Capítulo 11. Alguien inesperado
Ben
Desesperado, subió al coche con Jacob y Leo. Richard iba con Mack y Margot en el otro. Estaban en shock .
—¿Cómo ha dicho eso? ¿Tú lo sabías? —Las preguntas de los gemelos lo alteraban más de lo que estaba.
—No. Aunque estaba investigándolo. Las probabilidades son altas —dijo saltándose un semáforo.
—Joder —dijo Leo. Ambos se quedaron callados. Aparcó en el hospital y salieron corriendo.
Mack y los demás llegaron detrás y entraron deprisa. El doctor se fue dentro y ellos se quedaron en la sala de espera.
—Maldita sea, demasiadas veces hemos venido a esta puta sala —dijo Leo. Richard se sentó y le hizo un gesto a Ben para que se acercase.
—¿Es verdad? ¿Por eso aquellas preguntas? ¿Es Annie?
—Me temo que sí, Richard. Aunque creo que ella no lo sabía, no sé desde cuándo, pero diría que hace poco.
—Papá, ¿nos puedes explicar? —dijo Jacob. Él suspiró y los miró a todos.
—Ya estaba divorciado de vuestra madre y todavía no salía con Margot. Fue un verano y duró poco. Íbamos a ver las estrellas y surgió. Pero al mes y medio se marchó y no la volví a ver. Pensé que yo no le interesaba. De todas formas, vosotros erais mi prioridad.
—Habrá que hacer unas pruebas de paternidad —dijo Leo. Ben lo miró con mala cara—, no lo digo por eso, joder, sino porque si necesita a alguien para donar, somos sus candidatos.
Mack entró agitado.
—Hay que hacer un trasplante medular, si es verdad todo lo que dice y no lo cuestiono, Richard no puede donar, pero tal vez alguno de los dos sea compatible.
—Iremos a hacernos las pruebas —dijo Jacob y Cogió a su hermano del brazo. Ben se puso delante.
—Gracias. Gracias de verdad.
—Lo que sea por la familia —dijo Leo.
—Primero hay que ver que seáis compatibles.
—Si hace falta, yo puedo…
—No, Richard. Tu organismo está afectado. Demasiado. Los gemelos podrían ser suficientes.
Mack se marchó con los dos y Ben se apoyó en el marco de la puerta, intentando no moverse demasiado, pero la sangre le hervía. Los escuchaba susurrar, pero ni siquiera era capaz de hablar. Margot puso una botella de agua delante de él y le dio las gracias.
—La quieres mucho, ¿no es así?
—Sí. Habíamos empezado a salir.
Ella lo abrazó.
—Se pondrá bien y cuando salga de la operación y se encuentre en condiciones, le propondremos venir a casa a recuperarse, para conocernos un poco más a fondo.
—¿Harías eso?
—Por supuesto, es parte de la familia. Mi marido puede tener un pasado como yo. Lástima que no lo haya sabido antes. Se hubiera responsabilizado de Stella desde el minuto cero.
—Ya lo sé. Lo conozco.
Harper llegó con Lori, Bella y Ruby. Se sentaron a esperar. Los escuchaba hablar, pero no prestó atención.
Jacob volvió a las dos horas. Todos se levantaron para hablar con él.
—Nos han hecho muchas pruebas y Leo es ligeramente más compatible con Stella. Lo van a meter a quirófano para extraer la médula del hueso de la cadera y no sé de dónde más. Estará unos días incómodo —dijo mirando a Harper, que asintió.
—Según sé, una vez que le extraigan la médula se la pondrán en gotero a Stella, pero habrá que esperar para ver si la acepta —comentó Lori mirando preocupada a Ben y a Richard—. La recuperación no es inmediata y tendrá que hacer reposo, como mínimo son cuatro semanas.
—Yo me haré cargo de todo —dijo Ben convencido. Richard se levantó y puso la mano sobre su brazo.
—Es mi hija, Ben. Yo pagaré sus facturas. Ya sé que la quieres, pero necesito hacer esto, por todos los años que no pude cuidarla.
—Está bien.
Mack mandó a todos a casa, pero Harper, Jacob y Ben se quedaron esperando a Leo. El gemelo sacó unos cafés y les ofreció a todos.
—Siento que tu padre se haya enterado así de sopetón.
—Estaba en shock , pero se recuperará bien. Lo que yo siento es no haberlo sabido antes. Todo habría sido distinto. Margot también parecía afectada y, ahora que lo pienso, habrá que decírselo a Sophie.
—Y explicárselo bien, es una niña —dijo Harper.
Ben asintió. Tampoco es que tuviera muchas ganas de hablar. Pasaron otras dos horas y salió Mack. Leo ya estaba fuera del quirófano. Los acompañó a una habitación. Tenía un gotero y estaba algo pálido. Harper se puso a su lado y acarició su rostro. Él ronroneó.
—Sigue, amor. Aunque me duela el culo estoy preparado para lo que sea.
—Qué idiota eres, hermano. Ten un poco de decencia, que hay gente presente.
Él abrió los ojos, se movió y un rictus de dolor le atravesó la cara.
—Esto duele un poco. Me han dicho que necesitaban bastante. Ya me puede invitar a chupitos gratis cuando se reponga.
—Siempre igual, Leo —gruñó Ben.
—Entonces, ¿de verdad es nuestra hermana? —dijo mirando a Jacob. Este asintió.
—Papá estuvo con su madre después de divorciarse y antes de Margot. Y desde luego, la compatibilidad es familiar. Mack ha dicho que, si no fuéramos familia, no sería posible, pero que igualmente haría una prueba de paternidad. No te ofendas, Ben.
—No me ofendo, sé que es verdad. Todo cuadra.
—Bueno, una familia de siete hermanos. Caramba. Qué poco nos lo imaginábamos, Jacob.
—Me gusta tener tantos hermanos. Y no me molesta que Stella lo sea. Me cae bien, aunque…
Se volvió hacia Ben y lo encaró.
—Más vale que te portes bien con mi hermana o te partiremos la cara este y yo.
Ben sonrió y abrazó a Jacob. Se dieron fuertes palmadas en la espalda. Él estaba emocionado. Seguro que Stella no se imaginaría ni por un momento lo bien que se lo estaban tomando.
—¿Papá está bien? —preguntó Leo.
—Sí, Mack lo envió a casa. Sophie estaba muy preocupada y, además, es mejor que descanse.
—Deberíamos hacer una llamada para que me vea o esa pequeñaja se pensará cualquier cosa. Desde luego, llevamos un veranito de mierda…
—Y tú que lo digas —dijo Jacob—, si no fuera porque todos hemos encontrado al amor de nuestra vida, sería para borrarlo del calendario.
—Pues es verdad —dijo Leo y apretó la mano de Harper. Ella sacó el móvil.
—Vamos a hacernos una foto de recuerdo, pero no para las redes. Solo para nosotros. Se la enviaré a tu hermanita.
Leo puso cara de tonto y se hicieron un selfi. Mack entró a verlos.
—Stella está en la habitación con los goteros. Imagino que querrás verla, Ben.
—Por favor.
—Ven luego a informarnos —dijo Jacob.
Fue detrás de Mack. Antes de entrar en la habitación se volvió hacia él.
—Stella es su hija, lo sé.
—Hemos hecho la prueba por ella, para que nadie pueda decirle nada. Y es a un 99 por cien positivo. Nadie lo dudaba.
—Gracias, Mack.
Entró en la habitación. Ella estaba echada, enchufada al gotero blanquecino y con el rostro contraído. Mack examinó sus constantes y luego los dejó solos.
—¿Te duele, amor?
Ella negó con la cabeza, pero las lágrimas saltaron enseguida. Ben se sentó a su lado y le tomó de la mano.
—No quería decirlo así, Ben. Se habrán disgustado. ¿Están bien?
—Hiciste bien. Si no lo hubieras dicho tan rápido, nadie lo habría sabido. Y no se han disgustado. Lo que más siente Richard es no haberlo sabido antes, para cuidar de ti.
Ella asintió, con el rostro lleno de lágrimas.
—Me ha dicho Mack que Leo ha donado médula. ¿Cómo se encuentra?
—Tan capullo como siempre. Espero que no te contagies de él.
Stella sonrió y acarició la mano de Ben. Se quedó callada por un momento.
—Dios santo, más gastos de hospital. Será imposible pagártelos.
—Tu… padre ha insistido en hacerlo. Y Margot ha dicho que cuando te den el alta, les gustaría que fueras a su casa, para cuidarte.
Se llevó las manos a la cara, llorando. Ben la abrazó con mucho cuidado.
—No puedo… son demasiado…
—Ya sabes que ellos son así. Cuidan de los suyos. Jacob me ha amenazado. Ha dicho que, si le hago daño a su hermana, me darán una paliza.
Ella aumentó su lloro y Ben besó su cabeza, acariciando su brazo. Temblaba en sus brazos. Demasiado vulnerable. No soportaba verla así.
—Tranquila, todo se va a arreglar.
—Es que no lo sabes, Ben. No eres el que lo sabe todo. No controlas el mundo ni puedes proteger a todas las personas.
—Ya lo sé. Pero puedo proteger a aquellas que amo.
Levantó la vista y se encontró con esos ojos que tanto extrañaba. Esta semana había tenido una cita con Farrel. Kat había desaparecido y nadie la encontraba. No es que quisiera que le pasara algo, pero no era su maldito problema. Y menos, con el amor de su vida en el hospital.
Ella acarició su rostro y él besó la palma de su mano con suavidad.
—No puedo creer que de verdad me ames, Ben. No lo merezco.
—A veces lo que nos merecemos está fuera de nuestro alcance o decisión, Stella. Y deberías ser feliz ahora que todos lo saben y te aceptan, aunque no lo dudé ni por un segundo.
Ella volvió a recostarse en la almohada y cerró los ojos.
—Pensarán que quiero su dinero, que los gastos de hospital son todo lo que...
—Joder, Stella, ya vale. ¿Es el orgullo mal llevado lo que te impide aceptar algo de tu familia? Porque suele venir de considerarse mejor que los demás y no me gustaría que despreciases a tu propia familia, cuando ellos están deseando acogerte.
Ella dio un respingo y lo miró con enfado. —Estás siendo muy duro, Ben.
—Lo sé. Pero quiero que de una puta vez reacciones y seas la encantadora chica que sé que eres. Cabezota, a veces malhumorada, pero amable, inteligente y preciosa. Déjate amar por una vez. Déjate caer porque muchos estamos dispuestos a recogerte y cuidarte lo que sea necesario.
—Yo no mer...
—Basta. Necesito que borres esas palabras horribles de tu vocabulario. El merecimiento se lo gana uno con buenas acciones. Ahora es tu momento de demostrar que quieres a esa familia y me quieres a mí. Porque yo sí te quiero, Stella. Te amo de verdad. Pero mira, depende de ti.
Se levantó sin que ella respondiera. Chasqueando la lengua, salió al pasillo a por un café.
—Joder —exclamó cuando metía una moneda.
—¿Desde cuándo estáis liados? —preguntó Kat poniéndose a su lado. Tenía un aspecto muy distinto, como si fuera una tranquila ama de casa. La miró de arriba abajo.
—Desde hace ni te importa una mierda. ¿Qué haces aquí?