Finge que no es amor (Rise as One 4) 24 Riley
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24 Riley

CAPÍTULO VEINTICUATRO

RILEY

Actualidad

Sonrío cuando Paul me abre la puerta del restaurante italiano en el que acabamos de cenar y me ajusto la bufanda antes de salir al exterior.

Me lo he pasado bien y he disfrutado, sobre todo en los momentos en los que conseguía olvidar que esto es una cita; pero lo es.

Y cuando pienso en ello, un peso incómodo se instala en mi estómago, porque las expectativas de esta cena son otras.

Y si analizo cómo me he sentido, debo admitir que no he notado una diferencia real a cuando comemos en la cafetería del campus cualquier día.

Si sintiera algo por Paul o lo viera de otra forma, lo notaría, ¿verdad?

—¿Te apetece ir a tomar algo? —Asiento en respuesta y pone una mano en mi espalda para guiarme, aunque enseguida la retira.

¿Será la cita que esperaba Paul? ¿Se estará dando cuenta de que no siento nada por él?

¿Dejará de ser mi amigo después de esto?

Siempre puedo buscarme otro compañero para el semestre que viene, total, todos los trabajos están entregados y no hay «nada» que nos una ya.

¿Será por eso por lo que me ha pedido la cita ahora?

Así, si no funciona, podemos ignorarnos sin que afecte a nuestras notas o trabajos. Demasiadas preguntas sin respuesta.

—¿Sabes a dónde vamos? —me burlo cuando pasamos por segunda vez por la misma calle.

—Había un local aquí con música suave que servían buenas copas, muchas de ellas sin alcohol, así que he pensado que era ideal, pero lo deben de haber cerrado, porque ya no está.

—¿Estás seguro? —Desconocía que hubiera un local así en Greystone.

—Vale, voy a dejar de hacerme el macho y voy a buscarlo. —Saca el móvil y se pone a teclear sin mirarme—. Porque igual está en otra calle y paso de que sigas pasando frío por mi culpa.

Le sonrío por la consideración, aunque no me vea, y meto las manos más a fondo en los bolsillos de la chaqueta.

Paul se gira de golpe, chocando con mi cuerpo, y me atrapa por la cintura.

No era necesario, porque el empujón no ha sido para tanto, pero admiro lo rápido que ha reaccionado.

Alzo la vista para observarlo, ya que no me suelta, y contengo la respiración cuando me mira con una intensidad que nunca le había visto.

Una intensidad que me hace sentir incómoda, porque sé lo que significa en cuanto sus ojos se posan en mis labios.

Quiere besarme; la cuestión es que yo no quiero que lo haga.

Cada fibra de mi ser me dice que no. Algo que debe de reflejarse en mi cara, porque Paul suaviza la expresión, me regala una sonrisa triste y me suelta.

—Te llevo de vuelta a la residencia. Será lo mejor.

—Yo…

—No pasa nada, Riley. —Empieza a andar, así que lo sigo poniéndome a su lado. No me pasa desapercibido que entre nosotros hay mucha más distancia de lo normal—. Lamento si te he molestado.

—No has sido tú, solo la situación.

—Eres demasiado diplomática —suelta riendo—. Pero gracias por intentar restarle importancia.

—Lo siento.

—No es culpa tuya. Me arriesgué; no todas las jugadas acaban en gol. —Con esas palabras entramos en el coche y decido no decir nada más; no creo que aporte nada—. ¿A dónde te llevo?

—No lo sé. —Chequeo el móvil y veo un mensaje de Savannah para indicarme que van todas a cenar a casa de Kieran—. A casa de Joe.

—Genial —espeta con un tono seco que jamás le había escuchado usar.

Pasamos casi todo el camino en un silencio tenso que me asfixia cada vez más.

Al final sí que tendré que alejarme de Paul, es una pena, me caía bien.

Cuando aparca en la acera de enfrente y voy a abrir la puerta en busca de aire, se gira hacia mí—: Lamento que esto haya sido incómodo para ti, Riley, y voy a necesitar unos días para lamerme las heridas, pero, pasado ese tiempo, me gustaría retomar nuestra amistad, si a ti te parece bien.

—Me gustaría, sí. —Sonríe y vuelve a ser mi compañero risueño, no la cita que salió mal—. Lo siento.

—Deja de pedir perdón —se burla riendo—. No puedes controlar ni forzar tus sentimientos hacia otras personas, Riley. Prefiero que seas honesta a que me hagas creer algo que no es.

—Nunca ha sido mi intención.

—Lo sé, gracias por aceptar la cita igualmente.

—¿Sabes? Cuando la acepté no sabía que era una cita —admito y me mira sorprendido.

—¿Cómo…? —Niega con la cabeza mientras se ríe y se acerca a darme un beso en la mejilla—. Creo que deberías empezar a aprender a leer las señales, Riley, me da la impresión de que te estás perdiendo muchas cosas por no entenderlas.

—¿Qué quieres decir?

—Nada, cosas mías. —Sacude la cabeza—. En realidad, no deberías haber tenido que interpretar nada. Siento no haber sido claro cuando te pedí la cita, lo tomaré como una crítica constructiva para mis siguientes intentos.

—Espero que salgan mejor.

—¡Dios, yo también! —bromea—. Aunque no se me ocurre una persona mejor para hacer pruebas.

—Ahora me siento usada —sigo con la broma y nos reímos. Bueno, supongo que no ha acabado tan mal como pensaba.

—Saluda a Joe de mi parte.

—Lo haré.

Paul se espera hasta que me abren la puerta para irse y me despido con la mano.

No ha estado mal para ser mi primera cita, aunque ha sido un poco decepcionante.

Esperaba… ¿Más? ¿Otra cosa? Quizás ha sido suficiente, pero yo no estaba receptiva, no lo sé.

Al menos Paul parecía dolido, pero no enfadado; le creo cuando dice que podemos seguir siendo amigos.

Luego se verá si mi intuición estaba acertada o no.

Cuando el coche de Paul desaparece de mi campo de visión, soy consciente de que sigo en la puerta sin entrar y que Kieran me está observando con una sonrisa ladeada apoyado en el quicio.

—¿Cómo ha ido? —Me encojo de hombros y se ríe—. Solo necesito saber si tenemos que ir o no a partirle las piernas.

—¿Qué? ¡No! —sentencio con un tono agudo que lo hace reír más fuerte.

—Es bueno saberlo, me cae bien. —Me hace un gesto con la cabeza hacia el interior—. Te he preparado una manta en una de las mecedoras del jardín. He imaginado que te vendría bien un poco de aire fresco.

—¿Y el resto? —pregunto entrando y dejando el bolso y la chaqueta en el colgador de la entrada.

—Unos jugando al póker y otros a la consola. Puedes ignorarlos si quieres, creo que ni siquiera se han enterado de que has llamado a la puerta.

Cuando entro al salón, me percato de que Kieran tenía razón.

La competitividad se palpa en el ambiente y están todos concentrados en sus partidas, así que aprovecho para salir al jardín sin ser vista; no tengo ganas de interrogatorios.

Sonrío cuando veo la manta que me ha comentado Kieran y me envuelvo en ella antes de sentarme en la mecedora.

Este porche me encanta; el semestre pasado siempre le pedía a Joe estudiar aquí.

Me concentro en las lucecitas que cuelgan del techo mientras pienso en qué les contaré a Mia y a las chicas sobre la cita.

No quiero que piensen mal de Paul, pero tampoco quiero mentir y decirles que ha sido perfecta, porque la realidad es que no la he sentido así.

Más bien ha sido una cena normal donde una de las partes esperaba algo que nunca llegaría.

Me siento mal por Paul, quizás sí que debería haber cancelado la cita cuando supe que lo era.

Ya no me apetecía ir a cenar cuando me enteré y, aun así, fui.

Creo que he sido injusta con él, por muy bien que se lo haya tomado.

Tiene que doler intentar algo con otra persona y darte cuenta de que es imposible. Al menos solo han sido un par de horas.

Me giro hacia la corredera cuando la escucho abrirse y aparece Joe con una taza de té en la mano y una sonrisa.

—¿Quieres compañía?

—Solo si no me preguntas cómo ha ido —admito y afirma con la cabeza. Me da el té y se sienta en la mecedora de al lado de la mía.

—Y bien, ¿cómo ha ido? —bromea pasados unos segundos y lo fulmino con la mirada, lo que provoca que se ría a carcajadas—. Tenía que intentarlo. ¿No quieres que te pregunte para que no mate a Paul o porque no sabes cómo ha ido?

—¿Qué os pasa hoy con tanta violencia? —me quejo y se encoge de hombros—. Paul se ha portado muy bien. Es lo segundo.

—¿Quieres hablar de ello? —Como me quedo callada, asume que la respuesta es no y cambia de tema—: Mi agente ha estado hablando con varios equipos más, pero, al parecer, el interés de los Broncos y los Raiders no solo no ha disminuido, sino que se ha incrementado.

El remate final vendrá cuando entremos en los playoffs y Hunter gane el trofeo Heisman; aunque con ser finalista ya nos da muchos puntos extras.

—Pensaba que ya se daba por hecho que sería finalista, no cambiará mucho la cosa, ¿no?

—Se da por hecho, pero no es oficial hasta el sábado. No sería la primera vez que hay sorpresas. Mi agente prefiere ser prudente.

—¿Y Barry? —me intereso tras beber de mi té y me relajo más en la mecedora.

—Los Raiders nos quieren a los dos, algo bastante extraño e inusual, pero que sería la leche. Al parecer, los Vikings y los Cowboys también le han echado el ojo, así que Candy está como loca pensando que puede acabar viviendo en Texas con él.

—¿Se mudarían juntos? —pregunta extrañada.

—Candy dice que no hay nada que la ate aquí y que piensa seguir a Barry hasta el fin del mundo. A mí me pareció empalagoso, pero Barry sonreía como un idiota.

—Mientras Barry sea feliz… —Nos miramos con una expresión parecida.

A ninguno nos gusta Candy y siempre hacemos el mismo comentario, porque preferimos eso a que Barry vuelva a desaparecer como el curso pasado.

Joe lo pasó fatal, no quiero eso para él.

Nos quedamos callados un rato, en el que los dos nos perdemos en nuestros pensamientos, hasta que decido explicarle cómo ha ido—: Paul ha sido muy amable, ha estado atento a todo y hemos cenado muy bien.

No me ha dejado pagar nada y luego me ha propuesto ir a tomar algo.

—Como no dice nada, sigo—: Sin embargo, ha tenido que notar que yo no lo veía como él a mí, porque antes de entrar a algún sitio, me ha dicho de volver.

Omito que creo que ha estado a punto de besarme porque, aunque parece que ha sido así y lo hablaré con Mia después para asegurarme, no quiero que la gente lo sepa. Paul no se lo merece; que te rechacen un beso tiene que doler más que el hecho de que una cita no salga bien.

—Gracias por contármelo. —Le sonrío y me devuelve el gesto—. Espero que tengas una versión extendida del relato, porque me da a mí que Jazz, Savannah y Mia van a querer más detalles de los que me has explicado.

—Lo sé, llevo ignorando el móvil a propósito toda la noche para no tener que llamar a Mia.

—Siempre puedes decirle que te has quedado sin batería.

—Si no le escribo pronto su imaginación volará y nadie quiere eso —admito con un escalofrío que lo hace reír.

—Por cierto, estás muy guapa.

—¿Con la manta? Me resalta el color de los ojos —bromeo y niega.

—No, me he fijado cuando has cruzado el salón. Te queda muy bien ese jersey verde oscuro.

—¿Me has visto?

—Yo siempre te veo, Vaquera.

Lo dice con un tono extraño, como si quisiera confesar mucho más de lo que ha dicho, y contengo la respiración cuando se gira hacia mí. No sé por qué lo hago, solo sé que no soy capaz de respirar.

JOE

—Yo siempre te veo, Vaquera. —Me giro para tenerla cara a cara y mirarla a los ojos antes de soltarle la bomba.

Me sudan las manos y mi corazón va a mil por hora, pero siento que ahora es el momento.

Lo de Paul no ha llegado a nada, no me estoy metiendo en medio.

Es ahora o nunca—: Oye, Riley, tengo una propuesta que hacerte.

—Dime. —Me sonríe y ese gesto me da el valor necesario para lanzarme.

—¿Te gustaría cenar conmigo el sábado? Los dos solos. —Uso las mismas palabras que Paul para que entienda que le estoy pidiendo una cita. Cuando su sonrisa se ensancha, el corazón me da un vuelco.

—Me encantaría. —Joder, nunca pensé que dos palabras podrían significar tanto—. ¿A dónde vamos a ir?

—Es una sorpresa, si te parece bien. —Aunque se amolda a lo que los demás planean, sé que necesita saberlo todo antes.

—Contigo no tengo miedo a las sorpresas —suelta como si nada y vuelve a apoyarse en la mecedora con una sonrisa en la boca.

Joder, no creo que sea consciente de lo feliz que me acaba de hacer.