La cosecha que nos quedaba Capítulo 14 #2
25%

Capítulo 14 #2

—Sé que Teresa es tu pareja. Sé que puede besarte, tocarte o hacer cualquiera de esas cosas sin que yo tenga nada que decir. Pero una cosa es saberlo y otra estar delante mientras pasa.

Raúl bajó la mirada un instante.

—Lo entiendo.

—No estoy enfadada con ella tampoco. No ha hecho nada malo. Solo… me ha costado verlo.

—Ya.

Isabel lo miró.

—Y no quiero que cambies cómo te comportas con ella por mí. Eso sería todavía peor.

—No voy a hacerlo. Pero tampoco voy a fingir que no sé lo que te ha pasado hoy.

Isabel soltó el aire despacio.

—Pues ya lo sabes.

Raúl sostuvo su mirada unos segundos y después señaló su pelo.

—Tienes uva hasta en el pelo.

Le apartó el mechón con los dedos. La mano bajó despacio hasta su mandíbula y se quedó allí.

Isabel giró la cara hacia él.

—Raúl.

—Dime.

—Si sigues mirándome así, no voy a poder seguir haciendo como si esto fuera solo trabajo.

—Yo llevo semanas sin poder hacerlo.

Esta vez ninguno retrocedió.

Raúl la besó y todo lo que llevaban semanas conteniendo salió de golpe.

Isabel se agarró a su camisa y respondió con la misma urgencia.

El beso se hizo más profundo, sus lenguas se buscaron y el cuerpo de Raúl se pegó al suyo hasta que a Isabel le costó distinguir dónde terminaba la emoción y empezaba el deseo.

Raúl la rodeó por la cintura y, casi sin apartarse de su boca, la levantó lo justo para sentarla sobre el borde de la mesa que acababan de limpiar.

—No puedo más —murmuró contra sus labios.

Isabel volvió a besarlo.

Raúl se colocó entre sus piernas y ella lo atrajo hacia sí. Al principio se rozaron despacio, todavía con algo de aquella prudencia que llevaban semanas imponiéndose, pero les duró muy poco. Isabel notó las manos de Raúl en su cintura y después en su espalda mientras él la acercaba todavía más.

Su boca abandonó la de ella y bajó hacia la mandíbula. Isabel cerró los ojos cuando lo sintió besarle el cuello y seguir descendiendo por la piel que dejaba libre la camiseta.

—Raúl…

Él levantó apenas la cabeza.

—Dime que pare.

Isabel negó.

—No quiero que pares.

Raúl volvió a su cuello. Una mano recorrió su espalda mientras la otra subía despacio por el costado hasta detenerse sobre uno de sus pechos, todavía por encima de la ropa. Isabel dejó escapar un gemido y se aferró a sus hombros.

Raúl respiró contra su piel.

—Dios, Isabel…

Ella buscó de nuevo su boca. Quería meter las manos bajo aquella camisa, tocarlo sin ropa de por medio y comprobar si su piel estaba tan caliente como había imaginado.

Raúl respiraba tan deprisa como ella.

—Dame la mano.

Isabel lo miró. Raúl se la cogió y la bajó despacio hasta su pantalón.

—Me la pones dura desde el lagar.

Isabel lo notó bajo los dedos y dejó de sonreír.

Raúl le rozó los labios antes de continuar.

—He pasado muchas noches imaginando esto.

Isabel lo miró sorprendida.

Él bajó la voz.

—Imaginando cómo sería besarte de verdad. Cómo sería tocarte sin tener que quitar las manos enseguida. —Sus dedos volvieron a recorrerle el costado—. He pensado en quitarte la ropa. En tenerte así conmigo y no tener que parar.

El deseo volvió a subirle de golpe.

—Raúl…

—He imaginado mis manos sobre ti muchas más veces de las que debería admitir.

Isabel sintió un estremecimiento.

Aquello no se lo esperaba. Había pasado dos noches construyéndolo en su imaginación sin saber que, al otro lado, Raúl llevaba también noches deseándola.

—Yo también te he imaginado.

Raúl cerró los ojos un instante, como si escucharla empeorara todavía más las cosas.

—No me digas eso ahora.

—¿Por qué?

Él abrió los ojos y la miró.

—Porque ya me está costando muchísimo parar.

Isabel deslizó las manos por su pecho, todavía cubierto por la camisa.

—No estamos parando.

Volvieron a besarse.

Esta vez Raúl dejó de contener también las manos. Recorrió su cintura, su espalda y volvió a subir hasta su pecho mientras Isabel se apretaba contra él. Ella abrió un poco más las piernas para tenerlo más cerca y el roce entre ambos hizo que Raúl soltara el aire junto a su boca.

—Joder…

Isabel lo besó otra vez.

—¿Qué?

Raúl apoyó la frente contra la suya.

—Quiero quitarte la ropa.

El corazón de Isabel golpeó todavía más fuerte.

—Raúl…

—Quiero tocarte sin esta camiseta entre mis manos. Quiero besarte donde llevo semanas intentando no mirar demasiado.

Isabel sintió que las mejillas se le calentaban, pero no apartó la mirada.

—¿Dónde?

Raúl bajó los ojos hacia su pecho y después volvió a mirarla.

No necesitó responder.

Isabel lo agarró de la camisa y volvió a atraerlo.

Raúl la besó con más hambre. Su boca descendió otra vez hacia el cuello y ella inclinó la cabeza para dejarle espacio.

—Quiero saber cómo reaccionas cuando te toco —murmuró contra su piel.

Isabel cerró los ojos.

Raúl siguió besándola.

Las manos de Isabel encontraron por fin el borde de su camisa y se colaron debajo. La piel de su abdomen estaba caliente. Raúl se quedó quieto un segundo al sentirla y después volvió a acercarla hacia él.

—Isabel…

—¿Qué?

Él la miró como si estuviera intentando decidir cuánto podía decir sin terminar de perder el control.

—Te quiero desnuda en una cama, no a medias encima de una mesa.