Este no era mi plan (y tú tampoco) (Familia Cresswell-Donovan 5) Capítulo 13. Una historia fea
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Capítulo 13. Una historia fea

Ben

Tuvo que visitar un par de cajeros y además recogió el dinero que solía tener en casa de su madre para imprevistos. Ella lo miró preocupada y él le dijo que era para ayudar a una amiga.

—¿A Estrellita?

—No, mamá. Y es Stella. Ella está en el hospital donde trabaja Mack. Le han tenido que operar de urgencia. Como ya estamos saliendo, puedes ir a visitarla mañana.

—Ay sí, me presentaré oficialmente. Y tú, ¿dónde vas? Hijo, te veo preocupado.

—Es otra persona. No te inquietes. Luego acudiré al hospital. Me quedaré a pasar la noche cuidando a Stella. Así que seguramente mañana venga a darme una ducha y cambiarme. Mientras, descansa.

Le dio un beso y se marchó. Ya anochecía y una fría lluvia empezaba a caer, calándole los pantalones.

Se abrochó la cazadora y se dio cuenta de que no había cogido la pistola.

Pero se trataba de Kat, ¿no? Se supone que era de los buenos.

Tal vez debería haber llamado a Farrel. Cogió el móvil mientras esperaba en el paseo de la playa y le envió un mensaje corto.

«¿Qué pasa con Kat? ¿Por qué la estáis buscando? Está por aquí».

Al menos, él estaría al corriente. Porque todos sus instintos gritaban en voz alta, diciéndole que pasaba algo.

La vio llegar con un impermeable azul, con el rostro empapado en agua y bastante seria.

—¿Me has traído una pistola?

—Te dije que no. Pero sí once mil dólares. Lo máximo que he podido conseguir tan rápido.

—Me vale. Mejor no te digo dónde me voy, ¿no?

—Prefiero que no me vuelvas ni siquiera a hablar.

—No es justo, Ben. Te salvé la vida.

—Acabo de salvártela a ti. Pero si traes el peligro cerca de mi familia, soy capaz de cualquier cosa.

Ella dio un paso atrás. Su rostro tenía un ligero espasmo de miedo, pero volvió a controlarse. Él le dio un sobre y se lo metió en el bolso que llevaba dentro del impermeable.

—No sabía a quién acudir, Ben. Más vale que no te descubran porque hay más gente implicada de lo que piensas. Más te vale cuidar tus espaldas.

—¿Qué coño ocurre, Kat? Dime algo, dime con quién tengo que enfrentarme o quién va detrás de ti.

La agarró del brazo y ella se soltó con fuerza.

—Por tu bien es mejor que no sepas nada. Me largo. No creo que vuelvas a ver...

Un silbido la hizo caer al suelo. Se agachó y la volvió. El jersey rosa que llevaba se estaba volviendo rojo.

—Joder, qué putada, Ben. Todavía tenía cosas que hacer.

Sacó el móvil y llamó al 911, taponando la herida con su mano.

—Una herida de bala en la play...

Alguien golpeó su cabeza por detrás y el teléfono cayó al suelo, junto con él.

Se despertó en un vehículo en marcha, seguramente una furgoneta, pero no quiso moverse.

Vio a Kat, inconsciente, junto a él. No sabía si ella estaba bien, porque su jersey estaba empapado de rojo.

Escuchó, pero no había nadie en la parte de atrás, así que movió su mano para tocar la muñeca de Kat.

Tenía el pulso débil, pero resistía, gracias al cielo. Tenía que salir de allí.

La furgoneta frenó con brusquedad y se abrió la puerta lateral. Lo sacaron entre dos tíos y lo tiraron al suelo. Luego, dejaron a Kat a su lado con un poco menos de brusquedad.

Alguien le dio una patada en la pierna y se giró para ver quién era, porque iba a fijar su cara como objetivo número uno. Enarcó las cejas. Sí, era el sobrino de Scarface y estaba más que cabreado.

—¿Dos policías? ¡Malditos seáis!

—No soy policía y si no llamáis a una ambulancia esta mujer se va a desangrar y seréis culpables de asesinato. Todos vosotros.

Los miró con fijeza. Incluso sentado en el suelo alguno dio un paso atrás.

Se tocó la nuca y sí, tenía sangre. Poco a poco y sin movimientos bruscos, se levantó y miró alrededor.

Estaban en algún tipo de almacén en el muelle, porque se escuchaba el lago que se movía por la tormenta.

Había tres tipos y otros dos en la sombra.

—Mirad, tíos. Lo mejor que podíais hacer sería largaros y dejadnos en paz. He avisado al 911 así que no tardarán en aparecer.

El sobrino se acercó al tipo que estaba detrás y hablaron en voz baja.

Ben se agachó para atender a Kat. Le quitó el impermeable y el jersey y examinó la herida.

Por suerte, tenía orificio de salida, aun así, había perdido mucha sangre.

Apretó el jersey atándolo como si fuera una banda alrededor de su pecho.

Pero como tardasen mucho los servicios de urgencia, iba a morir.

El sobrino volvió.

—Nos jodió la vida y merece morir y tú también se la jodiste a él —señaló al tipo de las sombras. Así que acabaréis con una piedra en las piernas en el fondo del lago.

—En lugar de estar perdiendo el tiempo con venganzas estúpidas, ¿por qué no os largáis? No creo que tarde mucho el FBI en cazaros. Habrán seguido la furgoneta con las cámaras. Esta zona está muy vigilada.

Un coche se escuchó a la distancia y dos de los tipos dieron un paso. El sobrino levantó la mano.

—No habrá piedra entonces, un par de tiros y arreglado.

—Se los daré yo —dijo el tipo de las sombras. Lo reconoció.

—Rubens, pensaba que estabas detenido, pudriéndote en alguna cárcel.

—No hay nada que una buena fianza y mejores amistades no puedan solucionar.

Sé mucho de una gran cantidad de gente que está en el panorama político y en otras instituciones, así que saldré libre.

Solo me falta acabar con algunos cabos sueltos y aquí mi amigo me va a echar una mano.

Una vez que acabe contigo y con ella, iré a por la pelirroja.

Y ya de paso, a por esa familia de estirados, los Donovan, claro, solo por placer.

—Lo dudo mucho, Rubens. Eres un tarado que acabará sus días en la cárcel. Y este es un delincuente de poca monta. Ni siquiera su tío lo apreciaba lo suficiente como para sustituirle. ¿No es así?

Se estaba tirando un farol, pero cuando lo vio empalidecer supo que había acertado. Ben le sacaba al menos dos palmos, pero los dos matones que llevaba eran más grandes que él. Y había otro más, al lado de Rubens. Contratados, supuso.

—En cuanto a vosotros tres, no os van a pagar. No sé qué os han prometido, pero estos se van a la cárcel y lo único que pasará es que os detendrán por cómplices de asesinato puesto que esta chica va a morir. Supongo que tendréis antecedentes. ¿Pena máxima? Puede.

Los tres lo miraron con desconfianza y luego hablaron entre ellos. Dos, se marcharon con las manos en alto.

—¿Ves? Ni tus matones te respetan. Déjalo ya de una puta vez.

—Me cargaré a la pelirroja —insistió Rubens. Sacó una pistola.

Algo voló hacia su mano, ¿un ladrillo? La pistola cayó al suelo y Ben se abalanzó sobre el sobrino, para quitarle su arma. Entonces, de reojo, vio justo a la pelirroja y a Charlie que entraban corriendo, seguidos de Jacob y Farrel.

Farrel fue directo al matón que quedaba y comenzaron a pelear, con Jacob ayudándole. Mientras, Ruby había dado una patada a la pistola y miraba a Rubens.

Ben le dio un puñetazo con todas sus fuerzas al sobrino y lo tiró al suelo. Luego, se volvió hacia Ruby. Farrel ya esposaba al matón.

—¿Necesitáis ayuda, chicos?

Rubens los miró con algo de miedo.

—No, Ben. Mi chica le tiene ganas a este tío, y yo también, pero realmente, ella se lo merece más.

Ruby se giró, sonriendo, luego se dio una vuelta rápida y le atizó una patada voladora en toda la cara a Rubens, que cayó al suelo como un fardo.

—Joder, qué a gusto me he quedado.

Charlie la abrazó y le dio un beso demasiado sensual, así que tuvieron que carraspear para que se separasen. Jacob atendía a la chica y llamaba por teléfono.

—Está viva, pero débil —dijo. Ben asintió y se giró hacia Farrel.

—¿Cómo me has encontrado tan rápido?

—En realidad, nunca te perdimos. Aunque es cierto que nos despistamos. Por suerte, Jacob me avisó, recogió a sus refuerzos y aquí estamos. Y... Ben, Kat se llevó un pendrive de Scarface que compromete a bastante gente importante. No sé qué pretendía, pero si era chantajear...

—No tengo ni idea. Solo le dejé dinero. Seguramente lo lleve todavía.

—Está aquí —dijo Charlie sacando el dinero del bolso. Miró al agente del FBI—. ¿Se lo puedo dar? Son unos miles.

—Yo no he visto nada. De todas formas, es suyo —dijo Farrel.

Charlie le dio el sobre a Ben que se lo metió al bolsillo. La ambulancia llegó y atendieron corriendo a Kat. Farrel registró su bolso, pero no llevaba nada.

—Tendremos que esperar a que despierte. Me voy con ella. Deberías ducharte. Hueles a fango.

—Creo que he perdido mi móvil. ¿Alguien puede avisar a Stella? O quizá esté dormida.

—Qué va. Fue ella la que me dijo que no volvías. Estará muy nerviosa. La aviso y le digo que en cuanto te duches vas para allá.

—Gracias, Jacob.

Vieron a la policía arrestar a todos los sospechosos y ellos se miraron aliviados. Charlie abrió los brazos y Jacob y Ruby se acercaron hasta que él los achuchó. Miró a Ben.

—¿En serio?

—En serio —dijo Jacob—. ¿Quién le puede negar algo a Mr. Sonrisas?

Se acercó y sintió el cariño de sus amigos. Estaba bien. Y lo agradecía.

—Ahora, a ducharte y a descansar. Y que te miren el golpe en la cabeza.

—No es nada, pero sí, acudo enseguida al hospital.

Se dio una ducha y se miró el golpe. Se puso unas tiritas de aproximación porque llevaba una pequeña brecha. Nada más que se acercó al hospital y antes de que pudiera ir a ver a Stella, Mack se lo llevó a curarlo. No pudo ni protestar.

Le hicieron una radiografía y finalmente le cosió la brecha.

—Ten cuidado estos días, si sientes mareos o se te nubla la vista, me lo dices de inmediato, no vayas a tener una conmoción.

—Tengo la cabeza muy dura, no te preocupes y si me perdonas, quiero ir a ver a Stella.

—Sí, porque quería quitarse los goteros e ir a buscarte. Me dieron ganas de sedarla.

—Esa es mi chica.

Casi corrió hacia el ascensor para subir a la planta donde estaba ella. Con rapidez, llegó al pasillo y entró en la habitación, en penumbra. Ella estaba recostada y no hizo ningún ruido. Solo se sentó junto a la cama.

—Siendo sigiloso no te voy a perdonar el susto, Ben.

—Amor, son cosas que ocurren. Pero ya se acabó.

Ella se volvió Tenía los ojos rojos de llorar. Acarició su rostro y ella le giró la cabeza cuando vio el vendaje.

—Estoy bien, un golpe.

—Ahora me explicarás todo, desde el principio, ¿no es así?

Él acarició el dorso de su mano y asintió.

—Está bien, pero es una historia fea.

—Para lo bueno y lo malo, Ben.

Y entonces, le contó todo.