Finge que no es amor (Rise as One 4) 21 Joe
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21 Joe

CAPÍTULO VEINTIUNO

JOE

«Riley tiene una cita». Las palabras de Savannah siguen resonando en mi cabeza, a pesar de haber salido corriendo de la cafetería.

No quería escucharlas, no quería que la advertencia de Kieran fuera verdad, no quería notar cómo se rompía mi corazón con cuatro simples palabras.

Sigo pensando que era mejor esperar a acabar la temporada, pero ahora mismo me siento un gilipollas.

Un gilipollas con el corazón roto que tendrá que fingir que todo está bien por cobarde. De puta madre. De putísima madre.

—¿Quieres que te lleve a algún sitio? —La voz de Kieran hace que me gire de golpe y lo encuentro apoyado en el capó de su coche con los brazos cruzados mirándome con una mezcla de «te lo dije» y pena que solo provoca que quiera estamparle mi puño en la cara—.

Yo no tengo la culpa de que seas un cobarde, Joe, no pienso dejar que lo pagues conmigo. Ya te dije lo que pasaría.

—Lo sé —claudico y noto cómo se me bajan los hombros. Me apoyo a su lado—. Es solo que…

—Que no esperabas que ella dijera que sí —termina Kieran por mí cuando me quedo callado.

No tengo nada en contra de Paul, de verdad, es un tío genial, pero pensaba que Riley lo veía solo como a un amigo. Como me ve a mí…

—¿Qué tiene él que no tenga yo? —susurro más para mí que para alguien concreto.

—Agallas para pedirle una cita.

—¡Vete a la mierda, Kieran!

—No lo he dicho con intención de hacerte daño.

Lo he dicho en serio: Riley ni siquiera sabía que era una cita hasta que se lo hemos aclarado, pero, aunque no vea a Paul como algo más que como un amigo, le ha dicho que sí.

Y el motivo de que lo haya hecho es que piensa que así es como funcionan las relaciones.

—Suspira—. Es Riley, estoy seguro de que podría estar enamorada hasta las trancas de alguien y ni darse cuenta.

—¿Me estás diciendo que le gusta Paul?

—No, no creo que lo vea de esa manera. Ni creo que lo haga.

—Me pone una mano en el hombro y aprieta—.

Lo que te estoy diciendo es que ella no piensa que sea una posibilidad que tú la veas de otra forma que no sea como tu amiga.

Primero, porque nunca se lo has dicho, aunque hayas hecho mil cosas que dan que pensar que la ves como algo más, y segundo, porque es la clase de persona que no ve lo que no sabe interpretar. ¿Entiendes lo que quiero decir?

—La verdad es que no, me da la impresión de que la estás llamando tonta.

—Riley no es tonta, es una persona muy inteligente, con una autoestima bastante baja, que no es capaz de concebir que le pueda gustar a alguien.

Por eso no entendió que Paul le estuviera pidiendo una cita, porque no cree que nadie lo vaya a hacer.

Y por eso no ve que todo lo que haces por ella no es normal en una relación de amistad.

—Resopla—. Esto no es una lucha entre Paul y tú por el corazón de la chica, porque para Riley ni siquiera formas parte de la ecuación.

—¿Y qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Confesarle lo que siento y joderle la cita? ¿Quedarme callado? ¿Aceptar que le gusta Paul y verlos crecer como pareja?

—La cita con Paul saldrá mal —sentencia Kieran con ese tono que usa cuando sabe más de lo que dice—.

A partir de aquí, puedes dejarla vivir la experiencia y después hacer lo que tendrías que haber hecho hace meses.

O puedes hacerla colapsar mentalmente confesándole tus sentimientos.

Tú eliges. Pero no tardes en decidirte, porque viene directa a hablar contigo.

—Alzo la vista y veo a Riley en la puerta de la cafetería observándome.

Me saluda con la mano y le devuelvo el gesto—. ¿Quieres un último consejo?

—Sí.

—Haz lo que menos daño le cause a ella. —Y con esas palabras, se levanta del capó y se va de vuelta a la cafetería, no sin antes despeinar a Riley cuando se la cruza.

—¿Has encontrado lo que buscabas? —me pregunta Riley cuando se sienta a mi lado. La miro sin entender nada y ella pone la misma expresión—. Has dicho que te habías dejado algo en el coche.

—Ah, sí. Me había dejado el móvil —miento y me siento mal al instante. No me gusta hacerlo y menos a ella. Le doy un golpe en el hombro y saco el tema antes de que esta tensión termine por ahogarme—: Así que tienes una cita.

—Eso parece —murmura—. Se me hace raro, ¿sabes? Es mi primera cita.

Su primera cita… Si hubiera tenido los huevos necesarios para pedírsela, podría haber sido yo. «Lo importante no es ser el primero, es ser el último».

—¿Nerviosa? ¿Ya sabes lo que te vas a poner? —bromeo y suelta un suspiro cansado—. ¿Necesitas que te esconda de Savannah y Jazz?

—No. Creo que puedo lidiar con ellas, o eso espero. —Toma una respiración profunda—. Me da miedo que las cosas cambien con Paul, no sé si lo veo de la misma manera.

Vale, no debería alegrarme tanto por esas palabras, pero lo hago y no me arrepiento.

—¿Y si cancelas la cita?

—No. —Su tono contundente vuelve a partirme el corazón—.

Le dije que iría y eso haré. Además, en el momento que me pidió la cita ya cambió todo, esa parte no se va a solucionar.

Me da miedo que se tome mal que no sienta nada o por haberle dicho que sí o por cancelar o por no ser lo que él espera o por tener una expectativas que no se cumplen o…

—Para —la freno y la atraigo hacia mí con el brazo. Apoya la cabeza en mi pecho y suspira—. Estás pensando de más. Paul es un buen tipo, entenderá lo que decidas siempre que se lo expliques. Y si no lo hace es que es un gilipollas.

—Si te llamo en mitad de la cita para que vengas a por mí, ¿lo harías?

—Siempre, Vaquera.

—Entonces, estoy tranquila.

Sí, definitivamente soy un completo gilipollas.

Soy consciente de que el timbre está sonando, pero no pienso levantarme para abrir la puerta.

Primero, porque no espero a nadie, Riley está en su cita con Paul, así que no hay ninguna persona que me interese que venga.

Y segundo, estoy estudiando, aunque no tenga ni idea de lo que dice la página que estoy leyendo.

Mi mente está demasiado ocupada con lo que está pasando en el restaurante italiano; y sí, podría intentar distraerme para no pensar en ello, pero he decidido que me apetece fustigarme hoy.

—Tengo una cosa para ti —suelta Kieran apoyado en el quicio de mi puerta. Me giro hacia él mientras me debato entre ignorarlo o lanzarle el libro que tengo en las manos; es una difícil decisión.

—¿Y me lo vas a dar o tengo que suplicar? —replico cuando se queda callado durante demasiado rato en el que solo me observa. A veces me alucina la poca estima que tiene por su integridad física y las pocas hostias que le han dado, a pesar de todas las que se ha ganado.

—Estoy tentado de hacer que te levantes, la verdad. —Cierro el libro de la forma más sonora posible para demostrarle que no tengo ganas de sus tonterías—. Este aire melancólico que arrastras no te pega nada.

—No estoy melancólico, solo revalúo mis decisiones. —Bufo cuando sigue quieto en la puerta y se ríe—. ¿Qué cojones quieres, Kieran?

—Te lo he dicho: tengo una cosa para ti.

—¿Y me la vas a dar o solo me vas a tocar los huevos hasta que se me hinchen? Te aviso que hoy tengo muy poca paciencia.

—¡Dásela de una vez, Kieran! —grita Aba desde su habitación.

—¿Y qué gano a cambio? —Kieran esboza una sonrisa de medio lado y no me hace falta verla para saber que Aba acaba de poner los ojos en blanco.

—No dormir solo esta noche —canturrea Aba y, durante un segundo, Kieran entra en pánico. ¿He dicho alguna vez que me encanta tenerla por aquí?

—Así le quitáis toda la diversión a la vida —refunfuña Kieran mientras se acerca a mi cama y me lanza un papel.

Un papel no, es una foto. Cuando la cojo, me quedo parado observándola—.

He pensado que te gustaría tenerla. Tuve claro desde ese día que Riley no es solo una amiga para ti, no sé cómo pudiste tardar tanto en darte cuenta.

—Gracias —murmuro observando la foto y, justo entonces, proceso lo que acaba de pasar—. ¿Aba lo sabe?

—Joe, por el amor de Dios, la única que parece no saberlo es Riley. —Niega con la cabeza y suspira—. Deberías bajar a cenar, han venido todos.

—¿Todos? —pregunto confuso.

—Sí. De esa forma cuando Riley termine la cita vendrá directa hasta aquí y te ahorramos el mal trago de tener que preguntarle. —Dicho esto, se va sin esperar nada más por mi parte. En realidad, no soy capaz de decir nada; Kieran es un gran amigo, por muy capullo que sea a veces.

Vuelvo la vista a la foto, en la que se nos ve a Riley y a mí el año pasado en la feria de otoño.

Estamos en el suelo, una de las veces que me caí y la arrastré conmigo; la estoy mirando embelesado mientras ella se ríe a carcajadas, incapaz de levantarse.

Recuerdo su risa, sus nervios, sus bailes y su forma de agradecerme en silencio que estuviera allí.

En ese momento supe que haría cualquier cosa por ella.

Kieran tiene razón, seguramente ese fue el instante en el que me enamoré de ella.

Vuelvo a mirar la imagen y me incorporo a la vez que tomo la decisión: voy a pedirle una cita a Riley.