4 Riley
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CAPÍTULO CUATRO
RILEY
Cuando me despierto, abro los ojos y la claridad del día me ciega, me cuesta unos segundos ubicarme, hasta que noto el cuerpo de Joe pegado al mío y todo lo que hicimos anoche vuelve a mi mente.
«Madre mía». Todavía no me lo creo. No tuvo nada que ver con la primera vez.
De hecho, ni siquiera quiero llamarla así, ahora que he conocido lo que es el sexo de verdad; pienso decir que esta experiencia ha sido la primera.
Fue maravillosa, increíble, como nunca pensé que sería.
«¿Será porque fue con Joe?» Es decir, confío en él como para dejarme llevar y fue muy dulce, no sé si será por eso o si solo ha propiciado que sea mejor.
«¿Cómo de malo sería si le pidiera repetir?
» «No, no puedo pedírselo. Eso sería aprovecharme de él».
Ese simple pensamiento me hace cerrar las piernas y una ola de placer me recorre entera, aunque también la necesidad de ir al baño.
«¿Qué hora será?». «¿En qué momento me quedé dormida?
». «¿Se molestó Joe por no irme a la residencia?
» «No, no creo que eso le molestase». Me muevo para observarlo un momento, pero mi cuerpo me pide otra cosa.
Bueno, dos, pero una con más urgencia. «Necesito ir al baño ¡ya! ».
Intento salir de la cama sin despertar a Joe, que duerme plácidamente con su brazo rodeando mi cuerpo, pero no lo consigo. Cada vez que me muevo, afianza más su agarre sin permitirme salir. Sonrío y niego con la cabeza, es protector hasta dormido.
—Joe —susurro para no asustarlo, pero no reacciona—.
Joe. —Esta vez sonríe, bueno, supongo que es un avance—.
Joe. —Lo zarandeo o, más bien, lo intento, porque no tengo fuerza para moverlo ni una pulgada.
Abre los ojos, sin embargo, los vuelve a cerrar al instante—.
Joe, ¡despierta! —Observo como poco a poco va siendo consciente de su alrededor, pero sigue aprisionando mi cuerpo contra el suyo.
Cuando parece que sabe quién soy, hago un nuevo intento de salir de su abrazo—.
¡Por fin! Necesito ir al baño y me tienes atrapada.
—Perdona —balbucea todavía medio dormido. Al menos alza el brazo y puedo salir de la cama. Voy directa a la puerta porque, como tarde un poco más, haré mis necesidades aquí. Me freno en seco cuando me habla—: ¿Vas a ir así?
—¿Qué? —Bajo la vista a mi cuerpo y me doy cuenta de que estoy desnuda. «Oh, no, joder». Me tapo como puedo mientras intento no morir de vergüenza por el camino. Observo a mi alrededor en busca de mi ropa, pero no veo nada—. ¡Oh, mierda!
Respiro hondo una vez y, de golpe, una prenda negra que no estaba ahí hace un segundo, aparece para salvarme la mañana.
La cojo sin mirar lo que es y empiezo a ponérmela lo más rápido posible, girada para que Joe no vea lo apurada que estoy.
No quiero que piense que esto es por lo que hicimos anoche; es que no me siento cómoda desnuda.
Me da muchísima vergüenza. Una vez estoy tapada con la enorme camiseta de Joe, puedo encararlo, aunque noto lo sonrojada que sigo.
Bueno, igual no ha sido buena idea girarme hacia él.
Todos los recuerdos de anoche se están amontonando en mi cabeza ahora mismo.
—Mi hermano no está. —«¡Menos mal! No creo que fuera capaz de mirar a la cara a Barry en estos momentos. Y mucho menos explicarle por qué llevo una camiseta de su hermano»—. Puedes ir sin problema.
—Gracias —murmuro antes de salir corriendo hacia el baño.
En cuanto cierro la puerta, pongo el pestillo lo más rápido que puedo, como si un asesino en serie me estuviera persiguiendo.
Como si ese hecho hiciera que toda mi incomodidad se fuera.
No sé por qué sigo haciendo caso a Mia, siempre acabo encerrada en un baño.
«Porque no te permites vivir, hermanita», sus palabras asaltan en mi cabeza como una losa.
«¿De verdad no lo hago o es que la vida que los otros ven como buena a mí no me llena?
». Bueno, debo reconocer que tanto ella como Joe tenían razón con el sexo.
Es mucho mejor cuando la otra persona sabe lo que hace. O cuando no es un capullo egoísta.
Una vez hago mis necesidades, me quedo observando la puerta.
Cuando salga, tendré que mirar a Joe a la cara sin pensar en el placer que me proporcionó anoche ni las ganas que tengo de repetir.
«¿Me he vuelto loca?». Es una posibilidad.
Lo más probable es que necesite una ducha para quitarme el olor a sexo y los restos del hormigueo que todavía me recorre, y todo este efecto se vaya.
Seguro que es eso. Me encantaría poder llamar a Savannah en este instante, ella me ayudaría a saber si son normales o no todos estos sentimientos extraños que estoy sintiendo.
Por un lado, soy consciente de que es lógico y humano buscar de nuevo algo que nos ha hecho sentir bien, pero, por otro, no puedo aprovecharme de Joe de esta manera.
Y mucho menos mirarlo como un cacho de carne.
¡Es mi mejor amigo! Quizás, y solo quizás, tendría que haber pensado más en mi propuesta.
«¿Él también estará incómodo? ¿Se arrepentirá?
». De golpe, la posibilidad de perderlo como amigo me invade y tengo que agarrarme al lavabo para no caerme.
Mierda, he estado tan centrada en cómo me sentía que había olvidado ese hecho.
«¿Cómo voy a sobrevivir a mi segundo año sin él?
». Bueno, si ese es el caso, supongo que tendré todo el verano para hacerme a la idea, por muy triste que me parezca.
Respiro hondo varias veces antes de atreverme a salir.
De hecho, si llevase mi ropa, huiría sin ser vista, aunque eso no serviría de nada, porque la siguiente vez que estuviese frente a Joe sería todavía más incómodo; al menos en su habitación no hay nadie más que me pueda observar pasándolo mal.
O puede que esta sea la última vez que interactuemos sin obligación; no quiero estar pensando en cómo hubiera sido si me voy.
Al entrar, descubro que se ha puesto unos pantalones y una parte de mí lo agradece.
Mi parte racional, obvio, porque la otra, que está decepcionada por no poder lanzarme a la cama con él, no sé de dónde ha salido, pero racional, lo que se dice racional, no es.
Me sonrojo cuando observo su pecho, ese en el que, al parecer, he dormido más horas seguidas que en mi propia cama.
—No pensé mucho en lo qué pasaría al despertarme —suelto, porque necesito romper la tensión que me está asfixiando y bajo la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada—. Esto es un poco raro.
—¿Quieres que me haga el dormido para poder huir sin ser vista? —bromea y no sabe cómo lo agradezco.
Me conoce tan bien que sabe que lo hubiera hecho. Se me escapa una sonrisa, como siempre. Aunque esta vez no es «como siempre». Y, solo por eso, creo que tenemos que dejar las cosas habladas antes de irme.
—No, mejor que sea incómodo aquí, en estas cuatro paredes los dos solos, que en mitad de la calle o del campus —admito antes de suspirar—.
Yo… siento lo que pasó anoche. —«Mierda, eso no es lo que quería decir, parece que me arrepiento»—.
Es decir, no lo que pasó, pasó, sino cómo pasó.
—«Riley, céntrate. Piensa y luego habla, no al revés».
Me llevo las manos a la cabeza para aclararme y suspiro de nuevo.
Solo espero que no se tome a mal lo que he dicho—.
Vuelvo a empezar: no me arrepiento de lo que hicimos, pero siento habértelo dicho tan de golpe y no haber tenido tiempo para prepararlo.
—Si crees que ahora estás pasando vergüenza, imagina tener que planificar el sexo con antelación.
—Joe, joder. —Me tapo la cara mientras intento deshacerme de ese pensamiento.
Ni se me había pasado por la cabeza lo mal que lo hubiera pasado, pero es verdad, hubiera sido mucho peor.
Dios, solo quiero salir huyendo de aquí mientras Joe está tan tranquilo.
«¿Por qué está tan tranquilo?»—. ¿Se pasará esta sensación? , y ¿por qué tú no la notas?
—Si te hubieras dignado a mirarme en algún momento, te habrías dado cuenta de que estoy en la otra punta de la habitación pegado a la pared, y porque no puedo ir más lejos.
—¿Eso es verdad? Lo observo a través de mis dedos y sí, está tan pegado a la pared que parece que quisiera fundirse con ella.
No puedo evitar la sonrisa que se me escapa—.
Así que no, para mí tampoco está siendo fácil, pero imagino que se pasará en unos días.
—Vale, entonces, vamos a actuar como si no existiera la incomodidad que nos rodea —digo decidida. «Puedo hacerlo. Solo es Joe, mi amigo». Sin embargo, cuando intento dar un paso, soy incapaz—. O podemos esperar unos minutos.
—¿Por si se va sola? ¿Abro la ventana?
—No es tu peor idea —admito riendo. Este es uno de los motivos por los que me hice su amiga tan rápido, siempre tiene algo ingenioso que decir. Mi mente, que necesita una ducha con urgencia, se fija en sus labios y caigo en algo—: Tengo una pregunta sobre lo que pasó ayer.
—Dispara.
—¿Es normal que no me besaras en la boca? Es decir, ¿lo hiciste por algo o suele ser así? —Visto lo visto, no puedo coger como referencia mi primera vez. Esa que pienso eliminar de mis recuerdos más pronto que tarde.
—Pensé que sería mucho más incómodo para los dos. —«Oh, eso tiene sentido»—. ¿Te molestó?
—No, en realidad, no. Creo. —Si lo pienso, me hubiera gustado que lo hiciera, pero eso es deseo, no molestia. «¿Si se lo pido ahora, lo haría?». Sacudo la cabeza para quitarme ese pensamiento—. Solo quería saberlo.
¿Por qué no paran de venirme ese tipo de peticiones?
¿Se irán con una ducha? «Quizás necesite dos».
Necesito que Joe se ponga una camiseta o dejar de mirarlo de una vez, no puede ser que se me encienda el cuerpo entero cada vez que se mueve o pienso que va a venir hacia mí.
«¿Seremos capaces de ser amigos después de esto? ».
—¿Estás bien? —Su tono dulce me ayuda a sincerarme. Supongo que ha llegado el momento de preguntarle de una vez.
—No lo sé —admito mientras suspiro—. ¿Estamos bien nosotros? ¿Seguimos siendo amigos? No quiero perderte.
—Ei, Vaquera. —Atraviesa la habitación en un instante y me abraza envolviéndome entera. Solo con este gesto, sé que nada ha cambiado—. Eso es imposible, no vas a librarte de mí por darme un poco de sexo.
—Técnicamente, me lo diste tú a mí —puntualizo sin separarme de él y empieza a reírse.
—Matices. —Sonrío y preparo mi réplica.
—Los matices blindan o invalidan contratos. —Se separa un poco para mirarme con una sonrisa radiante y todas las dudas que tenía se esfuman—. Me alegro de que estemos bien, cuando he ido al baño y he sido consciente de lo que habíamos hecho, he entrado en pánico.
—Tranquila, Vaquera, en cuanto nos demos una ducha y nos tomemos un café, volveremos a ser los de antes. —«¡Eso espero!»—. ¿Alguna duda más sobre lo que pasó o hice?
—No, fue perfecto. —Me pongo de puntillas para darle un beso en la mejilla. Me he centrado tanto en lo que estaba sintiendo ahora, que ni siquiera le había agradecido lo que hizo—. Gracias.
—Un placer. —Sonrío ante el juego de palabras—. ¿Quieres que te acerque a la residencia o te quedas a desayunar?
—Creo que no estoy preparada para ver la cara burlona de Kieran si me ve aparecer por la cocina —me sincero. Necesito una ducha y llamar a Savannah—. Pero pediré un Uber, no hace falta que me lleves.
—¿Te preparo un té para el camino?
—No, tranquilo —le respondo con una sonrisa. Joe no puede evitar cuidarme ni aunque esté deseando huir de él durante un rato.
—¿Segura?
—Sí, creo que ya te he pedido demasiadas cosas por hoy.
Me separo para coger mi ropa, vestirme e irme a la residencia. Joe me observa sentado en la cama y sonrío. El sexo no ha cambiado nada y seguiremos siendo amigos como hasta ahora. Soy muy afortunada.