La Cepa CAPÍTULO 11 #3
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CAPÍTULO 11 #3

El anciano hizo una pausa prolongada, tosiendo secamente antes de continuar.

—En el folio cuarenta y nueve del cuaderno...

consta el anexo manuscrito firmado por mi padre...

donde se certifica que la transmisión realizada en 1998 por Villalba fue nula de pleno derecho...

por carecer de la firma del heredero de Julián Valcárcel...

mi sobrino Gabriel... Y por existir un vicio de consentimiento absoluto provocado por el engaño de la entidad suiza...

La pantalla se quedó en blanco por un segundo antes de que la grabación llegara a su fin.

Un silencio espeso, casi sagrado, se apoderó de la sala de la Audiencia Provincial.

La Magistrada Presidenta, Doña María Teresa Alvear, se quitó las gafas de lectura, dobló los folios del expediente con una parsimonia estudiada y miró al fiscal Muro y a los abogados de la acusación particular.

—Señor Fiscal... a la vista de la prueba documental exhibida y del testimonio notarial aportado —dijo la jueza con voz grave y solemne—, ¿mantiene el Ministerio Fiscal la petición de prisión y la solicitud de nulidad de la sociedad fiduciaria constituida por los jóvenes herederos?

El Fiscal Muro miró a Felipe Valcárcel, luego a Alberto Santamaría y finalmente la pantalla apagada donde aún resonaba la voz del anciano notario. Se puso en pie y se abrochó la toga.

—Señoría... —declaró el fiscal con firmeza—.

A la vista de la prueba sobrevenida de origen ilícito en la actuación del fondo Helvetia y de la nulidad radical del título de 1998...

esta representación retira la petición de prisión por el delito de insolvencia punible contra Don Felipe Valcárcel y Don Alberto Santamaría, modificando su escrito de acusación a una sanción administrativa por imprudencia mercantil...

Y solicita que se declare la plena validez jurídica de la sociedad fiduciaria Las Balsas de la Sonsierra S.L. organizada por la nueva generación.

Un grito ahogado de alegría se le escapó a Clara, quien se cubrió la boca con las dos manos mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas. Javier se volvió hacia Gabriel y le apretó el hombro con un puñetazo fraterno lleno de alivio.

La jueza Alvear hizo sonar el mazo de madera sobre la mesa.

—La vista oral queda vista para sentencia —proclamó la presidenta del tribunal—. La Sala dictará auto de levantamiento definitivo de todas las medidas cautelares en un plazo de cuarenta y ocho horas. Se levanta la sesión.

A las seis de la tarde, la luz dorada del atardecer riojano descendía sobre las laderas de la Sierra de Cantabria, bañando las sesenta hectáreas del pago de Las Balsas con un resplandor cálido y rojizo.

En el patio de la bodega antigua, apoyados sobre el murete de piedra desde el que se divisaba todo el cauce del Ebro, Felipe Valcárcel y Alberto Santamaría contemplaban en silencio el ir y venir de los tractores que limpiaban los restos de la molienda.

Felipe sostenía en la mano un vaso de cristal con el primer vino nuevo extraído de los tinados de roble; Alberto, a su lado, descansaba las manos sobre la empuñadura de su bastón.

—Hemos tardado veinticinco años en volver a este murete sin sentir vergüenza, Alberto —dijo Felipe en un murmullo cansado, mirando las colinas iluminadas por el sol poniente.

—No fuimos buenos dueños, Felipe —respondió Alberto con sinceridad—. Pero hemos tenido la suerte de criar a unos hijos mejores que nosotros.

A pocos metros, junto al portón de la nave de fermentación, Javier, Clara y Gabriel examinaban un plano arquitectónico desplegado sobre el capó del tractor Ebro.

El plano, dibujado por un joven estudio de arquitectura de Logroño, mostraba el proyecto de unificación de las dos bodegas: la unión entre la nave subterránea de sillería de 1936 y la moderna planta de embotellado mediante una pasarela de cristal y acero que cruzaba el curso del pequeño arroyo de Las Balsas.

—El banco de desarrollo agrario de Navarra ha aprobado esta mañana la línea de crédito preconcedida —dijo Clara, señalando los presupuestos marcados en el plano—.

Con el respaldo de la sentencia de la Audiencia Provincial y el aval del Consejo Regulador, tenemos liquidez suficiente para financiar la compra de las quinientas barricas de roble francés que necesitamos para la crianza de la cosecha de este año.

—¿Y la marca? —preguntó Gabriel, apoyando los codos sobre el capó del tractor.

Javier sacó de su maletín una prueba de imprenta sobre papel de hilo en relieve.

En el centro de la etiqueta, sobre un fondo blanco marfil, destacaba una ilustración realizada a pluma del viejo tinado de madera de 1936, bajo la cual se leía en letras doradas y elegantes:

LAS BALSAS Cosecha Seleccionada 2025 Valcárcel & Santamaría - Viticultores desde 1936

Clara pasó los dedos sobre el papel en relieve, sintiendo la textura de las letras.

—Es perfecta, Javier —dijo Clara, levantando los ojos hacia él con un brillo suave y emocionado—. Es la primera vez en noventa años que el nombre de las dos familias aparece junto en una botella sin que haya una mentira detrás.

Javier miró a Clara, luego a Gabriel y finalmente a los dos ancianos que conversaban serenamente junto al murete de piedra.

—No es solo una etiqueta, Clara —dijo Javier en voz baja—. Es la prueba de que sobrevivimos a la tormenta.

Gabriel sacó de su bolsillo la navaja de podar que perteneció a su padre Julián, abrió la hoja de acero sueco y grabó con trazo firme sus iniciales en el madero principal del marco del portón de la bodega antigua, justo al lado de las muescas gastadas que su abuelo Manuel había dejado ochenta años atrás.

—El vino de esta cosecha tardará dos años en salir de la barrica, Javier —dijo Gabriel, guardando la navaja en el bolsillo—. Pero la tierra ya sabe a quién pertenece.

El viento fresco de la noche comenzó a bajar desde los riscos de la sierra, agitando suavemente los sarmientos desnudos de las vides que dormían en la ladera.

En los calados subterráneos, bajo tres metros de piedra y memoria, las bacterias habían sido vencidas, las deudas liquidadas y la verdad restituida, mientras miles de litros de graciano purpúreo reposaban en el silencio del roble, listos para contarle al mundo la historia de los hombres y mujeres que no se rindieron en el pago de Las Balsas.