14 Riley
CAPÍTULO CATORCE
RILEY
Me quito los auriculares en cuanto veo un torbellino acercarse hacia mí a una velocidad que hace que todas las personas que están a su alrededor se giren para mirarla.
Un segundo después, estoy sonriendo mientras me estrujan unos brazos que tienen más fuerza de lo que parecen para lo pequeños que son.
—¡Cómo te he echado de menos! —Me aprieta más fuerte contra ella, lo que me provoca una mueca de incomodidad—. Perdona.
—Tranquila. —Le devuelvo el abrazo y le regalo un beso en la mejilla—. Yo también te he echado de menos, Jazz. Más de lo que esperaba.
—¿En serio? —Su sonrisa se amplía y me da un golpe en la cadera con la suya—. ¡Soy importante para ti, nena!
—Sabes que sí.
—¡Tengo tantas cosas que contarte! —Sus ojos ilusionados me dicen que es posible que esté hablando más de treinta minutos sin parar ni para respirar y sonrío.
Puede que sigamos en Chicago y queden dos horas de coche para llegar a Havenwood, pero, por lo que a mí se refiere, ya estoy allí—.
Sin embargo, antes tenemos que salir de este aeropuerto.
Llevo buscando la salida, sin éxito, más de diez minutos.
—¿Brooke ya ha llegado? —le pregunto mientras le señalo un cartel donde pone «Salida» justo a su lado y emprendemos nuestro camino hacia allí arrastrando nuestras maletas. La de Jazz es casi tan grande como ella.
—Está fuera, con Savannah, tomándose un café.
Nuestra rubia ha traído el Jeep hasta aquí solita, ¿te lo puedes creer?
Estoy muy orgullosa de ella, ya no va a necesitar chófer cada vez que quiera moverse.
Se hace mayor. —Me río por la forma que lo dice, como si no tuviéramos las cuatro la misma edad—.
Por cierto, ¿viste las fotos de la cabaña que tiene en Vermont?
Tenemos que obligarla a que nos invite. Quiero.
No, no quiero, necesito ver nevar desde esa ventana con un chocolate caliente en las manos.
Lo necesito muy fuerte, Riley. ¿Sabes lo que quiero decir?
—Quieres montar una escapada para cuando acabe la temporada.
—Joder, por eso mismo eres mi mejor amiga.
—Me estrangula con su brazo mientras me da un beso en la cabeza—.
Eres capaz de entenderme sin que tenga que usar todas las palabras.
¡Cómo te quiero! Por cierto, ¿has revisado el correo de la universidad?
Nos han cambiado de residencia; ahora estamos en la misma que Aba y Katherine.
—Esboza una sonrisa malvada y alza las cejas—.
En la misma planta. A Savannah y Brooke también las han trasladado.
Tranquila, están en la puerta de enfrente.
El caso es que, como Aba pasa más tiempo en casa de Kieran que en su habitación, este año no tendrás que dormir en ningún sofá.
Sonrío mientras sigue hablando de intercambios de habitación, de las ganas que tiene de pasar más tiempo con Katherine, su novia, y de las fiestas a las que va a obligarme a ir porque, según sus palabras textuales: «son imprescindibles».
Estoy negando con la cabeza cuando vemos a dos chicas preciosas, una rubia y otra pelirroja, acercarse a nosotras con la prisa de quien quiere dar un abrazo después de dos meses sin vernos.
Savannah me atrapa a mí y Brooke a Jazz para, justo después, intercambiarse.
Me encanta la sensación de estar en casa que tengo ahora mismo.
Empiezan a hablar entre ellas de forma atropellada, interrumpiéndose unas a otras, como siempre, mientras las observo con una sonrisa.
Adoro esto, aunque la gente crea que, como soy tímida, aprecio más el silencio.
Nada más lejos de la realidad. Adoro el ruido controlado, el caos de las risas, el no necesitar hablar para sentirme parte del grupo…
y no solo porque me ayude a relajar mi ajetreado cerebro, que tiende a sobrepensarlo todo.
O puede que sea justo por eso, porque con ellas no tengo que analizar todo lo que ocurre o por qué ocurre.
Con ellas puedo ser. Y ya. Lo mejor de todo es que ha sido así desde que las conozco.
Algo que nunca había experimentado, porque Mia no cuenta, es mi hermana.
Creo que por ese motivo me resultó tan fácil hacerme amiga de Joe y por eso me integré mejor en la universidad. Fue un acierto venir a Havenwood.
—¡Riley! —Me giro hacia atrás y sonrío al ver a Paul saludarme desde la puerta de salida. Llega hasta mí y nos damos un abrazo—. ¡Qué alegría verte!
—Pensaba que volabas ayer.
—Ya —pone una mueca de fastidio—, yo también. Me cancelaron el vuelo a última hora. —Alza la vista hacia las chicas y les sonríe—. ¡Hola!
—¿Tienes forma de llegar a la universidad? —le pregunta Savannah una vez lo han saludado todas.
—Iba a mirar el horario de los autobuses y si no, Blake me ha dicho que llegará en unas cinco horas, puedo irme con él.
—Puedes venir con nosotras —le ofrece Savannah y a Paul se le ilumina la cara.
Ahora mismo parece mucho más joven de lo que es, podría pasar por un chico de instituto en lugar de un estudiante de segundo curso.
Paul y yo compartimos casi todas las materias del segundo semestre el año pasado y nos hicimos amigos.
En realidad, no sé muy bien cómo pasó, pero cuando me quise dar cuenta, estábamos sentados juntos en todas las clases y haciendo trabajos en grupo.
Es muy majo. Además, somos de los pocos deportistas de nuestra carrera que no están escogiendo las asignaturas fáciles para graduarse y eso, quieras que no, me hace sentirme menos bicho raro.
—No quiero molestar.
—Ha traído el Jeep —le confieso en un susurro y sus ojos vuelven a brillar, sé lo mucho que le gusta ese coche—. Si no quisiera, o molestases, no te lo habría ofrecido.
—¿De verdad?
—De verdad, Paul —le asegura Savannah poniendo su mano en el brazo de él—. Tenemos un hueco y no vas a estar cinco horas esperando a Blake.
—Conociéndolo… serían siete —murmura y sonríe de oreja a oreja—. Muchas gracias, me hacéis un favor.
—Un placer. —Savannah le regala una sonrisa antes de que Jazz nos arrastre a todos hacia el aparcamiento mientras comenta lo guay que es que la rubia ya tenga carnet.
Al final es Brooke la que conduce el Jeep, a pesar de las quejas de Jazz.
A Savannah todavía le da miedo llevarlo tanto rato y con tanta gente en el coche, así que nos colocamos detrás Jazz, Paul y yo entre los dos.
Jazz empieza a relatar todo su verano con su madre en Seattle y la visita sorpresa de Katherine que le alegró más de lo que a nadie del coche le gustaría saber.
Cuando llevamos quince minutos de trayecto, Paul se acerca a mí para susurrarme:
—¿Siempre habla tanto o está muy emocionada por veros?
—Es así siempre —admito con una sonrisa dulce—. Si te molesta podemos hacer que se relaje un rato.
—No me molesta, me sorprende que sea capaz de hacerlo sin detenerse para respirar o beber algo. —Se queda pensativo un momento mientras Jazz sigue con su historia—. ¿Podéis pararla? No es que quiera, pero me ha llamado la atención que seáis capaces.
—No hubiéramos sobrevivido a un curso entero con ella si no.
—Bien visto. —Se ríe y se le marca el hoyuelo que tiene en la mejilla derecha. Supongo que por eso lo veo más niño de lo que es—. ¿Cómo ha ido tu verano?
—Eso, Riley —Jazz interrumpe su narrativa—, ¿cómo te fue por Detroit?
—¿Fuiste a ver a Joe? ¿Conociste a su familia? —me pregunta Paul y asiento.
—El verano fue bien, tranquilo. Estuve con mi hermana Mia, aproveché para hacer todas las cosas que no puedo hacer aquí, como montar a caballo, y después me fui un par de semanas a Detroit con Joe.
Estuve introduciendo a unas niñas y algún que otro niño al soccer en un campus de verano. Fue divertido, a la vez que agotador.
—¿A que es la vez que más le has escuchado hablar? —se burla Jazz y Paul se ríe—. Llevo yo más de quince minutos para explicar las dos primeras semanas de mis vacaciones y ella ha resumido dos meses en cuatro frases.
—Tiene un gran poder para condensar la información en el mínimo número de palabras posible. Deberías probarlo —bromea Paul y Jazz finge escandalizarse—. ¿Le devolviste la sorpresa a Katherine?
—No es posible. —Jazz pone una mueca de fastidio que intenta disimular su cabreo—. Su familia es mormona. Digamos que para ellos solo soy una buena amiga suya.
—En realidad, es la mala influencia que hace que su hija vista como viste —añade Savannah girándose hacia nosotros—. Con el buen estilo que tiene Katherine y que le digan esas cosas…
—Mi madre se crio en una comunidad mormona —suelta Paul y todas nos tensamos por si hemos metido la pata—.
Toda su familia le dio de lado cuando se emparejó con mi padre e hicieron todo lo posible para separarlos.
Hasta le ofrecieron dinero a mi padre para que la dejase; les contestó que prefería ser pobre que infeliz.
Mi madre lleva echándole en cara desde entonces que no cogiera el dinero, se lo explicase todo y luego se hubieran ido los dos juntos.
—¿Se ha arrepentido alguna vez? —le pregunta Jazz con cierto miedo en la voz, Paul le regala una sonrisa.
—Ni un solo segundo de su vida. Palabras suyas, no mías. Considera que, si la hubieran querido de verdad, habrían visto que mi padre la quiere con todo su ser y que podrían haber convivido todos a la perfección. Pero su caso no es igual que el de Katherine.
—Gracias. —Jazz salta por encima de mí para abrazarlo y Paul se queda parado—. Creo que necesitaba escuchar algo así.
—Dile a Katherine que, si necesita hablar con ella, mi madre estaría encantada de hacerlo.
—Se lo diré.
El móvil me vibra en el bolsillo, así que desconecto de la conversación y lo saco para ver quién me ha escrito. Sé que no es Mia porque está entrenando y mi padre y Lauren ya han entrado en el restaurante. Sonrío al ver que es Joe.
Joe
Me alegro de que el vuelo haya sido tranquilo
A mí me ha dado mucha pena despedirme de los peques, los voy a echar muchísimo de menos
Por cierto, esto te va a encantar: me ha dicho el entrenador que tres de las niñas han pedido apuntarse a soccer gracias a ti
Buen trabajo, Vaquera
Riley
¿En serio? ¡Cuánto me alegro! Al final tenías razón en que les iba a ir bien aprender
Joe
Siempre tengo razón
Riley
Qué Kieran ha sonado eso…
Joe
Cierto
A lo mejor es porque le echo de menos, pero no se lo digas, que luego se lo cree
Me da mucha pereza hacer la maleta
Riley
Salís esta tarde, ¿cómo puedes no haberla hecho todavía?
Joe
Cada vez me parezco más a Barry…
Riley
Mientras no pierdas el vuelo…
Joe
Mi madre me corta los huevos
Eso me recuerda que estaba haciendo rollos de canela para que te lleve
¿Vais a venir a casa esta noche?
Riley
No lo sé
Depende de lo que quieran hacer las chicas
Joe
Tú también puedes opinar
Riley
Me apetece estar con ellas
Joe
No he dicho que no, digo que, si te apetece venir, puedes proponerles un plan
Como idea loca
Riley
Luego te digo
—Había olvidado la cara que se le pone cuando Joe le manda un mensaje.
—Alzo la cabeza para mirar a Savannah, que me observa con una sonrisa tierna en la cara.
Frunzo el ceño por su comentario. ¿A qué ha venido eso?
Ella sabe mejor que nadie en este coche que Joe y yo solo somos amigos, al igual que es la única que sabe que nos acostamos.
Por eso lleva todo el verano preguntándome cómo estoy al respecto y llevo todo ese tiempo contestando que bien.
Ese comentario sobra, no pongo ninguna cara al hablar con Joe—. ¿No es él? ¿Has conocido a alguien?
—Riley An Li Chen, ¡dinos quién es ahora mismo! —grita Jazz tan alto que hasta Paul se tapa los oídos.
—En su resumen no lo ha incluido, igual no es tan importante —me echa un cable Brooke y sonrío—. ¿Quién es, Riley?
—Es Joe, pero no pongo ninguna cara cuando me escribe.
—Está tan mona cuando se lo cree —se mofa Jazz riendo—. Tu cara se ilumina.
—Chicas, por favor, este curso no —les pido—. Solo somos amigos y, la verdad, me cansa un poco que todo el mundo asuma otra cosa.
—¿Mal momento para decir que pensaba que erais pareja? Nunca te he preguntado porque lo daba por hecho, vamos. —Paul pone una mueca de disculpa—. Toda la facultad lo cree: «La chica que atrapó al desvirgador».
Me tapo la cara con las manos y suelto un largo suspiro; esto es lo único que no me gusta de la universidad, que la gente se invente cosas, se las crea y las difunda por ahí.
—Ya, pero eso fue por la apuesta —le explica Jazz mientras Paul la mira sin entender nada—. ¿No sabes esta historia? ¡Te va a encantar!
Jazz le cuenta a Paul el motivo por el cual Joe se acercó a mí en un primer momento y por el que tiene tanta fama de ligón, aunque no sea para tanto.
Al parecer, Paul había escuchado algo de la apuesta del equipo de baloncesto, pero le pareció tan inverosímil que no se la creyó.
La corrijo cuando inventa o cambia detalles de la historia y, cuando me quiero dar cuenta, Brooke está aparcando al lado de la nueva residencia.
Sonrío nada más bajarme del Jeep, este va a ser un gran año.