Finge que no es amor (Rise as One 4) 23 Joe
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23 Joe

CAPÍTULO VEINTITRÉS

JOE

Sonrío para mis adentros cuando me fijo en que Jazz no para de buscar la pista de baile.

Está casi al final del complejo, así que va a tener que esquivar muchos puestos antes de llegar.

Savannah les comenta de ir a una tiendecita que no tengo claro qué vende y van todas con ella, no sin antes escuchar las quejas de Jazz por no estar bailando ya.

Sigo caminando; aunque no lo diga en voz alta o insista hasta la saciedad como Jazz, yo también tengo ganas de llegar.

—Foster me ha avisado de que algunos del equipo están teniendo problemas para ganar a los del hockey en nosequé juego —suelta Kieran y guarda el móvil en el bolsillo de nuevo—. Por si podemos ir a echar una mano.

—Paso —contesto; todos asienten dejando claro que ninguno va a ir. Seguimos andando y frunzo el ceño—. Recordaba la pista de baile más cerca.

—¿Vas a bailar tú también? —me pregunta mi hermano sorprendido, aunque al segundo está mirando el móvil. Había lanzado la duda al aire, pero está claro que el único que me ha escuchado es él o que el resto de mis amigos pasan de mi cara.

—Por supuesto, no siempre voy a poner aprender country de toda una experta. —Busco a Riley con la mirada, pero está demasiado lejos para escucharme. Vuelvo a hacer caso a Barry, pero, como me ignora, pongo una mano en la pantalla para que me preste atención—. Tierra llamando a Barry, ¿todo bien?

—Es Candy. —Pone una mueca de disculpa—. Se me olvidó decirle que veníamos aquí y al parecer había preparado un plan de primera cita. O segunda más bien.

—¿Sin preguntar si estabas disponible? —Esto suele hacerse cuando llevas más tiempo con la persona, no cuando llevas menos de veinticuatro horas. Aunque no es que yo sea un experto en relaciones precisamente, solo he tenido una y digamos que salió mal. Por no decir fatal.

—Era una sorpresa. —Me abstengo de contestar que eso no invalida lo que acabo de decir, porque no creo que aporte nada. Además, me parece genial que ella esté tan ilusionada como él con esto.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo tengo claro. Me sabe mal largarme, pero…

—Pero nos tienes muy vistos —acabo por él y sonríe—. Haz lo que quieras, a nadie le va a molestar.

—Ya, pero es que me apetecía mucho el plan de hoy. Este año está siendo un poco raro y nos vemos menos.

Ahí está una de las diferencias entre mi hermano y yo: a él le importan mucho estos planes y jamás se iría a no ser que fuera una urgencia.

Yo, en cambio, soy más flexible. O hablando claro: si veo la posibilidad de follar, bueno, a mis amigos los veo demasiado y tengo claro que no les molestará.

Desvío la vista hacia Riley, que se ríe por algo que le está comentando Jazz y frunzo el ceño.

«¿A ella le molestaría si me fuera?». Sacudo la cabeza para despejar ese pensamiento, Riley es mi amiga como lo son Kieran o Hunter, lo entendería perfectamente, igual que yo si lo hiciera ella.

—Nos tiramos el día entero pegados como lapas, lo que ocurre es que ya no estamos en nuestro primer año, el pasado fue igual, pero ya no te acuerdas. Cada curso es más duro que el anterior —contesto a Barry, que sigue absorto con su móvil—. Se llama hacerse adulto.

—Pues es una mierda —bromea.

Por fin llegamos hasta la pista de baile y Jazz pega tal grito que, si alguno de nosotros no la había visto, ya no necesita hacerlo. Me río y sigo a las chicas dispuesto a aprender country, no sin antes despedirme del hombre pegado a su móvil.

—Lo sé, y me encantaría seguir debatiendo contigo sobre esto, pero me esperan unas preciosidades para bailar.

—¡Nadie te espera! —contesta cuando le doy la espalda; le respondo con mi dedo del medio.

Me acerco al grupo y sonrío mientras todas intentan convencer a Brooke y a Riley para que les enseñen a bailar.

Riley no dice nada, está esperando que sea Brooke la que decida y se le escapa una sonrisa cuando esta cede.

Se ponen en la línea —Riley me explicó el otro día cómo se llamaba— y empiezan a moverse al son de la música.

Me quedo de piedra con los movimientos de cadera que están haciendo.

¿El country se baila así? ¿Por qué coño no hemos venido antes a bailar a la feria?

Joder, como siga mirándole el culo a Riley me voy a quedar hipnotizado; si no lo estoy ya.

Jazz me da un golpe, no de forma intencionada, sino más bien porque se tropieza conmigo al intentar imitarlas y consigue que salga de mi turbación.

Intento, en vano, hacer los mismos movimientos que ellas, pero es imposible.

Cuando creo que ya lo tengo más o menos controlado, cambia la canción y nada de lo que había aprendido me sirve.

Sin embargo, el cambio es a mejor. Mucho mejor.

Si antes pensaba que movían las caderas, lo de ahora es una puta locura.

Me giro hacia la mesa donde se han sentado los chicos y sonrío al darme cuenta de que la parte de abajo podría estar llena de babas.

El único que parece impasible es Kieran, aunque, conociéndolo, seguro que lo que está mostrando ahora mismo es su máscara habitual.

Bueno, él y mi hermano, que sigue absorto con su móvil.

Hago un esfuerzo titánico para fijarme en los movimientos de Riley y no en su culo, que desconocía que se pudiera mover así, y danzo al compás.

Y cuando digo danzo, me refiero a que los flecos se activan, porque bailar, lo que se dice bailar, dudo mucho que se pueda llamar así a lo que estoy haciendo.

De hecho, estoy seguro de que, si viniera la policía del baile, me echaría a patadas de la pista. Y, sinceramente, tendrían razón.

Debo de dar mucha pena, porque Riley deja sola a Brooke y se acerca a mí para echarme una mano.

Me hace una seña para que me quede con su movimiento y lo replique.

Antes de que pueda quejarme de lo difícil que es, observo como Tyler hace aparición en la pista y coge de las manos a Brooke para bailar.

Sonrío de oreja a oreja; pienso meterme con él todo lo que pueda y más mañana en el entrenamiento.

—No pongas esa cara —me reprende Riley y la miro indignado—. En cinco minutos vas a estar con la boca abierta por su forma de bailar.

—Lo dudo —chuleo, aunque estoy seguro de que tiene razón. Riley siempre tiene razón.

—Tyler y Brooke se han criado en la cuna del country, nos van a dar una paliza. —Enfatiza sus palabras con una palmada en el aire y hago lo mismo, aunque lo suyo parece un baile sexy y yo parezco un borracho intentando mear.

—¿Eso que noto en tu tono es resquemor? —bromeo dándole un golpe con mi cadera en la suya y Riley se ríe.

—Puede —me susurra—, pero lo superaré. —Me la quedo mirando sin decir nada, aunque me muero de ganas de preguntarle, pero la voy conociendo y sé que si me callo me dará más información que si voy directo—.

Me gusta mucho el swing country y nunca he tenido a nadie con quien practicarlo. Mia lo odia con todas sus fuerzas.

—¿Y tu padre?

—Dejó de bailar cuando murió nuestra madre.

—Entonces, más te vale ser una buena maestra, porque pienso aprender para que puedas bailar conmigo.

Acompaño mis palabras con un guiño y Riley se ríe más fuerte. A ver, tengo claro que no voy a ser capaz, pero se ha reído después de nombrar a su madre, que era justo la intención, así que ya me vale.

—Oh, señoras y señores, parece que tenemos una pareja que sabe lo que se hace —interrumpe el cantante y me fijo en Tyler y Brooke—. Venga, vamos a darle caña.

Riley me coge del brazo para hacerles sitio, aunque me da la impresión de que ni siquiera son conscientes de lo que ocurre a su alrededor.

La canción cambia y por fin ponen una que me suena de algo; Footloose irrumpe con un tono mucho más rápido que las anteriores para que Tyler y Brooke nos den a todos una clase magistral de baile.

Y vamos si lo hacen. La sincronización que tienen, como si llevasen toda la vida bailando juntos, es espectacular.

Ahora entiendo por qué a Riley le gusta tanto.

En el momento en el que Tyler agarra a Brooke y la pasa por dentro de sus piernas para volverla a sacar y seguir danzando como si nada, no puedo evitar un grito de ánimo que estoy seguro de que ni escuchan.

¡Joder, es una puta pasada! Tyler acaba con una pose que, si bien es un poco de princesa Disney, hace que todos los vitoreemos y aplaudamos, llamando la atención de, seguramente, toda la feria.

Tyler se lleva a Brooke a la barra, supongo que para sacarla del foco de atención, y poco a poco la pista vuelve a llenarse con mucha más gente de la que había antes del baile que nos acaban de regalar.

¿Alguna vez habrá estado tan llena la pista como hoy?

Los dos años anteriores que hemos venido puedo asegurar que no.

O puede que no me fijase porque estaba demasiado ocupado comiendo; eso tiene más sentido. Riley llama mi atención y le sonrío.

—Quiero bailar como Tyler —confieso ahora que solo me escucha ella.

—¿Puedes volver a nacer y aprender desde la cuna? —bromea y se pone a mi lado—. Vamos a intentar algo básico primero.

—Me ofendes —finjo y se ríe—. Si quisiera, podría llegar a su nivel en dos o tres años. Menos, si me esfuerzo mucho.

—Joe, eres muy bueno en muchas cosas, como el fútbol. Céntrate en eso.

—¿De verdad crees que no puedo? —Asiente y me giro para cogerla de las manos—. Voy a conseguir que pases por debajo de mis piernas.

—¿Sin morir? —se burla—. Podemos empezar por algo más simple como pasar por debajo de tus brazos y dejar los pasos complejos para otro año.

—Lo siento, Vaquera, ahora tengo un reto entre mis manos y no puedo decirle que no.

Empiezo a moverle los brazos y a hacer un poco el idiota, dejando claro que todo esto es una simple parodia, y Riley lo entiende al segundo.

Me sigue el juego mientras se ríe y me anima con algún paso que consigo hacer a duras penas.

En un momento dado, pasa por debajo de mis brazos y me envalentono para hacer lo mismo, pero no calculo bien, ya que le saco un par de cabezas, así que se tropieza y, antes de que se suelte y se vaya al suelo, la empujo hacia mí, con tanto ímpetu que noto cómo me caigo a cámara lenta.

En el instante en el que mi culo toca el suelo, Riley cae sobre mi regazo.

Me apresuro para ver cómo se encuentra y me quedo alucinado cuando sus carcajadas superan al ruido de la música.

Unas carcajadas que me contagia. Nota mental: Riley es mucho más pequeña que yo, es mejor limitar los pasos de baile a los que ella me guíe.

Intentamos levantarnos, pero es imposible, perdemos la fuerza cada vez que nos da la risa y, por mucho que procuren ayudarnos, es una tarea que requiere tiempo para calmarnos.

Me la quedo mirando y me regala una sonrisa de oreja a oreja.

¡Joder con mi Vaquera!, es la mejor amiga que alguien puede tener.