29 Riley
CAPÍTULO VEINTINUEVE
RILEY
Después de discutir con Mia sobre si era buena idea o no ir de vuelta a la universidad y que me recordase que ya era hora de que tomase una decisión por mí misma sin pensar ni en las consecuencias ni en lo que opinarían otros, tardé una hora en dormirme.
Sin embargo, cuando lo conseguí, lo hice con la certeza de que no había vuelta atrás.
Por primera vez, voy a hacer algo que quiero sin pensar si mi padre está de acuerdo o no y sin que Mia tenga que inventarse una historia para hacerlo.
Y si se decepciona… Bueno, estoy preparada para ello. Creo.
Da igual, necesito hacer esto y no puedo pararme a pensar en lo que él opinará o no.
Si mi cumpleaños puede esperar, ¿por qué no puede esperar el de Lauren?
Mi padre tiene que entender que mi vida ya no está aquí y que ya no tengo nueve años para hacer las cosas como él considere.
Voy a ir a ver a Joe y nada ni nadie me lo va a impedir —bueno, puede que haya cosas que se escapen de mi control que puedan hacerlo, pero las estoy arrinconando en un lugar oscuro de mi mente para no pensar en ellas—.
La canción de Poppy, All the things she said, se escucha a través de los altavoces del portátil mientras busco la mejor combinación para volver a Havenwood en el menor tiempo posible.
Me ha saltado en el mix que estaba sonando y la he puesto en bucle porque es justo como me siento: dando vueltas a todo lo que Mia me dijo ayer.
—An Li, ¿qué haces? —La voz de mi padre me sobresalta, pensaba que estaría ya en el restaurante trabajando. Cuando me fijo, va vestido de calle, así que supongo que habrá vuelto a por algo.
—Mirando vuelos, iré a la universidad unos días —le informo con una sonrisa—. Volveré antes de Navidad.
—No, te quedarás aquí —suelta como si nada y algo en mi interior explota.
—¡No! —sentencio.
Desvío la vista de nuevo hacia la pantalla e ignoro a mi padre, que me observa como si fuera otra persona. Es posible que lo sea, al menos, así lo siento.
—¿Un té? —le ofrece Mia saliendo de la cocina con dos tazas. Nuestro padre niega sin mirarla, con los ojos clavados en mi cara, y ella se encoge de hombros mientras se dirige hacia mí—. ¿Encuentras algo?
—Sí, hay un vuelo que sale en tres horas y llega al aeropuerto de South Bend. Es un poco más caro, pero así no tienen que venir a por mí a Chicago.
—Genial, pues píllalo, hacemos la maleta rápido y te llevo al aeropuerto.
—He dicho que no puede ir —profiere nuestro padre de golpe, cuando por fin parece que sale de su sorpresa.
No me da tiempo a contestarle, porque Lauren aparece en el salón en ese instante con una expresión entre ilusión y miedo que nos desconcierta a todos.
—Tengo una cosa que contaros —dice casi en un murmullo, como avergonzada, aunque con un matiz distinto.
—Igual no es el mejor momento —le advierte Mia.
—Estoy embarazada —suelta Lauren, como si no pudiera retener más esa información y una expresión de pánico la invade.
Los tres nos sorprendemos, sobre todo nuestro padre que, si no fuera porque Mia reacciona, hubiera acabado en el suelo. Lo acompaña hasta que se sienta y le planta la taza delante.
—Creo que ahora sí necesitas el té. —Mia se acerca a nuestra hermana con una sonrisa y le mira la barriga—. Va a ser una niña.
—Eso no puedes saberlo —bromea Lauren riendo y parte de sus temores se borran—, pero, si fuera así, me gustaría que se pareciera a ti.
—¿A mí? —Mia la mira sin entender nada, aunque las lágrimas se acumulan en sus ojos—. Creo que no sabes lo que dices.
—No se va a aparecer a nadie —replica nuestro padre, que sigue blanco como el papel—. No puedes estar embarazada, no estás casada, ni siquiera tienes pareja.
Lo contemplo sin entender nada, a Lauren le vuelven todos los miedos y Mia rueda los ojos. Niega con la cabeza mientras se acerca a la barriga de Lauren para empezar a hablarle:
—Bebé, no puedes existir porque tus padres no han firmado un papel. Qué loco, ¿eh? Y yo pensando que para que esto pasara lo que había que hacer era follar.
Tanto Lauren como yo soltamos una carcajada que enfada más a nuestro padre, pero no podemos evitarlo.
Como nadie dice nada, supongo que asumiendo que seremos una persona más en la familia, aprovecho para volver a centrarme en la pantalla y sonrío cuando aparece la confirmación de la compra.
No sé si es eso, o que Lauren me observa curiosa, pero nuestro padre se yergue en la silla y da un golpe en la mesa con la taza.
—Vamos a centrarnos. —Gira la cabeza hacia mí—. Nadie va a ir a ningún sitio. —Ahora es el turno de Lauren—. Y nadie va a tener un bebé.
—¡No! —soltamos las tres a la vez, algo que lo desconcierta.
Es posible que sea la primera vez que estamos las tres de acuerdo en algo. Me levanto y voy hacia ellas. Lauren pasa un brazo por mi hombro y me acerca a ella en un abrazo mientras intenta retener las lágrimas. Nunca la había visto tan vulnerable como ahora mismo.
—¿Cómo que no? —sisea nuestro padre e intenta ponerse en pie, pero nuestro paso adelante al unísono, las tres, lo sienta de nuevo—. ¿Esto es una conspiración contra mí?
—Por favor —se queja Mia y suspira—, a diferencia de lo que crees, nuestra vida no gira en torno a ti. Somos personas y tomamos nuestras propias decisiones. A veces más acertadas que otras, pero nuestras.
—¿Eso significa que no puedo decir nada, ni opinar?
—No. —Mia resopla—. Eso significa que preguntes antes de venir con tus prohibiciones. ¿Sabes por qué Riley se va a la universidad? No, solo sabes que se va y no quieres que lo haga. ¿Sabes qué quiere hacer Lauren con ese bebé? No, solo que no está casada. Pensamiento muy arcaico, por cierto.
—Quiero tener el bebé —dice Lauren tocándose la tripa—.
Nos ha tomado a los dos por sorpresa, pero tenemos claro que queremos estar juntos y formar una familia.
Sí, llega antes de lo esperado, no lo negaré, pero eso no invalida nuestros planes de futuro.
Buscaremos una casa donde vivir y criar a este bebé.
—¿Y esa persona tiene nombre? ¿Es alguien de confianza? —Nuestro padre observa a Mia, que tiene una ceja alzada, y suspira—. ¿Estás segura de que…?
—Sí, lo estoy —sentencia Lauren—. Y lo conoces. Es… —Lauren mira de reojo a Mia antes de bajar la mirada y soltar—: Es Jason.
—¿Mi segundo? ¡Si es un crío!
—Lo siento, Mia. —Lauren ignora a nuestro padre y le agarra la mano—. Lo siento de verdad.
—No tienes que sentirlo. —Mia sonríe y le acaricia la mejilla—. Lo nuestro era solo carnal. Me alegro de que sea a ti a quien estaba conociendo, al menos no bajó el listón.
—¿Alguien me va a explicar qué está pasando?
—¿Y si te digo que no quieres saberlo? —le contesta Mia a nuestro padre con una mueca.
—Está bien, por una vez creo que será lo mejor. —Nuestro padre resopla—. No quiero más emociones por hoy.
—Jason está fuera y quiere presentar sus respetos —añade Lauren.
—Entonces, que entre y os dejamos solos —dice Mia—. Riley tiene que hacer la maleta.
—¿Por qué tiene que irse a la universidad? —pregunta nuestro padre con un tono cansado—. Acaba de llegar.
—Quiero ver a Joe —le explico y frunce el ceño.
—¿Sabes cuando te decía que no hacías caso a Riley y que eso no era bueno?
—Zhen, por enésima vez, no ignoro a tu hermana.
—Lo haces —le reprocha Lauren—. Todos lo hacemos menos Mia. Riley siempre está en un rincón para no molestar y siempre responde que sí a todo lo que le dices, pero nunca sabes si está de acuerdo o no. Lo que pasa es que es más fácil así.
—Papá —le llama la atención Mia—, Riley se ha sentido tan invisible siempre que cuando ha aparecido una persona que la ha visto y se ha enamorado de ella, ni siquiera ha sido capaz de darse cuenta porque cree que no es posible.
—¿Joe ha admitido que está enamorado de ella? —pregunta Lauren ilusionada.
—¿Joe no era homosexual? —Mi padre le lanza una mirada de reproche a Mia y esta se encoge de hombros mientras le ignora—. Ya sabía yo…
—Le montó una cita —le cuenta Mia a Lauren con una sonrisa—. Hasta se compró ropa y todo para la ocasión.
—¡Qué mono! ¿Y qué pasó?
—Que Riley le rechazó el beso final porque pensó que no era suficiente para él.
—Riley, ¿cómo puedes pensar eso? —me riñe Lauren—. ¡Eres maravillosa! Si alguien piensa eso de ti, el problema es esa persona, no tú.
—¿De verdad pensaste eso? —me interroga nuestro padre y agacho la cabeza—.
An Li, eres tan especial que no creo que ningún hombre te llegue nunca a la suela de los zapatos, así que, si alguien no es suficiente, es él, seguro.
Nunca jamás tú, ninguna de las tres, de hecho.
Y sé que puede parecer que lo digo porque sois mis hijas y puede que sea así, pero no estoy ciego.
Sois inteligentes, perseverantes y, aunque diferentes, sois maravillosas con vuestras luces y sombras.
Y si alguien no sabe verlo, es que es ciego, sordo y mudo.
—Gracias, papá. —Soy la primera en reaccionar y acercarme a darle un abrazo. Lauren y Mia me siguen unos segundos después, aunque nos separamos cuando notamos que estamos aplastando a Lauren.
—Así que voy a ser abuelo. —Lauren asiente y nuestro padre vuelve a perder el color del rostro—. Con Jason. Bueno, supongo que tendré que hacerme a la idea. —Me mira y sonríe—. ¿Te has enamorado? —Asiento totalmente sonrojada—. Os hacéis mayores.
—Tranquilo, papá, a mí todavía me quedan unos meses más para torturarte. —Mia esboza una sonrisa de oreja a oreja—. Voy a decirle a Jason que entre y vamos a hacer la maleta.
—Mia —la llama nuestro padre y ella se gira para observarlo con el ceño fruncido, es la primera vez que la llama así—, has dominado muy bien la situación, me recuerdas mucho a tu madre.
Lauren y yo nos miramos sin saber qué decir.
Nuestro padre rara vez habla de nuestra madre, es demasiado doloroso para él.
Mia traga saliva y sigue su camino hacia la puerta de entrada sin contestar, por primera vez en su vida, a nuestro padre.
¿Habré cruzado un portal a un mundo paralelo?
Porque lo que ha pasado esta mañana es difícil de explicar: Lauren no siendo perfecta, Mia no replicando a nuestro padre, este lanzándole un piropo y comparándola con nuestra madre…
Y yo, yo admitiendo que me he enamorado de mi mejor amigo y desobedeciendo a mi padre para ir a confesárselo.
Solo espero no dejarme llevar por el miedo una vez lo tenga frente a mí.
Jason entra frotándose las manos y observa al que es su jefe y futuro suegro con una mezcla de miedo y expectación. Mia me hace un gesto con la cabeza y las dos salimos casi corriendo hacia nuestra habitación.
—¿Crees que papá lo matará? —me burlo antes de abrir el armario.
—Está demasiado conmocionado, dale unos días.
—Estoy segura de que para entonces ya le habrás convencido de lo maravilloso que es ser abuelo. —Mia sonríe, pero no le llega a los ojos, así que me acerco para darle un abrazo—. ¿Estás bien?
—No esperaba que fuera Lauren. No es que me moleste, creo. Es decir, me alegro por ellos, pero es raro.
—Que te afecte es normal, Mia. Aunque siempre digas que fue solo carnal, había algo de sentimientos, a pesar de que no fueran profundos.
—Supongo que sí.
—¿Quieres venir conmigo? —le propongo y me mira sin entender nada—. Compramos otro billete, no creo que a papá le importe.
—Deberías hacer esto sola.
—Y tú no deberías quedarte sola. —Le doy un golpe en el hombro—. Me vendrá bien tener a alguien al lado que me recuerde que no soy invisible.
—Tienes a Joe.
—Le pediré a Kieran que te presente a alguien de primer año del equipo para que te diviertas.
—Ahora empezamos a hablar el mismo idioma —bromea y me coge la cara con las manos—. ¿Seguro que no te importa que vaya?
—Nunca me molestas, Mia. Me encantaría que me acompañaras.
—Entonces, ¡empieza a sacar ropa que hay dos maletas que hacer! Yo voy a comprarme el billete.
—¿No vas a avisar a papá primero? —Frunzo el ceño y rueda los ojos.
—A papá hay que darle las cosas hechas para que, aunque se queje, no pueda decirte que no.
—A veces eres un poco malvada.
—Lo gracioso es que pienses que solo es a veces.
Me río y empiezo a sacar ropa del armario para seleccionarla. Respiro hondo y me preparo. Voy a confesarle a Joe lo que siento, solo espero no haberle perdido por culpa de mis miedos.