Capítulo 14. La familia
Stella
Después de dos semanas, cuatro días y siete horas, estaba harta del hospital.
Y, además, la donación estaba yendo bien, no parecía tener efectos secundarios o rechazos.
Leo la había ido a ver y le extrañó que no fuera arrogante.
Al contrario, había sido cariñoso. La había tratado como a una hermana.
Richard y Margot con Sophie también acudieron, aunque estuvieron poco rato durante los días que fueron a verla. La niña estaba muy afectada.
Los demás componentes de la familia fueron pasando cada día y también la madre de Ben, que estaba muy emocionada y la miraba como si ella fuese un milagro. Y no lo era.
—Tengo que irme a la ciudad, mañana viene un pedido y Leo todavía no está al cien por cien, Jacob se queda con Bella que tiene que hacer reposo y...
—Ben. Ve a la ciudad. Estaré bien. Y Lorelai ha dicho que se pasaría esta tarde. Sé cuidarme de mí misma.
—Eso no lo dudo. Lo has hecho muy bien hasta ahora. Pero es distinto. No quiero alejarme por si te arrepientes de salir conmigo.
Ella se echó a reír. —¿En serio? Un tío tan guapo y rico, tan seguro de sí mismo... ¿y piensas que te voy a dejar? Tonta sería.
—No bromees, Stella, te lo digo en serio. Y sí, puede que cuando te den el alta vayas a casa de los Cresswell, pero luego quiero que vengas a vivir conmigo. He alquilado otra casita a mi madre, porque ella ha insistido en irse para darnos intimidad. Así podremos estar aquí cuando quieras.
—Es pronto, Ben.
—Nos conocemos desde hace años. Más pronto se han ido a vivir juntos tu familia. No creo que pase nada.
—Lo pensaré. Es todo lo que te puedo decir. Vete ya, pesado.
Él refunfuñó, pero se acercó a la cama y le dio un suave beso que la hizo estremecerse. Ella pasó las manos detrás de su nuca y lo acercó.
—No, señorita, estás convaleciente. Cuando estés mejor probaremos mi cama, es tan cómoda que no vas a querer salir de ella.
—¿Solo por la cama? —preguntó ella bromeando. Él le guiñó el ojo y se marchó, lanzándole un beso.
Se recostó en la cama. Lo cierto es que se encontraba mucho mejor y el dolor casi había desaparecido. Probablemente Leo se lo echara en cara alguna vez, o bromease con algo, pero la verdad, no iba a discutir. Le había salvado la vida, aunque fuese un poco capullo.
El chat del grupo de hermanos en el que la habían incluido sonó. Sophie preguntaba qué tal estaba.
Ella contestó que mucho mejor y que estaba deseando que le dieran el alta.
La niña mandó un gif animado con una fiesta.
Se emocionó. Aunque no la habían dejado hacerle demasiadas preguntas, Jacob le había avisado que, en cuanto llegara a casa, le iba a hacer un tercer grado.
Y no le importaba. Por una vez en su vida sentía que pertenecía a un grupo.
Siempre habían estado su madre y ella, pero esta vez era distinto.
Mack entró con Lori. Ambos sonreían.
—Me ha dicho tu doctora que te dará el alta el viernes. Podremos llevarte a casa. Quiero decir, a la de mis padres.
—Está bien, Mack. Si no... molesto.
—Qué va. Leo y Harper han terminado de arreglar la casita que compró y tienen una habitación para Charlie y Ruby.
Bella y Jacob están en la habitación de Bella, nosotros en nuestra casa, pero iremos a veros.
Y para vosotros, o para ti, tienes la habitación de Leo y Jacob, con cama grande.
O la de Charlie, la que tú quieras. Ambos la ceden gustosamente.
La mía se la apropió Mini Villana porque decía que la suya iba a ser para Alex.
Ella asintió y luego se tapó la cara. Sollozó y Lorelai se sentó a su lado, abrazándola.
—No me creo que esto me esté pasando, Lori.
Ella levantó la cabeza e hizo un gesto a Mack, que susurró un ahora vuelvo en voz baja. La doctora levantó su barbilla con una sonrisa.
—Reconozco que los Cresswell-Donovan son demasiado intensos así de primeras.
Caóticos, ruidosos, bromistas, se abrazan o discuten sin motivo aparente, pero te diré una cosa: se aman de verdad.
De verdad de la buena. Y cuando entras en su familia, joder, te quieren y te defienden como si fueras su propia hija, cosa que tú, en realidad, sí eres.
—Ya, pero...
—Pero nada, Stella. Tu derecho de nacimiento o solo por estar con Ben que es como otro hijo para ellos, te garantiza que todos te quieran, te respeten y acepten tus decisiones. Si no te sientes bien para ir, no va a pasar nada. Tienen paciencia.
—No, si quiero... conocerlos bien. Pero no me gustaría que pensaran que lo hago por el dinero.
—Nunca han pensado eso. De hecho, me ha dicho Mack que Richard ha cambiado su testamento, incluyéndote.
—Oh, no puede ser.
—Eres su hija, Stella. Y los demás están encantados de tener una nueva hermana y si te digo la verdad, de que Ben sea todavía más de la familia por estar contigo.
—En cuanto a Ben, me gusta, pero va demasiado rápido. Estoy superada por todo.
—Díselo. Dile que necesitas ir asimilando todo lo que te ha pasado en los últimos tiempos.
—Es que quiere que vaya a vivir a su casa. Imagino que también a la ciudad. Y aunque nos conocemos desde hace mucho tiempo, acabamos de empezar a salir.
—No te podré decir que eso no funciona, porque no soy tu mejor ejemplo, pero piensa con tu corazón, con tu mente, o con tu estómago —dijo riéndose—, y decide hacer solo lo que tú prefieras. Nadie puede obligarte a nada.
—Le debo dinero y eso me incomoda.
—Esa no es una razón para ir a vivir con él.
Ve a su casa solo si quieres despertarte cada día mirando su cara de enamorado.
—Volvió a reírse—. O si te apetece convivir con él, no por lo que le puedas deber.
Estoy segura de que Richard se hará cargo de tus gastos totalmente.
Está muy decidido a compensarte por todo lo que no ha podido darte estos años.
Y tus hermanos están completamente de acuerdo.
—Esto es mejor que un sueño, Lori.
—Acéptalo o no, pero los Cresswell-Donovan son así.
Mack llamó a la puerta y entró con una sonrisa ligera.
—Nos vamos, Stella. Me han dicho que por fin mañana te darán de alta, tus análisis son excelentes y solo tienes que guardar reposo. Así que, si no está Ben para llevarte, alguno de nosotros lo hará.
—Necesitaré mis cosas. Ni siquiera sé si es buena idea.
—Stella. Te están esperando con muchísimas ganas. Quédate unos días, hasta que te harten un poco —dijo Mack con una sonrisa—, reconozco que son muy intensos, y probablemente te atiendan demasiado bien. Pero lo dicho, en el momento en el que quieras irte, nos lo comentas y te llevamos a tu casa.
—Y, además, ¿qué mejor que pasar la Navidad rodeada de muchísima familia? —dijo Lori.
—Cada vez somos más —comentó Mack distraído, y al ver que Lori lo miraba, levantó las manos—. No me quejo, solo que a veces me resulta demasiado.
—Ay mi doctorcito serio. Vámonos, dejemos a Stella descansar y este fin de semana supongo que nos veremos.
Sophie nos ha amenazado con ponernos apodos absurdos a todos y cada uno de los hermanos y parejas si no vamos.
No se lo digas a nadie, pero creo que te quieren hacer una fiesta o una comida de bienvenida.
—Uff.
—Eso dije yo, Stella —contestó Mack—, y no es que no quiera darte la bienvenida, pero a esta familia, especialmente a mis hermanas y mi madre, cuando les das un motivo grande o pequeño, se ponen las pilas para montar un fiestón. Tendrás que acostumbrarte, lo siento.
—Vamos, doctorcito, no le metas miedo que no es para tanto.
Ambos le dieron un beso en la mejilla y se marcharon.
Y sí, estaba un poco asombrada, algo en shock y con dudas.
¿De verdad la iban a aceptar sin más? Claro, tendría que acostumbrarse.
Era lo que suponía pertenecer a una familia, con unos miembros más alocados, otros más serios. Y sí. Era su familia.