Finge que no es amor (Rise as One 4) 8 Riley
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8 Riley

CAPÍTULO OCHO

RILEY

Principios de julio - Actualidad

El techo de mi habitación en mi casa no tiene desperfectos, tiene un cielo estrellado con montañas, tres estrellas en la cima de la más alta y una ciudad en el valle.

Es una imagen preciosa de Velaris, la ciudad de una de mis sagas de fantasía favoritas.

Mia la puso allí para mí hace tres años por mi cumpleaños.

Compró el vinilo por internet, me echó de casa durante horas y trabajó sin descanso para que no tuviera ni una sola burbuja.

Todavía no sé cómo lo hizo, pero quedó perfecto —y lo sé porque lo he observado muchas horas en estos años—.

Por supuesto, como si no pudiera ser de otra forma, mi padre le echó la bronca por no consultarle y Mia se ganó un castigo por decirle que no iba a preguntarle por algo que afectaba a su habitación.

Suspiro y miro la hora en el reloj-despertador de Mia.

Ni siquiera son las cinco de la mañana y ya no puedo volver a dormir.

Mi cerebro se ha despertado hace media hora y ha decidido que no había necesidad de seguir durmiendo.

Soy capaz de sentir cómo piensa y todas las cuestiones a las que está dándole foco, como qué voy a querer comer el día de mi cumpleaños la semana que viene, qué ropa me pondré esta tarde para ir a montar a caballo o si Mia y mi padre discutirán después.

También me planteo cómo han sido capaces de sobrevivir los dos solos este curso.

Aunque mi pregunta principal es: qué pasará cuando vuelva a la universidad, ahora que Lauren se ha graduado y ha vuelto de forma definitiva a casa, mis hermanas no se llevan bien y mi padre tiene especial debilidad por darle la razón a Lauren.

Y Lauren a mi padre. Me preocupa Mia, o ellos, no lo tengo claro.

Vuelvo a mirar la hora, pero solo ha avanzado un par de minutos, así que desisto de mi propia prohibición de no mirar pantallas cuando me desvelo por si puedo volver a dormirme y reviso el móvil.

Sonrío al ver una notificación de Joe. La verdad es que noto mucho que no estamos juntos, mucho más de lo que esperaba.

Sobre todo, porque yo no soy una persona que suela echar de menos a la gente.

Cuando me fui a la universidad, percibí que Mia no estaba conmigo, pero no estaba triste por ello, me acostumbré a que nuestra relación fuera distinta y por teléfono.

Con mis amigas del instituto, poco a poco fuimos hablando menos y no tuve la necesidad de forzar otra cosa porque su ausencia me afectase.

Simplemente mi cerebro se adapta a la nueva situación y actúa en consecuencia.

Algo bueno debía de tener, además de sobrepensar.

En cambio, con Joe, está siendo diferente.

Supongo que como todo con él. O puede que solo necesite unos días más para acostumbrarme.

Joe

Después de la semana más rara del mundo en la que parecía que mi hermano se había echado una nueva novia, ha pasado lo que todos esperábamos con ansia: Candy se ha ido

Lo malo es que se ha llevado a Barry con ella

Acabo de dejarlos en el aeropuerto

Creo que nunca he estado solo en casa sin Barry más allá de unas horas

¿Será raro o el paraíso?

Riley

Lo vas a echar de menos, pero no lo admitirás nunca

Joe

JAMÁS

Qué pronto has cogido el móvil hoy, ¿no te está gustando el libro que estás leyendo?

Riley

Lo acabé anoche, así que ahora no sé qué leer

Joe

Te voy a sugerir algo: cualquiera de los miles que tienes pendientes

¡Ideaca, eh!

Riley

No me apetecen

Joe

Es imposible

Aunque, conociéndote, estoy seguro de que te planteas releer alguno

Riley

Tampoco me motiva ninguno

Joe

¿Quién eres y qué has hecho con mi Vaquera?

Si eres un ladrón, que sepas que por mucho que rebusques, no vas a encontrar fotos sexys

Lo siento, tío, tendrás que robar otro móvil

Riley

¡Joe!

La gente no tiene fotos sexys en sus móviles

Joe

¡Riley!

¿En qué mundo vives? Claro que las tienen, pregúntale a Jazz

Riley

Jazz no es un buen ejemplo

Joe

A Savannah

Riley

Tampoco

Joe

Pues a Aba, aunque estoy seguro de que esas están en el móvil de Kieran, no en el de ella

Riley

¡No voy a preguntarle eso a nadie!

Joe

Entonces, ¿no te mando las mías?

Riley

¡No!

Joe

Tú te lo pierdes ;)

Menos mal que sé que estás en la cama, porque si te viera alguien ahora mismo, con lo sonrojada que debes de estar, estoy seguro de que pensaría que estás teniendo una conversación subida de tono

Riley

Nadie me ve

Son las cinco de la mañana, estaría durmiendo hasta el gato, si tuviéramos

Joe

No me acostumbro a no estar en el mismo huso horario

Riley

Resulta raro, sí

¿Qué haces?

Joe

Nada, estoy sentado en el coche

Riley

¿Por qué?

Joe

Porque no puedo conducir y mandar mensajes a la vez

Y no puedo llamarte porque despertaría a alguien, seguro

Riley

¿Por qué no me has avisado? Hablamos luego

Joe

Como quieras, a mí no me molesta

Riley

Voy a buscar algo para leer

Joe

Si tiene una portada de esas que solo tienen abdominales, pásamela y la replico ;)

Así verás que la gente sí se hace ese tipo de fotos

Riley

No veo la necesidad

Joe

No es cuestión de necesidad, Vaquera ;)

Joe tiene una capacidad para sacarme temas que se escapan de mi zona de confort que no es ni medio normal.

Lo peor es que lo hace de una forma tan natural que, para cuando me quiero dar cuenta, ya he contestado a sus preguntas o le he contado cosas que ni siquiera sabe Mia.

Es un don. Uno que odio, obvio. Me despido de Joe para que pueda volver a casa y no esté sentado en el coche mientras hablamos, y me giro para observar a mi hermana.

Está en su cama, dormida tan profundamente que ahora mismo podría llamar a Joe y hablar en alto que ni se inmutaría.

Otra cosa serían mi padre o Lauren, claro.

No tienen problemas para dormir como yo, pero su sueño es más bien ligero.

Suspiro y me acerco el soporte del e-book que Mia me ha regalado por mi cumpleaños, pensó en desinstalarlo y dármelo ese día, pero le pudo el ansia.

Es una pasada. Es un trípode que está enganchado al cabecero y puedo leer tumbada, sentada o como quiera, sin tener que usar las manos.

Además, me ha comprado un aparato que sirve para pasar las páginas con un mando.

Me ha dicho que así, cuando me desvele, no tengo ni que sacar los brazos de debajo del edredón.

Echo un ojo a los libros que tengo en mi biblioteca hasta que uno llama mi atención.

No puedo evitar reírme cuando veo que tiene una portada como la que ha descrito Joe antes, así que se la mando y me sumerjo en la lectura hasta que sea la hora de levantarse.

Al menos así mi cerebro parece que se calla un rato.

—¿Cuánto tiempo llevas leyendo? —Las palabras adormiladas de Mia me sobresaltan y se ríe—. Mucho, deduzco.

—No creo. —Miro el reloj y veo que son las siete y media—. Bueno, desde las cinco.

—¿Has dormido?

—¡Sí! —contesto orgullosa—. Unas cuatro horas y algo.

—¿A eso le llamas dormir? —Niega con la cabeza—. ¿No te estabas tomando las pastillas esas que te recetaron?

—No servían —le explico mientras aparto el e-book y me siento en la cama. Ella hace lo mismo—. Me tiraba todo el día cansada, pero, a la hora de dormir, no era capaz. No pasa nada, paso de drogarme para algo que no tiene solución.

Como se queda callada, la miro y sonrío al ver su pijama de cerezas. De día, va casi siempre de negro, gris o cualquier color oscuro, pero de noche es otra cosa. ¿Su reacción cuando la observo para detectar su estado anímico? Rodar los ojos.

—Estoy bien —suelta con un suspiro.

—No he dicho ni una palabra —me quejo.

—Lo sé, pero me estás mirando con esa expresión que pones de «te quiero mucho». Y no me importaría, si no fuera porque solo lo haces cuando crees que no estoy bien.

—¿Hago eso?

—Hermanita, nadie te conoce como yo. Sí, lo haces y es odioso. —Salta de la cama y me planta un beso en la mejilla. La fulmino con la mirada y me gano una carcajada—. No intimidas a nadie, pero estás muy mona cuando lo intentas.

—¡Claro que intimido!

—Vale —suelta con una sonrisa. Respiro hondo porque odio que me dé la razón solo porque no quiere seguir hablando y me saca la lengua—. Riley, de verdad, estoy bien. Lo de Jason era solo carnal, es normal que si está conociendo a alguien no quiera seguir. Me buscaré a otro.

—Lo dices como si fuera fácil.

—Es que lo es. Tú dile a cualquier tío que lo quieres solo para follar y será el hombre más feliz del mundo.

—Te creo, pero no pienso comprobarlo.

—Tú te lo pierdes. —Se encoge de hombros—. Voy al baño.

Aprovecho para revisar el móvil mientras vuelve y me encuentro una foto de Joe imitando la pose de la portada del libro que estoy leyendo. No puedo evitar reírme.

Joe

Foto

Ya tienes tu primera foto sexy, guárdala a buen recaudo ;)

Riley

Ni siquiera sé qué hacer con ella

Joe

¿Te doy ideas?

Y más importante todavía: si te las doy, ¿me mandarás fotos?

Riley

¡No!

Joe

Tenía que intentarlo ;)

—¿Con quién hablas?

—Con Joe.

—¿Y qué te dice para que estés tan sonrojada? —Mia se sienta a mi lado e intenta mirar la conversación.

—Que le mande fotos sexys.

—¿Y lo vas a hacer? —pregunta ilusionada.

—¿Qué? ¡No! ¿Te has vuelto loca? —La miro con los ojos como platos por lo tranquila que está—. Solo es una broma. ¿Quién hace esas cosas?

—A ver, déjame pensar… —Se da unos golpecitos en el labio—. ¿Todo el mundo?

—No lo voy a hacer, Mia. Lo que subes a internet, se queda ahí para siempre.

—Tú te lo pierdes. —Se encoge de hombros, como siempre que me dice esa frase—. ¿Cómo habéis acabado hablando de eso?

—Me ha mandado una foto imitando la portada del libro que estoy leyendo. —Se la enseño y asiente en conformidad.

—Es enorme, pero tiene buen cuerpo. No me importaría que me cubriera entera con él. Tenía un gemelo, ¿no? Molaría ser el jamón de ese sándwich.

—¡Mia!

—¡Es broma! Joe es todo tuyo. —Me da un beso en la mejilla, pero antes de que pueda replicar, suelta—: Sí, lo sé, solo sois amigos. ¿Vamos a desayunar antes de que papá nos grite?

—Solo te grita a ti —digo con pesar.

—Oh, cierto. Bueno, quizás hoy no tengo ganas de escucharle.

—Oye —la freno antes de salir—, ¿de verdad la gente suele tener fotos sexys en el móvil?

—No, Riley, no todo el mundo las tiene y no pasa nada si no te sientes cómoda con ello. —Me coge del brazo y apoya su cabeza en mi hombro—. Pero, si alguna vez te haces una y la mandas, tampoco pasaría nada.

—No creo que me sienta cómoda —me sincero.

—Pues no lo hagas. —Me aprieta el brazo mientras me sonríe—. Joe sabe que no lo harás, por eso bromea con ello.

—Gracias.

—Siempre que quieras. —Llegamos hasta la cocina, donde Lauren y mi padre están preparando el desayuno—. Buenos días.

—Buenos días, ¿queréis café? —nos pregunta Lauren con una sonrisa.

—Hoy me apetece probar el té nuevo de Riley, huele muy bien —contesta Mia y va directa a coger el bote. Enciendo el hervidor de agua y saco un par de tazas.

—¿Has cambiado el té? —Mi padre me mira confuso.

—Sí.

—Oh, no lo sabía —dice Lauren apurada—. Ayer te compré un bote del de siempre. ¿Es porque ya no te gusta?

—No pasa nada —le respondo—. Me gusta, pero el nuevo más.

—Riley volvió hace tres semanas de la universidad y ha tomado el nuevo cada mañana —les informa Mia—. ¿De verdad no os habíais dado cuenta?

—Solo es té, Zhen —le rebate mi padre y tanto Lauren como yo respiramos hondo. Se viene discusión—. No me fijo tanto.

—No, claro, porque para qué vas a prestarle atención a Riley más de dos minutos, ¿verdad? En cambio, yo me pinto las uñas y estoy castigada un mes.

—No fue por las uñas, Zhen. Fue por desobedecerme.

—Y como Riley no hace ruido, podemos ignorarla.

—No ignoro a An Li, y estoy muy cansado de que siempre me reprendas con ello. —Mi padre la señala con el dedo y tanto Lauren como yo nos miramos un segundo antes de sentarnos a desayunar. Esto va para largo.

—Sin girar la cabeza, dime el color de su pijama. —Mi padre se queda parado y tanto Lauren como yo bajamos la vista hacia mi pijama. Es rosa, de hecho, todos mis pijamas lo son—. Si no lo sabes, dime el de la ropa que llevaba ayer.

—Vaqueros y una blusa. —Ayer me puse otra cosa, aunque esa descripción podría valer para casi el noventa y nueve por ciento de los días.

—He dicho color, no lo que llevaba. —Mia se cruza de brazos—. Y ayer Riley no llevaba vaqueros.

—Supongo que no es suficiente con que me encargue de toda la casa y un negocio que también me tengo que fijar en la ropa que usan mis hijas.

—Si Mia le contesta estará castigada en menos de un segundo, supongo que lo sabe porque se lo queda mirando con aburrimiento, pero no abre la boca—. Siéntate a desayunar de una vez, Zhen.

—Como vuelva a decir mi nombre chino no respondo —sisea Mia cuando se sienta a mi lado.

—¿Decías algo, Zhen? —le pregunta mi padre cogiendo su plato de tostadas. Cuando se gira, veo como observa mi pijama.

—Sí, pero no era para ti. Es de mala educación escuchar conversaciones ajenas. —Mia se mete una tostada en la boca y desafía a nuestro padre con la mirada. De verdad, no sé por qué tiene la necesidad de hacerlo.

—¿Sabéis que hemos cambiado la carta del restaurante? —añade Lauren para rebajar la tensión del momento—. Podríais venir mañana a probarla. U hoy si no tenéis planes.

—Tendrá que ser mañana —aporta mi padre—. Reservaré la mesa a la una, no lleguéis tarde.

—Riley, ¿te viene bien a esa hora mañana?

—me pregunta Mia con un deje sarcástico.

Asiento y me sonríe—. Genial, a mí también, voy a confirmarle a nuestro padre que podemos a esa hora, aunque ni siquiera se haya preocupado por ello.

—Se gira hacia él, que ya la observa enfadado—.

Nos viene bien esa hora, gracias por preguntar y darnos tantas opciones para poder ir a probar la nueva carta.

Y, gracias, Lauren, por informarnos de algo que pasó hace dos semanas, nos hace sentir superunidas al negocio familiar.

—Zhen…

—¿Estoy castigada? —Mia rueda los ojos hacia nuestro padre—. Sabes que, si me castigas a mí, Riley no saldrá de casa, ¿verdad? Pero como ella no importa, qué más da, ¿no?

—Desayuna —le exige mi padre y Mia sonríe de oreja a oreja. Acaba de esquivar el castigo, al menos por un rato.