22 Joe #2
Cuando llegamos al descampado donde está la feria, el olor a dulce me envuelve y se me hace la boca agua.
Me encanta, venimos cada año y creo que cada vez me gusta más.
Saludo a Blake, que está con algunos de su equipo y con Amber, su novia, que desde que empezó con él parece una persona totalmente distinta; una mejor.
No hay nada como salir de un entorno tóxico para florecer; me alegro por ella.
Barry recibe un mensaje y sonrío, ayer ligó con una de las camareras de la cafetería que está en el campus deportivo.
Fue gracias a Kieran, al que le pedí ayuda para buscarle una novia.
A veces me da la impresión de que mi hermano se siente algo solo, además, nunca ha vivido esa experiencia y, aunque a veces puede salir mal, se merece tener a alguien en su vida.
—¿Qué quieres hacer primero? —le pregunto a Riley, quien examina todo con ojos ilusionados.
—Tengo hambre —me confiesa en un susurro—. Huele demasiado a comida como para ignorarlo. ¿Cuál es el plan?
—¿Plan? El límite es el cielo, Vaquera. —Le guiño un ojo y me mira confusa.
—¿Vaquera?
—Vas vestida para serlo. —Riley no lleva un vestido espectacular como Savannah, ni un conjunto sexy como Jazz, pero va preciosa con sus vaqueros, su jersey y unas botas vaqueras que se nota que tienen muchas historias detrás—.
Vas a ser mi Vaquera a partir de hoy, y me vas a enseñar todo para que yo también lo sea.
—No pienso enseñarte a montar a caballo.
—¿Sabes? —Me encanta cuando me cuenta algo personal sin tener que interrogarla. Es mucho más natural.
—¿Por quién me tomas? —finge indignación—. Toda vaquera sabe montar.
—¿Sabes lo sexy que ha sonado eso, Vaquera? —le susurro al oído y, cuando me separo, se ha convertido en una versión roja de Riley.
—Montar a caballo —farfulla mirando a nuestro alrededor para comprobar que nadie más la ha escuchado. Por suerte, cada uno está a su bola.
—Da igual lo que digas, mi imaginación ya ha volado alto, Vaquera. —Niega con la cabeza y desvía la vista.
A veces estoy tentado de morderme la lengua para no soltarle este tipo de cosas, pero creo que Riley necesita un poco más de acción.
Además, suele reaccionar bien a mis burradas; incluso a veces contesta con algo ingenioso que me deja a cuadros.
Me flipa ser su amigo. Supongo que por eso también es tan amiga de Jazz, porque no se asusta con facilidad.
La cojo de la mano y nos separo del grupo para adentrarnos en uno de los pasillos donde hay algunos puestos de comida, en especial uno que tiene uno de los mejores pulled pork que existen. Lo sirven con compota de manzana y un vino caliente que hace que la combinación sea espectacular.
—¿Has visto, Vaquera? No eres la única que tiene algo que enseñar. —Le guiño un ojo y se ríe.
Nos acercamos a una mesa alta para comernos el bocadillo y me la quedo mirando mientras le da el primer bocado solo por ver su reacción.
Pone tal cara de placer que, por unos segundos que se me antojan eternos, me siento hasta incómodo por estar viendo a una amiga en esa situación.
Me giro para fijarme en las otras mesas y no me pasan desapercibidas algunas caras de chicos que la observan con hambre en los ojos y otros con odio hacia mí.
Que les den, nadie se va a acercar a ella con malas intenciones mientras esté conmigo.
Riley es demasiado sexy para su propio bien.
—¡Está espectacular! —exclama cuando traga y sonrío, porque contestarle que no hacía falta que lo dijera, ya que su cara me lo había revelado, me parece innecesario—. En la feria de otoño de mi ciudad también lo hacen, pero tiene otro aderezo.
—¿Tu padre pone un puesto? —me intereso. Su padre regenta un restaurante que lleva tres generaciones en su familia.
—No, es demasiado tradicional para eso. Lo de cocinar en la calle no sé si se le daría bien. —Se ríe, pero enseguida se recompone, como si no le gustase confesar algo malo de él. No es la primera vez que lo hace—. Mia se lo preguntó una vez, su cara de horror contestó por él.
—¿Lo echas de menos? Estar en casa, quiero decir.
—No. —Su contundencia me sorprende y pone una mueca de disculpa—. No suelo echar de menos.
—¿Cómo?
—Mi mente se acomoda al nuevo estado. —Se encoge de hombros—. Era algo que sabía que ocurriría, así que me hice a la idea. Si me apetece hablar con Mia, la llamo en lugar de ir a nuestra habitación, así que no, no es algo que eche de menos. Sé que es un poco raro.
—En realidad, creo que es genial tener el poder de adaptarse —le resto importancia, aunque sea de las cosas más extrañas que haya escuchado nunca—. Por cierto, hablando de adaptarse, te he comprado una cosa.
—No será otro táser, ¿verdad? —bromea—. Hoy no lo he cogido, pero llevo el spray de pimienta.
—Es otra cosa. —Saco del bolsillo el silbato que le he comprado y lo giro para que vea la inscripción.
—«Haz ruido, Vaquera» —lee y se sonroja—, ¿y esto?
—Un recordatorio, por si alguna vez se te olvida que tienes voz.
—Baja la vista hasta el silbato y empieza a darle vueltas con la mano.
Cuando me percato de que no va a contestar, le doy una salida—: Deberíamos volver con el grupo antes de que noten que los hemos abandonado.
Además, todavía tienes que enseñarme a bailar.
—¿Podemos coger otro bocadillo para el camino?
—Por supuesto, Vaquera. Todos los que quieras. —Me regala una sonrisa mientras se acerca a la barra para pedir dos más.
De verdad que no creo que sea consciente de lo espectacular que es, pero no pasa nada, pienso hacer que se dé cuenta más pronto que tarde.
* Nota de la autora: aunque en Finge que no me quieres sabemos que no fue así como pasó, Hunter les explicó a Kieran, Joe y Barry que había sido ella quien le había dejado, por eso Joe cree que fue Savannah quien le rompió el corazón a Hunter y no al revés.
Y si todavía no sabes qué pasó estás tardando en hacerte con él :D