16 Joe
CAPÍTULO DIECISÉIS
JOE
Sonrío al ver a Glen en el porche de casa dando saltitos mientras espera a que le abra la puerta.
La he invitado a desayunar para ver si puedo hablar con ella a solas sobre Barry, aunque no lo sabe.
Necesito estar centrado en el fútbol y en dar lo mejor de mí, pero no puedo si tengo a mi hermano en la cabeza y el temor de que no se gradúe o la líe antes del draft.
Con la posibilidad de ganar el trofeo Heisman sobre Hunter y todos los ojos puestos en nosotros, cualquier fallo se intensificará; no tenemos margen para el error.
En cuanto abro, se le ilumina la cara a Glen.
—¡Tortitas! —Me río, dejándola pasar, y va directa a la cocina—. ¿Y Barry y Kieran? ¿Se van a perder el día de las tortitas?
—Kieran está desayunando con Aba —le informo sentándome frente a ella y ofreciéndole la bandeja de tortitas—. Y Barry hoy dormía con Candy.
—O sea que esto es una encerrona —deduce y asiento—. Muy bien, dispara. ¿Qué quieres? Si es terapia, lo siento, pero no puedo hacerlo con personas conocidas o amigas. Además, necesitas a alguien con años de experiencia, no a una estudiante de cuarto curso.
—No es eso.
—¿No? —pregunta con incredulidad—. Pues yo creo que no te vendría mal.
—Ya voy al psicólogo del equipo.
—Sí, lo sé. Tu hermano me mandó un audio rajando de él durante diez minutos. O puede que fueran quince, me lo puse de fondo mientras ordenaba la habitación, así que no me quedé con los detalles. Es demasiado quejica cuando quiere.
—Y cuando no quiere —bromeo y asiente—. De mi hermano quería hablarte.
—¿Qué ha hecho esta vez? —Rueda los ojos, pero enseguida pone su cara de reto—.
¡Déjame adivinar! Llevamos dos semanas de clases y no ha faltado a ninguna, así que eso no es.
Además, me consta que entrena todas las mañanas, o eso dice, y habéis ganado los dos partidos jugados.
Y, aunque el fútbol es un deporte de equipo, tienes que admitir que está haciendo un buen trabajo en el campo.
—Asiento, porque es verdad, Barry está jugando como en su vida.
Todos lo hacemos—. Podría ser su relación con Candy, pero parece haber dado un giro de ciento ochenta grados.
Así que no sé muy bien qué más puede haber, Barry es un tío tranquilo y todavía no ha habido ninguna fiesta de desfase como para que se haya bebido todo el alcohol posible.
De hecho, me atrevería a decir que está hasta centrado este curso.
—No es nada de eso, es que el otro día soltó en el vestuario que casi la lía el semestre anterior. No sabía nada y estoy preocupado.
—Ah, eso. —Glen suspira y su expresión se vuelve culpable—. Es posible que estuviera a punto de suspender Psicología Social por no entregar un trabajo, pero técnicamente no fue así.
—¿Y cómo fue?
—Tu hermano y yo tenemos un acuerdo no escrito desde el primer año: no siempre hacemos todos los trabajos juntos, a veces uno hace todo el curro, pero pone los dos nombres.
—La miro sorprendido, ¿cómo es posible que me esté enterando ahora de esto?
—. Nadie lo sabe, ni siquiera Kieran. Si nos pillan se nos caería el pelo.
—Dudo mucho que el irlandés no lo sepa.
—Si Kieran lo supiera, lo habría sacado a colación en algún momento.
—Bien visto —le concedo—. ¿Y cuándo empezó todo esto y cómo acabó con mi hermano casi suspendiendo?
—La primera vez me lo pidió Barry en primero porque le costaba organizarse con las clases y el fútbol; al empezar la temporada de competición me devolvió el favor y quedó como algo que hacemos de vez en cuando.
Luego el otro le hace un resumen y fin. —Suspira—.
Es posible que el semestre pasado estuviera un poco cabreada con él y «se me olvidara» —hace las comillas con las manos— poner su nombre en el trabajo final de Psicología Social.
—Se lo había ganado —admito y Glen niega con la cabeza.
—Barry me ha salvado el culo muchas veces y él contaba con que yo lo hiciera también. Fue cruel por mi parte.
—Mi hermano se estaba portando fatal contigo, Glen. Nadie te culpó por dejarlo de lado.
—Tu hermano es idiota, pero creo que no era consciente de las consecuencias de sus actos. Además, él había hecho otro trabajo final a cambio, lo mínimo que podía haber hecho era avisarle.
—¿Qué pasó cuando se enteró?
—Nada. Me llamó para preguntarme si había entregado el trabajo sin su nombre y le dije que sí, contestó «vale» y colgó el teléfono. Dos días después entregó la recuperación y consiguió que la profesora fuera benevolente. Por aquel entonces no nos hablábamos ya, así que…
—¿Cómo van las cosas ahora?
—¿Qué te contesto, Joe? —Glen pone los brazos encima de la mesa, apoya la barbilla en ellos y me mira—.
Esperando que todo explote de nuevo, como estamos todos.
No me creo esta nueva versión de Candy, no la soporto, es tan falsa que reventaría un detector de mentiras, y lo malo es que Barry ni siquiera es consciente de ello.
O sí, cosa que me parecería todavía peor.
No sé qué ve en ella, de hecho, tampoco sé qué ve ella en él.
—Mi hermano tiene muy buenas cualidades —la interrumpo.
—Pues claro que las tiene, lo que quiero decir es que no tienen nada en común.
¿Por qué Candy querría estar con alguien como él?
¿Te lo has preguntado alguna vez? ¿Para moldearlo a su antojo?
Eso ya lo intentó y, por una acción divina, Barry decidió pararle los pies en verano.
Ahora mismo, dime, ¿qué le aporta a Candy esta relación?
—No lo sé —admito, aunque me duela—. Nunca he querido preguntármelo.
—Pues eso. Yo creo que Candy no tiene celos de mí, lo que tiene es miedo de que le abra los ojos a Barry, porque no pienso callarme nada y menos si le hace daño.
—Él parece feliz.
—La cuestión no es si lo es, sino hasta cuándo lo será y las consecuencias derivadas de ese tiempo.
—Resopla y aparta su plato—. Me preguntas cómo van las cosas, la respuesta es: no lo sé, o quizás no quiero saberlo.
¿Barry me habla? Sí. ¿Barry ha dejado de jugar por las noches conmigo?
También. ¿Discute con Candy si el tiempo de estudio se alarga?
Por supuesto. Así que ahora mismo puedo decirte que nos hablamos, pero que hemos pasado de ser amigos a ser compañeros de clase.
Si me preguntas, te diré que estoy segura de que cuando nos graduemos no volveremos a dirigirnos la palabra nunca más.
—Eso sería muy triste.
—No, no lo es —contesta levantándose de la mesa y dirigiéndose a la salida—. Lo que es, es realista.
Joder, tengo que hablar con Barry.
—Les he dicho a todos que vengan a cenar esta noche —nos informa Kieran a Barry y a mí cuando nos metemos en el coche después del entrenamiento—. Desde que empezaron las clases parece que nos haya atropellado la vida y apenas nos vemos.
—No parece, ha sido así —bromea Barry desde el asiento trasero—. En lugar de tres semanas parece que hayan pasado tres meses. Me apetece la cena, ¿qué vamos a pedir?
—Me da igual, ¿pizza? Quizás sea lo más fácil —argumenta Kieran—. ¿Va a venir Candy?
—Trabaja esta noche.
—Podrías decírselo a Glen —le propongo con toda la intención y la tensión en el coche aumenta de golpe. Me giro para observar a Barry que se debate entre mandarme a la mierda o romper a llorar—. ¿Qué pasa? Pensaba que estabais bien.
—Es difícil estar bien cuando tu mejor amiga piensa que tu novia es gilipollas y se lo dice en la cara.
—Al menos no podrás quejarte de que no es transparente —se mofa Kieran—. ¿Has hablado con ella?
—¿Con Candy o con Glen? —pregunta Barry y suelta un resoplido—. Da igual, tengo que asumir que no se soportan y vivir con ello.
—¿Crees que es sostenible? —Lo miro con incredulidad y con las palabras de Glen resonando en mi cabeza.
—¿A largo plazo? Imagino que no, pero ahora mismo me da igual. Necesito centrarme en el fútbol y en mi último año de carrera, no tengo tiempo para tonterías.
—No creo que lo de Glen sean tonterías —la defiendo—. Es tu amiga, no puedes pasar de ella.
—No la ignoro, ¿vale? Ya aprendí la lección el semestre pasado. Además, si no se ven, no discuten, así que estoy intentando encajarlas a las dos en mi vida sin que interactúen.
—Soy yo o ¿parece un infiel lidiando con su esposa y su novia? —se burla Kieran—. Tío, eso nunca termina bien. Acabarás con los huevos grapados o…
—¡Joder! —soltamos tanto Barry como yo por la imagen mental que nos ha proporcionado Kieran.
—No me habéis dejado acabar —se queja el irlandés.
—Ni lo vamos a hacer —le interrumpe Barry—.
Sé que suena extraño lo que he dicho, pero ahora mismo el fútbol es lo que ocupa el cien por cien de mi cerebro y ese porcentaje solo baja cuando estoy en clase.
Así que, si durante unos meses aparto este tema y no le busco solución, tampoco me parece un drama.
—¿Os habéis propuesto ser imbéciles este curso o siempre lo habéis sido?
—nos pregunta Kieran enfadado y suspira—.
Da igual, no contestéis. Estoy deseando ver cuál de los dos gana el premio: «Pospuse las decisiones por no enfrentarme a ellas y la realidad me dio en la cara con toda la mano abierta».
«Puto irlandés».
RILEY
Kieran
Cena en mi casa esta noche, ¡no admito un no como respuesta!
Sonrío al ver el mensaje de Kieran, la verdad es que me apetece quedar todos juntos.
A pesar de que adoro mi rutina diaria, una de las cosas que más me gustaban el curso pasado era ir a cenar a casa de Kieran todos juntos de vez en cuando.
Y desde que volvimos a la universidad solo lo hemos hecho una vez.
Salgo al salón para avisar a Jazz, pero lo que me encuentro es una nota diciendo que ha quedado con Katherine y que no la espere despierta; me río por la cantidad de caritas sonrientes que ha puesto en la nota.
Me visto y, una vez lista, me acerco a la habitación de Brooke y Savannah para ver si vamos juntas o si pido un Uber.
Antes de que pueda llamar, la puerta se abre.