6 Joe #2
—No todo el mundo quiere vivir por siempre en ese entorno como nosotros —vaticino. La verdad es que no he querido preguntarle sobre el tema a Glen porque parecía bastante agobiada con ello—. A mí me parece que las parafilias tenían mucho filón.
—¡Qué asco!
—Vas a ser un psicólogo hiperempático —ironizo riendo—. No puedes decir esas cosas, tío, a la gente le pone lo que le pone.
—Sí, pero yo no tengo por qué saberlo.
—¿Y esa cara? —Barry da un bote por culpa de Glen, que acaba de aparecer de la nada.
Lo hace siempre, no sé cómo no se ha acostumbrado ya. Mi teoría es que es tan pequeñita que no la vemos, la de Barry es que a Glen le gusta ver el mundo arder. La realidad es que a Glen le gusta ver a Barry asustado, pero eso mi hermano nunca lo admitirá.
—Estábamos hablando de parafilias —le informo riendo.
—En serio, Barry, supéralo —le dice cogiéndolo del brazo.
Barry, como siempre, lo alza para que Glen no llegue al suelo, pero, como siempre, ella ni se inmuta y se sujeta como si nada mientras lo mira con una sonrisa de oreja a oreja—: Solo es sexo, que tú no tengas no quita que el resto no disfrutemos de él.
—¿Quién dice que no tenga?
—¿Tú cada vez que gimoteas justo por eso? ¿Tu cara de amargado? ¿Tu mal humor? —Barry refunfuña y baja el brazo para dejar de cargar a Glen—. Puedo seguir, pero creo que has pillado la idea.
—No has venido a desayunar. —Cambio de tema porque no tengo ganas de escuchar a mi hermano lamentándose de que no folla—. He preparado tortitas.
—¿Había tortitas? ¡No me has dicho nada! —Barry se gana un puñetazo en el brazo que le hace rodar los ojos—. ¿Cómo es que las has hecho hoy? ¿Qué ha sido de tu norma de solo una vez al mes?
—Kieran me las ha pedido —le cuento—, y como la semana pasada las engulló en lugar de comerlas, pues le he dado el gusto.
—No os va a echar de casa, no hace falta que lo cebes, lo sabes, ¿no?
—Sonrío ante sus palabras, no lo hago por eso, aunque Glen sabe el motivo.
Kieran está pasando el duelo por la muerte de su padre, lo mínimo que puedo hacer es cocinarle si me lo pide—.
Bueno, lo importante aquí es si ha sobrado masa para que yo pueda ir a desayunar mañana o no.
—No ha quedado —contesta Barry mintiendo. Glen le ignora y me mira esperando la respuesta correcta, pero no me da tiempo a dársela—. ¿No te fías de mí?
—No, cuando se trata de comida —se sincera Glen y apoya la cabeza en su brazo, que todavía tiene agarrado, aunque mi hermano odie que haga eso; dice que parecen dos viejas—.
Te recuerdo que el año pasado te comiste todas las tortitas antes de que llegase para no compartir. Y todos sabemos cómo acabó eso.
—Aprendí la lección.
—¿Y por eso le mientes diciendo que no queda masa de tortitas? —le rebato y, mientras Barry se queja, Glen sonríe—. Puedes venir mañana, Glen, te haré tortitas.
—Gracias, Joe. —Glen se alza para darme un beso en la mejilla—. Eres mi hermano favorito.
—¡Oye!
—Va, deja tus lloriqueos, que llegamos tarde.
Glen se lleva a mi hermano a rastras mientras este protesta, aunque, pasados unos segundos, ya están normal como siempre.
Al menos hasta que Glen suelte algo por lo que mi hermano vuelva a refunfuñar.
Cuando llego a clase, Blake ya está sentado intentando ignorar a los capullos del equipo de baloncesto.
¿Qué cojones tienen los lunes que está todo el mundo más tocapelotas?
Ni siquiera he puesto el culo en la silla que empiezan a joderme.
—¡Coleman! Contigo queríamos hablar: último día para apuntarte a la apuesta. Este año viene cargado de muy buenas candidatas.
—Paso.
—¡No seas así, hombre! Mira la lista al menos. —Lanzan un papel con una tabla llena de nombres y números hacia nosotros y se me van los ojos sin querer—. No me digas que no te tienta.
—No —miento. A ver, no me tienta la mierda de la apuesta, pero sí los nombres y números. Uno no puede evitar ser curioso.
—Bueno, esa copia es vuestra, por si cambiáis de opinión.
En cuanto se giran, Blake y yo examinamos la lista con determinación. Hay más chicas que el año pasado y las puntuaciones son más altas, pero hay un nombre que destaca por encima de todos.
—¿Quién leches es Riley Chen?, y ¿cómo es posible que tenga cien puntos? —Blake le pone palabras a la pregunta que se ha formado en mi cabeza.
—No tengo ni idea, pero te puedo asegurar que nadie va a ganarlos.
Saco el móvil y le mando un mensaje a Natalie con una foto de la lista. Me contesta al momento.
Natalie Rhodes
¡Madre mía! ¿Cómo pueden ser tan capullos?
Hemos intentado informar a las chicas de primero que hemos podido, pero ya sabes cómo va la cosa… Demasiada gente, demasiados egos…
Joe
¿Sabes quién es la primera de la lista?
Natalie Rhodes
La pregunta me ofende, que lo sepas
Por supuesto que sé quién es
La pregunta correcta aquí es: ¿qué vas a hacer con esa información?
Joe
Solo quiero asegurarme de que no le hacen nada malo
Natalie Rhodes
Está avisada y ultraavisada
Parece una chica lista, no va a caer
Además, es deportista, estará protegida
Joe
Me alegra saberlo
Si necesitáis ayuda, contad conmigo o con Blake
Natalie Rhodes
¿Crees que necesitamos a un hombre para eso? Me ofendería la propuesta si no fuera porque sabemos que lo dices de corazón
Todas tenemos a buen recaudo tu regalo del año pasado
Joe
Me ha dicho un pajarito que alguien añadió un táser
Natalie Rhodes
¡Tiene brilli brilli! Cuando quieras te lo enseño ;)
Joe
No, gracias, las descargas eléctricas no son lo mío
Natalie Rhodes
Tú te lo pierdes ;)
No te preocupes, papá oso, están advertidas, sobre todo Chen
—¿Qué dice Natalie? —intenta leer Blake.
—Que está todo controlado.
—Mejor, espero que no ganen ni un solo punto.
—No es problema nuestro, hemos hecho todo lo que está en nuestra mano. Este año no pienso meterme en nada que tenga que ver con esos capullos.