Finge que no es amor (Rise as One 4) 7 Joe
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7 Joe

CAPÍTULO SIETE

JOE

Me encanta celebrar fiestas en casa. No sé si es porque en la de mis padres era imposible o porque mis mejores recuerdos del instituto pasaron en una fiesta en casa de mis colegas, pero me flipa.

O lo hacía, hasta la puta fiesta de ayer.

¿Cómo es posible que pasaran tantas cosas y que todas afectasen a gente que quiero?

Si lo llego a saber, no le insisto a Kieran para celebrarla.

De hecho, estuve a punto de no hacerlo porque, por mucho que intente fingir, el puto irlandés no está bien.

No le culpo, si yo hubiera perdido a mi padre, no sé si sería capaz de levantarme de la cama, mucho menos sonreír.

El caso es que la fiesta, aunque la gente la recordará por épica, fue una mierda.

Primero aparece la exnovia de Hunter así, de la nada, y resulta que estudia aquí, con la consecuente huida por parte de él al verla, obvio.

Después, Tyler decide que es el momento perfecto para decirle al mundo que está liado con Brooke, delante de su exnovia, la persona más tóxica que he conocido en la vida.

Una que, por supuesto, la lio y nos obligó a intervenir.

¿La consecuencia? Kieran y Barry estaban tan cabreados que el primero se tuvo que ir para calmarse y mi hermano se bebió él solo la botella entera de ron para lo mismo.

Tengo que hablar con él para que recuerde que el alcohol no le va a hacer olvidar las cosas, ni elimina los problemas, solo añade más.

¿Conclusión? Mi hermano y mis mejores amigos están en la mierda y yo en medio sin poder hacer nada. Lo dicho: una puta mierda de fiesta.

También conocí a Riley Chen y entendí los cien puntos.

Es como un trocito de cielo hecho mujer al que le han dado el don de pasar desapercibida y no hablar.

Reconozco que cuando la vi acompañada de Brooke me gustó, tiene ese punto inocente que me encanta en una chica y una mirada que me dice que esconde más de lo que deja ver a simple vista, aunque la oculte muy bien —sí, quizás la observé durante un rato, pero es que es mi tipo al cien por cien—.

Y quise acercarme a ella con malas intenciones —bueno, en realidad eran buenas…

o placenteras más bien—, hasta que escuché su nombre y supe quién era.

En ese instante, toda mi líbido se esfumó y busqué con desesperación a los capullos del equipo de baloncesto.

Los encontré en un rincón, desde donde la observaban y hablaban entre ellos, con la clara intención de acercarse a ella.

Y sí, suena un poco hipócrita que unos segundos antes yo hubiera pensado en Riley de esa forma y en este instante los odiara por lo mismo, pero la diferencia está en las formas, los motivos y, sobre todo, el respeto hacia ella.

Así que decidí que tenía que protegerla de ellos, como fuera.

Durante la fiesta fue fácil, me acerqué a Blake y le conté lo que había visto, así que instó a sus compañeros del equipo de hockey a retar a los de baloncesto y los tuvo entretenidos.

Después, cuando explotó todo lo de Tyler y Brooke, se supo que Olivia y Tyler habían roto porque ella le había hecho una mamada a Weston, así que todo su equipo fue con él a ¿apoyarlo?

, ¿animarlo? No tengo muy claro a qué, pero en ese tiempo, Riley se fue y, cuando fueron a buscarla, había desaparecido.

Hubiera pagado por tener una foto de sus caras en ese momento.

De hecho, creo que le voy a pedir a Kieran que revise las cámaras por si captó el instante.

El caso es que, una vez esquivada esa bala, ahora tengo que pensar cómo evitar que esos capullos se acerquen a ella fuera de una fiesta.

—¿Qué haces? —Pego un bote ante las palabras de mi hermano y el muy cabrón se ríe—. No he sido precisamente silencioso.

—Estaba pensando.

—Ten cuidado, que no estás acostumbrado a hacerlo e igual explotas —se burla y le saco el dedo del medio. Va hasta la nevera, la abre y se la queda mirando—. ¿No quedan táperes de mamá?

—¿Buscando una cura para la resaca?

—Puede —farfulla y sonrío.

Barry ha dormido en el jardín de lo borracho que estaba.

De hecho, el único motivo por el que no ha muerto atragantado por su propio vómito es porque Glen se apiadó de él y lo puso de lado.

El cómo lo consiguió es algo que también le voy a pedir a Kieran que saque de las grabaciones.

Creo que me quedo corto si digo que triplicamos su peso.

—He pedido hamburguesas —le informo—, deben de estar a punto de llegar.

—Joder, hermanito, a veces te funciona el cerebro.

—Lo dudo —interrumpe Kieran entrando en la cocina en pijama y despeinado. Ni siquiera me enteré de cuándo volvió a casa—, pero me encantaría saber por qué lo piensas.

—Ha pedido hamburguesas para comer.

—¿Eso me incluye? —Asiento ante su pregunta y sonríe—. Venga, vale, es cierto, a veces tienes buenas ideas. Y hablando de ideas que salen mal. —Me señala con el dedo y frunzo el ceño—. No quiero que te acerques a Riley.

—¿Quién es esa? —Barry pone cara de no entender nada.

—Joe sabe quién es, ¿a que sí? —Vuelvo a asentir y vuelve a señalarme—. No quiero más dramas con ese grupo de amigas.

—¿Se me permite ser su amigo o tampoco? —Kieran alza una ceja y resoplo—. Va a mi facultad, es posible que me cruce con ella, estaría feo ignorarla.

—Sabes perfectamente a qué tipo de acercamiento me refiero.

—¿Alguien va a contarme algo? —se queja Barry, aunque pasamos de su cara.

—Te prometo que no habrá ese tipo de acercamiento con Riley.

—Perfecto, gracias. Bastante lío tenemos con Savannah, Brooke, Tyler y Hunter como para añadirle más leña al fuego.

—¿Desde cuándo no te gusta ver el mundo arder? —bromea Barry y Kieran resopla.

—Desde que no quiero que me quemen las llamas.

—Aburrido —se mofa Barry y sale corriendo con el sonido del timbre.

—Joe —me llama Kieran para que le haga caso—, sé que es justo tu tipo, pero, por favor, no te la folles. Hay mil tías más en el campus.

—Puedes estar tranquilo, Riley está fuera de mi radar.

«Al menos, en ese sentido».

Si algo nos ha enseñado mi madre es que para conseguir cualquier cosa hay que ser educado, sonreír y ofrecer algo que ayude a abrir la puerta que buscas.

Así que hoy lunes, primer día de clase desde la fiesta, estoy plantado en el camino que une la residencia de Riley con nuestra facultad con un café y un té para llevar.

Reconozco que no es mi mejor plan, pero también que no es el peor —y no pienso decirle a nadie que llevo ropa de recambio en la mochila por si Riley decide que el café está mejor encima de mí que en el vaso⁠—.

Riley aparece diez minutos después, con los auriculares puestos y leyendo en un e-book que ha visto tiempos mejores sin mirar nada de su alrededor y protegida por la cortina negra de su pelo en la cara.

Como no estoy seguro de cómo abordarla sin asustarla, me pongo en su camino para que se dé cuenta de que existo y alza la vista, confusa, cuando nota que no me voy a apartar.

—Hola, Riley —la saludo con una sonrisa y su mueca de confusión se intensifica. Se quita uno de los auriculares y me mira esperando algo más—. Soy Joe, nos presentaron el sábado en la fiesta, no sé si te acuerdas…

—Sí —murmura mientras se sonroja tanto que no creo que sea ni sano.

—Te he traído un café y un té, porque no sé lo que te gusta.

—Ladea la cabeza mientras le ofrezco los dos vasos y coge el del té.

Aprovecho para beberme el café y tiro el vaso en la papelera que hay cerca.

La insto a andar—. Estudiamos en la misma facultad, ¿lo sabías?

Podemos ir juntos. —En ese momento, frena su intento de beber y da un paso hacia un lado.

«Mierda». Alzo las manos en señal de paz—.

No formo parte de la apuesta, lo juro. De hecho, es justo por eso que estoy aquí, si te ven conmigo, no se acercarán.

—¿Por qué? —Aunque relaja la expresión, no acaba de fiarse de mí. Soy un idiota por no pensar en esta posibilidad, lo admito.

—¿Por qué no formo parte o por qué no se acercarán si te ven conmigo?

—Se me queda mirando sin responder, así que contesto a las dos cosas—: No formo parte porque me parece asqueroso.

De hecho, el año pasado fui el que avisó de lo que estaban haciendo a las chicas, puedes preguntar por ahí.

Y el hecho de que no se acerquen si estás conmigo es porque pensarán que he ganado la apuesta y no obtendrán los puntos.

—En ese caso, ¿los ganarás tú?

—Sí, técnicamente, sí.

—Entonces, sí participas en la apuesta.

—No, no lo hago.

—Pero te darán los puntos.

—Sí. —Ladea la cabeza y me ofrece el té de vuelta. Se lo cojo, vuelve a ponerse el auricular e intenta seguir con su camino. Desde luego, lo he hecho fatal—. Al menos quédate con esto.

Se gira para mirarme y le ofrezco un boli.

Sonrío cuando frunce el ceño, así que lo abro para que vea que es una navaja escondida.

Su cara de sorpresa es tal que me tengo que morder la mejilla para no reírme.

Cuando lo agarra y se lo guarda en el bolsillo, le vuelvo a ofrecer el té, que también coge antes de irse murmurando un «Gracias» apenas audible. Bueno, algo es algo, ¿no?

A la mañana siguiente, vuelvo a estar esperando a Riley en el mismo sitio, aunque esta vez solo llevo un té.

Bueno, y a mi hermano pegado a mi culo. He intentado librarme de él, igual que ayer, pero esta vez no ha funcionado.

Así que además de estar nervioso por si me clavan una navaja en el estómago —una que he comprado yo— también tengo que escuchar las quejas de Barry.

—¿Va a tardar mucho? Sigo sin entender por qué tenemos que esperarla. ¡Tengo hambre!

—Acabas de desayunar —le recuerdo—. Tres platos de salchichas, huevo y beicon y cinco tostadas con mantequilla y mermelada.

—Tú has comido más.

—He comido lo mismo, por eso sé que es imposible que tengas hambre.