Este no era mi plan (y tú tampoco) (Familia Cresswell-Donovan 5) Capítulo 7. Hace unos días
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Capítulo 7. Hace unos días

Ben

Estaba demasiado alterado para seguir su vida normal y le dijo a Jacob que se marchaba unos días, que le había surgido un pequeño trabajo. Necesitaba respirar. Alejarse de todo y pensar. Pero esa tranquilidad se acabó a las dos horas.

—¿Sí? —contestó al teléfono. Número desconocido.

—Ben, soy el agente Farrel, no sé si me recuerdas.

—Desde luego. ¿Algún problema?

—¿Tienes tiempo para hablar?

—Supongo. En media hora puedo estar listo. Acudo donde me digas.

—Estoy debajo de tu casa. Te he visto llegar. Lo siento, no quiero molestar, pero es importante.

—Sube, claro.

A los dos minutos estaba tocando el portero automático. Se aseguró de tener su pistola en la nevera. Solía guardarla allí porque si alguna vez recibía alguna visita inesperada, ¿quién iba a sospechar si le ofrecía una cerveza?

Abrió al agente Farrel. Le había parecido un tipo muy correcto y pulcro, pero en ese momento estaba hecho polvo. Ni siquiera tenía la camisa dentro del pantalón y el cabello estaba sucio y revuelto. Le señaló el sofá.

—Siéntate, ¿quieres algo de beber o estás de servicio?

—Una cerveza estaría bien. Y… estoy suspendido.

Sacó dos cervezas y le ofreció una. Se sentó frente a él y esperó. El agente tomó un buen trago y suspiró.

—Alguien me está jodiendo. Iba tras esos degenerados que atacaron a Ruby y por el que Leo resultó en el hospital, ¿recuerdas?

—Sí, me dijeron que había algo más.

—Y así es. He estado tirando de hilos más bien peligrosos y me he topado con gente muy desagradable, pero con poder. Y como he incomodado a mucha gente, me han suspendido un par de semanas. Mi jefe me dijo que revisara mis prioridades.

—Lo siento, tío. ¿Van a dejar ese caso sin investigar entonces?

—No, si puedo evitarlo. Pero incluso la mayoría de mis compañeros han dado un paso atrás. No quieren saber nada del tema.

Ben silbó. La corrupción se extendía por todas partes.

—¿Qué vas a hacer?

—Sé que aprecias mucho a los Donovan y aunque mis fuentes dicen que no los van a tocar, pero es un de momento y no un nunca .

Se ve que la señora Donovan tiene muchos contactos y aunque los consideren casi intocables, bueno, siempre hay una posibilidad de que se les hinchen los huevos y vayan a por ellos para que no declaren.

Un escalofrío le heló todo el cuerpo. No iba a permitirlo. De ninguna manera.

—Has pensado algo o si no, no estarías aquí. Habla.

—Sí. Buscaba a alguien de aspecto duro, un desconocido para esa gente que pudiera ayudarme, porque necesito fuerza e inteligencia. Cuando estaba investigando el entorno de los Donovan miré tu ficha. Eras un buen policía. De hecho, me preguntó por qué no volviste al cuerpo cuando te recuperaste.

—Demasiadas deudas. Jacob Donovan me ayudó con los gastos médicos y luego me propuso trabajar para él en la galería. Se lo debía y… la verdad, quise salir de las calles.

—Ya veo. Lástima, se perdió un buen activo.

—Pero si es por ayudar a la familia, lo que sea. ¿Cómo está el tema?

—Todos los matones responden a un solo tipo al que llaman Scarface. Se debe de creer Al Pacino —bufó—. El caso es que nadie lo conoce, solo aquellos que trabajan para él y…

—Quieres que intente trabajar para él. ¿Es eso?

—A mí me tienen fichado. Por donde te mueves tú, no te reconocerán. Y eres grande y fuerte.

—¿Qué tengo que hacer?

—Te diré un sitio donde ir, llevarás documentación falsa y preguntarás si hay trabajo para ti. Puede que te cueste algún día que otro, pero he escuchado que van faltos de gente. Antes de que me suspendieran, detuve al menos a quince tipos.

—¿Y se van a fiar?

—Tal vez si me das de hostias delante del local. Es como que si te atreves a pegar a un agente del FBI eres de los suyos.

—Joder, Steve, ¿pegarte?

—Me defenderé. Pero debemos pillarlos. Mi compañera nos respaldará. Ella estaba en contra de mi suspensión, aunque pude sacarla para que no se viera afectada. La idea es intentar detenerte en sus narices y que te libres de nosotros. Al día siguiente, apareces en su local. O improvisamos.

—¿Y se lo van a tragar?

—Creo que están desesperados.

—Está bien, monta la operación. Justo ahora tengo unos días libres, necesitaba pensar.

—¿Quieres cambiar de ocupación?

—No, es un tema personal. ¿Dónde acudo?

—Te lo mandaré por el móvil. Necesitaré una foto tuya para los papeles, se la mandaré a mi compañera y te los hará llegar mañana mismo junto con un móvil de prepago. No te lleves el tuyo. Y por la tarde nos daremos de hostias. Intenta no romperme la nariz, ¿vale?

—Lo mismo digo.

El agente se levantó y extendió su mano. —Gracias, Ben. Sabía que me ayudarías.

—Le debo todo a la familia Donovan y no permitiré que les toquen un solo cabello.

—No te preocupes, los tenemos vigilados, sobre todo a los gemelos. Pero no se lo digas.

—De acuerdo.

Pasó la noche pensando en esa… misión, y a la mañana siguiente un mensajero le entregó un paquete con documentación falsa, un móvil y una pistola.

Empezaba a preocuparse. No contaba con ir armado, aunque supuso que era parte del teatro.

Su nombre era Jack Black, no muy original, pero al menos tenía fuerza.

Farrel le envió un mensaje a su móvil. Se verían a las siete delante de un lugar que se llamaba Pink Cats.

Ya sabía cuál era. No estaba en su cuadrante cuando patrullaba, porque allí solo había drogas y prostitución y de eso se encargaban los inspectores.

Aunque era cierto que le habían pedido apoyo en varias operaciones, como en la que casi lo matan.

No pensó más en ello. Se puso una camiseta oscura, la pistola metida en la cintura y la documentación y el móvil en el bolsillo.

Se dejó el cabello rubio suelto y se lo revolvió un poco.

Su madre le decía que cuando era pequeño, era demasiado guapo y parecía una niña, pero que luego creció y se convirtió en un hombretón.

Si salía de esta, que esperaba salir, la invitaría una semana de vacaciones. Tal vez le pagase un crucero.

Se metió en el metro y llegó al lugar. Enseguida rondó la calle, como si esperase a alguien, que más o menos, era lo que hacía. Se decidió a entrar, porque Steve no le había contactado y entonces lo empujaron hasta colocarlo contra la pared. El agente le gritó.

—Quieto, Black, no hagas ninguna estupidez o me veré obligado a meterte una bala en el culo.

—Tranquilo, tío, solo he venido a divertirme.

El agente lo registró y sacó la pistola. La gente se empezaba a arremolinar alrededor y gritaban al policía. A ver si iba a tener que sacarlo de ahí.

—Vuélvete, las manos detrás de la nuca.

Eso fue su error, Ben le dio un puñetazo en el estómago y él trastabilló, pero se lo devolvió. Un tipo quiso intervenir y Ben lo paró con una sonrisa manchada de sangre.

—Puedo con este mierda.

El agente volvió a golpearle en la cara y él le dio una patada que lo tiró al suelo. Entonces, la compañera llegó corriendo y apuntó a todos con una pistola. Cogió a Farrel del cuello de la camisa y lo sacó arrastras.

—No os mováis o el primero que se acerque tendrá un tercer ojo en la puta frente.

Ben levantó las manos con una sonrisa y se marcharon deprisa en el coche. Algunos de los que estaban allí le dieron unas palmadas en la espalda.

—Joder, me he quedado sin mi arma —protestó, para el que lo quisiera escuchar. Alguien le dio un pañuelo para limpiarse. Una mujer vestida de negro que parecía peligrosa.

—¿Buscas trabajo?

—Puede. Depende de quién o qué me pague —dijo limpiándose la sangre de la nariz. El cabrón de Farrel le había dado fuerte. Se tocó el puente para comprobar que no estaba rota.

—Sígueme, grandullón. Es posible que tenga algo para ti.

—¿Me lo darás tú? —preguntó mirándola de arriba abajo. Ella le hizo una peineta y se marchó dentro. Entró detrás, guardándose el pañuelo en el bolsillo.

El local estaba bastante lleno de tipos bebiendo y en el escenario, una chica bailaba con poco menos que un bikini. Nunca le habían gustado esos lugares, pero siguió a la mujer de negro hasta una puerta.

—Ey, espera. ¿Con quién me llevas?

Ella se volvió impaciente. —¿Quieres trabajo o no? Porque si lo quieres, te callas tu puta boca.

Levantó las manos, divertido. En otros tiempos, alguien como ella le tentaría hasta tal punto de llevársela a un rincón y tirársela bruscamente. Ya no.

Golpeó la puerta y entraron. Había un pasillo con varias habitaciones y una puerta medio abierta al final. El tipo del pasillo lo miró con mala cara, pero les dejó pasar.

El despacho al que accedió estaba abarrotado de gente y de estanterías. La mesa apenas se veía con tantos papeles.

—Fuera todos —dijo un hombre con voz ronca.

No le hizo falta gritar. Todos obedecieron de inmediato.

La chica y él se apartaron y los dejaron pasar.

El hombre, fornido, vestido de traje de marca y con una cicatriz que le cruzaba desde la frente hasta la nariz a la que le faltaba una de las aletas, lo miró de arriba abajo.

¿Era Scarface? Porque tenía todos los puntos.

—Te he visto por la cámara. O eres muy estúpido o tienes ganas de morir. Eran federales y te podían haber metido un tiro.

—No lo creo. Imagino que le interesa que hable. Solo que nunca lo hago. Ese cabrón lleva detrás de mí algún tiempo.

—¿Y me lo traes aquí, Kat? No quiero problemáticos. Ya no.

—Jefe, tiene potencial.

—¿Cómo te llamas?

—Mi actual nombre es Black. He cambiado por circunstancias que no le interesa. Pero si no tiene trabajo para mí, me largo a tomar una cerveza.

Sin esperar a que dijera nada, se marchó por la puerta y se quedó en el local, en la barra, donde pidió la bebida al camarero. No iba a forzar la situación de ninguna manera. Dio un par de tragos y sintió su presencia.

—Tienes huevos, eso lo reconozco —dijo el jefe sentándose a su lado. Hizo un suave gesto al camarero y este le puso un whisky de una botella especial.

—No sigo vivo todavía por no tenerlos —contestó dándole otro trago a la cerveza. El tipo soltó una risa.

—Busco alguien que pegue fuerte y no haga preguntas. Pago generosamente. ¿Te interesa?