6 Joe
cZK
CAPÍTULO SEIS
JOE
Unos meses antes: primer día de clases
Volver a la universidad siempre me parece un suplicio, aunque seguramente tenga que ver con el hecho de que me encanta estar en el campo entrenando y eso es justo lo que hacemos durante la pretemporada, hasta que empiezan las clases.
No es que se me dé mal, de hecho, me gusta lo que estoy estudiando, pero no soy de empollar ni de estudiar desde el primer día, así que, si por mí fuera, limitaría el tiempo dedicado a las materias mucho más.
Me despido de mi hermano, al que le encanta darme por culo hasta la puerta de mi facultad, y bebo un poco de mi tercer café del día.
Sí, lo sé, no es nada sano beber tanto, pero solo lo hago la primera semana, lo juro.
Es una pócima de energía extra que me ayuda a soportar de nuevo a mis compañeros, a los profesores y a los alumnos de primero que van como pollo sin cabeza chocando con todo el mundo.
Lo bueno es que, pasada esa primera semana, me vuelvo a acostumbrar al ambiente y no necesito nada adicional para sobrellevarlo.
Al llegar al aula, subo las escaleras hacia la zona donde están algunos deportistas más, es como si tuviéramos la necesidad de sentarnos juntos, aunque ni siquiera nos llevemos bien.
A decir verdad, alguno sí me cae bien, como Blake, que es un buen tipo, despistado, pero majo; incluso demasiado para un jugador de hockey.
Los del equipo de baloncesto ya son otra cosa.
Ahora que lo pienso, es una carrera que escogen bastante los deportistas, supongo que muchos queremos buscar trabajos dentro del ámbito deportivo y una de las salidas que tiene es la de ser agente.
Ese es mi plan B, o quizás C o D, todavía no lo tengo claro.
No estaba del todo convencido cuando la elegí, pero ha acabado gustándome.
Mi sueño, no, mi meta en la vida es llegar a la NFL, a ser posible en los Detroit Lions.
Lo que pase después, ya se verá; ahora no es importante.
De hecho, si no fuera porque para mi madre es imprescindible que tengamos una carrera antes de alcanzar nuestro objetivo, me marcaría como seleccionable este tercer año sin pestañear, al igual que Barry.
Todo por lo que hemos luchado en la vida es para jugar juntos en un equipo profesional —a poder ser en los Lions— mientras nuestro padre nos observa desde las gradas.
Ese día, al acabar el partido, podría morirme con todo lo que he deseado desde pequeño cumplido.
—¿Qué pasa, Coleman? ¿Preparado para la remesa de chicas nuevas y virginales que acaban de llegar a la facultad?
Sonrío socarrón y me siento detrás de los jugadores de baloncesto.
La mayoría son unos capullos y lo saben, así que no voy a perder mi tiempo recordándoselo.
Es cierto que tengo cierta reputación como el desvirgador del campus y, puede que un poco me la haya ganado, pero no todo es como la gente piensa.
Eso sí, no tengo ninguna intención de desmentirlo; ni me molesta, ni hago daño a nadie.
—Coleman —me llama uno de ellos cuando los ignoro. Uno especialmente insistente cuando quiere, así que solo le hago caso a medias—, ¿te unes a nuestra apuesta anual?
«Oh, mierda, ¿no tuvieron bastante el año pasado?
». Su apuesta consiste en evaluar a las chicas de primer año, ponerles una nota en función de si están buenas, su nivel de timidez, si tienen pareja y algún que otro parámetro del que no estuve atento, y después ir a por ellas a saco y sin miramientos.
Por cada una que consigas follarte, acumulas puntos y, obvio, gana el que más consiga.
Asqueroso. Yo follo por placer, no por rivalidad.
Además, hay puntos extras por la rapidez con la que se la ligan y más si es con un engaño, porque, al parecer, ser confiada es un plus para un gilipollas mentiroso, no un rasgo de alguien que no debemos vulnerar.
Reconozco que me lo pasé muy bien quitándoles posibles presas, no para follármelas yo, pero eso ellos no lo saben.
Bueno, vale, alguna cayó, pero eso no hace que esa fuera la intención por la que me acerqué.
—Yo paso de participar si lo hace él —se queja otro.
Me sabe mal por él porque es buen chaval —bueno, lo sería si no participara en estas mierdas—, pero es incapaz de ligarse a una chica.
Nada más acercarse a una, empieza a tartamudear y sudar, como si lo que tuviera delante fuera el mayor depredador de la Tierra y no una persona; eso, claro, si no ha huido nada más verlo, que también le ha pasado.
Yo tengo la teoría de que es porque batea en el equipo contrario, Glen opina que es porque es más feo que una nevera por detrás y Barry porque le huele el aliento.
No me he acercado tanto como para comprobarlo, así que mientras no sepamos el porqué, todos tenemos razón y estamos equivocados al mismo tiempo.
Nos gusta llamarlo la teoría de Schrödinger.
De hecho, tenemos unas cuantas. Y mucho dinero de por medio en esas apuestas.
Es tanto que, si mi madre se enterase, es posible que nos diera de hostias desde Detroit.
—Ya sabéis que no me gusta participar en esos jueguecitos vuestros que tenéis, pero gracias —esquivo la primera bala, pero sé que vendrán más.
—El año pasado ganaste —me recuerda.
Sonrío ante la cara de cabreo de alguno de ellos.
Aunque decliné su oferta, igual que este año, decidieron contarme los puntos por curiosidad y sí, les pegué una buena paliza.
Eso sí, muchos de ellos eran falsos, a pesar de que ellos no lo saben ni lo sabrán.
En mi defensa diré que no es mi culpa que sean gilipollas.
Además, casualmente, las chicas de toda la facultad se enteraron del juego y decidieron, de forma unánime, evitar a todos los jugadores de baloncesto y los demás capullos que se habían añadido a la apuesta.
Mera coincidencia que lo hablase con Barry un día que estaban algunas de ellas sentadas en la misma mesa que nosotros. «Ups».
—Apúntate, ¿qué puedes perder?
«¿Mi dignidad? ¿El respeto que me tengo hacia mí mismo? ¿El amor de mi madre si se entera? ¿La vida si el que se entera es mi padre? ¿Que Kieran me eche de casa por gilipollas?», y esto solo pensándolo un segundo, si me conceden la mañana entera, seguro que la lista sería infinita.
—Paso. Dejaré que los jugadores de baloncesto os divirtáis solos.
—¿Divertirse? ¿Ellos solos? ¿Por qué? Yo quiero —suelta Blake dejándose caer a mi lado.
—Están apostando para acostarse con las de primero —le explico y hace una mueca de asco.
—Ah, no, entonces paso. Prefiero que el sexo sea gratis.
—No nos pagan por follar, lo sabes, ¿verdad? —le rebate el puto bocazas. Qué mal me cae, en serio, se cree mierda y no llega ni a pedo.
—Pero si te paga tu colega por hacerlo con una tía, es como si te prostituyeras, ¿no? —Blake lo mira confuso, como si no hubiera otra explicación lógica que esa. Lo peor es que creo que es el mejor corte que les han podido hacer con su mierda de juego, y ni siquiera lo ha hecho con esa intención.
—Igual habría que replantearse el reto —murmura otro que ha estado callado hasta ahora.
Si tuviera que apostar, diría que es el más listo del equipo de baloncesto o al menos el único con sentido común.
De hecho, Glen me dio una vez la razón en esto, pero Barry le rebatió que acostarse con ella no lo hacía serlo, así que es otra teoría de Schrödinger sin resolver.
—Ni de coña. No pienso fiarme de un jugador de hockey ni de otro de fútbol americano. Nos quieren liar para ligárselas ellos.
«Claro que sí, campeón, todo mi propósito en la vida es ese».
—Yo no he dicho nada —me defiendo.
—Yo no entiendo la finalidad de la apuesta —se queja Blake.
—Eso es porque sois unos perdedores.
Al menos, después de decir eso, todos los jugadores de baloncesto se giran y nos dejan tranquilos. Odio los primeros días, ¿lo he dicho ya? Y no es que no haya coincidido con esta panda de capullos durante la pretemporada, pero parece que aquí sentados se vienen arriba con la estupidez.
—Oye, la apuesta esa, ¿es la misma en la que el año pasado les robaste algunas chicas? —me pregunta Blake en un susurro y asiento—. ¿Vas a hacer lo mismo?
—No, hablaré con las chicas de segundo para que adviertan a las de primero, será más fácil.
De hecho, le escribiré a Natalie cuando acabe la clase.
—Natalie es una tía de puta madre que puso a más de uno en su lugar el año pasado, y eso que era de primero; estoy seguro de que este curso les bateará las pelotas como le toquen lo que no suena.
Me muero por verlo. Y no, no me la he follado, pero la gente cree que sí y nos gusta jugar con eso—.
Este año quiero que sea tranquilo, tengo que centrarme en el fútbol y la titularidad.
—Bien pensado.
Me da un golpe en la espalda y me sonríe. Sí, lo mejor es que me quede al margen, paso de meterme en movidas por nadie.
Contra todo pronóstico, he sobrevivido a la primera semana de clases sin más cafeína de la esperada, así que, hoy lunes, solo llevo uno y estoy feliz.
Bueno, feliz igual no es la palabra, pero no odio a la humanidad, que ya es más de lo que tenía la semana pasada.
Los gilipollas del equipo de baloncesto nos han dejado tranquilos y parece que se han olvidado de la apuesta de mierda que querían hacer. El mundo es un lugar mejor.
—Al final, Glen se va a especializar en Psicología Deportiva como yo —me explica mi hermano, ajeno a mi paz interior—.
No entiendo por qué le ha costado tanto decidirse; creo que es una especialidad que se le puede dar muy bien, aunque en realidad, cualquiera que hubiera elegido.
—Hace un gesto que otra persona pensaría que significa que está pensando y sacude la cabeza un segundo después—.
Menos mal que se ha quitado de la cabeza las parafilias; si me llega a explicar una más, creo que reviento.