Capítulo 10. Semana y boda
Stella
Dos vasos había roto ya. Todo, por mirar hacia la puerta de La Sirena. Hans, su jefe, alzó la ceja.
—¿Qué narices te pasa, Stella? Llevas dos días nerviosa. ¿Esperas a alguien?
—No. A nadie.
Pero lo cierto es que sí. Ben le había mandado un mensaje, diciéndole que le había surgido algo relacionado con lo que pasó la semana anterior y que intentaría volver lo antes posible.
Y por eso, estaba nerviosa. ¿Se iba a meter en otro lío?
¿Le iban a dar una paliza? Pensaba que había dejado la policía del todo.
Pero era viernes, la gente iba a empezar a llegar, a pesar de que todavía era pronto.
Y entonces lo vio. Entró con su presencia de siempre, imponente, con una camisa y cazadora.
Enseguida la buscó y al verla, sonrió. Su corazón latió apresuradamente.
Él dejó la cazadora en la esquina donde se solía poner. Stella se acercó y lo escaneó.
—Estoy bien, no ha pasado nada del otro mundo.
—Me preocupabas.
—Me encanta que me digas eso —contestó él con media sonrisa.
—Hans, necesito hablar con este hombre —dijo ella. El jefe le guiñó el ojo y sonrió. Ella se dirigió al almacén y Ben fue detrás.
—Lo que sea, podríamos comentarlo en…
Ella no le dejó acabar, lo besó con desesperación y él la tomó en brazos y la sentó sobre unas cajas de botella.
Stella abrió las piernas y él la besó con tanta necesidad que quería llorar por el tiempo perdido.
Sus manos se dirigieron debajo de su camisa y atraparon su pecho.
Ella gimió en su boca y él dedicó un tiempo delicioso a mordisquear su cuello mientras su mano no se atrevía a pasar debajo del sujetador.
Eso había que solucionarlo. Se desabrochó y él ronroneó mientras jugaba con su pezón, pero ella no se quedó quieta, necesitaba tocarlo.
—Me… encanta este recibimiento, Stella, pero estamos en un almacén. Hans o cualquiera puede entrar. Y… joder, te deseo, pero no así.
—Tienes razón. Debemos salir. Es que me he alegrado de verte. Yo iré antes, ¿vale? Así te… calmas —dijo rozándole el abultado pantalón. Él resopló.
—Encontraremos el momento, cariño. Todo llegará.
Se arregló más o menos la ropa y cuando salió, vio a Leo y a Charlie en la barra. Se arregló el delantal y fue hacia ellos.
—¿Qué queréis? ¿Cervezas?
—Sí, excepto para Lori, ella tomará un zumo —pidió Charlie.
Por la cara sonriente que puso Leo, había visto a Ben salir. Niñato. —Voy a saludar a Ben, ahora vuelvo. No pagues, que pago yo.
—Te veo algo acalorada —dijo Charlie—, ¿estás bien? ¿Tu pierna?
—Ah, sí, está bien. A veces me molesta, pero es llevable. ¿Qué tal tú con tu chica?
—De maravilla. Ella es lo mejor de mi vida.
Vio de reojo que Leo parecía estar fastidiando a Ben hasta que se fue. El gemelo volvió hacia ella con una sonrisa irónica. Ella lo miró enfurruñada.
—¿No ves a Ben todos los días? ¿De qué hablabais?
—Creo que no te importa. De trabajo. ¿De qué más podríamos hablar? —dijo sonriendo.
—Gilipollas —contestó ella marchándose. Se puso a limpiar la máquina del café mientras los escuchaba hablar.
—No tengo ni idea de lo que ha pasado —dijo Charlie a sus espaldas.
—No ha pasado nada. Ya sabes la manía que le tiene a Ben. Sin más —contestó Leo. Ella se destensó. O sea, más tarde o más temprano lo sabrían, aunque todavía quedaba el asunto de la paternidad. O quizá no tuviera que decidirlo nunca.
Tomó un par de cuencos y los rellenó de frutos secos. Más tranquila, se acercó a la mesa donde estaban todos y saludó con una sonrisa a las mujeres. A Lori la quería muchísimo.
—La semana que viene quedamos a tomar algo, Stella —dijo Lori cuando se iba a marchar. Asintió y se marchó.
Cuando estuvo en casa de Lorelai hablaron mucho de su vida, de los problemas que había tenido o de que tuvo que trabajar en cualquier cosa. Aunque desde luego, nada de hablar de su padre.
Leo se acercó a pagar la cuenta. Stella lo miró de reojo y le puso el tique. Él pareció dudar.
—Oye, que me da igual lo que hagas. Solo no jodas a Ben.
—No pensaba —dijo ella con cierta tristeza. Cogió los billetes y los fichó. En realidad, Leo tenía razón. Hasta ahora lo había jodido. Suspiró.
Antes de marcharse, Lori se acercó.
—Stella, que el fin de semana que viene celebraremos el cumpleaños de Mack. Va a venir Armando y me gustaría que si puedes, te acercases. La pequeñaja nos ha pedido a todos ir de blanco.
—No sé, Lori. Veré si tengo fiesta. Últimamente he tomado muchos días libres.
—Inténtalo. Alguno que otro se alegrará.
Le guiñó el ojo. Y sí, habían hablado de Ben y de cuánto le gustaba. Ella le había dicho que no estaba preparada para una relación. ¿Acaso lo estaba ahora?
Se marchó y Hans se acercó a ella.
—Puedes ir a esa fiesta, Stella. Además, si sigues saliendo con Ben imagino que dejarás de trabajar aquí.
—¿Por qué?
—Él vive en la ciudad, aunque tenga casa y a su madre aquí. Lo más normal es que te vayas con él.
—Todavía está por ver.
—Eres dura de pelar, Stella —suspiró su jefe—, y ¿sabes que conlleva eso? Que no te abras al amor o a estar con una persona que bebe los vientos por ti. Y lo más gracioso es que tú estás loca por él.
Se marchó, dejándola sin palabras. ¿Tan evidente era? ¿Todos lo veían menos ella? Suspiró. ¿Tenía un vestido blanco? Sí, lo tenía. Tal vez podría ir. Ver a Richard. La verdad, cada vez tenía más curiosidad sobre él y… aunque no fuera en ese momento, podría decírselo algún día.
La semana fue muy agradable, a pesar de los dolores que tenía.
Ben no pudo ir a buscarla todos los días, pero sí el viernes.
Pasearon por la orilla del mar y hablaron durante horas.
Acababa agotada y acalorada por sus besos, pero de ahí no pasaban.
El sábado también acudió por la noche y estuvo tentada de invitarle a dormir.
Solo que quería sincerarse sobre lo de su padre primero, así que lo dejaría pasar.
Puede que la semana que viene. Lo que estaba sintiendo por él la estaba sobrepasando.
Al día siguiente, después de ducharse, recibió un mensaje de Lori, para que acudiera sobre las diez de la mañana.
No entendía por qué tan pronto, pero lo hizo.
Llegó allí y Margot la recibió con un abrazo.
No la abrazaría si supiera la verdad. La pierna y la cadera le molestaban mucho, pero aguantaría.
Tal vez fuera al médico al día siguiente.
Ben le sonrió tímidamente y ella le correspondió. Armando le hizo señas y se acercó con Fran. Habían montado un altar con sillas.
—¿Qué pasa? ¿Esto es una ceremonia?
—Sí, los chicos se van a casar —dijo Margot—. Ha sido una romántica idea de Leo, quién lo iba a decir, y en cuanto se lo dijo a sus hermanos, enseguida aceptaron. Bella lo preparó todo.
—¿Y ellas no lo saben?
—No —sonrió Margot acercándose al altar para hablar con el sacerdote. Ben seguía alejado, aunque sus miradas se cruzaban a menudo. Estaba hablando con Richard y otros invitados. Tal vez luego podrían tener unos minutos.
Le parecía increíble que a Leo Donovan se le hubiera ocurrido algo tan romántico.
O sea, no era mal tío, quizá se había ablandado desde que estaba con esa chica tan guapa, Harper.
Y eso que ellos se habían interesado por su accidente, cuando Ben se fue y vinieron a tomarse algo el día anterior por, según ellos, la no despedida de soltero.
Richard siempre fue amable con ella. ¿Seguiría siéndolo después?
Los novios se colocaron en fila. Suspiró y Armando le tomó de la mano, como si la múltiple boda fuera el motivo de su estado de nervios.
La música sonó y las mujeres de la casa caminando en fila, empezando por la pequeña, que al final, también era su hermana de padre, comenzaron a salir. Alguien hacía fotos y vídeo y la cara de las chicas fue muy graciosa. Ninguna se lo esperaba, desde luego.
Leo recibió a Harper con un beso y todos silbaron hasta que se pudieron separar.
Miró de refilón a Ben, sentado en el otro bloque.
Él le sonrió. Empezaba a pensar que le gustaría estar casada o al menos comprometida con él.
Las bodas fueron preciosas y todos estaban emocionados.
Lori la incluyó en la charla con las mujeres de la casa y se sintió halagada.
Los hermanos estaban hablando con Sophie.
Suspiró. Ben estaba al otro lado y no le hubiera importado que se acercase, pero ella le había dicho que no quería hacerlo oficial de momento.
Armando estaba a mitad de camino hacia donde estaba él así que se acercó. Entonces sintió el pinchazo seguido de un horrible dolor y se cayó al suelo. Armando la sostuvo como pudo.
—¿Qué pasa? —dijo Mack corriendo hacia ella. Le tomó el pulso y miró a Charlie que estaba cerca—. Llama a una ambulancia. Stella, reacciona.
Ben se puso nervioso, lo vio con los ojos entrecerrados intentando ir a su lado, pero Jacob lo sujetaba.
—Apartaos, es un colapso. Leo, tráeme mi maletín. En el coche.
Salió corriendo y le trajo lo que pidió. Él la examinó y chasqueó la lengua.
—Stella, hay que llamar a tus parientes. Es urgente. Es lo que nos temíamos.
Ella consiguió abrir los ojos, confusa y mareada y pasó la vista alrededor. Luego, miró a Richard directamente.
—Él es mi padre.
Escuchó la ambulancia y cayó inconsciente.