15 Joe
CAPÍTULO QUINCE
JOE
Inhalo, exhalo y vuelvo a concentrarme en mi objetivo.
Clavo un poco más mis dedos en la hierba sin perder de vista al chaval que tengo delante, que intenta despistarme mirando hacia la izquierda y la derecha de forma indistinta.
Luego tengo que hablar con él, debería estar concentrado en mí para que no puedan leerlo, es mucho más fácil despistarlos así.
En cuanto mi visión periférica deja de ver el balón, me lanzo hacia él, ganando unas milésimas de segundo que marcan la diferencia.
Consigo pararlo, a pesar de sus intentos por colarse hacia Hunter, y sonrío cuando el silbato del entrenador Phillips indica que se ha acabado la jugada.
—Es imposible traspasar a Coleman —se queja el chaval de segundo a Ethan y este se encoge de hombros.
—No hubiéramos sido una de las mejores líneas ofensivas del año pasado si fuera fácil —le responde, y veo como Mason sonríe de medio lado, aunque parezca que no está atento—. Míralo por el lado bueno, si entrenas contra él, cualquier otro guardia te parecerá fácil.
—No le digas esas cosas, que luego se las cree —interviene Mason y me da una palmada en la espalda—. Buena jugada, Coleman, pero, la próxima vez, intenta salir con un poco más de fuerza.
—Joder… —murmura el de segundo y sonrío. En realidad, no es mal jugador, pero estos dos años de diferencia se notan, sobre todo en musculatura. Ya no está jugando contra niños de instituto.
—¿Cómo lo ves? —me pregunta Ethan cuando el chico se aleja—. Está haciendo una pretemporada irregular.
—Se les nota a todos la marcha de Maddox —le explico, refiriéndome a nuestro anterior linebacker que ahora está con los Vikings preparando la pretemporada—. Les falta coordinación como equipo.
—Eso me parecía. —Respira hondo y le regalo una sonrisa.
—No te fustigues, Ethan, eres el mejor coordinador defensivo que ha tenido este equipo desde que se fundó. Encontrarás la manera de conseguirlo. Y sobre el chico, se le va la vista al punto donde quiere ir, debería trabajar eso, es muy fácil leerlo, saber lo que va a hacer.
—Gracias.
Me da una palmada en la espalda y se acerca al equipo defensivo para preparar la siguiente jugada, así que yo hago lo mismo y me acerco a Mason.
Estamos preparando los nuevos esquemas de este año, que ya tengo estudiados y aprendidos, pero que todavía no hemos llevado a cabo como equipo.
Hunter asiente a todo lo que le dice Mason mientras Tyler repasa la estrategia en su mente.
Kieran, como siempre, está con su pose de paso de todo, pero la realidad es que ya está buscando alternativas por si algo no sale como cabría esperar y mi hermano está intentando recordar qué demonios toca hacer.
Me encanta esta situación, aunque me entristece un poco pensar que esta es la última semana de pretemporada.
Y no solo porque odio volver a las clases, sino porque es nuestro último año juntos; cada día que pasa es un día más cerca de nuestro objetivo de ser profesionales, pero también un día menos con ellos como compañeros.
Sacudo la cabeza y me centro en lo importante, no es momento de ponerse nostálgico.
Ejecutamos las nuevas jugadas una tras otra con la aprobación de Mason, igual que la defensa para alegría de Ethan, y cuando llegamos al vestuario, el ánimo se nota en el ambiente.
Barry se acerca a mí y no hace falta que hable para saber lo que quiere.
Saco el altavoz inalámbrico de la taquilla y se lo lanzo; lo atrapa en el aire y sonríe.
—¿Barry va a elegir la música? —se queja Kieran—. Ya tengo motivación para ir rápido.
—Yo pensaba que el hecho de que Aba te esperase en la cafetería ya era motivación suficiente —se mofa Hunter mientras Kieran rueda los ojos.
—Estás perdiendo facultades —me burlo de Kieran—, el año pasado le hubieras contestado.
—No es que no tenga algo que decir. —Kieran esboza una sonrisa de medio lado—. Es que estoy dejando al chico Heisman tener su minutito de gloria.
—Puto irlandés. —Tyler niega con la cabeza—. Si hasta le montaste una fiesta para celebrar que era un posible candidato.
—Una cosa no quita la otra. —Kieran nos guiña un ojo antes de largarse y que la canción de Black Widow que ha elegido Barry resuene por todo el vestuario—. Admito que podría haber sido peor, buena elección, Barry.
—¿«Buena elección, Barry»? ¿En serio, Kieran? —le grito por encima del ruido para que me escuche, aunque solo se ríe.
—El irlandés, de vez en cuando, tiene buen oído —chulea Barry y se va directo a las duchas.
—¿No puedes cambiar lo que has puesto? —me suplica Tyler—. Estoy seguro de que la siguiente canción no será tan aceptable.
—Déjalo —le pido—. Creo que anoche discutió con Candy.
—¿Y cuándo no discuten? —Hunter niega con la cabeza—. Pensaba que le había dado un ultimátum.
—No sé qué pasó, pero esta mañana mientras desayunábamos lo ha llamado y Barry le ha rechazado la llamada.
—Vamos, que la comida de hoy vendrá con extra de saliva. —Tyler pone una mueca de asco—. ¿Podemos dejarlo para que le sirvan el último?
—La verdad es que, quitando lo de esta mañana, han estado muy bien desde el ultimátum —les explico—. Candy parece otra, hasta mi madre empieza a tolerarla.
—¿Entonces? —pregunta Hunter.
—A Candy no le gusta que sea amigo de Glen. —Barry aparece por su taquilla para coger algo que se había dejado—. Que lo supere de una vez, no voy a cambiar de compañera de trabajo el último año de carrera porque no sepa controlar sus celos. Ya estuve a punto de liarla el curso pasado.
—¡Joder! —murmura Tyler cuando Barry se larga por donde ha venido, aunque pone en palabras lo que sentimos los tres—. ¿Tú lo sabías?
—¿Que Candy no puede soportar ver a Glen cerca de Barry? Sí. ¿Que estuvo a punto de suspender por gilipollas? No, y mis padres tampoco.
—A mí me sorprende más la actitud de Barry —admite Hunter mientras acaba de quitarse la última protección—. Me gusta, pero me sorprende.
—Yo solo espero que no nos salpique la sangre —murmuro y suspiro—. En fin, vamos a ducharnos, las chicas ya llevan un rato esperando.
Sin embargo, antes de hacerlo cojo el móvil y le mando un mensaje a Glen para quedar, a ver si puedo enterarme de qué pasó y cómo van las cosas entre ellos.
Esta mañana he intentado preguntarle a Barry qué había sucedido con Candy, pero se ha cerrado en banda, y después de lo que acaba de decir…
Tengo miedo de que vuelva a ocurrir lo mismo que el año pasado.
Aunque esta vez no pienso permitirlo, por encima de mi cadáver.
Cuando llegamos a la cafetería, las chicas no están por ningún sitio, así que entramos directamente y nos las encontramos en la cola de la comida, que en pretemporada suele ser más larga que durante el curso, ya que muchas cafeterías están cerradas hasta que empiecen las clases la semana que viene.
Tyler y Hunter corren directos hacia ellas y sonrío mientras observo a Riley riéndose, hasta que me doy cuenta de que es por algo que le dice Paul y aprieto la mano para disimular los celos.
No justifico la actitud de Candy, pero a veces la entiendo.
Incluso aunque no tenga sentido, porque Paul es un tío genial y solo son amigos.
Igual que Riley y yo… Siento una palmada en la espalda y me giro hacia Kieran, que me señala a Riley con la barbilla.
—¿Te arrepientes de tu decisión?
—No, puedo esperar.
—¿Sabes? A veces pienso que eres idiota… Otras me lo confirmas. ¿Y cuál es tu plan? ¿Acostarte con otras hasta que tengas los huevos suficientes?
—No pienso acostarme con nadie que no sea ella —escupo—. Es solo que prefiero esperar a que acabe la temporada; quiero hacer las cosas bien.
—Que busques excusas para no superar tu miedo no hace que deje de ser el miedo lo que te impide dar el paso.
—Las cosas están perfectas como están.
—No, no lo están, pero puedes seguir engañándote todo el tiempo que quieras.
—¿Vas a machacarme hasta que lo haga? —siseo y alza una ceja.
—Si sientes que hago eso, igual es porque sabes que tengo razón. Solo he dicho cosas obvias, Joe.
—¿Qué es obvio? —pregunta Barry detrás de mí. Cierro los ojos. No quiero que Barry se entere o lo soltará sin querer delante de Riley.
—Que tu hermano es idiota —le contesta Kieran con una sonrisa de medio lado.
—Ah, sí que lo es. —Me giro para mirarlo, porque lo ha dicho de forma distraída, como si no le importase que el irlandés le haya dado la oportunidad de meterse conmigo—. Ahora vuelvo.
Se va hacia la ventanilla donde está Candy sirviendo la comida y se apoya para observarla. Ella lo mira arrepentida y él asiente, pero nada más, se va tal y como ha llegado y se pone a la cola. No entiendo a mi hermano ni esta relación.
—No sé si me gusta la nueva actitud de Candy —suelta el irlandés, que está tan confuso como yo—. De hecho, prefería a la tóxica, sabías por dónde iba a salir.
—A mí no me gusta la sensación que tengo cuando está cerca, siempre esperando que algo vaya a explotar. Y menos ahora que vienen a cenar a casa un par de días a la semana y actúa como si todo fuera perfecto. Es siniestro.
—Dices como haces tú con Riley, ¿no? Que actúas como si no quisieras empotrarla contra la pared cada vez que la ves.
—Vete a la mierda, Kieran.
—¿Qué has hecho ya? —le pregunta Aba a su novio con cara de cansada por su actitud. No me había dado cuenta de que estábamos tan cerca de las chicas, y menos de que podían oírnos.
—A Joe no le gusta que le digan las verdades a la cara.
—Yo creo que no es una cuestión de lo que dices, es más bien cómo lo dices —me defiende Tyler y todos asienten.
—¿Os cuento otra vez la fábula de la verdad y la mentira? —suelta Kieran alzando las cejas y todos suspiramos mientras negamos—. Pues eso, que de vez en cuando hay que saber soportar un poquito de verdad.
—Las palabras clave de esa frase son: «de vez en cuando» y «un poquito de verdad» —le reprocha Hunter—. En tu caso es: todo el tiempo y verdades como puños.
—Qué queréis que os diga, soy como el sol, no puedo apagar lo extraordinario que soy. —Kieran abre los brazos para enfatizar sus palabras y nos reímos mientras Aba rueda los ojos. Aprovecho para acercarme a Riley, que está hablando con Paul.
—La moraleja es que la gente prefiere la mentira disfrazada de verdad, que la verdad al desnudo —le está explicando Riley a Paul; supongo que no conocía la fábula de la verdad y la mentira.
—Por lo que cuentan, el irlandés no miente nunca, aunque su forma de decir las verdades sea un poco cruel.
—No es cruel, es directo —le defiende Riley—. Además, sabe regularse, aunque no lo parezca.
—Tendré que creerte. —Paul sonríe a Riley y algo en mi estómago se remueve, así que hago una tontería: poner mi cuerpo entre los dos.
—¿Qué tal el entrenamiento de la mañana? —le pregunto directamente a Riley, ignorando a Paul. Joder, estoy siendo un maleducado, si mi madre me viera ahora mismo, me daría de hostias. Y, aun así, no puedo evitarlo, ni quiero.
—Quinn nos ha hecho correr de más y Sienna se ha pasado con los ejercicios, se nota que está a punto de empezar la temporada.
—¿Tienes ganas?
—Muchas —afirma con una sonrisa.
—Oye, Riley, acaban de llegar Blake y Luke, voy con ellos, ¿vale? —le comenta Paul y ella asiente—. Nos vemos luego.
—Hasta luego. —Observo como Paul se va hacia el final de la cola, a pesar de que estaba a punto de pedir, y saludo a mi compañero de clase con la mano. Admito que me encanta que haya entrado justo en este momento para que su compañero de equipo se haya largado.
—¿Estás bien? —me pregunta Riley con cara de preocupación.
—Sí, estoy acostumbrado a Kieran.
—¿Seguro? No me refiero solo a eso, pareces enfadado.
—Está todo bien, Vaquera. —Le regalo una sonrisa de oreja a oreja para que me crea—. Es que estoy cansado, ayer me acosté tarde revisando los agentes que nos mandó mi padre.
—Todavía hay tiempo para eso —me reprocha y enlaza su brazo con el mío mientras apoya la cabeza en mi bíceps—. Tienes que descansar; te lo dice alguien que duerme poco.
—Lo sé. —Le doy un beso en la cabeza e ignoro la mirada que me está lanzando Kieran—. Todavía hay tiempo.
Y lo peor es que ni siquiera es consciente de la verdad que esconden esas palabras.