Capítulo 19. ¿En casa?
Ben
Había hecho alguna reforma en la casa, en especial el dormitorio con una enorme y cómoda cama, armarios empotrados y un tocador para ella, para que guardase sus cosas.
A su madre siempre le habían gustado y esperaba que a Stella también.
Además, puso algún que otro mueble más, un sofá cómodo, una gran televisión, porque le daba que se quedarían en invierno en casa, tal vez viendo y comentando películas o series, y aunque no le iba a dar tiempo a pintar las paredes, podría ser más adelante.
En ese piso solo había una habitación más y no sabía si en el futuro ella querría tener hijos, pero a él al menos le gustaría tener uno. Su madre sería una feliz abuela.
Esa noche, después del estreno de la película de Charlie, se iba a quedar a dormir y lo primero que había hecho el idiota de Leo es darle una caja de condones.
No le dio un puñetazo porque había salvado la vida de su chica, y porque ya lo conocía.
No quería apresurar las cosas. Ambos estaban doloridos, menos que hacía una semana, pero no había prisa.
Jacob, Bella, Leo, Harper, Charlie y Ruby ya estaban en la ciudad.
Richard, Margot y Sophie acudirían y se quedarían a dormir en casa de Jacob si acababan tarde y Mack, Lori y Fran dormirían en casa de Leo.
Aunque les había ofrecido una habitación, parecía que los hermanos querían dejarlos solos.
Stella venía con Margot también. Hacía dos días que no la veía por la organización de la galería y porque a Leo se le había ocurrido algo. Según él, la idea del siglo.
Iban a buscar otro local y abrir una exposición, pero de objetos asiáticos y europeos, más tirando a antigüedades que a cuadros.
La idea había sido del propio gemelo, pensando en qué hacer con su vida, dio con ella.
Había viajado por todo el mundo y conocía a mucha gente con la que había contactado.
Podría conseguir algunos proveedores o dedicarse a viajar a buscar algo interesante.
Así que habían encontrado otro local no muy alejado de ese, porque Leo quería comer todos los días con Harper, y él llevaría la gestión de ambos, algo que le parecía un maravilloso reto.
Ya habían empezado a acondicionarlo y él lo estaba supervisando. Lo estaba pasando de maravilla.
Esa noche, se puso su traje oscuro, camisa color coral y corbata. Bella le había chivado el color del vestido de Stella, e incluso le envió la referencia de la camisa que se tenía que comprar. Le hizo mucha gracia estar tan dentro de la familia que hasta ella le mandaba.
Su madre estaba de viaje en Colombia, para pasar la Navidad con sus hermanas, así que no vendría.
Se dio una ducha y miró el reloj. Faltaba una hora, pero se fue caminando por las iluminadas y decoradas calles de Nueva York.
No sabía si la película iba a ser un éxito o sería pasable. Era lo de menos.
Lo importante es que todos iban a acudir como familia. Y que el amor de su vida estaría allí, con él. ¿Qué más quería?
Caminó hacia el icónico París Theatre, donde se iba a estrenar.
No era el más grande, pero sí glamuroso.
Charlie les había comentado que los primeros pases privados habían tenido unas críticas buenas, pero luego estaba el gran público.
Y no dejaba de ser una película de bajo presupuesto y no exenta de polémica por todo lo que ocurrió.
Tal vez alguno quisiera aprovechar el tema para hacer fotos a la familia.
No es que él fuera su guardaespaldas, pero allí estaría para protegerlos si hacía falta. Sin armas, eso sí.
Llegó a la calle, había algo de movimiento.
Gente esperando, algún fotógrafo y un centenar de personas.
Eso le gustó. Esperaba que le fuera bien a Charlie.
Un tipo con una camisa de flores y una americana entró en el cine.
Algunos lo pararon. Según la descripción de Charlie, debía de ser el director de la película.
Alguien le dio un toque por detrás y se volvió con brusquedad.
Charlie levantó las manos con una sonrisa.
Estaba muy elegante con su traje oscuro, camisa verde, como verde era el vestido de Ruby. Le sonrieron.
—¿Has venido a ver el ambiente?
—Estoy acojonado, Ben. Esto podría ser lo mejor o lo peor.
—No digo que vaya a ir mal, hombre, pero si lo fuera, solo sería un escalón más. No siempre se acierta a la primera.
—Yo me quedo con haberte conocido, amor —dijo Ruby y él acarició su cintura con afecto.
—Vamos a entrar por detrás, para ver si todos los compañeros han llegado y luego volveremos a salir para saludar a todo el mundo. Pensaba que no habría nadie —comentó riéndose nervioso.
—Falta una hora, igual viene más gente —dijo Ben—. Voy a esperar a todos por aquí.
Le dio una palmada a Charlie y se fueron por un callejón de atrás. Paseó nervioso por la acera. Enseguida vio llegar a los gemelos con Harper y Bella. Se abrazaron y Leo echó un vistazo a la gente.
—No parece que haya miles de personas —dijo pensativo.
—Haz una publicación en redes, Leo. Te has empeñado en no comentar nada y así la gente no se entera —dijo Harper.
—Es verdad. Vamos, Jacob, ponte conmigo.
—Yo os hago la foto.
Se pusieron en pose y Harper se agachó para sacarlos con la cornisa del cine en la imagen. Hizo varias fotos y después de darle un ligero retoque las subieron. Harper la compartió en sus redes.
—Deberíamos haber avisado con más tiempo, Leo.
—No quería que vinieran por el morbo. Y dijo Charlie que las entradas ya estaban vendidas.
—Pero los famosos son así —comentó Bella—, avisan de los eventos y la gente va a verlos solo por ir, a lo mejor les da igual la película. Parece mentira que no lo sepas, Leo.
—Lo sé, bolita, pero no quería que esto se llenase de fans locos.
—¿Bolita? ¿En serio? —dijo Ben partiéndose de risa.
—Me lo ha puesto Sophie porque es lo que parezco, pero que lo use ella no significa que otra persona que no sea mi hermana pequeña y adorable pueda utilizarlo bajo riesgo de que le interponga una demanda.
Se echaron a reír y Jacob le dio un beso a Bella que hizo que dejara de fruncir el ceño.
Por detrás se acercaban Richard y Margot y un poco más allá caminaban Stella y Sophie charlando animadamente.
Ben se acercó, muerto de ganas de verla.
Saludó a la pareja con brevedad, pero se fue rápido hacia su chica.
Llevaba un elegante abrigo oscuro y un recogido sencillo. Lo miró con los ojos brillantes.
—Dios santo, estás preciosa, Stella.
—Hola, Ben. Ya sé, solo tienes ojos para tu chica. Me largo.
—Ey, sí, hola, Sophie.
La niña se fue riéndose.
—Tú tampoco estás nada mal, Ben. Me gusta tu camisa.
—Te echaba de menos, amor.
—Y yo a ti. Estoy deseando pasar este fin de semana contigo.
—¿Te quedarás los dos días?
—Si quieres, sí.
—Qué pregunta...
—Venga, tortolitos, que hay que hacer el paseíllo —gritó Leo. Mack y Lori también se acercaban por el otro lado, así que se unieron al grupo con abrazos y besos.
Le dio un suave beso en la mejilla para no quitarle el maquillaje y ofreció su brazo.
Caminaron hacia la entrada. Charlie y Ruby ya habían salido y estaban en el medio, haciéndose fotos con la gente y atendiendo a los fans.
Los otros actores y equipo también se encontraban por ahí.
Ruby se apartó de Charlie con una mujer y la actriz se acercó a él para posar juntos en las fotos.
—¡Los gemelos! —gritó alguien. Leo pareció hincharse de satisfacción y tomó del brazo a un fastidiado Jacob y posaron para algunas fotos. Vio que Sophie también hacía fotos emocionada.
Charlie se puso a responder algunas preguntas con Valeria, la actriz, hasta que salió el director y dedicó unas palabras a todo el equipo y a las dificultades por las que habían pasado.
Vio cómo la actriz abrazaba a Charlie y luego se unían la esposa de la actriz y Ruby.
Hicieron algunas fotografías más y ellos, como invitados, pasaron para sentarse en las primeras filas.
No era un cine demasiado grande, pero no les importó.
Vio a Charlie sudar. Al menos, Ruby no le soltaba de la mano.
Después de una presentación breve, comenzó la película. Margot y Leo controlarían las escenas más sensuales para que Sophie no tuviera que verlas y todos se quedaron callados.
Ben y Stella estaban cogidos de la mano.
En realidad, sabía que Charlie era talentoso, pero le gustó más de lo que pensaba.
La película no tenía un argumento memorable, pero tanto Valeria como él estuvieron muy bien.
Las escenas con Leo y Jacob hicieron aplaudir a la familia y al final, cuando todo acabó, esperaron en silencio.
Las luces se encendieron y el público comenzó a aplaudir, jaleando a Charlie y a Valeria.
Él miró a toda su familia, emocionado y también aliviado.
El director salió al escenario, pusieron unas sillas para los actores y durante unos veinte minutos, hablaron de la película y también los espectadores pudieron preguntar.
A la salida, había varios cientos de personas que los jalearon.
Los ojos de los tres brillaban. Se hicieron fotos con sus fans, que quizá eran también seguidores.
Algunas abrazaban a Charlie e incluso a los gemelos.
Leo aseguró más tarde que le habían tocado el culo.
Con afecto, se despidieron de todas las personas que habían acudido.
Habían reservado el restaurante de Caleb para todo el equipo y la familia, con un cóctel y aperitivos para picar. Ya dentro, pudieron respirar tranquilos. El director brindó por todos.
—Muchas gracias a todos por esta maravilla. Sé que no es la mejor película, pero sí el mejor equipo. Ojalá podamos encontrarnos en alguna otra ocasión.
Stella se acercó a Ben. Estaba preciosa con su vestido color coral y pasó los brazos por su nuca.
—Ahora puedes besarme, Ben, ya me da igual el maquillaje.
La apartó a un lado y la miró atentamente. Luego, se acercó a ella y le dio un suave beso.
—Si te besara como quiero, tu padre me echaría de la familia. Esta noche tendremos tiempo, amor.
—Entonces esta noche tienes que demostrármelo. Todo eso que te has ido reteniendo, ya sabes.
Ben se echó a reír. Sophie los fue a buscar. La familia iba a brindar. Sirvieron vino para todas menos para las embarazadas y Richard carraspeó.
—Por un futuro brillante y feliz para esta familia. Sois mejor todavía de lo que había imaginado.
—Por toda la familia, por seguir así de unida y amorosa —dijo Margot.
—Por mis hermanos y mis hermanas, por mis futuros sobrinos y espero tener muchos más —dijo Sophie. Se echaron a reír.
Acabaron abrazándose. Caleb y Dan se acercaron a ellos, ya con el servicio terminado.
—Ha estado todo excelente —felicitó Margot.
—Muchas gracias, y eso que nuestra jefa de camareras nos ha dejado esta misma mañana. Su esposo es militar y lo han trasladado a Los Ángeles. Si conocéis a alguien...
—Yo, sí —dijo Ben enseguida—. En cuanto se recupere Stella creo que quiere buscar algo en la ciudad. ¿Verdad?
La miró. Ella movió la cabeza.
—¿Esto estaba preparado?
—No exactamente —dijo Caleb—, pero lo de la jefa de sala sí que es cierto. Si te interesa, te guardo el puesto, Stella.
—No sé si podré ser jefa.
—Pero si mandas mucho —exclamó Sophie—, eres como Bella, impla... implo...
—Implacable —dijo Jacob—. Te doy la razón, Mini Villana.
—Podría estar un tiempo a prueba y si no te gusta cómo trabajo, me echas.
—Claro, me parece bien.
Stella miró emocionada a Ben. Podrían estar muy cerca, en el local de al lado.
A las once y después de muchas risas, emociones a flor de piel y una riquísima comida, todos se fueron marchando, despidiéndose con besos y abrazos que duraron más de media hora.
Stella se abrigó y cogidos de la mano caminaron hacia su apartamento.
—Tengo ganas de que lo veas, he hecho algunos cambios.
—La cama seguirá allí, ¿no?
Ben se echó a reír.
—La puse más grande, para que dos personas estén muy cómodas. Y he añadido un armario para ti. Pero ya lo verás.
—Eres un cielo, Ben. No sé si...
—¿Qué dijimos?
—Está bien.
Al entrar, ella abrió los ojos encantada. Los sofás neutros habían desaparecido y ahora eran de un color azul pizarra intenso. Le quitó el abrigo y ella paseó por el apartamento. Ben la miraba orgulloso por ver su rostro emocionado.
—Son cambios sutiles, pero me encantan.
—Es para que te sientas cómoda, aunque puedes añadir o quitar lo que quieras.
—Está perfecto. ¿Me enseñas el dormitorio?
—Me encantará, pero no sientas que debemos hacer nada.
—Te deseo, Ben. Puede que debamos ir despacio, suave, pero quiero de una vez estar desnuda contigo.
—No me lo digas más veces.
La cogió en brazos entre risas y la llevó a la habitación. Ella la miró de refilón, pero no parecía interesarle tanto como quitarle la camisa.
La dejó en el suelo y ella le aflojó la corbata, él se quitó la americana y los zapatos. La deseaba tanto que debería hacer un gran esfuerzo para contener su pasión.
Cuando tuvo el pecho al descubierto, Stella acarició su piel, produciéndole escalofríos. Ella paró.
—¿Estás bien? ¿Tus costillas?
—Todo perfecto. Puedes seguir.
—Estás buenísimo, Ben, con todos esos músculos tan bien puestos.
Él se echó a reír y se quitó la coleta. Ella acarició su cabello suave. Luego, bajó por su pecho y llegó a su pantalón. Le quitó el cinturón mientras él no se atrevía a moverse. El pantalón quedó abajo en segundos y él se deshizo de él y de los calcetines.
—Me toca a mí —dijo Ben.
Ella se giró para que él desabrochase los dos botones de su cuello. Aprovechó para besar la nuca y le tocó a Stella estremecerse. Dejó caer el vestido al suelo y soltó una imprecación. Ella llevaba solo un escueto tanga. Se giró para que él pudiera verla.
—Dios, me vas a matar. ¿Cómo voy a aguantar ni cinco minutos cuando me muero de deseo por ti?
—Y no importa, Ben. Si ahora son cinco minutos, mañana pueden ser dos horas. Yo también te tengo ganas.
Ben abrió la cama y ella se recostó. Se moría por poseerla, pero debía ser cuidadoso.
Además, era mucho más grande y pesado que ella.
La besó con ternura, pero ella gimió y entonces, se desató.
Sus besos arrasaron su piel, lamieron y mordisquearon sus pechos y exploraron su vientre.
Ella se arqueaba con suavidad y sí, a él le pinchaba el torso, pero le importaba poco.
Descendió para quitarle la minúscula pieza de ropa que le quedaba puesta y por fin degustó el glorioso placer del amor de su vida. Ella gimió cuando él jugueteó con su lengua y también cuando la llevó al placer.
—Dios, Ben, no te he durado ni cinco minutos.
Soltó una risa profunda y se levantó. Se quitó la ropa interior, ya preparado y sacó una caja de condones.
—Espero que tengas muchos para este fin de semana.
—Y puedo pedir más —bromeó él.
Se preparó y se colocó sobre ella sin aplastarla. La miraba a los ojos, todavía incrédulo.
—Soy tuya y tú eres mío, Ben. Adelante.
Por fin se unió a ella. Y supo que sería para siempre.