CAPÍTULO 31 #2
Ceci palideció visiblemente al otro lado de la línea, y Valerie escuchó cómo tragaba con dificultad, asimilando la noticia.
—Pero tiene que haber algo más que se pueda hacer —dijo. Su voz temblaba ligeramente—. Otros tratamientos, especialistas, algo...
—Hay un tratamiento experimental —confirmó Valerie, decidiendo que era hora de compartir toda la verdad—. El doctor Mercer cree que papá sería un buen candidato, y los resultados en casos similares son... prometedores. No es una garantía, pero es lo mejor que tenemos.
—¡Eso es genial! —exclamó—. ¿Por qué no me lo habías dicho antes? ¿Cuándo puede empezar?
Valerie cerró los ojos brevemente.
—Porque cuesta 250.000 dólares, Ceci —respondió—. Y el seguro no cubre ni un céntimo porque todavía está en fase experimental.
El silencio que siguió fue absoluto.
Ceci se quedó completamente inmóvil. Luego, lentamente, la comprensión de lo que eso significaba se reflejó en su rostro.
—Oh, Dios mío —murmuró, llevándose una mano a la boca—. ¿Y... qué vamos a hacer?
—Estoy explorando opciones —dijo Valerie, intentando sonar más confiada de lo que se sentía—. Estoy pensando pedir un préstamo, vender quizás el apartamento de papá y que se venga a vivir conmigo...
—¿Por qué no me lo habías dicho antes? —la interrumpió Ceci, y había un tono de dolor en su voz que hizo que Valerie se encogiera por dentro—. ¿Por qué has estado llevando esto tú sola?
Valerie exhaló lentamente, sintiendo el peso de todas las decisiones que había tomado en las últimas semanas.
—Porque tienes dieciocho años, Ceci —respondió con suavidad—. Porque acabas de empezar la universidad y deberías estar preocupándote por tus exámenes y por hacer amigos, no por cómo vamos a pagar un tratamiento experimental para papá.
—Eso es ridículo —protestó Ceci—. Soy su hija tanto como tú. Tengo derecho a saber lo que está pasando y a ayudar. Tú tienes veintiséis años, tampoco deberías estar preocupándote por según qué cosas.
—Lo sé, lo sé —dijo Valerie, pasándose una mano por el pelo—. Solo quería protegerte un poco más. Yo ya tuve que madurar de golpe cuando mamá murió. No quería que tuvieras que pasar por lo mismo.
Las palabras quedaron flotando a través del teléfono, cargadas de todo el dolor y las responsabilidades que Valerie había asumido desde la muerte de su madre.
A los veinte años, había tenido que convertirse en una especie de figura materna para Ceci mientras terminaba la universidad y empezaba a trabajar.
Ahora, seis años después, el patrón se repetía con la enfermedad de su padre.
—Voy a empezar a buscar trabajo —dijo Ceci de repente, con una determinación que a Valerie le recordaba mucho a ella misma—. Puedo compaginarlo con la universidad. Muchos de mis compañeros lo hacen.
—Ceci, no —protestó Valerie, negando con la cabeza—. Es muy difícil compaginar los estudios con un trabajo. Créeme, yo lo sé bien.
—Exacto, tú lo sabes bien porque lo has hecho durante años —replicó Ceci—.
Has estado pagando parte de mis estudios mientras yo me dedicaba solo a estudiar.
La beca cubre la matrícula, pero el resto...
los libros, el alojamiento, todo eso sale de tu bolsillo, Val.
Y ahora me entero de que además estás cargando con todo lo de papá.
Valerie sintió una punzada de culpa. No quería que su hermana creyera que era una carga.
—No es tu responsabilidad, Ceci.
—Tampoco es solo tuya —afirmó su hermana, con la emoción contenida—. Somos una familia, Val. Los tres. Y las familias se apoyan mutuamente.
Valerie sintió cómo las lágrimas amenazaban con volver. Pero aquella vez no intentó contenerlas.
—Aunque consigas un trabajo, sabes que eso no resolverá lo del tratamiento, ¿verdad? —dijo suavemente—. 250.000 dólares es... es una cantidad enorme.
—Lo sé —asintió Ceci—. Pero cada dólar cuenta, ¿no? Y, además, no se trata solo del dinero. Se trata de que no estés sola en esto. —Tomó una bocanada de aire—. No tienes que cargar con todo tú sola, Val. No está bien. No es justo.
Valerie se quedó sorprendida por la madurez que mostraba su hermana. De alguna manera, mientras ella estaba ocupada intentando protegerla, Ceci había crecido. Quizá la había subestimado demasiado.
—Estaba intentando hacer lo correcto —murmuró, sintiendo cómo las lágrimas rodaban por sus mejillas—. Intentando mantenerte a salvo.
—Lo sé —aseguró Ceci, sonriendo a través de sus propias lágrimas—. Y te quiero por ello. Pero ahora es mi turno de estar ahí para ti y para papá. No estás sola, Val. No lo has estado nunca, aunque te empeñes en actuar como si lo estuvieras.
Valerie dejó escapar una risa temblorosa, secándose las lágrimas con el dorso de la mano.
—Joder, ¿cuándo te has vuelto tan sabia? —preguntó, con una mezcla de orgullo y asombro en la voz.
—Tuve una buena maestra —contestó Ceci, encogiéndose de hombros con una pequeña sonrisa—. Ahora, hablando en serio. Vamos a hacer esto juntas, ¿vale? Voy a buscar trabajo, y podemos empezar a investigar otras opciones para conseguir el dinero. Préstamos, crowdfunding, lo que sea.
Valerie asintió lentamente con la cabeza, y sintió cómo una pequeña parte del peso que había estado cargando se aligeraba.
—Gracias —dijo simplemente, consciente de que ninguna palabra podría expresar de forma adecuada lo que sentía en ese momento.
—¿Gracias? ¿Por qué? No hay nada que agradecer —respondió Ceci—. Somos una familia. Y las familias es lo que hacen.
Estuvieron un rato más hablando.
Ceci le contó cómo estaban las cosas con Miguel, el chico español de su clase, también le contó que Brad había intentado volver con ella, pero que le había mandado a la mierda. Así, tal cual.
Por su parte, Valerie le contó que un amigo de Marcus había ido finalmente a recoger sus cosas y que sentía un gran alivio de que Marcus hubiera salido de su vida. Ceci estuvo totalmente de acuerdo.
—Ese tío es más tóxico que la central nuclear de Chernóbil.
Valerie había tenido que reírse. Ceci y su sentido del humor. No había dos personas en el mundo como su hermana. Bueno, quizá un poco Dee, y Valerie se alegró de que las dos estuvieran en su vida.