Este no era mi plan (y tú tampoco) (Familia Cresswell-Donovan 5) Capítulo 12. Alarma
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Capítulo 12. Alarma

Stella

Ben se marchó por la tarde, comentando que tenía algún asunto que cerrar y que volvería a pasar la noche con ella, pero se negó a decirle nada más. Mack, que estaba de guardia, pasó a verla.

—¿Todo bien? ¿Y Ben?

—Luego vuelve. Gracias por todo lo que habéis hecho por mí. Sé que hiciste las pruebas de paternidad y te lo agradezco.

—No queríamos que nadie pusiera en duda tu procedencia, Stella. Y además necesitábamos saber si uno de los gemelos era compatible.

—Lo sé. ¿Cómo está... Richard? ¿Muy disgustado?

—En realidad no, está sorprendido, pero no disgustado ni enfadado. Si acaso, molesto por no haberlo sabido antes.

—Ya. En realidad, me enteré cuando murió mi madre y como vi que teníais tanto lío y él se puso enfermo, me pareció mal. Nunca quise un solo dólar.

—Pero no te niegues a que pague los gastos médicos, le hará sentirse mejor. Jacob nos ha contado que no lo has pasado bien.

—Bueno, hay cosas peores. Nunca me faltó lo importante.

—Hoy estoy de guardia toda la noche, tienes mi móvil, ¿verdad?

—Sí. Lori me grabó todos los móviles de la familia.

—Lori es genial, qué te voy a decir yo —contestó con una sonrisa. Luego, suspiró—. Creo que este verano no lo vamos a olvidar ninguno de nosotros.

—Desde luego —contestó ella.

—Entonces, avísame si necesitas algo si es que ese hombre no está. De todas formas, pasarán a verte.

—Estoy bien, Mack. Gracias.

Le dio un beso de hermano mayor en la frente y se marchó.

Miró su móvil, no había mensajes de Ben.

Sí de su jefe al que había informado y que se pasaría a verla al día siguiente.

Sus compañeras le deseaban que se recuperase pronto y Lori también le había escrito.

Contestó a todos y se recostó en la cama.

Fuera, el cielo amenazaba tormenta y comenzó a caer una fina lluvia.

En realidad, nunca se hubiera imaginado que ellos la acogieran de esa forma.

Era tan natural que un pequeño pensamiento en su mente le estaba diciendo que no era verdad, que había algo más.

No estaba acostumbrada, su madre era cariñosa, pero no de ese estilo.

Aunque le tocaba pasar el filtro de la convivencia.

No estaba muy convencida de ir a su casa, pero tal vez sería bonito.

Conocerlos como familia, y por una vez en su vida sentirse arropada y acompañada.

Confiar en que algo en su vida podría salir bien.

Siempre los había observado con aprecio, como si...

tal vez lo intuyó entonces. Su madre no quería que se acercase a los gemelos y estaba claro por qué.

Suspiró, medio dormida. La enfermera pasó para atenderla y revisar sus constantes. Le quitaron el gotero hasta el día siguiente que le pondrían otro. Una auxiliar la ayudó a ir al baño. Y Ben no volvía. Empezaba a estar preocupada.

A las dos de la mañana, nerviosa y sin poder dormir, envió un mensaje a Jacob. Suerte que Lori había grabado todos los números de la familia. No sabía por qué, pero temía algo. Al instante, él la llamó.

—Stella, ¿pasa algo?

—Perdona que te despierte, pero es que Ben no ha vuelto. Dijo que tenía un asunto importante, pero que vendría a pasar la noche conmigo. No está y él no es así.

Escuchó los improperios de Jacob y luego la voz de Bella.

—Escucha, Stella, voy a llamar a alguien y te informaré en cuanto sepa algo. Quédate en la habitación sin moverte. Enviaré a alguien para que esté contigo.

—¿Conmigo? ¿Por qué?

—Es cosa de Ben. Llamaré a Armando. Tranquila.

Colgó y se quedó mirando el teléfono. Armando envió un mensaje a los tres minutos diciendo que iba para allá. ¿Qué narices estaba pasando?

Llamó a Ben y le envió un mensaje, pero no hubo respuesta. Mack se acercó allí con cara de sueño.

—Tranquila, te acompañaré hasta que venga Armando. Tengo el busca encendido.

—¿Pero le ha pasado algo?

—No lo sabemos. Jacob nos informará.

Llegó Armando y Mack se marchó a urgencias, comentando que le avisasen si lo necesitaban.

Armando se sentó en un sillón y ella lo miró.

—Haz el favor de decirme qué está pasando ahora mismo.

—No lo sé, Stella. Solo sé que Ben estuvo colaborando con el FBI y se metió en una operación, pero nada más.

—¿Entonces?

—Tranquila, no te estreses, estás recuperándote. Han dicho que nos avisarán.

Se echó frustrada. Quería quitarse los goteros y salir a la calle a buscarlo, pero a saber dónde estaba. Y, de todas formas, estaba demasiado débil.

Solo le quedaba esperar. Pero no era una mujer paciente.