Este no era mi plan (y tú tampoco) (Familia Cresswell-Donovan 5) Capítulo 20. Una navidad distinta
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Capítulo 20. Una navidad distinta

Stella

Había vuelto de la ciudad para celebrar la Navidad en casa. ¡En casa! Todavía no podía creerse que ahora tenía una familia tan extensa. Y ruidosa.

Se despertó a las ocho de la mañana porque alguien estaba saltando en su cama. Abrió un ojo y vio la cara sonriente de Sophie. Se dio un susto y luego sonrió un poquito.

—Bienvenida a mi costumbre de despertar a mis hermanos saltando en la cama. Nunca sabes cuándo te va a tocar. Y a veces toca siempre.

—Sophie, por favor —gimió, pero ella siguió saltando—. No tenemos tanta confianza para esto todavía.

—Qué te crees tú eso. Todos los hermanos sois iguales. Y levántate. Han llegado todos porque hoy toca adornar la casa.

—Vais un poco tarde, esta noche es la cena. Además, ¿no estuvimos el otro día…?

Sophie chasqueó la lengua y se sentó a su lado. Al menos, dejó de saltar.

—Ya sabes que tenemos el abeto adornado, pero falta la casa, el exterior y todo lo demás.

Es una costumbre que tenemos porque papá nunca podía venir los días anteriores y entonces decidimos terminar de adornar justo el día de Nochebuena.

Y Charlie ha hecho tortitas que van a desaparecer.

Harper ha traído cupcakes con no sé qué. Te quedarás sin ninguno, te advierto.

—Agggg, está bien, minivi . Ahora mismo voy.

Ella sonrió y saltó de la cama, bajó corriendo las escaleras como un caballo desbocado.

Se levantó y se dio una ducha corta, se puso sus vaqueros y una sudadera y bajó a la cocina. Bella estaba organizando a los gemelos para desenredar unos espumillones mientras comía de su plato donde había unas tortitas y unos dulces.

Su padre se cruzó con ella y le dio un suave beso en la frente. Ella sonrió a todos con un buenos días y se dirigió a la cafetera. Mack le dio una taza y se puso café. Ruby le silbó para que se pusiera a su lado. Tenía un plato lleno.

—Te he guardado comida. Esta gente es como un depredador salvaje.

—Gracias, Ruby —contestó con una sonrisa.

Leo le pasó el sirope con un guiño y continuó desenredando algo, luces o lo que sea.

—¿Se te da bien adornar? —le preguntó Bella.

Ella negó—. ¿Desenredar luces o cosas así?

—Se me da bien darle al martillo, colgar estantes, todo eso.

—Ah, qué maravilla —dijo Bella aliviada—. A ninguno de estos se le da bien usar el martillo. Tengo unos hermanos algo inútiles.

—¡Eh! —gritó Charlie, pero ella le sacó la lengua.

—Es verdad. En casa soy yo la que cuelga las cosas —dijo Ruby. Él le dio un beso en la boca que hizo silbar a todos.

—A cambio yo hago otras cosas —contestó elevando las cejas.

—La verdad que lo de la película fue muy sexy —dijo Stella probando un cupcake.

—Pues imagina cuando es de verdad —susurró Ruby.

—Niños, comportaos —dijo Richard mirando a Sophie que no se perdía nada.

—He preparado el trípode para la fotografía —dijo Margot entrando con una cámara—, tenemos que pensar dónde podemos hacerla, ahora somos muchos y se nos tiene que ver a todos.

—Que Bella no se ponga en medio o nos tapará con su barriga —dijo Leo echándose a reír. Jacob le dio una colleja.

—No te metas con mi mujer, capullo. Ella es el sol de mi vida.

Se echaron a reír todos menos Bella que sonrió a su marido.

—¿Qué tal en las escaleras? Son preciosas —dijo Stella

—Buena idea —dijo Margot—. Podemos poner unas guirnaldas anchas para tapar la barandilla y colocarnos a lo largo de la escalera.

—Adjudicada, Stella, porque además habrá que sujetarlas con algún clavo —dijo Bella y luego titubeó—, bueno, si quieres.

—Claro que quiere —dijo Leo—, todos te obedecemos, no va a ser la única que se escaquee.

—Como si tú no lo hicieras —Harper  le dio un beso cuando él puso cara de ofendido—. Yo te ayudo, Stella. Se me da bien el martillo.

—Mack y yo buscamos las guirnaldas en la buhardilla —dijo Charlie—. Venga, los gemelos, que nos ayuden a bajar las cajas.

Leo bufó, pero se levantó y subieron corriendo las escaleras, haciendo el tonto, incluso Mack se animó a ello. Margot los miró y movió la cabeza, pero estaba sonriendo. Lorelai salió del baño y se sentó con ellas con el rostro algo descompuesto. Richard le llevó una infusión.

—¿Todavía con nauseas? —preguntó Ruby como si diera miedo.

—Me pasa solo el primer trimestre, afortunadamente —resopló—, pero luego estaré bien.

Llamaron a la puerta y Stella se levantó como un rayo con las risas de su familia, pero no le importaba. Estaba deseando verlo. Había pasado un fin de semana tan maravilloso que no se imaginaba viviendo en otro lugar que no fuera con Ben.

Ella abrió y se tiró encima del hombre, que venía cargado. Él se echó a reír. Stella lo besó con ganas y él se agachó y dejó las cosas en el suelo, luego, la agarró de la cintura y respondió a su apasionado beso. Él se despegó un poco.

—Yo también tenía muchas ganas de verte, amor.

—El día de Navidad por la noche me voy contigo. No es que esté mal aquí, estoy muy bien, pero quiero estar contigo cada noche.

—Me parece perfecto —dijo él con una sonrisa que la deslumbró. Cuánto amaba a este hombre—. ¿Qué tal si pasamos? Llevo comida y bebida del restaurante de Caleb.

—Sí, pasa, pasa.

Le ayudó a coger todas las bolsas y las chicas aplaudieron su entrada. Margot se hizo cargo de la comida tras darle un abrazo a Ben y comenzó a recoger.

—¿Quieres un café? —preguntó ella. Ben asintió, mirando a todos los lados.

—¿Y los chicos?

—Están con Richard en la buhardilla, buscando adornos de Navidad. ¿Recuerdas? Nuestra tradición es ponerlos el día 24 —dijo Bella.

—Cierto, es verdad. Los gemelos me invitaron un par de años. ¿Puedo ayudar en algo?

—Dime que se te dan bien las manualidades, Ben, porque estos no tienen ni idea —dijo Bella.

—¿Quién crees que monta todo en la galería? Me pongo manos a la obra a tus órdenes.

—¿Veis? —dijo Bella—, un hombre con criterio y que sabe quién manda.

Se echaron a reír y Stella acarició su mano mientras terminaba el café.

—Has traído mucha comida, Ben, esto va a ser una bacanal —dijo Margot.

—Más vale que sobre —dijo él con una sonrisa.

Entonces bajaron en tropel cargados con cajas que fueron dejando en el vestíbulo.

—Ey, Ben, ya era hora, tu chica estaba la mar de mustia —dijo Leo. Ella frunció el ceño y Ben le dio un cariñoso puñetazo al gemelo. Luego se abrazaron entre todos.

—Esperad un momento —dijo Sophie—, las cajas tienen etiquetas con el contenido, no empecéis a sacar todo desordenado.

—Madre mía, esto es una tiranía —se quejó Charlie.

—Siempre hace falta alguien que mande o se descontrola. Yo soy joven y por eso manda bolita, pero cuando sea mayor, ya tomaré el mando.

Se escucharon silbidos y aunque Bella frunció el ceño al escuchar llamarla bolita, se levantó y empezó a dirigir.

Lo cierto es que funcionaron muy coordinados, las guirnaldas de la escalera se montaron con pequeños ganchos que pusieron Ruby, Stella y Ben.

Los adornos los fue colocando Harper con la ayuda de Leo, que siempre acababa sujetándola del culo entre risas, y Mack y Charlie distribuían las luces.

Richard y Margot se habían ido a la cocina, para preparar alguna cosa, con Martha y las dos embarazadas permanecieron sentadas.

Sophie iba de un lado a otro de mensajera-mandona, seguida de Fran y, en menos de dos horas, hasta el jardín estaba completamente adornado.

Todos se felicitaron y chocaron las manos. Hubo besos y achuchones y a Sophie la mantearon entre todos los hermanos mientras se partía de risa. Stella miró a su padre, estaba realmente emocionado por verlos allí. Sí, se había perdido bastantes años, pero al menos había llegado a tiempo.

Comieron algo de ensalada y le enseñaron a Stella a jugar a las cartas.

Charlie siempre hacía trampas, pero acababan pillándolo porque se echaba a reír, aunque el que solía ganar era Jacob.

Bella lo aplaudía cada vez que conseguía una partida, aunque Stella ganó un par de veces.

Luego, descansaron un rato en el sofá, mirando cómo anochecía.

Mack se levantó para encender la chimenea de la sala con la ayuda de Fran y  estuvieron un rato agradable, charlando, hablando de sus planes de futuro, o simplemente compartiendo anécdotas varias.

Notó que le contaban cosas de la familia, sobre todo su padre.

Él habló más sobre los viajes que había hecho, los documentales y lo agradeció. La verdad, lo quería saber todo de él.

Los gemelos lo escuchaban absortos. Jacob era bastante parecido, Leo tenía otro carácter, pero lo vio con la mano en los hombros de su hermano, como si lo quisiera proteger. Mack y Lori se acomodaban juntos, también atentos. Fran y Sophie jugaban a las damas, aunque ella seguía escuchando a la vez.

Bella estaba al otro lado de Jacob, con las piernas sobre él, mientras este masajeaba sus tobillos. Harper, al otro lado de Leo, escuchaba fascinada el relato.

Margot había cogido de la mano a su esposo, como si no quisiera separarse, y Charlie y Ruby se sentaban en el suelo, Ruby delante de Charlie y él abrazándola como un oso.

Ben había pasado su brazo por sus hombros y ella se apoyaba en su pecho, sintiendo su suave respiración y el tranquilizador latido de su corazón. Si algo podía decir de esta familia, es que se amaban de verdad.

Cuando terminó, todos se pusieron guapos para la foto. Margot montó el trípode y se fueron sentando todos en las escaleras.

Charlie, Ruby y Sophie en el primer escalón. Luego Margot y Richard. A ambos lados, los gemelos con Bella y Harper. Detrás, Mack con Lorelai y Fran y ellos. La cámara disparó varias veces y una vez que se acabó, se quedaron quietos, porque allí había sucedido algo importante.

Margot, por fin, se levantó.

—No os mováis, tengo que asegurarme de que están bien.

Le echó un vistazo y sonrió con el pulgar levantado.

—Perfecto. ¡Qué familia tan maravillosa! —dijo emocionada. Su padre fue hacia ella y se fundieron en un amoroso abrazo.

—Y ahora a cenar, que las embarazadas tenemos hambre —exclamó Bella. Todos sonrieron y ninguno de ellos olvidaría esa única, primera y preciosa Navidad con toda la familia reunida.