SENTIMIENTOS EXTRAÑOS #2
—Esa soy yo. No me prohíbas nada, no me des órdenes, no me eches sermones. Soy un espíritu libre que solo obedece a su conciencia.
—Anda, anda, déjate de tonterías y vete ya, que aún te van a echar por impuntual.
—Imposible. Cariño, yo soy Julieta Capuleto, la heroína más trágica de Shakespeare.
—Para mí, esa es Ofelia. De Hamlet .
—Sé perfectamente quién es Ofelia.
—Por si tenías alguna duda.
—Ya lo dice Sunset…
—¿Qué dice?
—Que nuestra Dawn es muy repelente cuando quiere.
Esta le devuelve la colleja a Beth con más fuerza.
—Seré todo lo repelente que él quiera, pero ya os digo que se pone muy contento cuando nos enrollamos.
Dawn guiña un ojo, saca la lengua a lo Jagger y las tres se echan a reír.
Llegan a la isla mientras el sol se esconde, perezoso, detrás del horizonte.
Sunset y Landon han llegado en el Aston Martin, cargados con comida y cerveza para dos semanas por lo menos.
Beth y Cameron llegan en el utilitario; no es tan caro ni pretencioso, pero a él le basta y a ella no parece importarle no llegar en Cadillac o limusina. Es febrero y todavía hace frío, así que todos van abrigados con chaquetas y pantalones largos.
Taylor y Dawn llegan caminando, han cogido el ferry que las lleva a la isla desde la ciudad. Ríen y cuchichean.
—¿Qué andáis tramando vosotras dos con tanta risita?
—Tay me estaba contando que el otro día vio a mi vecino Rob haciendo manitas con una de las chicas de tercero, que ella parecía mucho más encantada que él y que estuvo en un tris de grabarlos en vídeo.
—Ay, Tay, tú siempre quedándote a medias.
—No me quedé a medias, fueron ellos los que no se decidieron; no iba a grabar nada que no fuera lo suficientemente picante para subirlo a Reddit. Seguro que más adelante encuentro una ocasión mejor.
—Como no la provoques tú…
—Eh, chicas, dejad de parlotear y venid a ayudar —protesta Landon cargado con tres cajas de cerveza.
Sunset lo sigue con varias cajas de pizza, snacks, alitas de pollo y otras delicias que se huelen a kilómetros.
—No pareces muy contento —observa Dawn, agarrándolo del brazo y cogiendo un par de cajas para ayudarlo.
—Lo siento. —La sonrisa de él es pequeña pero sincera—. No quería perderme tu fiesta, pero…
—Sigues preocupado por Ginger, lo sé. No hace falta que te quedes toda la noche si no quieres…
—Claro que quiero estar aquí hoy, esta noche, y contigo. Solo que… Me siento un poco culpable, aunque a Ginger le encantaría vernos en este plan.
—Y a nosotros también. —Beth aparece por detrás y los arropa en un cálido abrazo.
—Tú siempre tan oportuna.
—En mitad de todo…
—Para no perderse nada.
—Esa soy yo, y por eso me queréis.
Y tiene razón, claro.
Entre todos preparan una hoguera y un picnic improvisado sobre una mesa no demasiado estable; se reúnen en círculo y Taylor saca una bolsa de nubes para tostarlas al fuego.
Se oye el pop de una botella de cerveza al abrirse, luego otra, después otra más, se entrechocan y los chicos se las llevan a los labios.
—Venga, Beth, dinos lo que queremos saber.
—Y eso es…
—Si ya te has tirado a Romeo o vas a esperar a que se estrene la obra, cosechar el aplauso del público y celebrarlo a tu manera.
—Muy graciosito estás hoy, Landon. Y no, no lo he hecho ni voy a hacerlo. Más que nada porque el chico es gay y yo no le intereso lo más mínimo. Sí, ya, bueno, a ver, no puedo gustarle a todo el mundo.
Todos se ríen.
—Deberías haberlo intentado al menos… —protesta Sunset.
—¿Quién ha dicho que no lo he hecho? Yo nunca me doy por vencida… hasta que la realidad se impone y no queda nada que hacer.
Dawn y Sunset intercambian una mirada.
—Eh, vosotros, contad…
—¿Qué quieres que te contemos?
—¡Qué va a ser! Lo que os lleváis tan calladito…
—No sé de qué me hablas. —Dawn se ruboriza; un rubor que habla por sí solo.
—Vamos, no te me pongas estrecha, Dawn, que nos conocemos.
—No voy a hablar de mi vida sexual aquí: delante de todos.
—A ver, cariño, que tampoco nos vas a descubrir el secreto del origen del universo, ni quién mató a Kennedy. Solo queremos un poquito de salseo. Es tu cumpleaños, nos lo debes.
Dawn encoge los hombros y sonríe. No es ningún secreto que James y ella se han enrollado varias veces desde Navidad.
Sin embargo, a ninguno de los dos le apetece hablar de sexo, mucho menos en público.
—Sois unos mojigatos.
—Y tú una cotilla —interviene Taylor—. Déjalos tranquilos. Si quieres emociones fuertes, en Netflix hay una nueva serie con vampiras ninfómanas que enseguida te pone a tono.
Beth le saca la lengua. Bufa. Luego se ríe y alza los brazos en señal de rendición.
—Si es que no puedo con vosotros.
Sunset se levanta.
—Voy a estirar las piernas…
—Ya, ya… Las piernas… Sí, sí… He visto gente más creativa buscando excusas…
—A ver, Bethany, si digo que voy a estirar las piernas, es justo lo que voy a hacer. ¿Quieres acompañarme?
Beth niega con la cabeza y se abraza a Landon, que parece muy feliz con esa iniciativa. Vaya par de dos, piensa Sunset mientras se aleja del grupo. Dawn lo observa, pero decide dejarlo marchar. Son momentos difíciles para él y no quiere agobiarlo.