Finge que no es amor (Rise as One 4) 25 Riley
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25 Riley

CAPÍTULO VEINTICINCO

RILEY

—Estoy harta de estudiar —suelta Jazz apoyando la cabeza en el libro que tiene delante. Me río por el gesto dramático y vuelvo a centrarme en mis apuntes—. ¿Podemos hacer un descanso?

—Cinco minutos —cedo, porque a mí también se me están juntando las palabras.

—Quince —rebate y sonrío. Sé a dónde quiere llegar.

—Diez.

—¡Hecho! —Da una palmada al aire y viene hasta al sofá para lanzarse sobre él. Coloco los apuntes en la mesa y me siento con ella para abandonar el suelo un rato. Jazz teclea algo en su móvil y lo deja a un lado—. He avisado a todas de que toca descanso.

—Si vienen será más rato —me quejo y sonríe de oreja a oreja—. No quiero perder mucho tiempo, que luego he quedado para cenar con Joe y no podré seguir estudiando.

—¿Con Joe? ¡No me habías dicho nada! Está muy feo que, como tu mejor amiga, no sepa con quién tienes citas, que lo sepas.

—Es solo una cena —le explico mientras niego con la cabeza.

—Nunca es solo una cena. —Esboza una sonrisa pícara y sube y baja las cejas.

—He cenado con Joe muchas veces.

—Lo sé, pero me gusta hacerme ilusiones. —Me da un beso en la mejilla y justo llaman a la puerta—. ¡Bien! Espero que hayan traído chocolate.

—¿Ya te lo has acabado todo? —La miro extrañada, compramos un montón a principios de semana.

—No me juzgues, en mi interior vive una señora mayor que se llama Ansiedad y solo se calla con sobornos de azúcar y ultraprocesados. Y no hay nada mejor que el chocolate para eso. —Abre la puerta y se le ilumina la cara—. ¡Bien!

—¿Nos has avisado solo para que te trajésemos chocolate? —se burla Savannah sentándose a mi lado.

No entiendo cómo lo hace. Lleva una sudadera ancha con unos leggins y el pelo mal recogido y, aun así, parece sacada de un anuncio. El resto vamos igual, pero parecemos salidas de un centro de desintoxicación.

—No lo he hecho por eso, necesitaba un break o me volvía loca.

—A mí también me ha venido bien —admite Brooke y abre la puerta cuando vuelven a llamar—. Hola, Katherine.

—¿A alguien más se le estaban juntando las líneas? —Katherine se acerca a Jazz y le da un beso mientras la coge de la cintura. La verdad es que hacen una pareja preciosa—. Nunca me había alegrado tanto de recibir un mensaje.

—¿En serio? —se indigna Jazz en broma y Katherine le saca la lengua—. Tendrás que compensarme ese comentario luego.

—Hecho. —Giro la cabeza para darles un poco de intimidad y veo a Savannah y a Brooke sonriendo mientras las observan.

—No van a ser solo diez minutos, ¿verdad? —me quejo y las dos se ríen.

—Jazz ha puesto parón de treinta minutos en el mensaje —me explica Brooke y suspiro.

—En mi defensa diré que no sabía que habías quedado para cenar —se escuda y me sonrojo cuando noto todas las miradas sorprendidas en mí—. Vale, me alivia saber que no era la única que lo desconocía.

—¿Tienes otra cita? —me pregunta Savannah confusa—. Pensaba que no había ido bien con Paul.

—Es con Joe —canturrea Jazz y percibo como tanto a Savannah como a Brooke se les ilumina la cara.

—No es una cita, es una cena —espeto antes de que digan nada más—. Solo una cena.

—Nunca es solo una cena.

—¿Ves? ¡Yo le he dicho lo mismo! —le confirma Jazz a Savannah. Katherine recibe una llamada y se mete en el cuarto de Jazz para hablar—. Pero nunca me escucha.

—¿Podemos cambiar de tema? —pido con un tono que suena más cansado de lo normal. Entiendo que les haga ilusión que tenga una cita, pero no lo es y me pone un poco triste que parezca que deba tenerla.

—Los finalistas del trofeo Heisman salen hoy —suelta Savannah, aunque creo que todas lo sabíamos—. Kieran los ha reunido a todos en casa para que Hunter no esté solo. No se lo he dicho, pero me molesta no estar ahí con él.

—Estoy segura de que el irlandés no te hubiera echado —asegura Jazz y todas asentimos.

—Lo sé, pero es algo tan del equipo… que me da la impresión de que sobro.

—No es una impresión. —Katherine sale del cuarto con el móvil en la mano y se ríe—. Era Aba, se ha tenido que ir de allí. Dice que no podía más con tanta testosterona.

—Eso me lo creo —bromea Jazz y a Savannah se le aligera la expresión—. Rubia, Hunter te adora y haría cualquier cosa por ti. Lo primero que hará cuando le confirmen que es finalista será venir corriendo a darte un abrazo.

—En realidad, nos ha dejado las llaves del Jeep para que vayamos nosotras —nos confirma Brooke—. Y para que llevemos la cena.

—Entonces, son unos listos.

Nos reímos del comentario de Jazz y seguimos hablando del trofeo, los exámenes y mil tonterías más para despejarnos la cabeza.

La verdad es que funciona y me siento mucho más relajada para enfrentarme a los apuntes de nuevo.

Unos diez minutos después, justo cuando debería acabar nuestro descanso, aparece Aba por la puerta.

—Os juro que los hubiera matado a todos —se queja riendo—. No sé cómo se soportan.

—Por el mismo motivo por el que estás con Kieran: porque se quieren —los defiende Brooke.

—Kieran me ha dado propuestas para la cena, tanto si lo seleccionan como si no.

—Aba niega con la cabeza—. Aunque me ha dicho que si no lo seleccionan igual vienen ellos hasta aquí mientras rompen cosas por el camino.

—Suspira y me mira—. Por cierto, Riley, Joe me ha hecho prometerle que te recordaría que te recogerá para la cita en un par de horas.

—¡Es una cita! —celebra Jazz, aunque apenas la escucho.

Noto los nervios subir por mi columna vertebral. No, Aba no acaba de decir «cita». No ha podido decirlo.

—No es una cita —murmuro. No me queda claro si alguien me oye, aunque creo que sí, porque percibo demasiadas miradas sobre mí.

—Riley, cariño. —Aba se sienta en la mesa delante de mí y me coge las manos—. Me he pasado una hora con Joe seleccionando la ropa que se va a poner esta noche, ropa nueva que se ha comprado expresamente para hoy. Para vuestra primera cita. Sí que es una cita.

Una presión desconocida se instala en mi pecho y un escalofrío me recorre entera.

Una cita. Tengo una cita con Joe. No una cena normal; no una cena informal; no una cena más.

«Vuestra primera cita», porque espera que haya más.

Más citas con Joe. Voy a tener una cita con Joe, o más…

No, él no quiere eso. Me habría dicho que era una cita.

¿Por qué no lo dijo? Dijo cenar juntos. No, Aba se equivoca.

De golpe, siento unos auriculares en mi cabeza y la canción Sugar de System of a Down inunda todos mis pensamientos.

Cierro los ojos para concentrarme en la voz, los acordes de la guitarra y los golpes de la batería y, poco a poco, consigo regular los latidos de mi corazón, que se había desbocado como nunca.

Cuando los abro de nuevo, me encuentro con cinco chicas con una expresión preocupada.

—¿Estás bien? —Brooke es la primera en hablar. Savannah me ofrece un vaso de soda y me lo bebo del tirón.

—Estoy mejor.

—Come chocolate. —Jazz me lo mete en la boca antes de que pueda decidir—. Te ayudará o te dará fuerzas para asumir que tienes una cita con Joe.

—Tengo una cita —asimilo cuando consigo tragarme el chocolate y tomo una respiración profunda—. Con Joe.

—Yo diría un «por fin tienes una cita con Joe» —bromea Brooke.

—Es más bien «por fin Joe se ha decidido a pedirle una cita» —añade Aba riendo.

—¿Qué quieres decir?

—Solo que no es algo precipitado, lleva bastante tiempo con ello en la cabeza —me explica Aba—, pero creo que tiene que ser él quien te lo cuente, no yo.

—Riley, ¿quieres ir a la cita? —me pregunta Savannah con una sonrisa—. Sé que es Joe y que nunca le harías daño, pero… —carraspea— ir implica muchas cosas. Si no quieres o tienes dudas, tienes que cortarlo ahora. Ya. Incluso podemos gestionarlo para que no seas tú quien se lo diga.

—No lo sé —admito.

—¿Quieres llamar a Mia? —me ofrece Jazz y mi cara de pánico responde por mí, provocándole una carcajada—. Vale, descartado.

—Mia la obligaría a ir sí o sí —augura Brooke y afirmo con la cabeza—. Aunque admito que me gusta la idea.

—Necesito un minuto —les pido y todas asienten mientras se alejan de mí.

Tengo miedo, miedo a que todo cambie… A que Joe deje de ser mi amigo, a que salga mal…

A que salga bien. En realidad, si lo pienso, todo ha cambiado ya.

Da igual si voy o no, la relación ya no será igual.

Joe me ha pedido una cita, pero lo que implica esa petición es que quiere variar los términos de nuestra amistad.

Mi decisión de si acepto o no esas condiciones traerá consecuencias, distintas en cada caso, pero vendrán sí o sí.

Reflexiono sobre las preguntas que me haría Mia si se lo contase, las que me haría después de toda la euforia e ilusión inicial: ¿Te apetece? ¿Quieres hacerlo? ¿Quieres probar qué pasará o sobrepensar sobre lo que hubiera pasado? «Tienes que vivir, Riley, aunque eso implique fallar a veces».

Suelto un suspiro largo y alzo la vista. Ni siquiera tengo que hablar, las cinco han entendido que he aceptado ir y me miran con distintos grados de ilusión y alegría.

—Riley, ¿me dejarías vestirte? —me suplica Katherine y me sorprende. Creo que de todas soy la única que no se lo ha pedido. Katherine estudia Diseño de Moda—. Solo si quieres.

—¿Tú quieres?

—Me ofendería el comentario si no viniera de Riley —les suelta Katherine al resto rodando los ojos—. Asumo que tengo acceso a vuestros armarios.

—Tengo una cosa que creo que le puede encajar a la perfección —le confiesa Savannah—. Iba a ser su regalo de Navidad pero, dadas las circunstancias, creo que podemos adelantarlo.

Cuando las cinco fijan su vista en mí, dudo si me gusta tenerlas como amigas o si las odio. Aunque tengo claro que si puedo enfrentarme a esta situación es gracias a ellas.

Casi dos horas después, no me puedo creer que la persona que esté en el espejo sea yo.

Es decir, claro que soy yo, pero parece una versión mejorada de mí misma.

Una Riley 2.0. Admito que tenía miedo, no por Katherine, pero sí por Jazz y Savannah, que a veces olvidan que no a todo el mundo le fascina ir tan extrema como a ellas.

Me encanta lo que han elegido para mí; al parecer, mi regalo de Navidad.

Llevo un jersey morado oscuro, una falda de cuadros por encima de la rodilla y mis botas vaqueras.

Katherine ha accedido a que me las pusiera, ya que, según ella, le daban un toque «divino» al look, así que nadie ha podido rebatir nada y me he ahorrado una discusión sobre ponerme o no tacones.

Jazz me ha maquillado mientras Savannah me peinaba y yo me disculpaba una y otra vez por no dejarlas estudiar.

Y todas y cada una de esas veces me han hecho callar.

Justo cuando voy a agradecerles el esfuerzo, todos nuestros teléfonos se vuelven locos.

—Hunter ha sido seleccionado para el trofeo Heisman —nos informa Savannah con lágrimas en los ojos—. Lo han conseguido.

—¿Nos vamos ya? —le ofrece Brooke—. Vamos a por las llaves del Jeep y llegamos allí en diez minutos.

—Quiero darles cinco minutos para que griten y lo celebren solos. —Savannah sonríe con la cara empapada—. Estoy tan orgullosa de él.

—Ahora nos toca comprar la mejor cena del mundo —bromea Aba—. Y mucha, porque estos tíos alegres comen como muertos de hambre.

—Lo mejor será lo que venga después de la cena —sugiere Jazz con una sonrisa pícara.

El móvil me suena y veo que es Joe quien me ha escrito, seguramente para avisarme de que llegará tarde. Me sorprendo al leer otra cosa:

Joe

Ya estoy aquí, baja cuando estés lista

—Me voy —anuncio mientras los nervios, que había controlado durante las dos últimas horas, vuelven de golpe para atascarse en mi garganta.

—Disfruta. —Brooke me da un beso en la mejilla y Savannah me aprieta la mano.

—¡No hagas nada que yo no haría! —Ruedo los ojos ante el comentario de Jazz y salgo de la habitación después de despedirme de todas.

Cuando estoy a punto de abrir las puertas de la residencia, respiro hondo y me armo de todo el valor que puedo para alzar la vista hacia Joe.

Se me corta la respiración cuando lo veo apoyado en el coche, vestido con un pantalón negro y una camisa del mismo color, una sonrisa dulce en la boca y una rosa blanca en la mano.

«Sí, no hay duda alguna, esto es una cita».

Me acerco hasta él y me tiende la rosa a la vez que me da un beso en la mejilla.

—Estás preciosa. —Su voz suena un poco ronca, lo que provoca que me sonroje.

—Gracias. —Trago un poco de saliva para hacer pasar los nervios e intento sonreír—. Podríamos haber quedado más tarde y así celebrabas lo de Hunter con él.

—Estoy donde quiero estar, Vaquera. Nada ni nadie me hubiera impedido venir. —Me guiña un ojo—. Además, sí que lo he celebrado con él, solo que a través de una pantalla.

—Entonces… ¿Es una cita?

—Lo es —afirma y un escalofrío me recorre entera—. ¿Te parece bien?

—Sí —murmuro y su sonrisa se ensancha—. ¿A dónde vamos a ir?

—Es una sorpresa, pero te adelanto ya que te va a encantar.

—¿Y si no me gusta? —bromeo justo antes de entrar en el coche. Lo bueno es que sirve para aliviar la tensión inicial.

—En ese caso, no serías mi Vaquera.