Este no era mi plan (y tú tampoco) (Familia Cresswell-Donovan 5) Capítulo 6. No me entiendo #2
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Capítulo 6. No me entiendo #2

Se marchó a su propia habitación y ella suspiró al verlo desaparecer.

Al día siguiente, cuando se levantó, tenía la cafetera en marcha y dos tostadas hechas.

Él le había dejado una nota que simplemente cerrase la puerta cuando se fuera y que, si tanto insistía, le prepararía un plan de pagos asequible.

Desayunó sin ganas, limpió todo lo que utilizó y se marchó por fin a su casa. Lori le mandó un mensaje recordándole la boda, por si acaso.

Esa misma mañana tenía cita con el doctor.

Le confirmó lo de la aplasia medular y le preguntó si habría alguien en su familia en disposición de donar si llegase el caso, porque tendrían que avisarlos.

Ella le aseguró que no había problema. ¿Qué le iba a decir?

Aunque sabía que era del todo imposible a menos de que descubriera su secreto.

Caminó despacio hasta el coche y se echó en el sofá, sin ganas de nada.

Lori la llamó, se había enterado y le daba ánimos.

Se ofreció para buscar a sus parientes, pero ella le dijo que no era necesario.

Al día siguiente se arregló lo mejor que pudo y acudió a la boda de Jacob y Bella. Vio a Ben a lo lejos, pero solo se saludaron brevemente. Se enteró por Lori que iba a irse unos días fuera.

Fue una boda emotiva y preciosa. Verlos a todos disfrutar, cantar juntos, le movió el corazón. Ella podría haber estado allí, bailando con ellos. Y no lo pasó mal, si no iba Lori, se acercaba alguna otra invitada. Incluso Martha, con la que había congeniado, se quedó con ella charlando.

Pero esto era solo una ilusión. Debía de volver pronto a trabajar, le debía mucho dinero a Ben y no tenía ni idea de cómo pagarle.

Se le pasó por la cabeza, mientras miraba a Richard sentado, que podría pedírselo.

Pero entonces todos pensarían que era solo interés. Además, puede que no se lo creyeran.

Los días corrían y comenzó a trabajar algunas horas en La Sirena, por pura cabezonería. Cada vez que se abría la puerta, miraba por si él llegaba. Vio a algunos de los Donovan, pero no a él.

Además, a Richard le había dado un infarto. Sentía que todo se desmoronaba a su alrededor y solo Lori le seguía informando de cómo iba la familia. Ella ya había arreglado su situación con Mack y se alegraba, por supuesto.

Pero echaba de menos su presencia y por haber sido una estúpida que pensaba que él era parte de ese grupo de idiotas ricos que trataban mal a las chicas de su clase, que las usaban y las dejaban tiradas, a veces, embarazadas y ese sentimiento había crecido en ella como un cáncer.

Llevaba días convenciéndose de lo equivocada que estaba, de que todos esos sentimientos eran de una niña resentida, pero le estaba costando dejarlos atrás.

Cada vez se arrepentía más de haberlo tratado así.

Estaba limpiando la barra cuando entró Lorelai. Le sonrió.

—Me muero de sed, cariño. He dejado a Mack en su casa y he venido a verte, casi corriendo.

—¿Una cola?

—Agüita solo. ¿Qué tal estás?

—Recuperándome bien. ¿Y Richard?

—Está flojito, pero saldrá de esta. Mi hombre lo recuperó a tiempo y eso lo cambió todo.

No pudo evitar sonreír. Apreciaba mucho a Lori. Ella dio un sorbo a su bebida y como no había nadie en el bar, se sentó con ella.

—Con todo lo que ha pasado este verano, la exposición de mi  primo se ha retrasado muchísimo, pero es esta semana. Quiero que vengas.

—Claro, ¿dónde es?

—En la galería de Jacob.

A ella le cambió la cara.

—Necesito que vengas, Stella. Cuantas más personas, mejor.

—¿Irá…?

—¿Ben? Sí. Ya ha vuelto de donde quiera que estuviera. Me ha dicho Mack que le dijo Jacob que llevaba el rostro algo tocado, pero no sé hasta qué punto.

—¿Se encuentra mal? ¿Qué le ha pasado?

—No lo sé. Supongo que tendrás que verlo para saberlo.

Stella vio la incipiente sonrisa, pero no le importó. Quería comprobar que estaba bien. Sabía que fue policía. ¿Se había metido en algún lío?

—Está bien, iré.

—Te recogemos a las seis. Ponte guapa.

Dejó unos dólares y después de darle un abrazo, se marchó. Suspiró. ¿Y si Ben se había cansado de sus constantes negativas? ¿Y si ella había estado tan equivocada con él que lo había perdido?

Se levantó bruscamente, la pierna le pinchó. Últimamente le estaba doliendo de nuevo. Pero no quería volver al médico por si le hacían pruebas caras que no podía pagar.

Llegó el día señalado y después de trabajar, se puso un sencillo vestido azul y se recogió el cabello en una coleta.

Estaba nerviosa cuando la recogieron Mack y Lori y más cuando llegaron.

Había una gran diferencia con el local sin preparar y le encantó.

Jacob tenía una gran personalidad, sin duda.

Se quedó maravillada mirándolo todo mientras Lori buscaba a su primo.

—Veo que te gusta.

La voz de Ben hizo que su piel se erizase. Se giró. Casi lleva la mano hasta su cara machacada.

—¿Qué te ha pasado?

—Cosas. Si fueras mi esposa de verdad, te las contaría. Te veo bien.

Ella se puso rígida.

—Estoy mejor. Ahorrando para devolverte el dinero.

—No lo necesito ahora mismo. Tómate tu tiempo —dijo él entre dientes.

—Ben, lo siento.

—¿Qué sientes, Stella? Te has disculpado muchas veces. Me cansa. No sé qué es lo que lamentas... ¿Tratarme mal todo este tiempo, aunque sabes que me gustabas? Y sí, hablo en pasado.

Ella se quedó parada, sin poder contestar.

Él esperó unos segundos y luego vio acercarse a Jacob, que le dio una pequeña palmada, lo que le hizo contraer el rostro, quizá de dolor.

Volvió con Lori y su primo y estuvo hablando con ellos, pero no perdía de vista a Ben.

Lo vio empalidecer por un momento, apoyarse en la pared y meterse en su despacho.

Se disculpó y dio un pequeño rodeo para entrar tras él sin llamar.

Estaba sentado en el suelo, con las piernas estiradas y los ojos cerrados.

—Ben, dios santo, ¿estás bien?

Se puso de rodillas a su lado y le tocó el rostro sudoroso. Él abrió los ojos. Pestañeó. Miró sus manos. Tenía un bote de pastillas para el dolor.

—¿Cuántas te has tomado? ¿Qué te duele? Deberíamos ir al hospital.

—No. Se me pasará en un momento.

Ella se quitó los zapatos y se sentó en el suelo.

—¿Qué… qué haces aquí?

—Me preocupo.

Él levantó una ceja y ella sacó un pañuelo de su bolso y limpió su frente sudada. Luego alzó la vista y vio una nevera. Se levantó y cogió una botella de agua fría. Él la aceptó.

—Gracias.

—¿Te has dado de leches?

—Algo así —contestó dando un trago largo de agua.

—Pues o era muy grande o eran muchos, porque con lo fuerte que estás…

Ben sonrió dulce y acarició su rostro. Se veía cansado.

—Estás hecho polvo, joder.

Cogió su mano y miró los nudillos enrojecidos. Él apartó la mano y se intentó incorporar.

—Espera, Ben. Yo…

Desvió la vista del atractivo hombre que se sentaba delante de ella. Parecía tan… vulnerable que solo quería protegerlo.

Lo tomó de nuevo de su mano. Era fuerte, algo áspera.

—He sido una idiota, Ben. De verdad que sí. Mis prejuicios acerca de todo ese ambiente de los Hamptons me han cegado. Incluso siendo… rico, tú no eres así, es como si...

—Como si no tuviera un origen de lo más normal, porque lo tengo. Mi padre era el jardinero de los Cresswell y mi madre trabajaba en una peluquería. Yo me hice poli, pero luego me lesioné y Jacob me ayudó, por lo que siempre le estaré agradecido y contarán con mi apoyo para lo que sea.

Respiró agitado y se la quedó mirando. Ella quería que le tragase la tierra. No supo qué decir.

—Y sí, gracias a trabajar mucho tengo dinero, bastante, considerando de dónde procedo y no me avergüenzo de ello, porque lo he obtenido de una forma legal.

Así que Stella, no tengo ni puta idea de por qué me has odiado siempre, a pesar de que solo…

solo quería salir contigo, conocerte. Y no he comprendido que una chica tan inteligente como tú tenga semejantes prejuicios.

No digo que todos los que viven en los Hamptons sean angelitos, pero la familia de la que me considero parte es de lo mejor que existe.

Y si tengo que elegir dejar de verlos, no lo haré. Son mis hermanos.

—Jamás pensaría eso, Ben.

Bajó la cabeza, muy avergonzada. Se merecía que la despreciase por idiota. Tenía ganas de insultarse. Se había empecinado en mantenerse apartada de ellos tanto que ya no sabía cómo no hacerlo.

Él acarició su barbilla y se la levantó.

—Quería alejarme de ti, Stella, porque empezaba a estar harto de tus constantes rechazos.

Suspiró y dejó caer la mano. Ella sintió que se iba a echar a llorar. ¿De verdad lo había perdido? Lo miró a los ojos. Eran tan expresivos y notó el dolor, luego seriedad y después, la miró con intensidad. Ella se mordió el labio inferior.

—No me hagas eso, cielo.

—¿El qué? —preguntó ella.

—Mirarme así, como si… yo te importase. Como si realmente…

—Me importas, Ben. Ya te he dicho que lo siento y que he sido muy estúpida. No sé qué más decirte.

A él se le escapó una risa suave y se metió la camisa por el pantalón.

—Debería salir, Jacob se va a preocupar.

Ella se levantó y se calzó. Él se arregló la camisa. Ya parecía tener mejor color.

—Sal, luego iré yo.

Se marchó, dejándolo en el despacho. Estaba preocupada por él y a la vez muy avergonzada. Se reunió con Lori y dejó que la tarde pasara con una sonrisa que parecía una máscara y el corazón vuelto del revés.