Capítulo 17. Cena familiar
Ben
Se levantó con un dolor de cabeza horrible y se tomó un par de pastillas, a su pesar. Tenía algunas llamadas perdidas. Miró el móvil horrorizado. Eran las siete de la tarde, ¿habían dado de alta a Stella?
—Maldito seas, Farrel.
Marcó su teléfono y ella contestó enseguida.
—¡Ben! ¿Estás bien?
—Lo siento, Stella. Estoy bien. ¿Dónde estás?
—En la casa de los Cresswell. Margot me recogió.
—Siento no haber estado. Te lo explicaré luego. ¿Cómo ha ido?
—Muy bien. Estoy emocionada casi todo el tiempo. Me han recibido con mucho cariño. Ahora estoy en el porche, sentada en la hamaca.
—Pero te encuentras bien.
—Mack ha dicho que me iba a mirar, ha ido a por su maletín.
—Entonces, ¿Puedo ir a verte?
—Desde luego. Quiero verte, espero que no lleves algún golpe más.
—Bueno, eso...
—¡Ben! ¿En serio?
—Esta vez sí que se ha acabado del todo. Nos vemos en un rato.
Colgó antes de que volviera a echarle la bronca, pero eso le hacía un poco feliz. Se duchó y se vistió bien. Iba a ver al padre de su novia.
—Novia —susurró. Llevaba el pómulo hinchado de nuevo y algún que otro golpe que le dolía bastante, pero si era por atrapar a ese cabrón que había asesinado a su compañero o por limpiar su nombre, había merecido la pena, a pesar de las artimañas de Farrel.
Ni por todo el oro del mundo volvería a tratar con él y menos, a ser de su equipo.
Y se pensaría ir o no si lo llamaba para algo tan inocente como comer juntos.
Condujo hasta los Hamptons, pensando en que todo se iba a arreglar. Llegó a casa de sus amigos y al llamar a la puerta, nadie contestó. Empezó a preocuparse. ¿Y si alguien había tomado venganza? Fue al coche y sacó la pistola, ahora la llevaba siempre con él.
Saltó la valla del jardín como cuando los gemelos y él eran jóvenes y se escapaban a las hogueras de la playa. Se acercó sigilosamente. Escuchaba algo de ruido y había humo. Alguien le tocó en la espalda y se volvió para ponerlo contra la pared.
—Tío, para —dijo Charlie molesto—. ¿Qué haces?
—¿Pasa algo? ¿Estáis bien?
Charlie asintió y señaló la parte de atrás. Se giró y se asomó al jardín. Todos estaban sentados en el césped y parecían meditar o algo.
—Anda, ve a recoger la pistola donde sea y llamas a la puerta en vez de entrar como un ladrón. Madre mía, Ben, estás fatal.
Volvió a salir como antes, pero no dejó la pistola. Se la metió en la cintura y la tapó con el jersey. Sí, estaba paranoico, de acuerdo. Pero era su familia. Llamó a la puerta y Charlie salió a abrirle.
—¿Qué pasa, Ben? Tienes una cara horrible.
—¿Qué narices hacéis en el jardín? Hace frío.
—Cosas de Richard. Dijo que era como una ceremonia de bienvenida a la casa. Pero ya se están metiendo. Anda, vamos. Hay pizzas para cenar. Pero de las artesanas, las hemos hecho Harper y yo.
Siguió a Charlie. Los demás entraban por la puerta, quitándose las cazadoras. Jacob sonrió al verlo. Él buscó a Stella. Estaba hablando con Leo, que le dio un toque. Ella se giró y al verlo, sonrió y eso le alegró el alma. Aunque luego frunció el ceño.
—¿Otra vez peleando, Ben? —preguntó Margot preocupada.
—Déjame que te eche un vistazo —dijo Mack—. Creo que con esta familia voy a tener que dejar aquí un maletín completo de repuesto.
Lo llevó a un saloncito pequeño y le hizo sentarse.
—No es necesario, y quiero saludar...
—Ya saludarás luego. Joder, llevas el pómulo fatal. Mañana vente para hacerte una radiografía. ¿Las costillas?
—Bueno, ahí van.
Mack lo tocó y apretó los puños.
—Como no hagas reposo vamos a tener que ponerte una escayola en el pecho, Ben.
—Exagerado.
—Sí, es exagerado, pero no lo del reposo.
—¿Qué pasa? —preguntó Stella entrando en la salita.
—Tu novio, que va de pelea en pelea. No sabía que eras así, Ben.
Lo miró sorprendido y Mack sonrió.
—Dios, has hecho una broma. El mundo se va a acabar —dijo Jacob desde el marco de la puerta.
Mack se encogió de hombros y se llevó a Jacob. Stella se sentó a su lado y acarició su rostro.
—¿Qué ha pasado?
—Otra vez el puto Farrel. Me gustaría contarlo a todos, aunque estando Sophie...
—Sí. Más tarde. ¿Estás muy mal?
—Puedo aguantar —dijo tomándole de la mano—. ¿Cómo estás tú?
—Me encuentro débil y me duele todo el cuerpo, pero dice Mack que los análisis están llevando el camino adecuado, si alguien sabe lo que significa eso.
—Ya. Mack es así.
Se levantó y la ayudó a levantarse, tomándola con delicadeza entre los brazos.
—Lo importante es que todo se ha acabado.
Ella pasó las manos por la cintura y notó la pistola.
—¡Ben! ¿Por qué llevas un arma?
—Solo es precaución. No quiero que les ocurra nada a mi familia.
—¿Es que estamos en peligro?
—Yo diría que no. Supongo que al final el policía que hay en mí nunca se fue del todo. Vamos, nos están esperando.
Entraron en la cocina, donde casi todos estaban moviéndose alrededor de la mesa de la cocina que parecía tener un añadido.
Leo y Bella permanecían sentados y Ben acompañó a Stella a sentarse en una silla.
Mack puso una cerveza sin alcohol en su mano y aunque él levantó la ceja, el doctor negó.
Se apoyó en una columna, mientras Harper, Charlie, Jacob y Margot preparaban los platos con pizza.
Ruby, Lorelai y Richard distribuían los cubiertos y Sophie andaba haciendo fotos a todos con Fran poniendo las servilletas en la mesa. Eso parecía una gran familia, sin duda.
Se apoyó en una columna, con Mack, que también tenía una cerveza sin alcohol. Leo lo miró.
—Tienes peor cara que yo.
—A ti se te ve muy bien.
—No creas, el dolor va por dentro.
Stella lo miró alarmada y Bella le dio un puñetazo en el brazo. Leo se quejó y Jacob se echó a reír.
—No seas tan quejica que me han dicho que puedes moverte bien.
—Claro, yo lo he visto caminar sin problemas —dijo Sophie. Leo se rio con chulería.
—Di que sí, pequeñaja. Me muevo de maravilla, de aquí a ponerme a bailar falta poco.
—Os tenéis que poner bien, que el estreno es en una semana —dijo Charlie mientras dejaba un par de platos con triángulos de pizza casera—, y hay que estar ahí para aplaudirme muy fuerte.
—Mamá ha dicho que va a llevar unos auriculares que no se escucha nada y me tapará los ojos, porque hay escenas de besuqueos —dijo Sophie.
—Menuda rabieta cogió porque le dije que no podía venir —resopló Margot—, así que tomaremos nuestras precauciones.
—Yo os avisaré cuando haya escenas cochinas —contestó Leo. Esta vez fue Jacob el que le dio una colleja. Sophie los miraba con interés.
—Ah, ya, que hay escenas de cama. No soy una cría, sé que los mayores duermen juntos y hacen cosas. De ahí vienen los niños.
Margot se atragantó con su bebida y Richard le dio un abrazo ocultando su risa. Los hermanos se miraron y se echaron a reír.
—Ay, Mini Villana, te juro que cada día me sorprendes más —dijo Charlie.
—¿Cómo te gustan las pizzas, Stella? —preguntó Richard colocándose a su lado—, ¿con piña?
—Bueno, la verdad y aunque no sea muy popular, sí me gustan con piña —contestó tímida. Algunos aullaron.
—Viva el gen Donovan —gritó Leo. Jacob apareció con una de las pizzas con piña y la puso donde estaba su padre.
—Siempre hay disputas, pero ahora tenemos una más en el equipo. Y tú, Ben, ¿en qué equipo te pones?
—En el de Stella, sin dudarlo. Soy capaz incluso de comer piña en la pizza.
Se echaron a reír y empezaron a repartir las pizzas. Y, por fin, a pesar de notar el arma en su cintura, se relajó.