Capítulo 18 #3
—Así. Abierta para mí. Déjame verte.
Él continuó. La besó despacio allí donde Isabel sentía cada roce con más intensidad, y ella se aferró a su pelo cuando el primer estremecimiento le recorrió las piernas.
—No pares.
Raúl no paró. Volvía una y otra vez al mismo sitio cuando notaba que Isabel se tensaba, cambiando apenas el ritmo hasta hacerle perder la respiración.
—Me encanta cómo sabes —murmuró él contra su piel.
Las palabras la excitaron todavía más. Isabel cerró los ojos y dejó escapar su nombre cuando sintió de nuevo su boca, más lenta esta vez, como si Raúl quisiera prolongar cada reacción.
Él levantó la mirada al notar cómo Isabel se estremecía bajo sus manos.
—Quiero sentir cómo te vuelves loca conmigo.
Isabel ya no pudo responder enseguida. Le agarró el pelo con más fuerza y dejó escapar un gemido cuando él continuó. Ya no podía pensar en nada más que en su boca, en sus manos y en la manera en que Raúl movía la lengua segundo a segundo.
La tensión fue creciendo poco a poco, extendiéndose por todo su cuerpo. Isabel intentó contenerse al principio, respirar más despacio y aguantar un poco más, pero cada nueva caricia hacía que le resultara imposible.
Se abandonó a lo que sentía. Le agarró el pelo con fuerza, incapaz de quedarse quieta, mientras el placer le subía por el cuerpo una y otra vez.
—Me vuelves loca.
Raúl mantuvo el mismo ritmo, atento a cómo Isabel se tensaba bajo sus manos.
Isabel abrió los ojos y lo encontró mirándola. Aquello terminó de desarmarla. La intensidad creció hasta que dejó de poder contenerse y alcanzó el orgasmo aferrada a él, gritando su nombre.
Durante unos segundos se quedó sin aliento, todavía estremeciéndose.
Raúl subió de nuevo junto a ella, la atrajo contra su cuerpo y la besó con fuerza. Isabel notó la tensión con que la sujetaba y la urgencia de tenerla pegada a él.
—Toca —murmuró junto a su boca, llevándole la mano hacia abajo—. Así me has tenido todo el día.
Isabel lo acarició despacio y volvió a besarlo.
Raúl la miró con una intensidad que a ella le volvió a acelerar la respiración.
—Llevo todo el día conteniéndome contigo.
Raúl la besó y acercó la boca a su oído.
—Cada vez que te veía por la finca pensaba en anoche. En volver a tenerte desnuda conmigo. En que se hiciera de noche de una vez para dejar de fingir que estaba pensando solo en el trabajo.
Isabel lo sujetó con más fuerza. Oírlo decir en voz alta lo que quería hacer con ella la excitaba todavía más.
Raúl le besó el cuello antes de continuar.
—Quería volver a oírte decir mi nombre así. Quería sentir cómo cambias cuando pierdes el control y saber que esta noche no tenemos que parar.
Isabel se estremeció y se aferró a él cuando volvió a sentir el deseo subirle con fuerza.
—Me pone muchísimo que me hables así.
Raúl apretó la boca contra su oído.
—Quiero estar dentro de ti mientras te digo todo lo que llevo horas pensando.
Isabel respiró más deprisa.
—Quiero penetrarte lentamente y sentir cómo reaccionas a cada movimiento. Quiero oír cómo cambia tu voz cuando te gusta lo que estoy haciendo.
Isabel lo besó con más fuerza.
Raúl entró despacio dentro de ella, tal como acababa de prometer, y se quedó quieto un instante, con la boca junto a su oído. Isabel cerró los ojos y se aferró a sus hombros mientras la respiración se le quebraba.
Se fue moviendo lentamente al principio, atento a cada cambio en el cuerpo de Isabel. Ella arqueó un poco la espalda y apretó los dedos contra la suya.
—Noto cómo me aprietas —murmuró él—. Hazlo otra vez.
Raúl se retiró hasta salir de ella. Sin apartar la boca de su oído, dejó que la pausa durara apenas unos segundos.
—Me encanta cómo cambia tu respiración cuando hago esto. Cómo intentas contenerte y no puedes.
Volvió a penetrarla con la misma calma. Isabel se estremeció y lo atrajo por la cintura, buscando tenerlo más cerca.
—Eso es lo que quería —le dijo él—. Sentir cómo me buscas tú también.
Isabel lo besó, cada vez más excitada.
—Muévete.
Raúl obedeció. Durante unos instantes mantuvo aquel juego: se apartaba, volvía a penetrarla y le hablaba al oído sin apresurarse, mientras Isabel le indicaba con el cuerpo cuándo quería más.
—Quiero oírte mientras te hago perder el control.
Isabel soltó el aire con un gemido y lo sujetó con más fuerza.
Las palabras empezaron a mezclarse con la respiración de los dos. Isabel ya apenas hablaba; se estremecía, arqueaba el cuerpo o lo atraía hacia ella, y Raúl lo notaba todo.
Encontraron juntos un ritmo firme, cada vez menos contenido. Raúl fue aumentando la intensidad poco a poco y el cuerpo de Isabel empezó a seguirlo sin esfuerzo.
Isabel lo atrajo contra sí.
Raúl la besó y mantuvo la boca junto a su oído mientras aceleraba.
El placer siguió creciendo hasta que ninguno de los dos pudo contenerlo más.
Isabel llegó al segundo orgasmo aferrada a Raúl, con la boca contra la suya.
Él la sostuvo con fuerza y terminó poco después, todavía abrazándola.
Permanecieron así un rato, respirando deprisa y mirándose con una mezcla de cansancio y asombro.
Raúl le apartó el pelo de la cara.
—Esto sí está pasando, ¿no?
Isabel sonrió.
—Creo que sí.
Ella volvió a besarlo, ahora despacio.
Esa noche Raúl volvió a quedarse. Se metieron desnudos bajo el edredón y siguieron tocándose de vez en cuando. Raúl la atrajo contra su pecho y entrelazó una pierna con las de ella.
—Mañana no pienso vigilar el pasillo otra vez —murmuró Isabel.
—Mañana no pienso esconderme.
Isabel se rio y le dio un beso en el pecho.
Raúl la abrazó más fuerte.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Se durmieron abrazados, piel con piel, agotados después de un día larguísimo.