La Cepa CAPÍTULO 10 #3
67%

CAPÍTULO 10 #3

—Nosotros no vendemos pagarés, Manuel —respondió Javier, mirándolo fijamente a los ojos—. Nosotros vendemos vino. Y esta cosecha la vas a ver desde la celda de la prisión de Logroño.

Los agentes se llevaron al saboteador a través del patio, ante la mirada en silencio de toda la plantilla de trabajadores que se había congregado a las puertas de la nave.

A las diez de la mañana, la nave antigua recuperaba lentamente el ritmo de trabajo, aunque la tensión flotaba en el aire como una niebla pesada.

En el despacho de análisis, Clara observaba a través del microscopio de contraste de fases una gota de mosto extraída del depósito neutro de acero inoxidable donde habían trasvasado el graciano sangrado del tinado cuatro.

Javier y Don Mateo Rituerto permanecían a su lado en silencio.

Clara alzó la cabeza del ocular y suspiró con un largo alivio que hizo vibrar sus hombros.

—La sulfatación de choque a cuatro grados ha funcionado —anunció Clara, esbozando la primera sonrisa franca de la jornada—.

La población de Acetobacter ha sido eliminada por completo antes de que pudiera sintetizar el ácido acético en la masa del líquido.

La acidez volátil se ha estabilizado en cero coma treinta y cinco gramos por litro.

—¿Se ha salvado el lote? —preguntó el presidente del Consejo Regulador.

—Se ha salvado el lote completo —afirmó Clara—.

Perderemos un quince por ciento del rendimiento de color por la retirada prematura del sombrero de hollejos, pero el vino conservará la frescura y la capacidad de crianza en barrica.

Será un graciano más elegante, menos agresivo en boca, pero de una pureza aromática excepcional.

Don Mateo Rituerto dio un palmadita en la espalda a Javier y luego inclinó la cabeza hacia Clara.

—Habéis actuado con una rapidez y una precisión que pocos enólogos veteranos de esta comarca habrían tenido bajo semejante presión —dijo el presidente—.

Tras la detención de Manuel Barco, voy a convocar esta misma tarde una reunión de urgencia de la comisión de disciplina del Consejo Regulador.

Iniciaremos un expediente de inhabilitación inmediata contra Tomás Barco como vocal de la institución por inducción al sabotaje industrial.

—Eso aislará aún más a los especuladores en la zona —dijo Javier—. Pero Manuel no mentía sobre el juicio penal de la semana que viene en la Audiencia Provincial de Logroño. El fiscal mantiene la acusación de falsedad documental e insolvencia punible contra mi padre Felipe y contra Alberto.

El presidente Rituerto miró por la ventana hacia el viñedo de Las Balsas, donde las cepas desnudas tras la cosecha empezaban a perder sus últimas hojas doradas.

—Felipe y Alberto cometieron errores muy graves en 1998, Javier —dijo Rituerto con gravedad—.

Creyeron que se podía tapar un muerto y una traición con un trozo de papel firmado a las tres de la madrugada en una bodega a oscuras.

La justicia penal tendrá que dictar su veredicto sobre ellos.

Pero la justicia de esta tierra ya la habéis dictado vosotros tres esta mañana salvando esta cosecha.

Cuando el presidente del Consejo Regulador abandonó la finca, Javier y Clara bajaron al patio de la casa de guardas.

Gabriel estaba sentado sobre un tambor de madera junto al tractor Ebro, limpiando las piezas del motor de la bomba de trasiego con un trapo impregnado en queroseno. A su lado, el viejo Tomás ajustaba con un martillo de orejas los aros de hierro de un tonel de roble antiguo.

Javier se acercó a su primo y se sentó en el murete de piedra a su lado.

—El tinado cuatro está a salvo, Gabriel —dijo Javier—. El mosto ha entrado en fermentación lenta en el depósito neutro.

Gabriel no alzó la vista del motor, pero el movimiento de sus manos se volvió más pausado.

—El problema nunca fue la uva, Javier —dijo Gabriel en voz baja—. El problema ha sido siempre la codicia de los hombres que miraban la viña desde la ventana de un despacho en Logroño o en Madrid.

—El lunes que viene empieza el juicio en la Audiencia Provincial —recordó Clara, uniéndose a ellos—. Tu padre Julián no estará allí para declarar, Gabriel, pero el notario Sotomayor presentará la libreta del archivo histórico de 1936 donde consta el acta original del Sindicato Agrícola.

Gabriel dejó la llave inglesa sobre la mesa de trabajo y miró la fachada de piedra de la casa de guardas.

—Mi padre Julián pagó su culpa en aquella carretera de Briones en 2005 —dijo Gabriel—.

Mi padre Felipe y Alberto tendrán que mirar a los ojos al juez y decir la verdad delante de toda La Rioja.

Pero mientras ellos estén en el banquillo de los acusados, Clara, tú y Javier tenéis que estar en el consejo de administración firmando los contratos de venta de este vino.

Javier miró a su primo hermano, sintiendo por primera vez que el abismo que las mentiras de 1998 habían cavado entre las tres ramas de la familia acababa de cerrarse definitivamente sobre el suelo firme de la verdad.

—Iremos juntos a Logroño —dijo Javier con determinación—. Los tres. Entraremos en la Audiencia Provincial no como los herederos de una traición, sino como los dueños legítimos del pago de Las Balsas.

El viento de la tarde sopló con fuerza sobre la Sonsierra, levantando la polvareda del camino de grava y haciendo crujir los viejos portones de roble de la bodega.

En los calados subterráneos, catorce mil litros de graciano salvados del veneno continuaban convirtiendo el azúcar en alcohol a tres grados de temperatura, ajenos a la ambición de los hombres, preparando en la oscuridad de la piedra el vino limpio de la nueva generación.