Capítulo 6 - El nombre de Marco Ferri #3
Después de contarle a Dario lo que había descubierto sobre Marco Ferri, y de que él le pidiera que fuera cuidadosa, Renata pasó el resto de aquella semana viviendo una duplicidad agotadora: durante el día, mantenía la distancia profesional exacta que la situación exigía, sentándose junto a Dario en las sesiones de negociación con la misma neutralidad de siempre, sin que nadie en la sala pudiera sospechar ni el descubrimiento del fraude ni la naturaleza cambiante de su relación.
Por las noches, sin embargo, intercambiaban mensajes cada vez más frecuentes, breves al principio, cautelosos, y progresivamente más largos y más personales conforme la confianza entre ambos se afianzaba.
Fue durante una de esas conversaciones nocturnas, un miércoles ya tarde, cuando Dario le contó por primera vez, sin que ella se lo preguntara, la historia completa de cómo había asumido el cargo de consejero delegado del Grupo Conti a los veintiocho años, tras la muerte repentina de su padre en un accidente de tráfico, mucho antes de que estuviera preparado según sus propias palabras, con su abuelo todavía vivo pero ya demasiado mayor para volver a asumir las riendas de la empresa.
Marco fue quien me enseñó prácticamente todo lo que sé sobre gestión financiera en esos primeros años , escribió Dario. Tenía veintiocho años y estaba enterrando a mi padre al mismo tiempo que intentaba entender un balance consolidado de cuarenta hoteles. Sin él no habría sobrevivido a esa época.
Por eso duele tanto , respondió Renata.
Por eso duele tanto , confirmó él. Pero también por eso sé que hice lo correcto al no protegerlo. Si mi padre hubiera visto algo así en su propia empresa, no habría dudado ni un segundo en actuar con la misma firmeza. Es lo que me enseñó, incluso sin querer, con el ejemplo que dejó antes de morir.
Renata leyó aquel mensaje varias veces, conmovida por la vulnerabilidad que Dario le mostraba en la distancia segura de una pantalla, una vulnerabilidad que en persona, entre las paredes de la sala de reuniones, jamás se habría permitido exponer ante nadie, y sintió que aquella confianza compartida, más incluso que el beso en el parque, era lo que estaba construyendo entre ambos algo que ya no sabía cómo, ni si quería, detener. ***
Los auditores suizos, en los días siguientes al descubrimiento del hilo de correos de Meridia Suelo, ampliaron el alcance de su revisión a instancias de Dario, examinando no solo los siete hoteles deficitarios sino la totalidad de las operaciones inmobiliarias de Costa Serena de los últimos cinco años.
Renata se pasó jornadas enteras traduciendo actas de consejo, contratos de compraventa de terrenos adyacentes a varios hoteles y correspondencia interna que, en su mayoría, resultó ser irrelevante para el caso, simple ruido administrativo de una empresa grande gestionando su patrimonio inmobiliario con la torpeza burocrática habitual de cualquier corporación de tamaño medio.
Pero entre todo aquel ruido, Felix Brunner encontró un segundo documento que, aunque menor en comparación con el hilo de correos de Meridia Suelo, confirmaba que la estrategia de Beatriz Roig no había sido improvisada: un informe interno, encargado por ella misma dos años antes, que analizaba el valor de recalificación urbanística de todos los activos inmobiliarios del grupo, con una atención particular, ya en aquel momento, a los siete hoteles que después figurarían como deficitarios en los balances.
El informe, según pudo determinar el equipo de auditoría, había servido de base para que Roig empezara a plantear, mucho antes de que existiera ninguna negociación con el Grupo Conti, un plan a largo plazo para monetizar aquellos terrenos independientemente de con quién terminara fusionándose la empresa.
—Esto no es un fraude oportunista —le dijo Dario a Renata, la noche que recibieron ese segundo hallazgo, mientras cenaban tarde en un pequeño restaurante alejado del centro donde esperaban no ser reconocidos por nadie relacionado con la operación—.
Es un plan de años. Roig llevaba planeando esto desde mucho antes de que yo apareciera en escena.
Nosotros solo fuimos, para ella, la oportunidad perfecta que estaba esperando.
—Eso hace que sea aún más importante que se descubra —dijo Renata—. Si hubiera seguido su plan sin la fusión con vosotros, probablemente habría encontrado otra manera de ejecutarlo tarde o temprano, con otro socio, con otra excusa. Al menos ahora hay pruebas suficientes para detenerla del todo.
—Es un consuelo frío, pero es un consuelo.
—Dario le tomó la mano por encima de la mesa, un gesto que, en aquel restaurante pequeño y alejado del radar profesional de ambos, no comportaba ningún riesgo—.
Gracias por seguir aquí, en medio de todo esto.
Sé que no es fácil sostener tantos secretos al mismo tiempo.
—No lo es —admitió Renata—. Pero prefiero sostenerlos contigo que llevarlos sola, como estaba haciendo antes de contarte lo del anexo trece.
Se quedaron un rato más en aquel restaurante, hablando de cosas más ligeras, riendo por primera vez en días con una naturalidad que ninguno de los dos había esperado poder sentir en medio de tanta tensión, y cuando por fin se despidieron esa noche, cada uno de vuelta a su hotel por separado como siempre, Renata sintió que aquella cena silenciosa y alejada del mundo había sido, de algún modo extraño, el momento en que empezó a creer que lo que estaba construyendo con Dario podría sobrevivir a cualquier cosa que la operación les hiciera pasar todavía.