Capítulo 18. ¿Qué es la felicidad?
Stella
Ya llevaba un par de días en la casa de su... padre. Todavía no era capaz de llamarlo así y a él no parecía importarle. El fin de semana era caótico, gente por todas partes, en el baño que solía usar ella había fila porque, además, Bella estaba todo el tiempo haciéndose pis.
Tampoco es que tuviera mucha intimidad con Ben.
Venía a verla, pero los gemelos siempre rondaban por allí, si no era uno, era el otro y, además, había observado algo: Leo se aprovechaba visiblemente de su hermano.
Por suerte, Harper ya lo tenía calado y no le hacía ni caso. Pero Jacob era demasiada buena persona.
Les trajo unos cafés mientras Charlie hacía sus tortitas. Ruby estaba en un lado de la sala, arreglando las cejas a Margot y a Bella. Harper les hacía unas fotos entre risas y Sophie estaba dibujando sentada en el suelo.
Los demás, no sabía dónde estaban. Tomó una tortita mientras miraba a Leo que estaba mandando a su hermano a por un zumo. Ya no pudo más.
—Oye, Leo. Sabes que te estoy muy agradecida por la donación que hiciste.
—Lo sé. Siempre te lo recordaré —dijo con una sonrisa socarrona.
—Ya veo. Lo que pasa es que a mí los chulitos me la repatean —dijo y Jacob se quedó quieto, delante de la mesa, con el zumo en la mano—, porque te aprovechas de tu hermano que es un pedazo de pan, tierno como un bollo, para pedirle de todo cuando tus piernas funcionan perfectamente.
Se escucharon silbidos de todas partes.
—Lo hace a gusto, ¿verdad, Jacob?
—Siempre lo he cuidado, Stella.
—Una cosa es cuidarle y otra que te lleve de lado.
—No me importa.
—Le gusta que le manden, si no mira con quién está casado —dijo Charlie entre risas. Mack, que se había puesto a su lado, le dio una pequeña colleja. Él protestó.
—No, estáis equivocados —dijo Sophie levantándose. Se acercó a la mesa de la cocina—. Leo tiene un poco de cara dura, eso nadie lo va a negar, pero es que Jacob es el que siempre cuida de nosotros, de todos, y no lo puede evitar porque le sale de dentro. No lo entendéis.
Se quedaron callados y luego se volvió hacia Stella.
—La bronca ha estado fenomenal, hermana. Se lo merecía, porque antes lo he visto perseguir a Harper por el jardín.
—¿Eso has hecho? —preguntó Jacob. Leo se encogió de hombros con una sonrisa canalla.
—Me dolía la pierna, incluso así —Miró a Stella enfurruñado—, lo que nos faltaba, otra hermana que nos echa la bronca.
—Solo te la ha echado a ti —dijo Richard suave—, y bien merecida.
Leo cruzó los brazos y puso cara de enfadado, pero Harper se sentó a su lado y le dio un beso.
—No os preocupéis, que yo me encargaré de este caradura.
Se echaron a reír ante las protestas de Leo y Jacob le dejó el zumo delante, sonriendo. Le dio un beso a la pequeñaja y rozó el hombro de Stella.
—Ya lo sé, no te preocupes. En el fondo, hago lo que quiero —susurró.
—Se merecía una bronca.
—O dos. ¿Quieres un zumo? No me importa traerlo.
Ella negó y se levantó para ponerse un café.
El domingo había amanecido nublado, y en otra ocasión hubiera dicho que triste, pero no en esa.
Se sentó con el café en la mano y cuando Charlie acabó las tortitas, las chicas acudieron.
Solo faltaban Mack, Lori y, por supuesto, Ben.
Aunque le había dicho que pasaría más tarde.
Richard carraspeó y todos se callaron.
—Aunque no es champán me gustaría brindar por esta familia, cada uno con lo suyo, té o café. Me siento bendecido.
Levantaron la taza y se sonrieron entre todos. Parecía que Richard se estaba emocionando demasiado y no sabían cómo evitarlo. Bella carraspeó, interrumpiendo el momento.
—Entonces, iremos todos al estreno de Charlie y compañía, ¿no? ¿hay que ponerse muy elegantes? Porque no sé si encontraré algo que me quepa.
—Te buscaremos un saco de esos que tiene mi hermano en el estudio, seguro que cabes.
Harper le dio un toque a su esposo, pero alguno que otro sonrió.
—Además, no es solo la película de Charlie, todos contribuimos —dijo Jacob—, hasta la casa. Así que bueno, como dice mi querida esposa, habrá que ponerse guapos, aunque ella, se ponga lo que se ponga, es preciosa.
Se escucharon silbidos, Bella le mandó un beso que él recogió y se lo llevó al corazón. Leo alzó las cejas y movió la cabeza y Charlie se echó a reír.
—Os pondré a todas guapísimas, tenemos que brillar —dijo Ruby.
—¿Yo también? —preguntó Sophie. Ruby miró a Margot, que se encogió de hombros.
—Podemos hacer algo. No tiene por qué ser un maquillaje de adulta, pero algo sí puede ser.
Llamaron a la puerta y Charlie, que pasaba cerca, fue a abrir. Ben apareció con un ramo de flores.
—Gracias, Ben, sabía que te acordarías de mí —dijo Leo. Esta vez, la colleja se la dio su propia esposa.
—Buenos días a todos. Es para la familia entera, así que tú también estás incluido, Leo.
—Deja, lo pondré en un jarrón. ¿Un café?
—Gracias, Margot, ya he desayunado. Mi madre piensa que todavía estoy creciendo y me alimenta demasiado.
Enseguida miró a su alrededor, buscándola. Jacob le dio un abrazo.
—De momento sobrevive a la familia y no veas cómo.
—Ah, ¿sí?
Stella se levantó y tendió su mano.
—¿Paseamos, Ben?
—¿Puedes?
—Sí, estoy bien.
Se puso la cazadora y salieron al porche.
Hacía frío, pero no llovía. Ella se cogió de su brazo y caminaron hacia el muelle.
Las nubes grises se movían con cierta velocidad, igual que las olas del lago y el barco chocaba con las guardas del muelle.
Miraron al horizonte en silencio. Ben pasó el brazo por sus hombros y la estrechó.
—¿De verdad estás bien?
—Sí. De verdad. ¿Y tú?
—Sigue doliéndome un poco todo, pero me recuperaré. Tengo buenos motivos para hacerlo.
Ella se giró hacia él. El cabello se voló a su rostro y él se lo apartó con dulzura.
—Te amo, Ben. Y lo siento muchísimo, siento todo lo que he hecho a lo largo de estos años.
Él se quedó sin palabras. Le dio un suave beso en los labios y se apartó.
—Todo se ha pasado, Stella y ha terminado como una novela romántica de las que lee mi madre. —Sonrió—. Solo falta boda y niños.
—No corras tanto. Quiero hacer algo, buscar trabajo, no lo sé. No voy a depender de lo que quiere darme Richard.
—Y lo veo muy bien. Una vez que te recuperes, puedes buscar el trabajo de tus sueños. En la ciudad hay muchas posibilidades...
Ben la miró expectante.
—Cómo eres. Y sí, si me dejas sitio en tu cama, me iré cont...
Emocionado, la interrumpió con un beso. Sus labios eran tan suaves y delicados que nadie lo diría para un hombre tan grande. Ella abrió la boca para recibirlo y él ronroneó, pero se apartó.
—Estamos recuperándonos. Ya llegará.
—Tengo ganas de que ese día sea pronto, Ben —contestó ella con los ojos brillantes—, pero no pasa nada porque me beses, eso no nos hace daño.
—A mí sí, mis pantalones explotarán —susurró Ben haciendo que su piel se erizara—. No es cuestión de dar el espectáculo en casa de tu padre. Me siguen apreciando, pero ahora querrán vigilarme porque eres su hija.
Ella sonrió.
—Me sigue sonando raro, Ben. Pero lo voy asumiendo. Y no creo que nadie se atreva a decir nada. Creo que antes... me pasé.
—¿Y eso?
—Le eché la bronca a Leo por aprovecharse de su hermano. Lo lleva como un...
—Ellos son así. Jacob siempre ayuda, pero Leo también ha cuidado de su hermano. Lo sacó de una fuerte depresión cuando lo de Bella. Estaba con él día y noche. Se quieren mucho.
—No lo dudo, pero ese gemelo tiene mucha cara.
—Eso también. Entonces, ¿cuándo te mudarás a mi casa?
Ella bufó.
—Quieren que pase las Navidades con ellos. Faltan unos días. Y está el estreno de Charlie. ¿Después?
—Perfecto. Aprovecharé para arreglar algunas cosas, aunque si quieres redecorar algo...
—No, para nada. No me interesan esas cosas, me conformo con esa cama mullida que me prometiste.
—Y mi compañía.
—Estoy deseando estar desnudos debajo de la cubierta.
Él resopló y la tomó de la cintura, acercándose a ella.
—Nunca he estado tan excitado como cuando me acerco a ti. Eres como la cerilla que enciende mi mecha.
—Espero que no seas de mecha corta, Ben.
—Te demostraré que no. Te lo demostraré muy a menudo y en cualquier momento y lugar.
Ella se echó a reír. Ben volvió a acercarse para besarla suavemente. Empezaba a entender qué era la felicidad.