-20-
Capítulo
En el que Lily tiene una revelación
La despertó el gusano dando voces.
—¡La puerta, Lily! ¡Están llamando a la puerta de la tienda!
El pestillo.
¿Qué hora era?
Estiró la mano, agarró el reloj y maldijo. Quedaba apenas media hora para que sonaran las dos campanadas.
Salió de la cama de golpe, saltando por encima de lo que parecía un vestido rosa que, sin duda, el gusano había confeccionado durante la noche.
Sin molestarse siquiera en ponerse algo sobre el camisón, fue hasta la puerta. Himo la recibió con su sonrisa eufórica de siempre y un ligero rubor al verla aparecer de aquella guisa.
—No quería que teperdieraseldesayuno.
Llevaba en la mano la cesta de cada mañana: leche tibia, panecillos y dulce de membrillo.
A estas alturas Lily ya tenía una colección considerable de cestas, platos y utensilios de cocina.
—Espera, Himo —le pidió.
Dejó la cesta en el mostrador y fue al patio a recoger parte del menaje para devolvérselo.
Cuando se lo entregó, Himo sonrió todavía más.
Y entonces se le ocurrió algo. Si alguien sabía cosas sobre Mae, ese tenía que ser Himo.
—Himo, ¿desde cuándo estás en la Calle de Atrás?
—Desdesiempre.
—¿También eres inmortal?
—Himo nolosabe.
Era una criatura extraordinariamente extraña.
—¿Sabes si Mae siempre fue así?
Himo ladeó la cabeza un instante pensando.
—No. Mae anteserajoven. Ahora Mae esviejo.
—Pero… si Mae es permanente, no debería envejecer, ¿o sí?
—Himo nolosabe.
Se encogió de hombros y continuó empujando su carrito calle abajo.
Lily cerró la puerta y regresó al mostrador. Empezó a mordisquear distraídamente un panecillo, recordando que no había cenado la noche anterior y que estaba hambrienta.
Y entonces… lo resolvió.
Se quedó inmóvil. El panecillo suspendido a medio camino entre la cesta y su boca.
Corrió hacia la trastienda. Metió los pies en las botas sin molestarse en atárselas y se dirigió a la puerta.
—Lily, ¿a dónde vas así? —le gritó el gusano—. Pareces una loca.
Pero Lily siguió corriendo.
—¡Te he hecho un vestido!
Pero ella ya estaba fuera.
Subió la Calle todo lo deprisa que pudo, cuidando de no enredarse en los cordones y caerse de bruces. Cuando llegó a la casa de Higa golpeó la puerta, ansiosa.
—¡Higa!
Higa abrió con el ceño fruncido.
—¿Vas a seguir apareciendo en mi puerta sin avisar? Oh. Y en camisón.
—Tú, en cambio… ¡Qué detalle que te hayas vestido! —señaló Lily, intentando que no se le notara la decepción.
—Si vas a convertir estas visitas en una costumbre… podría replantearme el vestuario —dijo con una sonrisa torcida.
Lily se sintió tan acalorada que le dio miedo.
—Calla y déjame entrar —bufó, intentando enfriarse con el enfado—. Ya sé cómo derrotar a Mae.
—Genial, pasa.
Su tono era tan exasperante que Lily estuvo a punto de golpearlo.
—Sabes que tendrás que correr calle abajo en cinco minutos, antes de que suenen las campanadas —dijo, apoyándose en la puerta y cruzándose de brazos—. Así que, si sabes cómo derrotar a Mae, sé directa.
Lily lo miró.
Sonrió.
Y dijo:
—Voy a volver a casa.
Dio un paso hacia Higa.
—Y voy a casarme con él.