Chapter 13
Nerea interviene
—Cierra la puerta —dijo Nerea.
Claudia no levantó la vista del documento.
—Tengo otra reunión en siete minutos.
—Entonces tardaré seis.
Nerea cerró la puerta ella misma.
El clic sonó más fuerte de lo necesario.
Claudia dejó la pluma sobre la mesa con cuidado. Era una señal de cortesía, no de disponibilidad. Nerea la conocía lo suficiente para ignorar la diferencia.
—No —dijo.
Claudia alzó los ojos.
—Qué intervención tan precisa.
—No sé qué está pasando entre Vega y tú, y no voy a preguntarlo todavía porque aprecio mi digestión. Pero no.
Claudia sintió que el cuerpo hacía algo mínimo, traicionero: un ajuste en la espalda, una defensa demasiado rápida. Se obligó a permanecer inmóvil.
—No está pasando nada.
Nerea la miró como se mira una gráfica que alguien ha maquillado con entusiasmo.
—Claudia.
—Hemos tenido una noche complicada. El equipo está cansado. Vega está bajo presión y se está convirtiendo en un posible foco narrativo. Eso explica cualquier tensión.
—No me recites un informe. Soy yo.
Ese «soy yo» fue más incómodo que una acusación.
Nerea no era solo socia operativa ni la mujer que conocía los calendarios, los contratos y los cadáveres administrativos de la agencia.
Había estado antes. Había visto a Claudia construir Valcárcel & Montalvo con la clase de disciplina que parecía virtud hasta que empezaba a parecer condena.
Claudia se levantó y fue hacia la ventana interior del despacho.
Desde allí se veía parte de la sala, gente cruzando, Paula hablando con Vega junto a una pantalla.
Vega gesticulaba con un café en la mano.
Cansada, luminosa incluso en la irritación, demasiado visible para cualquier espacio que intentara volverla función.
Claudia apartó la mirada.
—Vega depende directamente de mí dentro del proyecto —dijo Nerea a su espalda—. Tú diriges la relación con Altamar+. Hay rumor interno de favoritismo desde esta mañana.
Claudia se giró.
—¿Qué rumor?
—Nada concreto. Miradas, comentarios idiotas, el clásico ecosistema de agencia cuando dos mujeres inteligentes se miran con más electricidad de la fiscalmente recomendable.
—Nerea.
—No me pongas ese tono. Lo uso mejor que tú.
Claudia cerró los labios.
Nerea cruzó los brazos.
—Ayer la respaldaste ante el cliente. Hoy la has corregido en público con una dureza que no aplicas al resto cuando tienen razón. Eso genera dos lecturas, y las dos son malas.
—La he corregido porque estaba personalizando una amenaza estratégica.
—La has corregido porque te importa demasiado que nadie vea que te importa.
La frase llegó directa, sin ornamento. Nerea siempre había tenido esa virtud desagradable: no necesitaba elevar la voz para desordenar una habitación.
Claudia volvió a la mesa.
—No hay nada que gestionar.
—Mientes fatal, para ser Claudia.
—No estoy mintiendo.
—Entonces estás usando una definición de «nada» que Legal debería revisar.
El cansancio arañó la paciencia de Claudia. Había dormido veinte minutos en un sofá, había besado a Vega en Gran Vía, había pasado el resto de la madrugada reconstruyendo su propia cara, y ahora Nerea estaba allí, con razón, que era la forma más insoportable de aparecer en una crisis.
—No ha ocurrido nada que afecte al proyecto.
Nerea guardó silencio un segundo.
—Eso no es lo mismo.
Claudia sostuvo su mirada.
—No voy a permitir que Vega quede expuesta por una interpretación interna.
—Pues deja de darle material a la interpretación interna.
—Estoy manteniendo distancia.
—La distancia punitiva también se ve.
Claudia sintió una punzada de irritación. No porque fuera falso. Porque era exacto.
Nerea suavizó apenas la voz.
—Claudia, escucha. No estoy aquí para moralizarte.
Me da igual si te gusta, si no te gusta, si la deseas, si te parece una pesadilla con botas bonitas y un talento irritante.
Me importa que no la pongas en una posición imposible.
Me importa que no te pongas tú. Y me importa que no arrastres a la agencia a una crisis que no podremos llamar reputacional sin reírnos de puro agotamiento.
—No voy a repetir errores pasados.
Nerea la miró con más cuidado.
Ahí estaba. La grieta dicha demasiado pronto.
Claudia bajó la vista a la carpeta azul.
—Precisamente por eso.
—Precisamente por eso necesitas no decidir sola.
Claudia no respondió.
Al otro lado del cristal, Vega se inclinó sobre el portátil de Paula, concentrada.
Se había recogido el pelo de cualquier manera, con un lápiz que probablemente no era suyo.
Claudia se preguntó, con una violencia íntima, qué habría pasado si no se hubiera apartado.
Si hubiera dejado que aquel beso llegara hasta su consecuencia natural.
Si por una noche, una sola, hubiera permitido que el deseo no pasara por una junta de evaluación.
La respuesta fue inmediata: daño.
Daño para Vega. Daño para el proyecto. Daño para la agencia. Daño para esa versión de sí misma que había sobrevivido construyendo paredes.
—Seré más clara en los límites —dijo.
—No basta con ser clara. Tienes que ser justa.
Claudia alzó la mirada.
Nerea se acercó a la mesa.
—Si Vega tiene razón, no la castigues en público por miedo a parecer parcial. Si se equivoca, corrígela como corregirías a Paula o a Teresa. Y si no puedes hacer eso, me transfieres supervisión parcial antes de que esto huela a favoritismo, castigo o las dos cosas en el mismo perfume carísimo.
—No es necesario.
—Todavía.
Claudia guardó la pluma en la carpeta.
—Hoy tenemos videollamada con Rodrigo. Necesito a Vega ahí.
—¿La necesitas profesionalmente?
La pregunta quedó suspendida.
Claudia respondió demasiado tarde.
—Sí.
Nerea suspiró.
—Pues actúa como si eso fuera lo único que ocurre hasta que puedas ordenar lo demás sin romper a nadie.
No esperó respuesta. Fue hacia la puerta, pero se detuvo antes de abrir.
—Y Claudia.
—¿Sí?
—Proteger a alguien no consiste en convertirla en una desconocida delante de todos.
La puerta se cerró.
Claudia se quedó sola con la frase.
Durante varios segundos, no tocó nada. Ni la carpeta, ni el móvil, ni la pluma. Miró el reflejo tenue de su despacho en el cristal y encontró a una mujer impecable, cansada, exacta, peligrosamente cerca de repetir el mismo patrón con mejores argumentos.
Después abrió el portátil y convocó la videollamada con Altamar+.
Si iba a endurecer algo, decidió, que fuera contra Rodrigo.