Finge que no es amor (Rise as One 4) 30 Joe
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30 Joe

CAPÍTULO TREINTA

JOE

Respiro hondo y fijo la mirada en mi objetivo, hacia el que salgo disparado cuando escucho el pitido de Mason.

Levanto el trineo y lo arrastro unos metros antes de soltarlo y dar por acabada esta ronda y, por tanto, el entrenamiento.

Estoy agotado pero feliz. Desde que volvimos de Nueva York no hemos hecho otra cosa que entrenar para prepararnos para los playoffs. Estoy deseando llegar a la final.

Cuando entramos al vestuario, el ambiente es animado, aunque no me uno a él y voy directo a la ducha.

Si estoy jugando o entrenando, puedo controlar los pensamientos, pero ahora que todo ha terminado, mi mente vuelve a Riley y al hecho de que lleva todo el día sin escribirme.

No debería molestarme, teniendo en cuenta que le pedí tiempo y que no le he contestado a casi ninguno de los mensajes que me ha enviado desde que se fue, pero me parece raro.

Con seguridad estará ocupada y me alegro; además, es justo lo que necesito.

Pero no es lo que quiero. Soy masoquista, lo sé, sin embargo, mientras me siga escribiendo, la sensación de que la he perdido se disminuye; no mucho, claro, pero me estoy conformando con las migajas hasta que sea capaz de superarlo.

Llego hasta la taquilla y empiezo a vestirme, aunque tengo la sensación de que todos me observan, pero, cuando me giro para comprobarlo, disimulan. «¿Qué cojones?». Sacudo la cabeza y no le doy importancia, porque creo que es paranoia, hasta que, cuando estoy listo, Kieran me frena.

—Dame cinco minutos y vamos juntos.

—Me apetece dar un paseo. —Todavía no ha nevado en el campus, así que andar de camino a casa se ha vuelto una buena rutina para despejar la cabeza.

—Venga, no seas capullo y acompáñame a casa.

Me lo quedo mirando sin entender nada, ni por qué se está vistiendo tan rápido ni por qué, por primera vez en tres años, quiere que lo acompañe a casa.

Hunter me sonríe y me da una palmada en la espalda cuando paso por su lado y Tyler me guiña un ojo.

Los observo extrañado, pero nadie abre la boca y Kieran me empuja hacia la salida sin darme opción a preguntar.

Se están comportando de una forma muy rara.

—¿Qué pasa? —le pregunto a Kieran cuando nos montamos en el coche y sale del aparcamiento derrapando.

—Ayer estuve viendo vídeos de la NASCAR y me apetecía recrearlos ahora que el campus está vacío.

—¡¿Qué?!

Kieran no contesta y sigue camino a casa como si lo que acabase de decir no fuera una locura absoluta.

El irlandés nunca hace el gilipollas con el coche, para él es superimportante no tener un accidente; tanto que roza casi la obsesión.

«¿Se puede saber qué cojones les pasa a todos?

». No estoy de humor para lidiar con esto.

Barry me manda un mensaje en ese momento para decirme que esta noche se va a casa de Candy y, aunque no es algo extraño en él, la carita con un guiño de ojo para cerrar el mensaje me desconcierta. «En serio, ¿qué ocurre?».

Kieran aparca el coche de cualquier manera en la puerta de casa, pero ni apaga el motor ni hace intención de bajarse del coche.

—Aba y yo tenemos planes esta noche, así que no vendremos a casa.

—Entonces, ¿para qué me has pedido que te acompañase? —No entiendo nada.

—No quería que te pasase nada por el camino. Ahora, fuera de mi coche.

Me bajo, pero antes de poder coger mi mochila del maletero, Kieran acelera y se larga calle abajo, dejándome todavía más desconcertado de lo que ya estaba.

«¿Qué cojones está pasando?». Sacudo la cabeza y me dirijo hasta la puerta, dispuesto a pasar la noche solo por primera vez desde la cita con Riley.

¿Igual es eso? ¿Me estaban dando ánimos para la rayada máxima que voy a pegarme?

En fin, no quiero darle más vueltas a este tema.

Entro en casa dejando salir un suspiro hastiado y me quito las zapatillas y el abrigo, dejándolos de cualquier manera. Cuando me giro, me quedo paralizado al ver a la persona que está apoyada en el quicio de la puerta del salón. Parpadeo varias veces, por si es una visión, pero continúa ahí.

—Hola. —Su saludo llena toda la estancia, demostrándome que es real. «¿Qué hace aquí?».

—Riley… —susurro y carraspeo, porque se me ha secado la garganta. Me regala una sonrisa y me pellizco para ver si estoy soñando. Entre lo raros que han estado todos y esto, creo que me he dado un golpe en la cabeza en el entrenamiento—. ¿Qué haces aquí?

—Hacer ruido. —Se lleva el silbato rojo que le regalé a la boca y lo hace sonar. Se ríe cuando me la quedo mirando sin entender nada—. En mi cabeza era un plan genial.

—No lo necesitas conmigo, nunca lo has necesitado —le recuerdo y sonríe.

—Lo sé. —Respira hondo y da un paso hacia mí—. He venido a hablar contigo, sobre lo que pasó.

—Riley, no hace… —la interrumpo, porque no quiero que vuelva a disculparse, no hizo nada malo.

—¡Joe! —Me freno por la contundencia de su tono y parpadeo perplejo—. Déjame hablar, ya bastante me está costando como para que me interrumpas.

—Es que no hace falta que hablemos del tema. —Me mira confusa por mis palabras—. No hiciste nada malo, Riley. No es por eso por lo que necesito tiempo.

—Lo sé, es que… —Sacude la cabeza y se lleva las manos a la cara antes de murmurar—: ¡A la mierda!

No me da tiempo a procesar sus palabras cuando recorta el espacio que nos separa y me agarra de la sudadera haciendo que baje a su altura.

En cuanto lo consigue, estampa sus labios contra los míos.

Tardo un largo segundo en asimilar lo que está pasando.

«Riley me está besando». La misma chica que hace más de una semana dio un paso atrás cuando intenté hacer lo mismo.

«Me está besando». La atrapo por la cintura para que esta vez no pueda escapar y le devuelvo el beso con toda la intensidad que puedo.

Suspira con una mezcla de alivio y excitación antes de pasar sus brazos por mi cuello, cosa que aprovecho para alzarla y apoyarla contra la pared.

Pierdo la noción del tiempo mientras la beso y nuestras lenguas juegan entre ellas, y solo me separo cuando noto que Riley necesita respirar.

Apoyo mi frente en la suya y me sonríe mientras intenta recuperar el aliento.

—Vale, creo que ahora sí que necesito hablar de lo que pasó —confieso y se ríe—. O de lo que acaba de pasar, no lo tengo claro.

—Esto es lo que tendría que haber pasado si no me hubiera dejado llevar por el miedo —reconoce y baja la cabeza.

La dejo en el suelo y le doy espacio para hablar, justo lo que me ha pedido antes y yo he malinterpretado—.

No es que no quisiera que me besaras, Joe, es que pensé que si lo hacías te darías cuenta de que no soy lo que quieres y eso me hubiera roto el corazón.

—¿Cómo puedes pensar eso? —le pregunto sorprendido cuando se queda callada—. Eres la persona más maravillosa que he conocido nunca, Riley, por eso me he enamorado de ti. Eres exactamente lo que quiero, lo que he querido siempre, aunque no lo supiera hasta que te conocí.

—Tiendo a sobrepensarlo todo.

—Sé cómo acallar tu cerebro, y espero explorar nuevas formas de hacerlo.

—No tengo experiencia.

—Ya la tengo yo por los dos, te enseñaré todo lo que necesites.

—Somos amigos.

—Más nos conocemos.

—¿Tienes una respuesta para todo? —bromea.

—Puede, prueba con otra.

—Te compararé con todos mis novios literarios.

—Recrearé todas las escenas de los libros que quieras. —Su sonrojo me indica que esa idea le ha gustado tanto como a mí.

—Te acabarás aburriendo.

—Madre mía, Vaquera, no podría aburrirme contigo ni aunque lo intentase.

—¿De verdad estás enamorado de mí?

—¿De verdad eres incapaz de verlo?

—No quería verlo.

—Y ahora que lo ves, ¿qué quieres hacer?

—Decirte que sí a la pregunta que vas a formular. —Sonrío como un idiota y me acerco tanto a ella que tiene que alzar más la vista para mirarme. Le acaricio la mejilla.

—¿Sea la que sea?

—Puede.

—¿Quieres ser mi novia, Vaquera?

—No hay nada que me gustaría más.

La alzo por el culo para tenerla a mi altura y besarla, aunque es un poco difícil por lo mucho que estamos sonriendo.

Nos llevo hasta mi habitación y la dejo en la cama con cuidado, sin separar sus labios de los míos.

La ropa vuela a nuestro alrededor y adoro su cuerpo como he querido hacer desde la primera vez que la tuve aquí.

Riley grita mi nombre cada vez que se corre, consiguiendo que me vuelva un poco más loco; me voy a hacer adicto a ese sonido.

Cuando acabamos, agotados y rendidos, mi último pensamiento es para Riley, como todas las noches, pero esta vez es porque me prometo que haré todo lo posible para que siempre esté a mi lado.