supuesto.
Valerie rio.
—Lo haré, lo prometo.
—Genial. Ahora, tengo una pregunta esencial: ¿tiene marcas de nacimiento en algún lugar interesante?
—¡Dee!
La risa de ambas llenó la línea de teléfono, y Valerie sintió una oleada de cariño hacia su extravagante, pero leal amiga.
Sin importar cómo evolucionara aquella extraña y nueva situación con Aston, al menos tenía a Dee para mantenerla cuerda.
O para volverla completamente loca, dependiendo del día.
—Me tengo que ir —dijo Dee—. Mi gato está intentando comerse una de mis plantas de interior, y contrariamente a lo que él cree, no es vegetariano.
Pero quiero que sepas que estoy increíblemente feliz por ti, Val.
Te mereces algo maravilloso, y si resulta que ese algo maravilloso tiene ojos azules penetrantes y está «excepcionalmente bien dotado», pues mejor que mejor.
—Gracias, Dee —respondió Valerie con sinceridad—. Por escuchar, por los consejos, por todo.
—Para eso estamos las mejores amigas. Para oír tus aventuras sexuales y vivirlas a través de ti, mientras mi único compañero de cama es un gato obeso que ronca como un camionero.
Valerie no pudo reprimir una carcajada.
—Te quiero, ¿lo sabes?
—Y yo a ti —respondió Dee—. Pasa un buen día.
—Igualmente. Un beso.
—Un beso.
Valerie dejó el teléfono sobre la mesita de noche y se quedó mirando el techo, con una sonrisa aún pintada en la cara.
Tal vez Dee tenía razón. Tal vez lo mejor era simplemente disfrutar el momento, sin preocuparse demasiado por el mañana. Después de todo, si algo le había enseñado la noche anterior, era que a veces las mejores cosas ocurrían cuando menos las esperabas.
¿Quién le iba a decir a ella que acabaría la noche de la manera que había acabado? Joder, era pura fantasía.
Se levantó de la cama y se dirigió al baño. Una ducha caliente era exactamente lo que necesitaba.