Finge que no es amor (Rise as One 4) 27 Riley
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27 Riley

CAPÍTULO VEINTISIETE

RILEY

Acabo de salir de mi último examen, pero en lugar de estar alegre como el resto de mis compañeros, me arrastro por el pasillo como el alma en pena que soy desde que el sábado por la noche diera un paso atrás.

Lo hice para no perder a Joe y conseguí todo lo contrario.

El domingo intenté hablar con él, en vano, y, aunque conseguí que respondiera a alguno de mis mensajes, no fue lo mismo.

Quería evaluar qué significaba exactamente «poner algo de distancia», y al parecer era un eufemismo para «desaparecer de mi vida».

El lunes le esperé en el camino de siempre a la facultad, pensando que podríamos hablar aunque fuera incómodo, hasta que pasados veinte minutos asumí que no aparecería.

Cuando llegué, estaba con Blake hablando y ni siquiera me miró.

El martes no coincidimos. El miércoles conseguí hablar con él un par de frases antes de que se excusase para irse a estudiar.

Ayer y hoy me he limitado a saludarlo sin más.

No me gusta esta situación, pero supongo que es lo que toca.

Igual después de las vacaciones de Navidad podemos hablar del tema y retomar poco a poco nuestra amistad. Nada me gustaría más.

—Riley —me llama Paul con una sonrisa. Con él las cosas están más o menos bien, aunque el lunes fue un poco incómodo cuando nos vimos. Igual con Joe solo necesitamos unos días más—, vamos a ir a tomar algo, ¿te vienes?

—Necesito dormir. —En realidad, no le estoy mintiendo, no he descansado casi nada esta semana. El problema es que no creo que sea capaz de hacerlo—. Gracias de todas formas.

—Escríbeme si cambias de opinión —se despide mientras se va con alguno de nuestros compañeros de clase.

Me dirijo a la salida y se me corta la respiración cuando veo a Joe.

No sé si debería acercarme a saludarlo, la verdad es que quiero hacerlo, pero está tan distante que duele.

Sin embargo, si no lo hago ahora, no creo que tenga la posibilidad de despedirme antes de irme a casa.

Respiro hondo y me aproximo hasta donde están, Blake me sonríe antes de alejarse y dejarnos solos.

Joe se cruza de brazos a la espera de que diga algo.

—Hola.

—Hola. —Su tono es monótono, carente de cualquier matiz que solía tener.

—¿Cómo han ido los exámenes? —Doy un pequeño paso para acortar la distancia que nos separa, pero él da otro hacia atrás para agrandarla. Mensaje recibido, nada de acercamientos.

—Bien, ¿y a ti?

—Bien también. —Es posible que esta sea la conversación más incómoda que haya tenido nunca—. Solo venía a despedirme, mañana vuelvo a casa por Navidad.

—Cierto. Feliz Navidad, Riley.

—Feliz Navidad, Joe. —Empieza a alejarse y algo me obliga a detenerlo, así que lo llamo. Cuando se gira para mirarme, se me rompe algo por dentro al verlo tan serio—. ¿Te parece bien si te escribo?

—Nunca me ha molestado que lo hicieras. —Y dicho esto, se va a paso ligero para que no lo vuelva a llamar.

Genial, he perdido a mi mejor amigo y ni siquiera sé cómo recuperarlo.

—Me parece superbonito que vayáis todos a Nueva York para apoyar a Hunter —suelta Jazz dejándose caer sobre el sofá de la habitación de Savannah y Brooke—. Y también me da un poco de envidia, siempre he querido ir.

—Kieran me contó que fue idea de Joe. —Me tenso al escuchar su nombre y mantengo la mirada centrada en el e-book para que nadie vea mi expresión—. La verdad es que le hizo mucha ilusión a Hunter cuando se lo dijeron. Gane o pierda, nos tendrá allí de apoyo.

—Es el que más números tiene para ganar, sería raro que no lo hiciera. —Brooke mete un neceser en la maleta y repasa todo antes de sonreír—. Ya lo tengo todo listo.

—Sigo sin saber qué llevarme. —No me hace falta mirar a Jazz y Brooke para saber que las tres hemos rodado los ojos ante la queja de Savannah.

—Rubia, os vais literalmente un día. Veinticuatro horas. Si fuera yo me llevaría unas bragas y fin.

—Riley, ¿tú lo tienes todo listo para la vuelta a casa? —Asiento ante la pregunta de Brooke y ladea la cabeza—. ¿Siguen las cosas mal con Joe? —Me encojo de hombros y se me acercan las tres. Savannah aprovecha para sentarse detrás de mí y cogerme el pelo para peinarme—. ¿Quieres hablarlo?

—La verdad es que no.

—¿Helado y realities?

—A Riley no le gustan los realities, Jazz. ¿Una peli de terror de esas absurdas? —propone Brooke y sonrío. Agradezco el esfuerzo, pero no tengo ganas de nada. Ni siquiera estoy leyendo, el e-book lleva devolviéndome la misma página desde hace horas.

—¿Quieres ver alguna película en concreto, Riley? —me insiste Savannah y niego con la cabeza—. ¿Cómo podemos ayudarte?

—No podéis. Joe quiere algo que no puedo darle —murmuro—. Supongo que con el tiempo volveremos a ser amigos.

—Seguro que sí —me anima Brooke, aunque creo que ninguna nos creemos eso.

JOE

—¿Tienes todo listo? —se interesa Kieran cuando me encuentra observando la maleta como si fuera la mejor cosa del mundo—. Si quieres te ayudo a revisarla.

—Sí, por favor. —Desde hace una semana no estoy nada centrado, así que es posible que haya puesto camisetas, pero no pantalones y cosas así.

—¿Quieres hablar? —me pregunta una vez confirma que mi maleta es decente. Al parecer funciono bastante bien en piloto automático.

—No hay nada de lo que hablar —escupo—. Riley no quiere estar conmigo. Fin de la historia.

—¿No vas a luchar por ella? —me insiste y suspiro.

—No hay una batalla que librar, Kieran. No puedes obligar a alguien a sentir algo que no siente. Para ella siempre he sido su amigo y siempre será así.

—Siento haber insistido para que dieras el paso, supongo que no conozco tanto a Riley como pensaba.

—No es culpa tuya; en realidad, no es culpa de nadie. En algún momento iba a hacerlo y el resultado hubiera sido el mismo. Al menos ahora ya lo sé y puedo actuar en consecuencia.

—¿Ignorándola? —me reprocha y lo fulmino con la mirada.

—Tú deberías saber mejor que nadie lo que duele estar cerca de alguien que no quiere estar contigo. —Alza las manos en señal de rendición y noto como se me hunden los hombros—. Si no lo hago, estaré enganchado a ella y conformándome con las migajas que me dé. No es justo para ninguno de los dos.

—De verdad, pensaba que la cita acabaría de otra manera.

—Ya, yo también… Hice todo lo que «tenía que hacer». Pero da igual, aunque hubiera actuado distinto, la conclusión sería la misma: Riley no me ve como algo más.

—Lo siento. —Le suena el móvil y lo saca del bolsillo—. Barry y Candy acaban de llegar. ¿Nos vamos?

—Nueva York, ¡allá vamos! —intento bromear y Kieran me da una palmada en el hombro.

—Por cierto, Riley ya ha cogido su vuelo —me informa Kieran—. Así no tienes que preguntarle. Si quieres te aviso cuando aterrice.

—Gracias.

—Lo que necesites.

Barry y Candy me sonríen cuando llego hasta su coche para dejar la maleta y el portatrajes.

He estado tentado de pedir un cambio de coche e irme con el irlandés y Aba, pero me sabía mal por Tyler y Brooke.

No es que no quiera ir con mi hermano, pero no tengo ganas de ver muestras de cariño exageradas cerca de mí; Kieran y Aba lo hubieran entendido.

Hunter y Savannah se han ido en un vuelo anterior al nuestro y sé que han llevado a Riley con ellos.

No he preguntado para no sonar desesperado, así que agradezco que Kieran lo haga por mí y se adelante a mis necesidades sin tener que pedírselo.

—¿Quieres conducir? —me ofrece Barry y me lo quedo mirando sorprendido. Barry nunca cede el volante, jamás. Además de que el coche es de Candy—. No lo haces tan mal.

—Me apetece, sí. —Me lanza las llaves con una sonrisa y se dirige a la puerta del copiloto.

—Barry me ha dicho que te gusta conducir con música —me dice Candy ofreciéndome su teléfono—. Está conectado a mi móvil, así que pon lo que quieras. Si no lo haces tú, lo hará Barry.

—Que elija él. —Me encojo de hombros y me coloco frente al volante. Una de las ventajas de que Barry y yo seamos iguales es que no tengo que ajustar nada.

Iniciamos el viaje en silencio, mientras Barry trastea con el móvil de Candy en busca de una lista de reproducción.

Sé por qué me está dejando conducir y, aunque a veces parezca que Barry y yo nos llevamos mal, cuando importa estamos el uno para el otro siempre.

Y a mí, desde que me saqué el carnet, conducir me ha ayudado a despejar la mente.

Candy pregunta por los playoffs y el draft, y Barry por fin elige algo de música para acompañarnos; algo que podrían poner en cualquier fiesta de fraternidad, aunque no me molesta mientras no sea metal.

La conversación fluye sin ser incómoda, evitando temas de conversación que ninguno quiere sacar.

Sin embargo, cuando la canción Not strong enough de Apocalyptica empieza a sonar, algo se rompe dentro de mí y, aunque Barry la pasa al instante, la sensación se queda y Riley vuelve a ocupar mis pensamientos.

La sensación de no ser capaz de separarme de ella, la sensación de que nunca me verá como una posible pareja y la peor de todas, la sensación de que la he perdido.

Solo espero que este mes separados me ayude a ser fuerte para tenerla cerca el semestre que viene sin que duela. Aunque no creo que sea posible.